|
Muchas veces utilizamos una maestría imperfecta para justificar que
nuestra persona es ejemplar.
Tan
arraigados estamos al suelo, que parte de nuestros errores se ocasionan
porque no miramos al cielo.
Muchas veces
deseamos que aquellos nos den lo que nosotros no somos capaces de dar.
La teoría es
un conocimiento especulativo con independencia de toda aplicación. Sólo de
la práctica se pueden esperar resultados positivos.
No es lo peor
tropezar una vez, sino volver a caer, causándote el daño en la misma
piedra.
Si te merezco
agradecimiento, no me alabes. Pídele a Dios que me ayude para que haga con
otro lo que hice por ti.
El amor al
prójimo se demuestra cuando aquel se alivia de lo que tú le has dado.
Muchas veces
queremos acaparar la razón, a cambio de aceptar otras sinrazones.
Cuando
creemos saber mucho, nos avergüenza pedir un consejo.
Muchas veces
utilizamos discretas formas para adjudicarnos la razón. Fatal ignorancia
si olvidamos que el último control no puede ser burlado.
Cuando la
persona alcanza cierto grado de popularidad, le ronda la fatal
consecuencia de endiosarse.
No podemos
apreciar la carga que lleva aquél mientras no tanteemos el determinado
peso.
Muchas veces
nos equivocamos por confirmar una cosa que no fuimos testigos de verla.
No taches la
ignorancia de aquél, mientras no te asegures de que son correctas tus
expresiones.
Muchas veces
estaríamos dispuestos a ayudar a los demás, pero desistimos por las
referencias equivocadas que tenemos de otras partes.
No te
engrandezcas de los elogios que te den. Si llegas a creerte esos
merecimientos, puedes inclinarte como la Torre de Pisa.
Cuando en el
ordenador de la conciencia no sale claro lo que piensas hacer, es porque
las causas no tienen buenos resultados.
Muchas veces
valoramos nuestra fe una vez que han pasado los riesgos del peligro.
Cuando la
espiga no da todos los granos que debe tener, es porque se olvidó de regar
la planta a su debido tiempo.
Cual ventaja
tiene aquel que estudia filantropía, practicarlo es un placer, es ahorrar
para otro día.
No digas que
ya has llegado a saber lo suficiente. Estarías más acertado si pensaras
que te queda una asignatura pendiente.
No olvides
que la teja se asoma a la cornisa, y de no mirar para arriba puede
sorprenderte un golpe inesperado.
Cuando te
llamen, contesta, que ese será tu deseo cuando llames a otra puerta.
Muchas veces
nos lamentamos cuando nuestra ignorancia tuvo carencia de instrucción.
Puede que esto suceda por no meditar dónde están las luces y las sombras.
Si sólo nos
dedicamos a cultivar nuestro prestigio en los temas materiales, puede que
nos lamentemos a la hora de ser mortales.
Nadie
preguntará lo que sabes para ocupar el puesto que llevas. Antes observará
de tu persona otras muchas cosas, sobre todo la moral.
Las
cualidades humanas son la mejor brújula para encontrar a Dios, si éstas
están dotadas de verdadero amor.
¿Cómo
empiezas a reconocer al amigo; por lo que haces con él o por lo que él
hace contigo?
El exceso de
caprichos hace que muchas veces nos enojemos sin tener razón para ello.
Es una
ignorancia creer que con dinero se puede obtener un puesto en el cielo.
A veces
dudamos de Dios, cuando no nos beneficia lo que creemos que merecemos.
Muchas veces
despertamos con el ánimo destemplado, decadencia de acción, frialdad en el
trato, etc. Conviene meditar y serenar la mente. Son borrascas que nos
empujan a descargar la tormenta, y cuando ha causado el daño, ya no tiene
remedio.
Ser cristiano
sin amor, es vivir a la sombra, donde no calienta el sol.
Si no
admitimos ser molestados, es no admitir ser encontrados.
No perturbes
el pensamiento de aquél, si con tu relato vas a invadir su paz y su calma.
