En este mundo ni en ningún mundo del basto universo nada
es casual todo tiene una explicación, los hermanos que piden pruebas
difíciles para evolucionar antes en una sola existencia, son avisados por
sus propios guías y advertidos que son pruebas muy difíciles y por lo
tanto hay mas riesgo de que cometa el abandono del cuerpo o suicidio. Por
lo tanto este hermano que es consciente de esa probabilidad que puede
tener en el transcurso de su vida, este hermano ya sea por el exceso de
deudas contraídas o por exceso de culpabilidad quiere pasar esas pruebas
que suelen ser la mayoría de las veces fracaso. También debemos de tener
presente que cuando se encarna en este mundo también traemos a veces
enemigos desencarnados que nos buscan incesantemente hasta encontrarnos y
eso es también un agravante para el hermano que puede ser obsesado y por
lo tanto suicidarse.
Muchos piensan que el Padre castiga los que cometen
suicidio, pero no es verdad, todos los encarnados tienen la posibilidad de
llegar a cometer suicidio y cuando piden con sus guías las pruebas que
deben de pasar también se decide lo que tienen que pasar si se suicidan.
Pues normalmente todo el sufrimiento que tiene un suicida dependiendo de
como se ha suicidado y cual ha sido el efecto de tal suicidio, entonces
sufrirá unas causas contraídas, es decir, la persona que se suicida
seguirá sufriendo de una manera espiritual mas grabe, por que era
consciente del abandono de sus pruebas y además también su karma queda
interrumpida temporalmente, por lo tanto su evolución parcialmente
también. Decimos parcialmente por que en cierta manera sigue su evolución
y progresando en otros sentidos, aprendiendo y también haciéndose mas
consciente para próximas encarnaciones.
Estos hermanos nunca están solos, en el sentido que ningún
hermano de la luz o sus guías le dejan solo, siempre están cerca de él y
observando su evolución y como hacerle mejorar de una manera mas correcta,
claro que este hermano deberá estar en esa situación el tiempo exacto que
debería haber vivido como encarnado.
El suicidio como tal se puede entender de varias maneras,
pues esta el suicidio del hermano que por el hecho de no soportar su
existencia se quita la vida y abandona el cuerpo pero sin efectuar daño
alguno a otros hermanos de manera deliberada, pero también existe los
suicidios que ya sea por creencias o por temas políticos o por cualquier
tema relacionado a un daño mas especifico se suicidan y además al
suicidarse matan a otros hermanos. En este caso ya es mucho mas grabe, por
ejemplo los hermanos que se suicidan con explosivos adosados a su cuerpo
carnal o hermanos que antes de suicidarse matan a otros hermanos entonces
su sufrimiento es incrementado por haber matado, y por lo tanto además de
ser suicida lo hace con la intención de hacer daño a otros. En este caso
hay que saber que nada es casual, los hermanos que desencarnan a trabes de
un hermano suicida son hermanos que también cumplen su karma y sus
pruebas, por lo tanto ninguno muere de manera casual y el que se suicida
entonces deberá de sufrir el daño cometido a el mismo y a los demás, pero
también sufrirá el tiempo que le corresponda como cuando estaba encarnado,
una vez pasado el tiempo tendrá la opción de seguir su camino, pero con
mas deudas karnicas, y por lo tanto cuando reencarne y el haya decidido y
sea consciente del error cometido tendrá que saldar esas deudas.
Es por eso que nunca hay que odiar ni criticar a un
hermano que se suicida, por que detrás de cada suicidio, ya sea cual sea,
siempre hay una vida terrenal muy dura para ellos, y creen que el suicidio
será una salida cuando en verdad mas bien es una entrada a algo peor. Es
por eso que esta humanidad debería de confiar mas en el Padre y nunca
dejarse llevar por las pruebas que tengáis que pasar, pues son pruebas de
un tiempo limitado, ¿que es una existencia al lado de la eternidad?. Una
existencia es un suspiro al lado de todo lo que nos queda por ver, es por
eso que nunca os rindáis, por que cuando volváis a vuestra verdadera
patria que esta en el cielo, entonces os arrepentiréis del tiempo perdido,
no os rindáis, pedid fuerzas al Padre, por que El nunca se cansa de
ayudaros y os da fuerzas para soportar la existencia que os queda por
cumplir.
