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Todo es cuestión de mantener la mente calmada, la espina dorsal erecta y
el corazón tranquilo, cantaba Walter Franco en los años 70, en lo que era
una síntesis del modo de vida hippie. Hoy esos versos cabrían en un
informe médico. Investigaciones recientes dan respaldo científico a una
creencia que fue divulgada en Occidente por quienes propagaron la vivencia
de la paz y el amor, y que está en la base de filosofías orientales
milenarias, la de que una mente apaciguada ayuda a prevenir enfermedades,
acelera la recuperación física y hasta logra la curación. Lo contrario
también se reveló verdadero.
Pensamientos y sentimientos negativos contribuyen para la manifestación de
molestias y dificultan el restablecimiento de un enfermo. Rencor,
hostilidad, resentimientos y angustia pueden estar en el origen de
disturbios cardíacos, hipertensión, depresión, ansiedad, insomnio,
jaquecas e infertilidad. Más allá de eso, el peso de los sentimientos
ruines debilita el sistema inmunológico, permitiendo que el organismo se
torne un blanco fácil de infecciones, alergias y enfermedades como la
artritis reumática. A partir de esa constatación, los investigadores
resolvieron examinar a fondo los métodos de perfeccionamiento mental que,
hace poco más de dos décadas, venían embalados en un aura de puro
misticismo, yoga, meditación y relajamiento y que ahora son objeto de
innumerables estudios con respecto a su eficacia terapéutica.
Hasta el momento, las conclusiones son bastante positivas. "Después de
analizar rigurosamente el alcance de esas técnicas, pasamos a utilizar
tales métodos como línea auxiliar de algunos tratamientos", dice el
psicólogo José Roberto Leite, coordinador de la Unidad de Medicina del
Comportamiento de la Universidad Federal de São Paulo.
Uno de los mayores investigadores del poder de la mente sobre la salud es
el cardiólogo norteamericano Herbert Benson, de la Universidad Harvard,
autor del libro Medicina Espiritual.
Investigaciones conducidas por él muestran que, en promedio, 60% de las
consultas médicas podrían ser evitadas, si las personas usasen su
capacidad mental para combatir naturalmente las tensiones causantes de
problemas físicos. La meditación, demuestra Benson, figura entre las
maneras más efectivas de fortalecer. La mente. (…)
"Se debe orar para tener mente sana en cuerpo sano"
El célebre proverbio "mens sana in corpore sano" (mente sana en cuerpo
sano), atribuido al poeta latino Juvenal, del inicio de la era cristiana,
resumía una convicción de los médicos de la Antigüedad, la de que existía
una estrecha relación entre pensamientos y emociones y salud orgánica. Tal
noción perdió fuerza en Occidente en el siglo XVII con la aparición del
racionalismo exacerbado, que separó la mente del cuerpo. Lo que hacen los
médicos actuales es recuperar esa antigua percepción. Poca gente sabe que
la frase entera de Juvenal, en verdad es: "Se debe orar para tener mente
sana en cuerpo sano". Este detalle gana relevancia porque los científicos
se muestran ahora muy interesados en saber cuál es el impacto de la fe en
la actividad mental.
Uno de los más famosos estudios sobre el asunto es de autoría de Andrew
Newberg de la Universidad de Pennsylvania. Él demostró que el trance
religioso interfiere en el funcionamiento de ciertas estructuras
cerebrales. Newberg, monitoreó, a través de tomografías computarizadas y
usó de contraste, el momento exacto en que monjes budistas y monjas
católicas mostraban estar en contacto con lo que consideraban una esfera
divina, ellos, por medio de la más profunda meditación: ellas, por
medio de fervorosas oraciones. El investigador notó una desactivación casi
total del área del cerebro responsable por el sentido de orientación. Eso
es consecuencia de la sensación placentera de que uno se está
desprendiendo del cuerpo físico. Este desprendimiento cerebral captado por
Newberg es la prueba material más cercana posible al nirvana budista y
éxtasis de los que la literatura católica está repleta.
