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Ya
existen pruebas reales de que el pensamiento construye y destruye, incluso
en nuestro medio material. No solamente nuestro pensamiento desarrollado y
consciente de hombres, sino igualmente los instintos agresivos y dirigido
de los animales pueden forzar desarmonías físicas entre los semejantes.
Investigadores ingleses, con la finalidad de comprobar o no el efecto del
mal de ojo, hicieron la siguiente experiencia: colocaron doce ratoncitos
de ciudad bien cerca de ratones salvajes, aunque, fuera del alcance
físico.
Obstaculizados materialmente de agredir a los ratoncitos extraños, los
ratones salvajes realizaron actitudes de intimidación, dirigiendo miradas
agresivas y amenazadoras. Aunque sin sufrir ningún arañazo, sin
posibilidad de ningún contacto físico, los ratoncitos urbanos acabaron por
caer muertos. Sometidos a la autopsia, los ratoncitos asesinados con
simples miradas mostraban glándulas suprarenales dilatadas, señal evidente
de una violenta presión nerviosa emocional. El mal de ojos de los ratones
salvajes contra los ratones de ciudad probó que es posible la agresión a
través de la simple mirada, cuando esta canaliza el odio o cualquier otro
sentimiento menos digno. Y si unos animales pequeños pueden causar hasta
la muerte, en organismos más evolucionados, tales como los humanos, puede
causar una serie de contratiempos que los estudiosos de los fluidos
supieron identificar. Muchas veces ya oí hablar de personas que matan
plantas con la mirada y hacen enfermar a niños y hasta animales con su
fluido nocivo.
El estudio de los fluidos, la manera como ellos son dirigidos por la
fuerza mental, sus relaciones con el periespíritu y la influencia moral
dirigiendo todo ese escenario, no dejan duda en cuanto a la posibilidad de
ocurrir tales hechos. ¿No es la simple mirada, aliada a la mecánica del
pensar, que impulsa el fluido en una dirección cualquiera?
El ser humano es en esencia aquello que reside en su corazón. Y siendo los
ojos las ventanas del alma, ellos lanzan lo que allí existe, dirigidos por
la fuerza del pensamiento, sobre lo que proyectan. Sabemos que el fluido
puede ser dirigido por el pensamiento o como si fuera aspirado por una
voluntad firme. En el caso a que nos reportamos, el mal de ojo, un niño,
animal o vegetal, no podrían desear absorber tales fluidos; nos resta
concluir que, consciente o inconscientemente, el fluido fue dirigido del
emisor por su voluntad o por su rebeldía. Mencionamos tales casos para que
el lector pueda entender la importancia del pensamiento en el modelaje del
medio ambiente, como en la propia estructura anatómica-fisiológica del
periespíritu. Como lo que es esencialmente bueno nada tiene de malo,
cuando pensamos en el bien con intensidad, materializamos en el medio
externo (ambiente) e interno (periespíritu) los efectos de nuestro
pensamiento, que se hacen visibles para aquellos que los sintonicen.
Los buenos pensamientos son portadores de luminosidad emanada del
periespíritu que la difundió, siendo que ésta interfiere en el ambiente en
que fue generada. A través de esa materialización del pensamiento, de esas
formas benéficas u hostiles modeladas, es que los Espíritus, observando
los rayos de los colores formados, la armonía de las formas y la lucidez
del cuadro generado, determinan el grado de evolución o de inferioridad de
aquel que modificó el ambiente con sus propias creaciones.
El estado evolutivo del Espíritu es también detectado mediante observación
de su periespíritu, que presentando características físicas, tales como
colores, vestimenta, luminosidad u oscuridad, materialidad mayor o menor,
funciona cual tarjeta de identificación de su patrón moral-intelectual.
En el libro “La Vida más Allá del Velo”, del Ver. G. Vale Owen, el
autor pide a su madre un ejemplo ilustrativo sobre el poder del
pensamiento, en lo que es atendido con la siguiente descripción: “Una
falange de amigos y yo, que estábamos siendo instruidos en ese asunto, nos
encontramos, y para conocer el grado de nuestro progreso, decidimos hacer
una experiencia para ese fin. Procuramos una claridad en el centro de un
bello bosque y, como prueba, decidimos todos desear una cierta y
determinada cosa para ver si lo conseguíamos. Escogimos la reproducción de
un fenómeno en un terreno descampado, cuyo efecto fuese tan sólido y
permanente que nos permitiese examinarlo después. Sería la estatua de un
gran animal, más o menos un elefante, sin embargo, un poco diferente; un
animal que pusimos allí, pero que dejó de habitar su tierra. Todos nos
sentamos alrededor del terreno abierto y concentramos nuestra voluntad en
el objeto que debería ser reproducido. Bien pronto él apareció y se quedó
allí delante de nosotros. Nos admiramos mucho de la rapidez del resultado.