943. ¿De dónde procede el hastió de la vida que se apodera
de ciertos individuos, sin motivos plausibles?
«Efecto de la ociosidad, de la falta de fe, y a menudo de
la saciedad. Para el que ejercita sus facultades con un objeto útil y
según sus aptitudes naturales, el trabajo no tiene nada de árido, y la
vida corre más rápidamente. Soporta las vicisitudes de su existencia con
tanta más paciencia y resignación, en cuanto obra con la mira de la
felicidad más sólida y duradera que le espera».
944. ¿Tiene el hombre derecho a disponer de su propia
vida?
«No; sólo Dios tiene ese derecho. El suicidio voluntario
es una trasgresión de la ley».
-¿No es siempre voluntario el suicidio?
«El loco que se mata no sabe lo que hace».
945. ¿Qué debe pensarse del suicidio que tiene por causa
el hastío de la vida?
«¡Insensatos! ¿Por qué no trabajan? Así no les hubiera
sido un peso la existencia».
946. ¿Qué debe pensarse del suicidio que tiene por objeto
librarse de las miserias y desengaños de este mundo?
«¡Pobres espíritus que no tienen valor para soportar las
miserias de la existencia! Dios ayuda a los que sufren, y no a los que no
tienen fuerza ni valor. Las tribulaciones de la vida son pruebas o
expiaciones; ¡dichosos los que la soportan sin murmurar, porque serán
recompensados! ¡Desgraciados, por el contrario los que esperan su
salvación de lo que, en su impiedad, llaman la casualidad o la fortuna! La
casualidad o la fortuna, valiéndome de su lenguaje pueden. en efecto,
favorecerles un instante; pero para hacerles sentir más tarde y más
cruelmente la vaciedad de esas palabras».
-Los que han inducido al infeliz a ese acto de
desesperación, ¿sufrirán las consecuencias?
«¡Oh, desgraciados de ellos!, porque responderán de él
como de un asesinato».
947. El hombre que lucha con la necesidad y que se deja
morir de desesperación, ¿puede considerarse como suicida?
«Es suicida, pero los que causan su necesidad, o que
podrían remediarla, son más culpables que él, y éste encontrará
indulgencia. No creáis, sin embargo, que sea completamente absuelto, si ha
carecido de firmeza y perseverancia, si no ha hecho uso de toda su
inteligencia para salir del atolladero. ¡Desgraciado de él sobre todo, si
su desesperación nace del orgullo, quiero decir, si es uno de esos hombres
en quienes el orgullo paraliza los recursos de la inteligencia, que se
avergonzarían de deber la existencia al trabajo de sus manos, y que
prefieren morirse de hambre antes de descender de lo que llaman su
posición social! ¿No es cien veces más grande y más digno luchar con la
adversidad, desafiar la crítica de un mundo fútil y egoísta que sólo tiene
buena voluntad a aquellos a quienes nada falta, y que os vuelve la espalda
apenas lo necesitáis? Sacrificar su vida por consideración a ese mundo es
estúpido, porque ningún caso hace de ello».
948. El suicidio que tiene por objeto evitar la vergüenza
de una mala acción, ¿es tan reprensible como el causado por la
desesperación?
«El suicidio no borra la culpa y antes, al contrario, hay
dos a falta de una. Cuando se ha tenido valor para hacer mal, es preciso
tenerlo para sufrir las consecuencias. Dios juzga, y según la causa puede
a veces disminuir sus rigores».
949. ¿Es excusable el suicidio, cuando tiene por objeto
impedir que la vergüenza recaiga en los hijos o en la familia?
