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Siendo la vida en la Tierra, sus edificaciones y paisajes un símil más
condensado y algo más grosero del que existe en el mundo espírita o
espiritual, se comprenderá fácilmente que el progreso en la región de las
causas trasciende en belleza y realizaciones, superando en emociones y
efectos todo cuanto la imaginación puede concebir.
Desde los sitios más grotescos y sombríos donde se
fijan los núcleos de depuración compulsiva para los que dilapidan,
irresponsables, los preciosos dones de la existencia, hasta los elevados
círculos de felicidad en las vibraciones circunvecinas de la Tierra, hay
una infinita variedad de villas y ciudades, círculos espirituales y
puestos de socorro donde viven los que se vinculan al planeta generoso que
nos sirve de cuna y escuela de progreso, en intervalos de una hacia otra
reencarnación. Plasmados por mentes que las moldean en el fluido
universal, son populosos centros de vida donde el amor se agita,
verdaderos cielos para los que actúan en los ideales de ennoblecimiento,
posadas de los Espíritus dichosos que promueven en el Orbe cuando están
reencarnados, el crecimiento de la cultura, de las artes y de las
ciencias. Esos verdaderos misioneros de la abnegación y de la caridad son
los artífices de la belleza en el mundo, en nombre de Nuestro Señor
Jesucristo.
No se trata de lugares hipotéticos, o de centros
donde predomina la ociosidad en demorada inercia, o de un paisaje
fantasioso para el reposo de la inutilidad. Hay actividades febriles,
donde el culto al trabajo fomenta el progreso de las mentes y perfecciona
los sentimientos del corazón. De ninguna manera son mundos quiméricos,
inmateriales, sobrenaturales, sino campos de acción objetiva,
organizaciones promovidas por el espíritu humano, distantes aún de los
mundos de la divina bendición. Fajas inmediatas a las realizaciones
terrenas en escalas ascendentes y descendentes, donde rigen las leyes de
la misericordia de Nuestro Padre en una programación superior que tiene
por objetivo la elevación del Espíritu. En contrapartida, se adensan las
regiones purgatoriales, legítimos infiernos donde pugnan incansables y se
depuran aquellos a quienes la muerte arrebató en situaciones arbitrarias y
que no los consumió.
Dichas comunidades de sufrientes en martirio
salvador, resultan de la aglutinación de las afinidades a las que se
ajustan los réprobos, en consorcios de desesperación, donde las pesadas
cargas vibratorias que aspiran y exteriorizan, generan paisajes tristes y
torpes a los que se imantan como resultado de las densas emanaciones
venenosas de las que son responsables. Hay que comprender que, siendo la
vida espiritual la verdadera, en ella se elaboran los proyectos de la
acción a ejecutar en los emprendimientos futuros, en las reencarnaciones
posteriores.
Si los genios de las artes reflejan la belleza en
imperecederos poemas, sinfonías, composiciones épicas y estéticas en la
pintura y en la escultura, de las regiones de donde vinieron traen
registrados en la memoria los temas y las técnicas que resurgen en el
campo de las formas humanas, a instancias de la inspiración, de la
concentración profunda en que se sumergen buscando encontrarlas, de la
oración que los eleva a los centros superiores donde permanecen los
originales que repiten con los recursos que se les tornan accesibles.
Igualmente, los mensajeros de la perturbación y del
crimen, los perversos y sórdidos pregoneros de la vulgaridad, tanto cuanto
los promotores de la inmoralidad, de la pornografía y de la exacerbación
de la lujuria, de la corrupción de las costumbres, de las alucinaciones
peligrosas, expresan en el mundo de los contornes físicos, las imágenes
impresas en la memoria que traen de las estaciones insalubres donde
permanecieron cuando se encontraban en reparación de los innobles
gravámenes perpetrados en el mundo.
Otras veces, de acuerdo con las ideas cultivadas,
mantienen una sintonía natural de gustos y aspiraciones con esas ciudades
dispersas en las inmediaciones del planeta, volviendo allí oyendo por vez
primera en parciales desprendimientos producidos por el sueño, conducidos
por los arquitectos de la armonía o por los secuaces de la anarquía
terrestre.
Los que pueden alzar vuelo a solas y permanecen
vinculados a las Escuelas de la sabiduría y de la belleza de donde
proceden, fácilmente fortifican el ánimo y comprenden las tareas y
sacerdocios que deben preservar entre los hombres, sostenidos por la
fuerza vital que se exterioriza de tales urbes.
