Meditaciones de nuestro tiempo por Manuel Robles


Muchas veces utilizamos una maestría imperfecta para justificar que nuestra persona es ejemplar.

Tan arraigados estamos al suelo, que parte de nuestros errores se ocasionan porque no miramos al cielo.

Muchas veces deseamos que aquellos nos den lo que nosotros no somos capaces de dar.

La teoría es un conocimiento especulativo con independencia de toda aplicación. Sólo de la práctica se pueden esperar resultados positivos.

No es lo peor tropezar una vez, sino volver a caer, causándote el daño en la misma piedra.

Si te merezco agradecimiento, no me alabes. Pídele a Dios que me ayude para que haga con otro lo que hice por ti.

El amor al prójimo se demuestra cuando aquel se alivia de lo que tú le has dado.

Muchas veces queremos acaparar la razón, a cambio de aceptar otras sinrazones.

Cuando creemos saber mucho, nos avergüenza pedir un consejo.

Muchas veces utilizamos discretas formas para adjudicarnos la razón. Fatal ignorancia si olvidamos que el último control no puede ser burlado.

Cuando la persona alcanza cierto grado de popularidad, le ronda la fatal consecuencia de endiosarse.

No podemos apreciar la carga que lleva aquél mientras no tanteemos el determinado peso.

Muchas veces nos equivocamos por confirmar una cosa que no fuimos testigos de verla.

No taches la ignorancia de aquél, mientras no te asegures de que son correctas tus expresiones.

Muchas veces estaríamos dispuestos a ayudar a los demás, pero desistimos por las referencias equivocadas que tenemos de otras partes.

No te engrandezcas de los elogios que te den. Si llegas a creerte esos merecimientos, puedes inclinarte como la Torre de Pisa.

Cuando en el ordenador de la conciencia no sale claro lo que piensas hacer, es porque las causas no tienen buenos resultados.

Muchas veces valoramos nuestra fe una vez que han pasado los riesgos del peligro.

Cuando la espiga no da todos los granos que debe tener, es porque se olvidó de regar la planta a su debido tiempo.

Cual ventaja tiene aquel que estudia filantropía, practicarlo es un placer, es ahorrar para otro día.

No digas que ya has llegado a saber lo suficiente. Estarías más acertado si pensaras que te queda una asignatura pendiente.

No olvides que la teja se asoma a la cornisa, y de no mirar para arriba puede sorprenderte un golpe inesperado.

Cuando te llamen, contesta, que ese será tu deseo cuando llames a otra puerta.

Muchas veces nos lamentamos cuando nuestra ignorancia tuvo carencia de instrucción. Puede que esto suceda por no meditar dónde están las luces y las sombras.

Si sólo nos dedicamos a cultivar nuestro prestigio en los temas materiales, puede que nos lamentemos a la hora de ser mortales.

Nadie preguntará lo que sabes para ocupar el puesto que llevas. Antes observará de tu persona otras muchas cosas, sobre todo la moral.

Las cualidades humanas son la mejor brújula para encontrar a Dios, si éstas están dotadas de verdadero amor.

¿Cómo empiezas a reconocer al amigo; por lo que haces con él o por lo que él hace contigo?

El exceso de caprichos hace que muchas veces nos enojemos sin tener razón para ello.

Es una ignorancia creer que con dinero se puede obtener un puesto en el cielo.

A veces dudamos de Dios, cuando no nos beneficia lo que creemos que merecemos.

Muchas veces despertamos con el ánimo destemplado, decadencia de acción, frialdad en el trato, etc. Conviene meditar y serenar la mente. Son borrascas que nos empujan a descargar la tormenta, y cuando ha causado el daño, ya no tiene remedio.

Ser cristiano sin amor, es vivir a la sombra, donde no calienta el sol.

Si no admitimos ser molestados, es no admitir ser encontrados.

No perturbes el pensamiento de aquél, si con tu relato vas a invadir su paz y su calma.

Lo que más nos preocupa es perder los intereses personales. Lo que menos, es lo que habrá tras de las últimas puertas.

A veces estamos dispuestos a perdonar, una vez que la gente haya admitido estar equivocada.

A veces creemos que la mayor lección de esta vida, es la de desarrollar la habilidad para decir no cuando somos molestados.

La felicidad sólo puede llegar una vez que hayamos roto la mordaza que nos imponen las pasiones.

Algunas veces pedimos consejo a los demás, pero casi siempre optamos por hacer las cosas de acuerdo con nuestro propio estilo.

La Fidelidad es una de las galantes normas que se degenera, si no se cultiva con gran esmero.

Hasta que carecemos de aquello, no apreciamos las necesidades de aquel que carece de todo.

Mientras tengamos aspiraciones a tener exceso de equipaje, sabremos de dónde venimos, pero no dónde vamos.

Hoy es el ayer del mañana. Si el ahora no es correcto en nuestro comportamiento, pocas cosechas espirituales podremos ostentar en el futuro.

Cuando la persona deja de existir, aquí se deja toda su sabiduría. Sólo se lleva el efecto del bien o del mal que realizó en vida.

No queremos aceptar las razones del que menos sabe, porque nos parece que esos criterios hacen decaer nuestra elevada posesión.

Muchas veces mentimos, porque hablar la verdad acarrea más perjuicios que beneficios.

Muchas veces nos lamentamos, porque no hemos sabido poner el remedio a su debido tiempo.

Muchas personas tienen complejo de inferioridad, porque otros no damos posibilidad para que desarrollen mejor.

Las soluciones de muchas cosas están en concederle a otros el gusto o aceptarle sus opiniones, aunque éstas no sean para nosotros tal como las creemos.

A medida que la persona asciende en sabiduría, desciende en nobleza, sino controla bien un significado y otro.

Los aplausos y las alabanzas son maderas que arden, y cuando se han pasado, sólo quedan cenizas.

El más fuerte defiende con tenacidad sus razones o criterios, aunque muchas veces, a sabiendas de que va equivocado. 

La sociedad del presente nos demuestra que parte de las tradiciones tienen que ser sustituidas por otras.

Nuestra imperfecta forma de ser, nos hace que muchas veces no queramos aceptar las cosas por consenso, sino por dominio irracional.

Cuando el ser humano llega a cierta edad, quisiera volver para atrás y modificar muchas cosas que fueron incorrectas.

Salvo pocas excepciones, la sociedad moderna no cuenta para que Dios intervenga como mediador en los conflictos humanos.

Muchas veces aplaudimos porque los demás aplauden. Pero en muchas ocasiones desconocemos por qué lo hacemos.

La mayoría de las veces se ocasionan las discordias porque no queremos ser dominados por otras opiniones.

Aunque lo parezca, la vida no es una anarquía, sino donde se molturan nuestros actos y al final aparecen los resultados de lo bueno y de lo malo.

El exceso de comodidades son la cortina que no nos deja ver de lo que carecen otras personas.

La Universidad de la vida nos enseña muchas rosas. No olvidemos que al servir a. los demás será, entre otras, una de las mejores.

La convivencia dentro de la familia es una de las mejores escuelas para demostrar en la calle si eres ejemplar.

Muchas veces, callando se dejan las aguas correr, hablando se prende fuego, y esas quemaduras tardan tiempo en sanar.

A veces servimos a los demás con la doble idea de que nos paguen la inversión que hicimos.

Muchas veces fracasan nuestras ilusiones por no medir bien la carga y descarga de si cometido.

No es correcto enojarse cuando no te dan los honores que tú imaginas que mereces­.

Alguien me enseñó a que diera y que al prójimo ayudara, que es la bonita manera para que otro día hallara luz verde por donde fuera.

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