«El que así obra no procede bien, pero lo cree, y Dios se
lo toma en cuenta, porque es una expiación que él mismo se impone. Atenúa
con la intención su falta, pero no deja de cometerla. Por lo demás, abolid
los abusos de vuestra sociedad y vuestras preocupaciones y no tendréis más
suicidios de esta clase».
El que se quita la vida para evitarse la vergüenza de
una mala acción, prueba que atiende más a la estimación de los hombres que
a la de Dios, porque va a entrar en la vida espiritual cargado de sus
iniquidades, y se ha privado de los medios de repararlas durante su vida.
Dios es a menudo menos inexorable que los hombres; perdona al que
sinceramente se arrepiente, y nos toma en cuenta la reparación; el
suicidio no repara nada.
950. ¿Qué debemos pensar del que se quita la vida con la
esperanza de llegar más pronto a otra mejor?
«¡Otra locura! Que haga bien y tendrá más seguridad de
llegar; porque retarda su entrada en un mundo mejor, y él mismo pedirá
volver a concluir esa vida que ha interrumpido en virtud de una
idea falsa. Una falta, cualquiera que ella sea, no abre nunca el santuario
de los elegidos».
951. ¿No es meritorio a veces el sacrificio de la
vida, cuando tiene por objeto salvar la de otro, o el de ser útil a sus
semejantes?
«Eso es sublime según la intención, y el sacrificio de la
vida no es un suicidio; pero Dios se opone a un sacrificio inútil y no
puede verlo con placer, si lo mancha el orgullo. El sacrificio sólo es
meritorio por su desinterés, y el que lo hace tiene a veces una segunda
intención que lo desprecia a los ojos de Dios».
Todo sacrificio hecho a expensas de la dicha propia, es
un acto soberanamente meritorio a los ojos de Dios, porque es la práctica
de la ley de caridad. Siendo, pues, la vida el bien terrestre que más
aprecia el hombre, el que a él renuncia en bien de sus semejantes no
comete un atentado, sino que hace un sacrificio. Pero antes de llevarlo a
cabo, debe reflexionar si no será más útil su vida que su muerte.
952. El hombre que muere víctima de las pasiones que sabe
que han de apresurar su término, pero a las cuales no le es posible
resistir, porque el hábito las ha convertido en verdaderas necesidades
físicas, ¿comete un suicidio?
«Es un suicidio moral. ¿No comprendéis que, en semejante
caso, el hombre es doblemente culpable? Existe entonces falta de valor y
bestialidad, y además olvido de Dios».
-¿Es más o menos culpable, que el que se quita la vida,
por desesperación?
«Es más culpable, porque tiene tiempo para razonar su
suicidio. En el que lo hace instantáneamente hay a veces una especie de
extravío que se relaciona con la locura; el otro será mucho más castigado;
porque las penas son siempre proporcionadas a la conciencia que se tiene
de las faltas cometidas».
953. Cuando una persona tiene ante sí una muerte
inevitable y terrible, ¿es culpable porque abrevia de algunos instantes
sus sufrimientos con la muerte voluntaria?
«Siempre hay culpabilidad en no esperar el término fijado
por Dios. Por otra parte. ¿hay seguridad de que ese término haya llegado a
pesar de las apariencias, y no puede recibirse a última hora un socorro
inesperado?»
-¿Se concibe que en circunstancias ordinarias sea
reprensible el suicidio, pero suponemos el caso en que es inevitable la
muerte, y en que sólo de algunos instantes se abrevia la vida?
«Siempre es falta de resignación y sumisión a la voluntad
del Creador».
-¿Cuáles son, en semejante caso, las consecuencias de esa
acción?
«Como siempre, una expiación proporcionada a la gravedad
de la falta, según las circunstancias».
954. Una imprudencia que compromete la vida sin necesidad,
¿es reprensible?
«No existe culpabilidad cuando no existe intención o
conciencia positiva de hacer mal».
