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253. La virtud ¿es una concesión de Dios, o un logro del Ser?
El dolor, la lucha y la experiencia constituyen una oportunidad sagrada
que en todos los tiempos concede Dios a sus criaturas. En cambio, la
virtud es siempre una sublime e imperecedera adquisición del Espíritu en
los caminos de la vida, que se incorpora para la eternidad a sus valores,
conquistados mediante el trabajo que realiza con su propio esfuerzo.
254. ¿Qué es la paciencia, y cómo adquirirla?
La verdadera paciencia es en todos los casos una exteriorización del alma
que ha atesorado mucho amor en si misma para brindarlo a los demás, como
ejemplificación. Ese amor es la expresión fraterna que considera a todos
los seres como hermanos, en cualesquier circunstancias, sin desdeñar la
energía cuando se torne indispensable esclarecer la incomprensión.
Mediante la iluminación espiritual de nuestro Ser íntimo adquirimos los
valores sagrados de la tolerancia esclarecida. Y para que podamos
edificarnos en tal claridad divina es menester que eduquemos nuestra
voluntad, curándonos las dolencias psíquicas seculares que nos acompañan a
través de las vidas sucesivas, como son el abandonar el propio esfuerzo,
adoptar la indiferencia y quejarnos de las fuerzas exteriores cuando, en
realidad, el mal en nosotros mismos radica. Para poner por obra una
edificación tan sublime necesitamos empezar por la autodisciplina y la
contención de nuestros impulsos, tomando en cuenta la libertad del mundo
interior, desde donde el hombre debe dominar las corrientes de su vida.
El adagio popular piensa que "el hábito forma la segunda naturaleza", y
por nuestra parte debemos aprender que la disciplina antecede a la
espontaneidad, merced a la cual puede el alma alcanzar más fácilmente el
desiderátum de su redención.
255. ¿Debemos nosotros -los espiritistas- practicar tan sólo la,
caridad espiritual, o también la material?
La divisa fundamental de la Codificación Kardeciana, formulada en el
principio de que "fuera de la caridad no hay salvación", es bastante
expresiva, por lo que es innecesario extendernos en consideraciones
minuciosas. Todo servicio que la caridad desinteresada preste es un
refuerzo divino para la obra de la fraternidad humana y de la redención
universal. Urge, sin embargo, que los espiritistas sinceros, esclarecidos
en el Evangelio, procuren comprender el aspecto educativo de los
postulados doctrinarios, reconociendo que la tarea inmediata de los
tiempos modernos consiste en la iluminación interior del hombre, en
mejorar sus valores del corazón y de la conciencia. De conformidad con
esos imperativos, es lícito exaltar la excelencia de los planes educativos
de la evangelización, de modo de formar una mentalidad espirita-cristiana,
con miras a lo por venir.
No podemos despreciar la caridad material que hace del Espiritismo
evangélico una fuente de consuelo para todos los infortunados; pero
tampoco es posible que olvidemos que las expresiones religiosas sectarias
han creado también en el mundo construcciones materiales destinadas a la
caridad, como templos, asilos, orfanatos y monumentos. Pese a ello, casi
todas sus obras se han venido desvirtuando, a causa de que los Espíritus
encarnados echaron al olvido la iluminación. Ejemplo típico de lo que
acabamos de decir lo constituye la Iglesia Romana. Dueña de una inmensa
fortuna, y habiendo construido numerosas obras tangibles de asistencia
social, siente hoy que sus construcciones sólo son de piedra, puesto que
en sus suntuosos establecimientos el hombre contemporáneo experimenta los
más dolorosos desengaños.
Las obras de la caridad material sólo alcanzan su carácter divino cuando
tienen en vista la espiritualización del Ser, renovando sus valores
íntimos, porque una vez reformado el hombre en Jesucristo tendremos en la
Tierra una sociedad transformada, donde el hogar genuinamente cristiano
será, de un modo natural, el asilo de todos los que sufren. De ello se
desprende, pues, que el servicio de cristianización sincera de las
conciencias es la edificación definitiva a la que los espiritistas deben
volver sus miras con preferencia, entendiendo la vastedad y complejidad de
la obra educativa que les corresponde llevar a cabo como de más
importancia que cualquier otra realización humana, en medio de las luchas
de cada día y como tarea de amor y de verdad.
