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Este
texto es de actualidad en este año, 2004, cuando tantos pueblos buscan
imponer sus prerrogativas sobre otros pueblos. Proponemos a nuestros
lectores este artículo que reproduce el texto presentado por el Movimiento
Francés y Francófono, del que la Unión Espírita Francesa y Francófona, es
la legítima representante, en ocasión de la Cumbre Mundial del Milenio de
la Paz de Líderes Religiosos y Espirituales en la ONU, del 28 al 31 de
agosto del 2000. Este advenimiento es considerable, pues el demuestra para
nosotros los espíritas, que se realiza un despertar de las conciencias por
un porvenir mejor, legítimamente natural para nuestra humanidad y que
concierne, en consecuencia, para todos y cada uno de los hombres, sea el
que fuere.
Las religiones solo son universales en la medida en que coinciden en
predicar esencialmente la misma cosa, por lo demás, profundizando en su
credo todas están de acuerdo. Los hombres se separan por las palabras y
por los detalles cuando anteponen sus puntos de vista personales sobre
aspectos insignificantes, sin embargo, con el tiempo se puede observar que
llegan a entenderse sobre las verdades esenciales, cuyos filamentos
reconducen hacia Dios. Camilo Flammarion decía, que él prefería el grano
de las ideas que la paja de las palabras; el grano de las ideas se nutre
con la evolución, pues el hombre está condenado a la evolución, pero si
esta evolución permanece en un estado inferior, da origen a todas las
calamidades intelectuales y morales. En un nivel superior, engendra los
más bellos impulsos de amor y servicios fraternales. Nuestra excepcional
reunión aquí en la ONU es la pertinente demostración que entramos en un
nivel espiritual nuevo y prometedor considerando los siguientes puntos
singulares: Los líderes religiosos de todas las obediencias de nuestro
planeta han consentido en este reencuentro, lo que es una señal de
apertura dejando de lado los dogmas mutuos por los verdaderos problemas de
la Tierra.
Podemos observar un hecho notable en el corazón de los hombres, corazón
donde se encuentra en todos y en cada uno de nosotros la palabra divina,
manifestándose cuando se abate una calamidad en cualquier parte, ya sea
guerra, hambre, sismos, epidemias, olvidándose enseguida de los rencores y
todos los hombres trabajando, lado a lado, unidos en un mismo corazón por
nuestra humanidad. En los linderos del siglo 21, el papel de los líderes
religiosos se hace importante en todos los sectores de la actividad humana
y, particularmente, en los conflictos encubiertos o abiertos, atizados por
el odio que conduce a las peores situaciones de horror. Nosotros los
espíritas concebimos que sea bueno amar el país en el cual estamos
encarnados, pero ¿por qué el país natal estaría excluido de otros países?
Si amo mi patria, refiriéndome a mi otra parte religiosa y, sin embargo,
detesto a las otras personas, pronto me daría cuenta, por un examen de
conciencia, de mis limitaciones y de la calidad inferior de mi
patriotismo. Si al contrario, amo mi patria y también amo a los otros, doy
muestra de la amplitud de mi naturaleza y de mis ideas nobles y, en buena
ley, serán dignas de inspirar confianza y serenidad para el porvenir de la
paz y de la armonía para nuestra humanidad terrestre.
Esta extraordinaria reunión de todas las formas del pensamiento religioso
del mundo terrestre, delinea otra filosofía en el fondo de las conciencias
de los que tienen una misión espiritual que cumplir, como la de hacer
parar toda forma de conflictos, allanar las divisiones y, sobre todo,
acercar a los pueblos, pues en toda expresión religiosa existe el Espíritu
de la Verdad Universal que se dirige a todos los hombres para motivarlos a
amarse los unos a los otros. Hace 2000 años, un hombre hablando de los
hombres, decía: «Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen»; lo que claramente
significa que la idea en todo enunciado es lo que cuenta, la forma es
secundaria. Nos parece que los tiempos marcados por la Providencia Divina
han llegado y los que hablan de Dios, siendo sus ministros y, por lo
tanto, los agentes de su voluntad, deben decidirse a abrir una nueva era
para la humanidad activando las costumbres y los pensamientos. Debemos
colocar las bases de este nuevo edificio, que permitirá reunir todos los
hombres en un mismo sentimiento de amor y de caridad.
