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Escrito por Administrador   
Lunes, 08 de Junio de 2009 14:45

Las almas enfermas de los responsables por las guerras

Pregunta: Respecto de las almas que desencadenan las guerras y ocasionan millones de pérdidas de vidas humanas y que crean un ambiente de odio y venganza generador de nuevas y futuras represalias. ¿Hasta qué punto son casos de "enfermedad", en el sentido que nosotros damos a este término?

Ramatís: Todos los hijos de Dios, aun los más perversos, son dignos de la magnanimidad divina y de los caminos educativos para su redención espiritual, aunque sus actos se juzguen según la norma espiritual de que "la cosecha es acorde a la siembra". Es obvio que las condiciones, los procesos y el tiempo requerido para esa rectificación redentora, varían en relación con el volumen de los equívocos y delitos cometidos por el espíritu endeudado. Después de la muerte física, los tiranos, los creadores de guerras y los exterminadores de pueblos, enfrentan, por mucho tiempo, problemas de orden terrorífico y crucial, conforme a la extensión de sus crímenes y según la suma exacta de todos los minutos que emplearon en los actos de perversidad, vandalismo y perjuicio para la humanidad.

Después de sometidos a los procesos de rectificación espiritual, mediante reencarnaciones sucesivas, que se producen a través de varios siglos, logran su mejor gradación para los caminos angélicos del futuro. Pero, no juzguéis que los tiranos y los déspotas son los únicos culpables de las masacres, vandalismos, crueldades y saqueos practicados por sus comandantes en tiempo de guerra; la responsabilidad y la culpa se distribuyen en forma proporcional entre los responsables directos o indirectos de tales latrocinios. Haciendo uso de la impunidad que les da la guerra, muchos soldados incendian ciudades indefensas, saquean los bienes ajenos, mutilan a los combatientes adversarios, torturan a los fugitivos, matan jóvenes, viejos, mujeres y niños, aduciendo obediencia a sus superiores. Mas la Ley del Karma, en su acción justiciera e impersonal pesa equitativamente la culpa individual de cada criatura, responsabilizándola por el estímulo belicoso, acto agresivo o contribución directa e indirecta a las guerras fratricidas.

Ningún tirano, por muy poderoso y cruel que fuera, podría por sí sólo conducir una nación a la guerra y sumir en lágrimas al mundo entero; para alcanzar sus fines bestiales, necesita del apoyo incondicional de compatriotas y subordinados. Generalmente, ante la simple perspectiva de una guerra contra el enemigo lejano, hombres y mujeres se estremecen aprensivos; pero la posibilidad de ver a su patria en posición ventajosa frente a las naciones enemigas, despierta en casi todos, interés, codicia y deseos de venganza. Bajo el clima beligerante, hasta las almas sensibles de los artistas, filósofos o poetas, se dejan contagiar por las falsas glorias sembradas en los cementerios colectivos de los pueblos adversos, y cantan loas a la patria heráldica, incitando al pueblo a imponerse triunfalmente a todos los demás pueblos de la tierra. La guerra es insuflada por intereses oscuros, y más allá de la oportunidad que ofrece para los saqueos, las ganancias fáciles, las embestidas deshonestas para alcanzar los puestos más elevados en la política, es también, uno de los mejores caminos para promover a los militares; los soldados sueñan con los galones de sargento; los oficiales inferiores, con alcanzar puestos de suma importancia; los jefes cifran sus esperanzas en sueldos extras y glorificaciones públicas.

Algunos profesores aprovechan la situación creada, para despertar en sus alumnos, sentimientos belicosos. Los diarios, promotores de un patriotismo frenético, consumen toneladas de tinta exaltando el ánimo del pueblo para la lucha. Los sacerdotes católicos no se cansan de bendecir armas, decir oraciones y promover ceremonias religiosas en favor de la victoria de su patria, rogando a Dios que los ayude a destruir a sus odiosos "enemigos". Los tiranos y opresores de la humanidad son "puntas de lanza" que abren las compuertas de las pasiones colectivas; ellos no crean hombres perversos, ansiosos y sanguinarios. La presencia de esos genios destructores, en la tierra, es un efecto moral de la atracción magnética que está en ebullición en la mente social, pues la dinámica de la atracción de los semejantes, es también una ley psíquica. La presencia y actuación de tales almas en vuestro mundo es una especie de rayo degradado por los sentimientos de codicia, poder, y orgullo patriótico resentido, que están en efervescencia en la conciencia de las masas populares (2). Bajo el comando de Aníbal, Alejandro o Napoleón (3) muchos de sus soldados, ante la fácil oportunidad de satisfacer sus abominables deseos y pasiones, se revelaron más perversos y sanguinarios que sus propios jefes, los cuales, sin rencor personal, veían a sus ejércitos y a las formaciones enemigas, como piezas vivas de un juego de ajedrez de vida o muerte, en el que sus subalternos practicaban, personalmente, las más condenables atrocidades.