Desde el punto de vista médico, una de las grandes ventajas de las
técnicas que trabajan la mente es que no existe contraindicación. "Pero es
importante dejar claro que ningún especialista serio minimizaría la
importancia de los remedios", dice el cardiólogo Herbert Benson. Según él,
la longevidad y el bienestar de las personas están basados en una tríada:
remedios (por ejemplo, no existen substitutos para la penicilina);
cirugías (la única salida para una gran cantidad de problemas) y los
cuidados personales (que incluyen ejercicios para el cuerpo y para la
mente). O sea, la medicina preventiva prescribe ahora no solo dieta y
gimnasia, sino también el cultivo de las emociones y de los pensamientos
positivos.
Artículo de Anna Paula Buchalla
Extraído de la revista Veja, São Paulo, SP, número 1804, 28/5/2003
Traducción de Anuario Espírita
Terapia de la oración
La oración induce a la paz y produce estabilidad
emocional, generadora de salud integral. Recurso valioso para todo momento
o necesidad, la oración se encuentra al alcance de quien desea paz y
realización, cambiando para bien los factores que fomentan la vida y
facultan su desarrollo.
La oración es el instrumento por el cual la criatura habla con Dios y la
inspiración le llega en condición de divina respuesta. Cuando alguien ora,
ilumina el paisaje mental y se inunda de paz, revitalizando los puntos de
apoyo de la energía mantenedora de la vida.
La oración sincera, hecha de la entrega íntima a Dios, desarrolla la
percepción de realidades normalmente no detectadas, que forman parte del
mundo extrafísico.
El ser material es condensación de energía, real y transitoriamente
organizado en complejos celulares para el objetivo esencial de la
evolución. Desarticulándose o sufriendo influencias degenerativas,
necesita de reparos en los intrincados mecanismos vibratorios, de manera
que se recomponga, se reequilibre y mantenga la armonía indispensable,
para alcanzar la finalidad a que está destinada.
El ser que ora, consigue resistencias en el campo de la energía, que
convierte en fuerzas de mantenimiento para los equipos nerviosos
funcionales de la mente y del cuerpo. La oración induce a la paz y produce
estabilidad emocional, generadora de salud integral. La mente que ora,
sintoniza con las Fuentes de la Vida, enriqueciéndose de. fuerzas
espirituales y lucidez.
Terapia valiosa, la oración atrae las energías reparadoras que reajustan
moléculas orgánicas en el mapa del equilibrio físico, al mismo tiempo que
dinamiza las potencialidades psíquicas y emocionales, fortaleciendo al
individuo. Cuando un enfermo ora, recibe valiosa transfusión de fuerzas,
que revitalizan los leucocitos para la batalla de la salud y el soporte de
los campos inmunológicos, restaurando sus defensas.
El individuo es siempre el resultado de los pensamientos que elabora, que
acoge y que emite. El pesimista se autodestruye, en cuanto el optimista se
autosustenta. Aquél que cree en las propias posibilidades, las desarrolla,
las perfecciona y las maneja con seguridad. Aquél otro que duda de
sí mismo y de los propios recursos, envolviéndose en una psicósfera
perturbadora, desarregla los centros de fuerza y se debilita, es ahí
cuando se enferma. Se asemeja a una vela encendida en sus dos extremos,
que consume doblemente el combustible que sustenta la luz, hasta su
extinción.
La mente que se vincula a la oración se ilumina sin desprender vitalidad,
antes agotada y ahora expandiendo la claridad que posee.
Si se envuelve en las irradiaciones de la oración a la que se entrega,
logrará el individuo enriquecerse de salud, de alegría y paz, por cuanto
la oración es el intercomunicador poderoso a través del cual habla con
Dios, y por cuyo medio, inspirado y pacificado, recibe la respuesta del
Padre. Por lo tanto, al lado de cualquier terapia prescrita, la oración es
la de mayor significado y la más simple de ser utilizada.
Mensaje extraído del libro
«Nuevos Mensajes», psicografía del médium Francisco Cándido Xavier, por el
Espíritu Hermano X
LA REVISTA ESPIRITA
El cerebro y la mente
El
cerebro es un mecanismo de apoyo al pensamiento, que recorre sus circuitos
a la velocidad de la luz. Algunos investigadores dicen que el cerebro
segrega pensamientos, como el hígado bilis y los riñones, la orina. Pero
la bilis y la orina son productos biológicos, elaborados a partir de otras
sustancias que están en el cuerpo, y que precisan ser procesadas o
eliminadas.