Pero, debajo de nuestro punto de vista, había dos efectos: era demasiado
grande, pues habíamos dejado de combinar nuestras voluntades en la
proporción adecuada.
Parecía mucho más un animal vivo que una estatua, porque muchos habían
pensado en un animal vivo, así como en su color, y de ese modo el
resultado fue una mezcla de carne y piedra. Muchos puntos, también estaban
desproporcionados: la cabeza era demasiado grande y el cuerpo muy pequeño,
y así en adelante, mostrando que la mayor fuerza fue concentrada en
algunas partes más que en otras. Es así que llegamos a conocer nuestras
imperfecciones y la manera de corregirlas en nuestro estudio. Ensayamos,
examinamos el resultado, y volvimos a experimentar. Así hicimos ahora.
Desprendiendo nuestra atención de la estatua obtenida y conversando, ella
poco a poco se deshizo. Estábamos entonces preparados para una nueva
experiencia. Resolvimos no escoger el mismo modelo, por eso, esta vez
escogimos un árbol con frutos, algunos tan parecidos a una naranja. Fuimos
más felices. El principal defecto era que algunos estaban maduros y otros
verdes. Las hojas no estaban convenientemente coloridas ni las ramas en
proporción.
Podemos decir que el modelo, la creación del ambiente espiritual con todo
cuanto en el existe, es producto de la creación mental de los Espíritus,
que lo hacen proporcionalmente a su estado mental-moral-intelectual. El
Espíritu puede mentalizar una flor y materializarla en el ambiente. Pero
puede ser que esta sea apenas una forma, sin la estructura molecular y
celular típica de una flor.
Presenté un perfume, colorido y otros detalles, pero, examinada por un
técnico, esté podrá constatar la ausencia y elementos celulares
funcionales, la inexistencia de los gametas reproductores e, incluso
existiendo tales estructuras, la disposición genética, la información que
debería constar en cada gene, no se presente. Puede ocurrir también que la
flor, siendo hermafrodita, o sea, poseyendo ambas las células
reproductoras, masculinas y femeninas, estas no tengan una vía de acceso
para el encuentro, dificultando la reproducción de la especie. Caso el
constructor o plasmador no tenga conocimientos de Botánica, incurra en
numerosos fallos, tales como: vasos conductores inadecuados, encerramiento
de estigma, ausencia del núcleo generador de polen, y serían tantos los
desaciertos que el técnico diría que no se trata de una flor u objeto en
análisis. El pensamiento modela las formas con perfección, belleza y
utilidad, siempre obedeciendo al estado evolutivo de cada individuo.
Es por ese motivo que, para las grande construcciones de Espíritus
entrenados para esa tarea, con la dignidad y la sabiduría que la evolución
les otorgó, se reúnen en un grupo armónico de pensamientos, en lo que
materializan escuelas, reformatorios, hospitales, colonias, como parte de
la divinidad que Dios les permitió alcanzar, por constante y creciente
esfuerzo propio. Igualmente, las entidades inferiores y animalizadas,
crean sus ambientes, plasmando en ellos el producto enfermo de sus mentes,
incluso ignorando, como ocurre frecuentemente, ser los arquitectos del
infierno donde habitan. La mente, conturbada por agentes nocivos, imprime
en el ambiente toda la deformación de que es portadora, en el fenómeno de
la exteriorización de aquello que le es íntimo.
El pensamiento traumatizado del suicida, que tiene grabado en sí el
acto final y trágico del suicidio, es reproducido en el ambiente con
colores vivos, cual cinta cinematográfica parada, volviéndose él creador
del cuadro del suicida, un espectador desesperado de su propio infortunio.
Reunidos tales Espíritus por la ley de la correspondencia vibratoria,
crean sus infiernos, donde todos participan del sufrimiento de todos, pues
las escenas grabadas en el espacio, de los diversos tipos de suicidio, más
los asustan y atemorizan. Lo mismo ocurre a los criminales, a los
avariciosos, a los portadores de varios vicios.
Yvonne Pereira nos relata en su libro “Investigando lo Invisible” que
visitó, en desdoblamiento, a cerca de diez entidades en un pequeño y
miserable compartimiento, en una promiscuidad chocante. Esas entidades
enfermas, conscientes de sus culpas, se rodeaban de visiones por ellas
creadas en el ambiente que consistían en luchas corporales, contiendas,
asaltos, seducciones de menores, robos, asesinatos, obsesores, suicidios…
El suelo del compartimiento se presentaba encharcado de sangre y humores
fétidos.