2 Nota del Médium: En la última guerra, se ha observado que los ciudadanos aparentemente pacíficos y honestos, cuando fueron incorporados a los ejércitos nazistas, cometieron atrocidades bárbaras, además de practicar los robos más cínicos, como saquear las bibliotecas, museos y obras de arte, de los pueblos vencidos.
3 Nota del Médium: Leer la comunicación mediúmnica de Napoleón de fecha 13-11-1906 hecha por el famoso médium portugués, Fernando de Lacerda en la Pág. número 26 de la obra En el País de la Luz, libro primero, que sirve de contribución al pensamiento de Ramatís respecto de este tema. Obra editada por la Librería de la Federación Espirita Brasileña.

Pero, en la balanza fiel de la Justicia Divina, la culpa colectiva de las actividades guerreras se divide proporcionalmente a cada uno de sus participantes, teniendo en cuenta las imposiciones a que el individuo está obligado delante de la ley humana y las exageraciones de las actitudes personales, que son una determinación de su libre albedrío. La deshonestidad, la violencia, la traición y el sadismo, tanto en las cuestiones morales cuanto en las materiales, son de responsabilidad personal. Ningún tirano o déspota pagará por el crimen de su soldado o subalterno que, exagerando su deber, pone fuego a la casa pacífica, mutila al prisionero herido, profana a la joven indefensa o mata a los ancianos y a las mujeres inofensivas.

Pregunta: Para comprender con más amplitud el caso de las almas neuróticas de los conquistadores sangrientos, ¿podríais decirnos algo sobre Hitler, por ejemplo, que fue un tirano y déspota de nuestra época?

Ramatís: Aunque Hitler haya sido un hombre cruel y vengado, y según lo juzga la historia moderna, el exclusivo responsable de la última hecatombe guerrera, sin embargo, eso no quiere decir que deba juzgárselo como el único culpable de todos los actos abominables y bárbaros, cometidos por sus ejércitos. En verdad, él dio forma concreta y objetiva a los anhelos y sentimientos belicosos de su propio pueblo, el cual, hipnotizado por la perspectiva de dominar al mundo, cubrirse de glorias tontas y aumentar los lucros con la sangre del enemigo, lo animó y estimuló para la empresa homicida y cruel de la guerra. Aunque consideremos con justicia, que cierta parte del pueblo alemán realmente es pacifista, constructivo y adverso a la tradicional belicosidad germánica, su mayoría se hizo responsable por endiosar y colocar en la cima de su gobierno, al tipo demente, ambicioso, violento y cruel, que fue Hitler.

La imprudencia, el orgullo, la ambición y el espíritu de venganza encontró en los jóvenes, los viejos y también en las mujeres y niños alemanes, su expresión viva y natural, cuando, reunidos en las plazas públicas, se adhirieron a las ceremonias festivas y a los homenajes paganos con que apoyaban frenéticamente al Führer para que encendiera la hoguera de la guerra. Ese odio y deseo de venganza alcanzó a sus vecinos sin culpa directa en el caso, y así la furia nazista destructiva cayó sobre el adversario más próximo y débil, señalado como uno de los culpables por la humillación del pasado: el judío.

Entonces, las mujeres, los viejos, les jóvenes y los niños hebreos sirvieron de causa preliminar para la futura masacre, por considerarlos enemigos de la patria, junto con todos los demás hombres que no fuesen alemanes (4).

4 Nota del Médium: Conviene que el lector lea el artículo "Las Expiaciones Colectivas" de Rodolfo Calliñaris, aparecido en la Revista Reformador de octubre de 1962, página 221, donde el autor aborda el pasado "

Los judíos, destructores de ciudades y poblaciones indefensas, según los flatos del Viejo Testamento, y las pruebas colectivas a las que más tarde se vieron sometidos, por la flagelación y fusilamientos en los campos de concentración nazista, sufriendo así, inexorablemente, su karma doloroso contraído en aquel pasado. A pesar de haber sido Hitler estigmatizado como el Satanás de la historia y el único responsable por encender la hoguera de le guerra, otras naciones, aparentemente inofensivas, también contribuyeron a dicha guerra, con su haz de leña cortado por el hacha de la opresión económica, la imposición ideológica o política, la competencia comercial basada en el orgullo de la raza, imponiendo su prepotencia mal disfrazada y pensando en soluciones egoístas para el futuro.