Para reunir los hombres en un mismo sentimiento de amor y de caridad es
necesario que los hombres, gracias a sus cualidades y responsabilidades,
se comprometan en ese trabajo comunitario. Esto es lo que Gandhi decía con
justicia: «Todas las principales concepciones religiosas del mundo reposan
sobre bases comunes. Todas han producido grandes santos. Igual que un
árbol que tiene un solo tronco pero muchas ramas y muchas hojas, de la
misma forma solamente existe una religión verdadera y perfecta, pero se
hace múltiple cuando pasa por la intermediación del hombre ». La Religión
Universal - pensaba Gandhi - está más allá del dominio del lenguaje.
La nueva era de nuestra humanidad reposará sobre esta base, pues, en
cierta forma todos seremos confrontados con las realidades y necesidades
verdaderas, descartando las diferencias pueriles y los antagonismos
estrechos que han impresionado nuestras mentes a través de los siglos. Hay
un gran criterio divino delante del cual toda obstrucción al progreso de
nuestra humanidad hacia el bien, lo bello, lo justo, caerá por la fuerza
de las cosas, pues todo hombre que tenga aspiraciones religiosas tiene esa
sensación inspirada por la única y universal Verdad del Perdón y de la
Reconciliación para todas las criaturas de Dios. El gran poeta místico
persa Rumi, proclamaría esta verdad: «No pidas el agua, pide la sed y las
fuentes brotaran del suelo y del cielo.» La sed es el deseo de los hombres
que aspiran a la paz universal solidaria y a una fraternidad de un lado a
otro de nuestro planeta, dentro de un principio de sabiduría y amor los
unos hacia los otros. Este principio de amor y de sabiduría nos moviliza,
nos estimula para frenar en las mentes la violencia en todas sus formas,
la pobreza fingida y la degradación de la naturaleza por la ciencia, a
menudo no controlada por la lógica de la razón ni por la conciencia que
emana de una luz engendrada por el amor, la caridad y la bondad.Las
cuestiones fundamentales se establecen en los reencuentros como el que
vivimos en este momento surgiendo con fuerza, demandando un compromiso en
razón de nuestra religiosidad: ¿Cómo vivir en paz? ¿Cómo respetar la
dignidad y el derecho de vivir decentemente para cada uno de los hijos de
Dios sobre la Tierra? ¿Debemos sacrificar millones de seres en beneficio
de la masa o del apetito de algunas minorías de hombres de poder o de
decisiones egoístas e inhumanas para reducir la multitud de personas a
permanecer como esclavos de mercados económicos?
Es así como demasiados de nuestros hermanos en humanidad permanecen
marginados, apartados del camino de los sistemas de las sociedades sin
ningún respeto ni fraternidad, negándoles el derecho a vivir felices, el
derecho al bienestar para todos, oponiéndose de hecho a las leyes divinas.
Nuestras esperanzas comunes se encuentran en el elemento espiritual que
ninguno de nosotros podría ignorar. Pedimos, nosotros espíritas, que los
grupos de trabajo deben abordar:
* La transformación de los conflictos.
* El perdón y la reconciliación.
* La eliminación de la pobreza.
La preservación de la naturaleza, inscribiendo también en este programa,
una próxima fecha de encuentro en una capital juiciosamente escogida, con
el fin de no hacer de este encuentro magistral una ocasión perdida, sino
un advenimiento por medio del cual nuestro mundo enfrentado a la
dificultad de vivir, gracias a los hombres de buena voluntad reunidos en
circunstancias jamás experimentadas bajo la égida de la ONU, nos permita
acceder a las altas verdades, a fin de no seguir siendo constreñidos a ver
solamente un ángulo del panorama de nuestro destino, sino por el
contrario, que esta noble asamblea sea propicia para convencernos que el
Amor Fraternal se reviste de formas infinitas al servicio del hombre y de
la evolución de nuestro planeta.
Roger Perez
union.spirite@wanadoo.fr
Tromado de La Revue Spirite No. 55 |