A pesar de que la puerta permanecía abierta, no lograban la fuga, por
tener que pasar por el terreno al frente, donde veían erguirse de la lama
sanguinolentas manos humanas suplicando, cabezas deshechas, ojos
aterrorizados, cadáveres estirados, brazos y piernas, en fin, una visión
macabra que ninguna película de horror, por más temida, conseguiría
expresar con fidelidad. Una vieja negra que velaba a tales entidades, al
servirles comida, lechuga adornada de legumbres y hortalizas, era tomada
de inmensa piedad, cuando estos repudiaban los platos, tirándolos a
distancia, mientras lloraban y se lamentaban. Por acción de sus mentes
viciadas, abrigando las visiones de los cuadros deprimentes de los cuales
fueran autores, al mirar los platos imprimían en ellos sus creaciones
mentales de orejas, lenguas, ojos, corazones, pies, trozos de carne
humana, en sustitución de las legumbres y hortalizas, creaciones mentales
de la vieja que los guardaba. La médium, en conversación con la negra, oye
de esta la siguiente afirmación: “Todo el ambiente que distingue aquí, mí
hermana, exceptuándose la cocina, es creación mental vibratoria de estos
criminales”.
Aun en ese libro, la médium, oyendo de su amigo Frederic Chopin, la
ejecución de una triste melodía en el piano, asistió maravillada a la
modificación del ambiente, en lo que fue transformándose en árboles
terrenos, caminos tristes, un caserío modesto, recordando la aldea de
patrón europeo. Al describir el evento, Yvonne Pereira dice: “Tan
intensamente se imponía ese panorama a nuestra perspectiva, que tuvimos la
sensación de caminar por un camino que – teníamos la seguridad – que iría
a finalizar en un lugar cualquiera”.
El Espíritu Charles se apresura en explicarle que son paisajes de la
antigua Polonia, que Chopin gustaba de recordar y retener, haciéndolas
presentes, profundizando mentalmente por el pasado.
De lo expuesto podemos concluir que:
1) El pensamiento obra sobre los fluidos, aglutinándolos,
dispersándolos, dándoles formas, colores, funciones y cualidades;
2) Al obrar sobre el medio, se vuelve agente modelador de las formas
ambientales y del propio periespíritu (así como de otros, como ocurre en
el magnetismo y en particular en el hipnotismo), una vez que este posee
intensa plasticidad, obedeciendo al comando mental que lo dirige;
3) Esa acción modeladora ocurre consciente o inconscientemente, siendo que
la duración de aquello que fue plasmado va a depender de la persistencia y
de la intensidad del pensamiento;
4) La armonía, la nitidez, la estética, la perfección, la complejidad y el
destino de lo que es moldeado dependen de la evolución del Espíritu que
generó ese pensamiento;
5) Las mentes desarmonizadas, trayendo remordimientos, culpas, traumas,
transmiten el tenor del pensamiento para el ambiente, en lo que generan
regiones infernales, que persisten mientras son alimentadas.
6) Algunos amputados conservan después de desencarnar sus amputaciones,
por desconocer que podrían reconstruir mentalmente sus periespíritus, o
por no poseer condiciones mentales/ y o morales, para tal operación
plástica;
7) El Espíritu, dependiendo de su evolución, por la acción del
pensamiento, puede hacer alimentos, vestimentas, habitaciones, utensilios,
medicamentos y todo cuando desee, mientras haya potencia para tal en su
pensar y amor en su corazón.
Concluimos aun que el Espíritu es responsable por el peso específico de su
periespíritu. Viciando su mente en pensamientos enfermizos, este se hace
denso bajo la adherencia de los fluidos tóxicos, canalizados a lo largo de
los años o de las encarnaciones para su tesitura. Eso lo hace demorarse en
regiones compatibles con su estado, de donde sólo saldrá cuando, a través
de una renovada actuación volcada para el bien, gradualmente se libere del
lastre fluídico que acumuló. Es entonces que, desvencijándose de la
habitual inferioridad, se vestirá de luz y alzará a las alturas cósmicas,
sólo penetrables por aquellos cuya seña es la superioridad. De esto es lo
que Jesús hablaba cuando decía “El Espíritu sopla donde quiere y va donde
quiere”. El periespíritu, por tanto, no admite otro maquillaje para
alinearse sino la del amor, divino cosmético de belleza eterna.
Luiz Gonzaga Pinheiro
[Do livro "O Perispírito e Suas Modelações - ARTIGOS]
João Cabral ADE-SERGIPE
Aracaju-Sergipe-Brasil
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