Los adversarios de Hitler apresuraron el paso para "salvar a la humanidad" pero también escribieron páginas sombrías de venganza, odio y deshonestidad, que si bien el mundo aun ignora, El Señor ya las ha marcado en el "Libro de la Vida" para el rescate venidero de sus responsables. Ambos beligerantes olvidaron el Amor pregonado por el Cristo, perpetrando crímenes odiosos, fusilamientos innecesarios y dando rienda suelta a las pasiones de la raza; cometieron pillajes y barbarismos protegidos por el simbólico pabellón de la patria; justificando sus actos innobles por un inmoral código de guerra. Las naciones terrenas están formadas por núcleos de hombres apasionados y belicosos, cualquiera sea su raza de origen. Son pacíficas y se soportan mutuamente, mientras se sienten incapacitadas para apoderarse de los bienes del vecino, pues la cultura, la educación y los valores intelectuales que atenúan su irracionalidad, se desmoronan fácilmente ante la primera oportunidad bélica fratricida.

En realidad, los pueblos pacíficos de hoy fueron los crueles conquistadores e invasores del pasado. Así, a la primera ocasión de poderío guerrero, esos pueblos aparentemente inofensivos, se transformaron nuevamente en piratas sanguinarios, sembrando la muerte y robando los despojos del prójimo, puesto que la rapiña es, todavía, rasgo fundamental del terrícola. Además, los pueblos se mueven de acuerdo con sus intereses inmediatos; no, según los códigos de la ética cristiana. De tal manera que, siempre que se conjuguen los intereses recíprocos en un mismo juego de beneficios, los enemigos de hoy podrán ser los aliados del mañana, aunque para ello deban sacrificarse los amigos recientes. Es así como los vencedores justifican su contribución para la guerra sangrienta, escudándose tras el slogan de ser salvadores de la humanidad y protectores de la civilización en peligro, atribuyendo a los vencidos la culpa de los mayores crímenes y atrocidades, y tildándolos de "bárbaros" responsables de la hecatombe que, ocultamente, les interesa prolongar lo más posible.

En el seno mismo de un pueblo, los revolucionarios también se transforman en "libertadores", pues una vez dueños del poder legal, se deshacen de sus adversarios en los paredones de fusilamiento, donde éstos pagan con la vida, sus crímenes de corrupción. Pero muy pronto, esos mismos libertadores se transformarán en los tiranos del mañana. Entonces, como consecuencia de la ley kármica de la Justicia Espiritual, los "nuevos idealistas" que han matado a sus adversarios, rescatarán a su vez sus propias culpas contra ese mismo muro de fusilamiento que fuera escenario del sacrificio de sus antecesores. Aunque tal cosa no les suceda en el mismo período existencial, fatalmente les espera un pelotón de ejecución en alguna de sus vidas futuras. Porque así rectificarán el espíritu de venganza al tener que sufrir en carne propia el "quien a hierro mata, a hierro muere". Aprenderán entonces y nunca más despreciarán, las palabras de Jesucristo: "No os digo que perdonéis hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete". (Cáp. XVIII, v. 15, 21 y 22-Mateo).

Pregunta: ¿Qué situación soportan esos opresores, en el Más Allá?

Ramatís: Las almas enfermas y tiránicas, que siembran el dolor, el hambre y la orfandad mediante la agresividad guerrera, frutos de su excesiva ambición y orgullo, transitan en el Más Allá acompañadas por sus compañeros de viejas fechorías, que los insultan, persiguen, amenazan y responsabilizan por todas sus desdichas, amarguras y desesperaciones. Encadenadas a las víctimas más crueles y vengativas, azotadas por las tempestades de las regiones inferiores y sumergidas en pantanos repugnantes, sufriendo las burlas de los espíritus satánicos que las incitaron a cometer, en la tierra, aquellos genocidios deambulan sin rumbo fijo, torturadas permanentemente, hasta el día en que, con un nuevo renacimiento material, reciban la bendición de poder olvidar temporariamente, el pasado. Alucinadas y perseguidas por la constante sobreexcitación y angustia del remordimiento, sin posibilidad alguna de descanso y alivio, sólo les resta el recurso de encerrarse en su infierno íntimo, en el capullo de la carne terrena, para adormecer los recuerdos crueles del pasado durante la etapa sedativa de inconsciencia entre la cuna y la tumba terrena.