955. Las mujeres que, en ciertos países, se queman
voluntariamente con el cuerpo de sus maridos, ¿pueden considerarse como
suicidas, y sufren las consecuencias del suicidio?
«Obedecen a una preocupación, y a menudo más a la fuerza
que a su propia voluntad. Creen cumplir un deber, y no es este el carácter
del suicidio. Su excusa es la nulidad moral de la mayor parte de ellas y
su ignorancia. Esos usos bárbaros y estúpidos desaparecen con la
civilización».
956. Los que, no pudiendo sobrellevar la pérdida de las
personas que les son queridas, se matan con la esperanza de reunirse con
ellas, ¿logran su objeto?
«El resultado es muy diferente del que esperan, y en vez
de reunirse con el objeto de su afecto, se alejan de él por más tiempo,
porque Dios no puede recompensar un acto de cobardía, y el insulto que se
le hace dudando de su providencia. Pagarán ese instante de locura con
pesares mayores que los que creen abreviar, y no tendrán para compensarlos
la satisfacción que esperaban». (934 y siguiente)
957. ¿Cuáles son, en general, las consecuencias del
suicidio en el estado del espíritu?
«Las consecuencias del suicidio son muy diversas; no hay
penas fijas, y en todos los casos son siempre relativas a las causas que
lo han producido; pero una de las consecuencias inevitables al suicida es
la contrariedad. Por lo demás, no es una misma la suerte de todos
ellos, depende de las circunstancias. Algunos expían su falta
inmediatamente, y otros en una nueva existencia que será peor que aquella
cuyo curso ha interrumpido».
La observación demuestra, en efecto, que las consecuencias
del suicidio no son siempre las mismas; pero las hay que son comunes a
todos los casos de muerte violenta y resultado de la interrupción brusca
de la vida. Ante todo lo es la persistencia más prolongada y más tenaz del
lazo que une el espíritu al cuerpo, pues tiene casi siempre toda su fuerza
en el momento en que se ha cortado, al paso que en la muerte natural se
afloja gradualmente, y a menudo se suelta antes de que esté completamente
extinguida la vida. Las consecuencias de este estado de cosas son la
prolongación de la turbación espiritista, y luego la de la ilusión que,
durante un tiempo más o menos largo, hace creer al espíritu que es aún del
número de los vivos. (155 y 165)
La afinidad que persiste entre el espíritu y el cuerpo
produce en algunos suicidas, una especie de repercusión del estado del
cuerpo en el espíritu, quien, a pesar suyo, siente los efectos de la
descomposición, y experimenta una sensación llena de angustias y de
horror, y este estado puede persistir tanto tiempo como hubiera debido
durar la vida que han interrumpido. Este efecto no es general; pero en
ningún caso se ve el suicida libre de las consecuencias de su falta de
valor, y tarde o temprano expía su culpa de uno u otro modo. De aquí que
ciertos espíritus, que habrían sido muy desgraciados en la tierra, han
dicho que se habían suicidado en la existencia anterior, y que
voluntariamente se habían sometido a nuevas pruebas para intentar
soportarlas con más resignación. En algunos el castigo consiste en una
especie de apego a la materia de la cual procura deshacerse en vano, para
volar a mejores mundos, cuyo acceso les está prohibido; en la mayor parte
en el pesar de haber hecho una cosa inútil, puesto que sólo desengaños
tienen.
La religión, la moral, todas las filosofías condenan el
suicidio como contrarío a la ley natural; todos nos dicen en principio que
no tenemos derecho a abreviar voluntariamente nuestra vida; pero ¿por qué
no lo tenemos? ¿Por qué no es libre el hombre de poner término a sus
sufrimientos? Estaba reservado al espiritismo demostrar, con el ejemplo de
los que han muerto, que no sólo el suicidio es una falta como infracción
de una ley moral, consideración de poco peso para ciertos individuos, sino
que es un acto estúpido, puesto que nada se gana y antes se pierde. No nos
enseña la teoría, sino que presenta ante nosotros los hechos.