Anécdota sobre la obsesión

 
Dr. Adolfo Becerra de Menezes.

En una humilde casa de Río de Janeiro, vivía una pobre señora, viuda y madre de cinco hijos. Ella sufría mucho porque era víctima de una feroz obsesión. El obsesor era el espíritu de su propia hija mayor, desencarnada en una casa vecina, donde había sido acogida por lástima debido a su triste situación. Ni siquiera en la hora de la muerte había querido ver a su madre. Se sentía víctima de la negligencia materna y, por consiguiente desencarnó sin que sus parientes pudieran darle el último adiós. Ahora, desde el más allá, obsesionaba a su pobre madre, a quien acusaba por la prostitución de su cuerpo y la derrota de su espíritu.

Varios amigos habían ido hasta la casa de esta pobre señora obsesa pero nada consiguieron . Era un caso en que la medicina terrestre no conseguiría intervenir. El verdugo vampirizaba el cuerpo de la víctima, asfixiándole el espíritu y tomando venganza. Era un caso doloroso que solo podría ser resuelto,. gracias a Dios, por quien viviese en un clima de oración, quien tuviese amor, fuerza moral y fuese capaz de transmitir esta comprensión al espíritu adverso, enseñándole el perdón salvador Entonces, los vecinos fueron a buscar al Dr. Bezerra, quien, enterado del caso dijo: Si ustedes no consiguieron nada ¿Qué podría hacer yo?

Tanto insistieron que Bezerra cedió y atendió el llamado cristiano. Al ver el cuadro angustiante se conmovió y habló, con humildad y amor, al espíritu obsesor que dominaba a la pobre señora .......

Entonces, mi hermana, cuanto coraje, cuanta impiedad para obsesionar a la propia madre. ……

Sorprendida al ser reconocida agregó:

Fue ella quien me puso en el camino del vicio y me hizo fallar y desencarnar derrotada. ¡La odio! ¡Quiero venganza!

Pero …. retrucó Becerra, con tu libre albedrío y los consejos de tu guía podrías haber evitado la caída. Tu progenitora no es totalmente culpable, tu también lo eres porque no supiste vencer la tentación del lujo, del dinero fácil, de la vanidad y de las ilusiones de la carne…..

Yo no la perdono. ¡Ella es más culpable!

¿Algunas vez oraste, pediste perdón por los errores cometidos, pediste a María Santísima, la madre de las madres?¿Te acordaste de rezar?

No, nunca rezo, nunca pensé en eso, respondió desconfiado el espíritu de la joven.

¿Permites, entonces, que yo lo haga por ti, a la Madre de los Cielos?

Si quieres puedes hacerlo, respondió de mala gana.

Bezerra se puso de pie y empezó a orar como él sólo sabe hacerlo, con la voz del sentimiento, con el discurso del corazón y bajo la exaltación de la poesía de las lágrimas.

En cierto momento, el espíritu de la hija obsesora lo miró admirada. Sentía las palabras sinceras que penetraban en los más íntimo del alma. Se conmovió y cuando él terminó las oraciones, ella no se controló, se levantó incorporada en la víctima, su propia madre y exclamó entre sollozos: Quien ora así tiene a Dios dentro del alma, algo que yo no tengo ¡Está Ud. con la verdad! Luego partió al mundo espiritual, llevada por los Mensajeros, dejando libre a su madre aliviándole el cuerpo y el alma.

Tiempo después en el grupo mediúmnico que preside el Dr. Bezerra, la joven se presentó, incorporada en un médium y dijo:

Gracias Dr. Bezerra. Ud. tiene amor y enseña sin herir. Le agradezco por el bien que me hizo. La Madre de los Cielos atendió su súplica y me salvó, posibilitándome entender el deber y el mal que me hacía a mí misma. Ahora, con su ayuda, estoy tratándome, aprendiendo a ser mejor y borrando de mi pasado las sombras de mis vicios y de los males que hice.

“Mensajero de Luz” Oct-Nov-Dic-2006

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