Lo que más
nos preocupa es perder los intereses personales. Lo que menos, es lo que
habrá tras de las últimas puertas.
A veces
estamos dispuestos a perdonar, una vez que la gente haya admitido estar
equivocada.
A veces
creemos que la mayor lección de esta vida, es la de desarrollar la
habilidad para decir no cuando somos molestados.
La felicidad
sólo puede llegar una vez que hayamos roto la mordaza que nos imponen las
pasiones.
Algunas veces
pedimos consejo a los demás, pero casi siempre optamos por hacer las cosas
de acuerdo con nuestro propio estilo.
La Fidelidad
es una de las galantes normas que se degenera, si no se cultiva con gran
esmero.
Hasta que
carecemos de aquello, no apreciamos las necesidades de aquel que carece de
todo.
Mientras
tengamos aspiraciones a tener exceso de equipaje, sabremos de dónde
venimos, pero no dónde vamos.
Hoy es el
ayer del mañana. Si el ahora no es correcto en nuestro comportamiento,
pocas cosechas espirituales podremos ostentar en el futuro.
Cuando la
persona deja de existir, aquí se deja toda su sabiduría. Sólo se lleva el
efecto del bien o del mal que realizó en vida.
No queremos
aceptar las razones del que menos sabe, porque nos parece que esos
criterios hacen decaer nuestra elevada posesión.
Muchas veces
mentimos, porque hablar la verdad acarrea más perjuicios que beneficios.
Muchas veces
nos lamentamos, porque no hemos sabido poner el remedio a su debido
tiempo.
Muchas
personas tienen complejo de inferioridad, porque otros no damos
posibilidad para que desarrollen mejor.
Las
soluciones de muchas cosas están en concederle a otros el gusto o
aceptarle sus opiniones, aunque éstas no sean para nosotros tal como las
creemos.
A medida que
la persona asciende en sabiduría, desciende en nobleza, sino controla bien
un significado y otro.
Los aplausos
y las alabanzas son maderas que arden, y cuando se han pasado, sólo quedan
cenizas.
El más fuerte
defiende con tenacidad sus razones o criterios, aunque muchas veces, a
sabiendas de que va equivocado.
La sociedad
del presente nos demuestra que parte de las tradiciones tienen que ser
sustituidas por otras.
Nuestra
imperfecta forma de ser, nos hace que muchas veces no queramos aceptar las
cosas por consenso, sino por dominio irracional.
Cuando el ser
humano llega a cierta edad, quisiera volver para atrás y modificar muchas
cosas que fueron incorrectas.
Salvo pocas
excepciones, la sociedad moderna no cuenta para que Dios intervenga como
mediador en los conflictos humanos.
Muchas veces
aplaudimos porque los demás aplauden. Pero en muchas ocasiones
desconocemos por qué lo hacemos.
La mayoría de
las veces se ocasionan las discordias porque no queremos ser dominados por
otras opiniones.
Aunque lo
parezca, la vida no es una anarquía, sino donde se molturan nuestros actos
y al final aparecen los resultados de lo bueno y de lo malo.
El exceso de
comodidades son la cortina que no nos deja ver de lo que carecen otras
personas.
La
Universidad de la vida nos enseña muchas rosas. No olvidemos que al servir
a. los demás será, entre otras, una de las mejores.
La
convivencia dentro de la familia es una de las mejores escuelas para
demostrar en la calle si eres ejemplar.
Muchas veces,
callando se dejan las aguas correr, hablando se prende fuego, y esas
quemaduras tardan tiempo en sanar.
A veces
servimos a los demás con la doble idea de que nos paguen la inversión que
hicimos.
Muchas veces
fracasan nuestras ilusiones por no medir bien la carga y descarga de si
cometido.
No es
correcto enojarse cuando no te dan los honores que tú imaginas que
mereces.
Alguien me
enseñó a que diera y que al prójimo ayudara, que es la bonita manera para
que otro día hallara luz verde por donde fuera. |