Pregunta: ¿Cómo se produce y en qué consiste la recuperación de la "salud mental" de esas almas o espíritus tiránicos y morbosos que, a su tiempo, alcanzarán como todos los hombres la ciudadanía angélica destinada por Dios para sus hijos?

Ramatís: Las almas de los déspotas sanguinarios, víctimas de la locura, del egoísmo, de la codicia, y autores de la mortandad de millares de seres sacrificados para asegurarles el triunfo de su poderío y ambición, son como el caballo salvaje que, luego de derribar a su jinete, todavía lo ataca en el suelo. Desgraciadamente, debido a la violenta vibración de las energías maléficas que excitan el periespíritu, al reencarnar en la tierra el tirano o conquistador sanguinario, y sus perversos compañeros, nacen idiotas o anormales, pues el trauma psíquico que los aqueja desequilibra el trabajo armónico de las células físicas durante el período de gestación (5).

5 Nota del Médium: Ver el artículo "Idiota", de Emmanuel, de la página 226 de "Reformador", de octubre de 1962, órgano de la Federación Espirita Brasileña, en donde el autor manifiesta hermosas consideraciones sobre la encarnación sacrificial de los tiranos y déspotas del mundo, cuando se encuentran sumergidos en la imbecilidad.

Bajo la violenta y desequilibrada presión del periespíritu, se alteran las líneas de fuerzas en la composición de los genes y el ajuste de los cromosomas del cuerpo físico. Entonces el déspota surge a la luz de la vida terrena, indefenso, con cerebro y nervios alienados. Estas deficiencias lo encadenan a un destino de víctima de burlas y desprecios por parte de esa misma humanidad que tanto subestimó y perjudicó en el pasado. Así, el cuerpo del idiota refleja la condición morbosa del espíritu brutal allí encarnado, y funciona como cárcel provisoria que reprime los impulsos desordenados y peligrosos de su ocupante, tal como el freno domina al caballo fogoso y desatinado. Las pasiones violentas, tales como la crueldad, la ambición y el orgullo, que desatan las fuerzas del instinto animal selvático, imposibilitadas para actuar destructivamente, se van debilitando poco a poco, hasta que, finalmente, ya nunca más vuelven a manifestarse con aquel anterior vigor, casi indomable.

La glándula pineal —delicadísima antena del sistema neuro-psíquico, "central eléctrica" o "usina piloto" del organismo humano— funciona presionada y disminuida en su capacidad para transmitir con claridad, el mensaje racional dirigido por las neuronas, es decir, para cumplir con su papel de aparato receptor y transmisor del espíritu hacia la materia. En ese retraso obligatorio de un cuerpo físico afectado en su metabolismo motor y nervioso, el periespíritu enfermizo recobra, gradualmente, su vibración normal, y el alma, su dominio saludable. Reprimido en la carne su exceso perturbador, el alma se somete a la terapéutica obligatoria del reposo vibratorio, que disciplina su emotividad y reprime las fuerzas instintivas que se agitan en la intimidad periespiritual, como el caballo indócil que, atado a un pesado vehículo, termina por reducir su vigor peligroso. Poco a poco, el alma enferma que, debido a sus impulsos animalizados, cometió crímenes, disturbios y atrocidades colectivas en el mundo de la materia, termina por corregirse de sus excesos dañinos bajo el dominio de un molde físico deformado. Se agota en inútiles tentativas por dominar, pues su sistema nervioso rígido y retardado, anula toda coordinación de sus propósitos y le impide usar su fuerza bruta y maléfica.

Las pasiones comunes a todos los déspotas y guerreros es el orgullo, la ambición, la prepotencia y la crueldad, y que fácilmente se manifiestan cuando tienen un cuerpo sano y un cerebro normal, terminan arrasadas e impedidas de cualquier acción bajo el organismo carnal atrofiado. Sus ideas y emociones peligrosas no llegan a sobrepasar el campo subjetivo, pues la falta de un sistema cerebral y nervioso, sano y sensible, les impide concretarse en forma de acción en el mundo exterior. Sin embargo, no hay castigo deliberado para tales espíritus enfermos, sino una reparación espiritual en el sentido de ajuste a las leyes de la vida superior. El cuerpo imbecilizado subyuga sus impulsos homicidas, sofocando la eclosión violenta de sus pasiones animales; de modo que, ese cuerpo defectuoso se convierte en formas de acción en el mundo exterior.

Ramatís

Psicografiada por: Dr. Hercilio Maes
Extraído del libro "Esclarecimientos del Más Allá"