256. ¿Cómo debemos interpretar la limosna material?
Dentro del mecanismo de las relaciones humanas comunes, el pedido de ayuda
material tiene su sentido y su oportuna utilidad, como resultante de la
ley de equilibrio que preside el funcionamiento del intercambio en la
organización de la vida. Pero la limosna material es indicativa de la
falta de espiritualización en las características sociales que la
fomentan. Claro está que nadie podrá reprobar el acto de pedir, y mucho
menos dejará de alabar la iniciativa del que da la limosna material.
Empero, es preciso considerar que, a medida que el hombre va
cristianizándose -iluminando sus energías interiores-, se aleja cada vez
más de la condición de pidiente para alcanzar la elevada calidad de
merecedor, en virtud de los sanos derechos que su trabajo le otorga. El
que se esfuerza, en la intimidad de su recta conciencia, se dignifica y
enriquece el conjunto de sus valores individuales. Y el cristiano sincero,
tras adquirir las nociones de la educación evangélica, no necesita
materializar la idea del ruego de limosna material, pues comprende que,
esperando o sufriendo, brando o luchando, en medio de los esfuerzos de la
acción y del bien, recibirá siempre de acuerdo con sus obras y de
conformidad con la promesa de Cristo.
257. La fe y la esperanza ¿deben interpretarse como una sola virtud?
La esperanza es hija dilecta de la fe. Ambas son, una con respecto a otra,
como la luz de los planetas, que refleja la luz central y positiva del
Sol. La esperanza es como el fulgor que se forma con los bálsamos de la
creencia. La fe es la divina claridad de la certidumbre.
258. En el sendero de la virtud, el pobre y el rico de la Tierra
¿pueden ser identificados como discípulos de Jesús?
El título de discípulo es conferido por el Divino Maestro a todos los
hombres de buena voluntad, sin distinción de posiciones sociales, clases o
ninguna otra expresión sectaria. Ya tenga o no la responsabilidad de los
bienes materiales, el hombre siempre es rico por su posición de
usufructuario de las gracias divinas y, sobre todo, debemos pensar que en
cualquier situación el_ Ser encontrará responsabilidades en la existencia,
de ahí que los discípulos sinceros del Señor sean iguales a sus ojos, sin
preferencias de ninguna índole.
259. En lo que atañe a la práctica de la caridad, ¿cómo debemos
interpretar la enseñanza de Jesús que expresa: "... al que tiene, le será
dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado"?
En todas las circunstancias la palabra de Jesús estaba iluminada por una
luz oculta, con reflejos tornasolados, que el alma humana ve de una manera
distinta en cada época, conforme va ascendiendo hacia la sabiduría y el
amor. Así pues, tratemos ante todo de ajustar el concepto a nosotros
mismos. Si poseemos la verdadera caridad espiritual, si trabajamos por
nuestra iluminación íntima e irradiamos espontáneamente luz sobre el
camino de nuestros hermanos en lucha y aprendizaje, recibiremos mayor
cantidad de luz de las puras fuentes de los planos espirituales más
elevados, porque una vez que hayamos aprovechado la ocasión que se nos
concedió, se mostrarán ante nuestra alma horizontes infinitos en los
ilimitados campos del Universo, y esto no puede suceder a quienes utilizan
la sagrada oportunidad de su autoiluminación en los caminos de la vida,
olvidando el rumbo más acertado y haciendo gala de la más notoria
despreocupación de sus auténticos deberes, que cambian por las sensaciones
efímeras de la existencia terrestre, con lo cual contraen nuevas deudas y
dejan sus oportunidades para el futuro, en que las condiciones les serán
más difíciles y dolorosas.
Del libro "El consolador que
prometió Jesús"
Espíritu Emmanuel.
Médium Francisco Cândido Xavier. |