El cerebro no trabaja con sustancias materiales y, sí con impulsos de
energía. El efecto inteligente proviene de una causa inteligente. ¿Podría,
por sí mismo el cerebro tomar decisiones? ¿Promover modificaciones de
conducta o actitudes? Si no puede, ¿quién lo hace?...
La centella divina, que es nuestro psiquismo, viene viajando desde el
principio de los tiempos para formar experiencias y madurez, pasando por
el mineral, donde duerme, en el vegetal que es sensación, en el animal
instinto y más tarde, incorporándose al Espíritu, tornándose una
individualidad con una trayectoria milenaria impresa en el psiquismo. El
cuerpo mental es el envoltorio sutil de la mente. El cuerpo mental diseña
el cuerpo espiritual o periespíritu y, éste a su vez, el cuerpo físico. La
materia mental es el instrumento sutil de la voluntad. El pensamiento es
fuerza sutil del Espíritu. Por medio de los agentes mentales u ondas
electromagnéticas incesantes, tenemos los fenómenos eléctricos de
transmisión del impulso nervioso de una neurona a otra, llamado fenómeno
sinóptico.
Según Krisna, somos lo que pensamos, en base a la fuerza creadora de
nuestro pensamiento y al condicionamiento de esa propia fuerza al respecto
de nuestra personalidad.
Hay tres compartimentos distintos en la actividad mental: la Conciencia,
la Pre-Consciencia y la Inconsciencia.
La conciencia corresponde al estado normal de vigilia, conteniendo
los pensamientos y sensaciones del presente. Forma parte de todas las
regiones nerviosas del organismo; no sólo del encéfalo, en la cavidad
craneana, donde existen numerosos centros nerviosos; mas también, las
expansiones periféricas del sistema nervioso, inclusive del sistema
autónomo con sus importantísimos plexos.
La pre-consciencia abraza el conocimiento acumulado en la memoria
y, que puede ser con relativa facilidad traído al consciente. Parece
ocupar zonas periféricas del encéfalo y casi totalmente el lóbulo frontal
del cerebro.
La inconsciencia es donde se hallan archivadas las memorias de
acceso más difícil. Centro de todos los fenómenos psíquicos: es tan real
como corporal, sin embargo, no sea visible ni tangible.
Podríamos citar brevemente la epífisis que preside los fenómenos nerviosos
de la emotividad como órgano de elevada expresión en el cuerpo etéreo. La
materia mental es el instrumento sutil de la voluntad, actuando en las
formaciones de la materia física, generando las motivaciones del placer o
del disgusto. Cuando emitimos una idea o forma-pensamiento, estamos
entrando en el campo mental de otra ideo o forma-pensamiento, semejante a
la nuestra, sea un encarnado o desencarnado.
En los reinos inferiores de la Naturaleza, la corriente mental se
restringe a impulsos de sustentación en los seres de constitución
primaria, a comenzar por los minerales, preponderando en los vegetales y
avanzando en los animales superiores que ya conquistaron bases más
amplías.
Somos seres emisores y receptores psíquicos, con un potencial energético
difícil de calcular, por no decir casi imposible. El pensamiento es la
materialización de la inteligencia.
La materia mental es el instrumento sutil de la voluntad, actuando en las
formaciones de la materia física, generando las motivaciones del placer o
del disgusto.
El pensamiento o irradiación mental viene a ser, para que nos sirva de
comparación, como una onda hertziana, tomando el cerebro como si fuese un
aparato emisor y receptor al mismo tiempo. (Ondas electromagnéticas, como
por ejemplo, las radiofónicas)
En la criatura humana normal, los átomos (Partícula más pequeña de un
cuerpo que conserva sus propiedades químicas) mentales enteros,
regularmente excitados en la esfera de los pensamientos, producirán ondas
muy largas o de simple sustentación. Y si la excitación nace de
situaciones especiales, como puedan ser los dolores, concentraciones
mentales, emociones profundas, etc. El pensamiento emitirá rayos muy
cortos o de inmenso poder transformador del campo espiritual.
El pensamiento es creación, de ahí nuestra necesidad de crear
formas-pensamientos positivas, para conseguir una más rápida ascensión en
el camino del progreso.
Isabel Porras González
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