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¿Cuántos
son los que no saben que todo en la vida de Chico Xavier fue siempre una
elocuente manifestación de trabajo, devoción y amor? ¿Cuántos? Pero lo que
algunos tal vez ignoren es que todo, en ese lúcido espíritu, también fue
rigurosamente previsto por él mismo, programado, calculado en sus mínimos
detalles. Sea dicho, la vida de un misionero no podría ser diferente.
El nacimiento, la trayectoria de la vida, todos los pasos, hechos y
actitudes, todo, pero todo, tiende a obedecer a un planeamiento cuyas
directrices emanan de las más altas esferas espirituales, oriundas de los
Espíritus Superiores que abastecen y supervisan los destinos de toda la
Humanidad. Así fue lo que pudimos observar en todo el transcurrir de esa
fructuosa existencia misionera. Considerando que, a los cinco años de
edad, Chico Xavier ya daba testimonio de una preparación mediúmnica tan
grande y completa como lo demostraría en todo su mandato doctrinario,
como, cierta vez, en la que puso en extremo sobresalto a sus progenitores,
principalmente al padre, Sr. João Cândido, al discurrir sobre un asunto de
odontología médica sólo accesible a catedráticos en Medicina. Sin embargo,
la ligera referencia que hacemos hoy es tan sólo al respecto de hechos que
se dieron con él en los últimos días de su permanencia en el cuerpo
físico, cuyo fiinal se dio en el reciente 30 de junio, en Uberaba - MG,
donde vivió sus últimos 43 años.
Cierto admirador y constante compañero del Médium, pocas semanas antes de
su desprendimiento carnal definitivo, presenció un hecho que a muchos
causará admiración y espanto. Es que, terminada la reunión nocturna del
sábado, en el Grupo Espírita de la Oración, sobre las 21 horas, al
levantarse de la silla, como era de costumbre, con el apoyo de sus
asistentes habituales, Chico hizo un significativo esfuerzo, tensó el
escuálido cuerpo, levantó la cabeza lo máximo que pudo, con fisonomía
iluminada y mirar extático, se detuvo un instante y pronunció con voz
ronca, pero inteligible: «¡Nuestra Señora, madre de Jesús!» No es
necesario decir a los queridos lectores, que Chico, en aquel momento,
estaba recibiendo la visita angelical de María, que le vino a traer el
confort de sus últimos días en la Tierra, ¡en nombre del Señor!...
Llegado, el día 29, que fue el sábado precedente a su desligación
corpórea, Chico Xavier, a pesar de toda la debilidad orgánica, insistió en
ir a la distribución de alimentos y géneros, en el barrio hoy denominado
Ciudad Ozanan, antigua «Vila do Passo Preto» (Villa del Paso Negro), que,
sin embargo, respetuosamente, él decía «Vila dos Pássaros» (Villa de los
Pájaros).
Estaba de semblante sereno y feliz, mostrando que, si pudiera, sonreiría
permanentemente y aún con más amplia sonrisa a cuantos lo esperaban...Por
la noche, ya en el templo del Grupo Espírita de la Oración (dijeron,
posteriormente, varios participantes), su mirar denotaba cierta
alteración, vagando por el ambiente del centro, como si buscase cada
fisonomía, fijándolas. Pero nadie le dio a tal hecho importancia alguna,
admitiendo estar todo dentro de la normalidad, incluso porque el Médium
siempre les sorprendía con motivos de fortaleza personal. Se supo que,
algunas veces, había manifestado el deseo de dejar el vehículo biológico
en un día en que el pueblo brasileño estuviese muy feliz. Y ese noble
deseo suyo se concretizó con la oportunidad de la conquista del
Pentacampeonato Mundial de Fútbol por Brasil. Al día siguiente (también
dicho en confidencia), Chico pidió que lo afeitaran, a lo que Doña Dinorá
Fabiano, le contestó diciendo que era domingo y, por ello, no había
barbero. Pero el Médium confirmó que deseaba afeitarse ese día. Ante la
duda de la noble asistente - cooperadora de tantos años - y de la
intención de ella en saber el motivo de su voluntad determinada, añadió: «
-... sino, no da tiempo...» Y fue afeitado.
Ya en la tarde del domingo, pidió tomar un baño y vestirse debidamente.
Siendo atendido, fue conducido al lecho, donde permaneció sereno, motivo
para que los presentes se apartasen un poco, con excepción de su médico
particular, el Dr. Eurípedes Tahan Vieira. Se cuenta, entonces, que Chico
juntó las manos, levantadas hacia lo alto, en evidente actitud de oración.
Minutos después, bajando los brazos, los cruzó sobre el pecho y se relajó
de vez... El inolvidable médium estaba ahora definitivamente desligado de
la materia que le sirvió para tantas nobles labores...
Relató en público, aquel dedicado médico de Chico, que en
los momentos de su transición, no presentó la mínima señal de sufrimiento,
ningún gesto que denunciase siquiera incomodidad o infelicidad. ¡El
Servidor de Jesús lo tenía todo previsto! Previó su nacimiento, su
desarrollo, su vida humana y espiritual, su tarea benefactora en la
mediumnidad espírita con Jesús, apogeo de la misión victoriosa, el
declinar de sus fuerzas físicas, la extinción del cuerpo desgastado por el
trabajo y por el tiempo...
En verdad, Chico, a mi entender, no desencarnó; ¡simplemente salió del
caparazón físico con la serenidad, el amor y la bendición con que en él,
un día, entró, para lucir entre las estrellas de la constelación de
Jesús!...
João Cuin es escritor y redactor de «A Flama
Espírita», en Uberaba - MG
Extraído de la revista espirita Nº1 |