Principal Mensajes Cristo y Lázaro II
Browse this website in:
Google
Web
Buscar en Luz Espiritual

 

Hora local

Barcelona-España

Revista espirita

La televisión espirita

Cristo y Lázaro II PDF Imprimir Correo
Mensajes
Escrito por Administrador   
Miércoles, 01 de Julio de 2009 15:59

LA PRIMERA FRASE: “Quitad la piedra”

Cuando el Maestro se acercó al túmulo en donde yacía Lázaro, ya se había formado allí un pequeño grupo de personas. Eran amigos y conocidos que habiendo ido a la casa de Marta y María, para consolarlas “acerca del hermano”, conforme esclarece el Evangelio, al ser informadas de la llegada del Maestro a la sepultura, para allá también se dirigieron.

Obviamente, es de creerse, que los curiosos y escépticos pretendiesen (¿quién lo sabe?), testificar el maravilloso poder del carpintero de Nazaret. Juzgarle la grandeza excelsa. Certificar si eran reales o no, las propaladas cualidades del profeta, pues decían que el Hijo de José, operaba prodigios. Rehabilitaba a mujeres infelices. Curaba locos. Reanimaba desalentados y sufridores. Restituía la visión a los ciegos. Limpiaba a los leprosos. Levantaba a los paralíticos.

Lo cierto es que la Buena Nueva, registra la presencia de numerosas personas en torno de la sepultura, cuando el Maestro llegó allí acompañado de los discípulos y de Marta, quien le había salido al encuentro. Esas personas irían a colaborar con Jesús en la resurrección de Lázaro…

Entre Jesús y el muerto había una piedra. Entre la claridad y la sombra había una barrera, un obstáculo enorme y pesado. En el estrecho recinto en donde se presumía que Lázaro comenzaba a pudrirse, y en el amplio mundo exterior, en donde el Cristo meditaba, dos opuestas realidades se enfrentaban. Extrañas, diferentes, antagónicas…

La Vida y la Muerte. Acá afuera, con la primera, la luz refulgente en las candilejas de la naturaleza en fiesta. Allá adentro, con la segunda, la oscuridad y la quietud. Lázaro, separado de la Vida, sumergido en la Muerte no podía, evidentemente, escuchar de Jesús la palabra renovadora. No le podía atender la voz de mando, suave y enérgica al mismo tiempo, en una simultaneidad que el hombre difícilmente comprenderá. No tenía oídos para captar la orden que, más tarde cuando el obstáculo fuese removido, por terceros, el Señor le daría: “¡Lázaro, ven afuera!”

Era indispensable, por lo tanto, el concurso de los circundantes, la colaboración de los que allí se encontraban, aun que sea por curiosidad o escepticismo. Lázaro estaba muerto. No tenía ojos para ver, ni oídos para oír, ni sentidos para percibir la realidad que lo procuraba Apeló entonces Jesús a la colaboración de sus amigos: “Quitad la piedra.” En otras palabras: “Quitad la escoria mental que le impide la visión de los magníficos panoramas de la Vida Inmortal.” Estaba proferida, por lo tanto, la “primera frase” del Maestro en el maravilloso, en el deslumbrante e incomprendido episodio de la resurrección de Lázaro.

Los amigos del muerto retiraron la piedra, bajo la inspiración de Jesús. La claridad del Sol que caía, penetró, como una chispa de esperanza, en el fondo de la caverna en donde habían puesto al hermano de Marta y María, al amigo del Señor…(*)

Cuando estamos muertos para la Verdad, insensibilizados ante el esplendor de la Inmortalidad Gloriosa, la palabra del Maestro no consigue resonar en nuestro universo íntimo, tornándose imprescindible, a la manera de Lázaro, que otras manos nos ayuden. Manos que tanto pueden venir del Plano Espiritual a través del mensaje edificante y del libro que esclarece, como del propio plano físico, en donde aprendemos mediante la convivencia noble, educativa y saludable. Tales compañeros, incumbidos por Jesús de “Quitar la Piedra” que nos separa de la claridad, son legítimos cireneos en nuestra jornada. Así también, Emmanuel y André Luiz, Bezerra de Menezes y tantos otros retransmiten a nuestro corazón el mensaje renovador del Cristo, reeducándonos para la Vida Mejor, apartando de nuestra sepultura espiritual la piedra del egoísmo que desde hace milenios nos obstruye la conciencia, congelándonos el corazón y petrificándonos el sentimiento.

Bendigamos pues, a los generosos amigos, encarnados y desencarnados que, muchas veces nos han herido el orgullo desmedido, nos despreciaron la vanidad y nos destrozaron el egoísmo avasallante, colocándonos en contacto con la Luz de la Verdad. Ellos nos aproximan a Nuestro Señor Jesús Cristo, el Pan de Vida.

(*)Nota de la editora: (FEB): A los lectores que deseen conocer el fenómeno, recomendamos la lectura del Capítulo “La Resurrección de Lázaro”, en la Obra “Síntesis del Nuevo Testamento” de Minimus.

Extraído del libro "Estudiando el evangelio a la luz del espiritismo"
Martins Peralva