En ninguna parte del Universo existe el vacío
absoluto, la nada, la experiencia estática. Un dinamismo progresista se
impone como consecuencia natural de la incesante creación divina que
sustenta las galaxias y comanda los sistemas planetarios.
La vida es el hálito del Padre Creador, en Su
soberana manifestación de amor. A los menos adiestrados en la meditación
en torno de la vida espiritual y a los que se anestesian en el lodazal de
las sensaciones más groseras, las revelaciones referidas al mundo
estrafísico les parecen fantasías bien urdidas, prefiriendo ellos que todo
se consuma en el aniquilamiento tras la muerte del cuerpo somático, o que
se asiente en los compartimentos estancos que la necesidad de venganzas y
recompensas apasionadas de algunos visionarios del pasado y del presente
establecieron como puntos finales inamovibles.
Es perfectamente lógico el hecho de la multiplicidad
de Ciudades y Colonias Espirituales en el mundo de las causas. El Apóstol
Pablo, en desdoblamiento mediúmnico significativo, fue arrebatado "hasta
el tercer cielo", al paraíso, y escuchó palabras indecibles, conforme
anotó en la importante copia de enseñanzas que insertó en su oportuna 2da.
Epístola a los Corintios (Cap. 12, versículo 2 y siguientes), rica en
advertencias, espiritualidad y edificaciones morales.
Los grandes místicos de la Humanidad, en procesos
luminosos de viajes astrales, fueron a muchas de ellas, de donde vinieron
guardando el recuerdo de detalles y acontecimientos que narraron a sus
contemporáneos...
Dante Alighieri, en el incomparable poema de La
Divina Comedia, intentó ser lo más fiel posible a las múltiples
reminiscencias que guardaba de sus paseos espirituales, amparado por
Virgilio y por Beatriz, en los cuales su espíritu encontró a enemigos y
antipatizantes políticos, a los que situó conforme a su imaginación.
Teresa de Ávila, en reiteradas oportunidades, durante
trances sonambúlicos y en estados catalépticos sucesivos, viajó en cuerpo
espiritual rumbo a esas organizaciones, recogiendo y trayendo de allí
informaciones superiores con las que sustentó a sus hermanas del Carmelo y
se fortaleció a sí misma, a fin de superar las terribles condiciones
morales de la época, estableciendo las nobles y austeras líneas del deber
a las que se entregó en culto de elevación y gloria.
Los Apóstoles y misioneros de todos los tiempos,
conocieron de cerca esas experiencias superiores, de cuyos viajes
retornaron reconfortados y ágiles para proseguir las luchas con las cuales
ascendieron a las más altas culminaciones del bien. Si no bastasen tales
recuerdos, los Espíritus del Señor, incesantemente, se refieren a esas
mansiones de luz perenne y a aquellas cavernas de continuas luchas
purificadoras, emulando a los hombres en la preferencia de la victoria
sobre las vanidades terrenas, en permanentes menesteres de elevación.
Al imperio del pensamiento, se construyen las cadenas
de la esclavitud y las alas de la sublimación en los más variados rincones
del universo. Metrópolis elaboradas en una sustancia sutil, plástica y de
fácil moldeaje a las mentes dichosas, constituyen los paneles de
incomparable dicha donde reinan la paz, la ventura y la felicidad sin
mancha.
En el más allá de la tumba, hay incontables
instituciones de beneficencia y de socorro, que se dedicaron al auxilio de
los que transitan por la Tierra y parten del cuerpo luego de la
desencarnación, permaneciendo embrutecidos, inconscientes, muertos-vivos
en las Necrópolis y en los reductos de los hogares donde ya no les es
lícito permanecer.
Legiones de abnegados y caritativos mensajeros del
Señor, recogen en Institutos de recuperación y perfeccionamiento a los
desencarnados que sufren y que están fuertemente imantados a las
sensaciones del cuerpo en descomposición, en un sagrado ministerio de amor
y misericordia con lo que dan lecciones de fraternidad y de santificación.
Escuelas y hospitales de rectificación, a semejanza
de los que existen en la Tierra, mejor organizados y más perfeccionados,
se abren, acogedores, como santuarios de recogimiento y corrección para la
elevación de los caídos y recuperación de los desdichados que no están
totalmente dominados por las fuerzas soeces de la naturaleza animal bajo
cuyo predominio se encontraban.
Tal como existen en la Tierra conglomerados y
organizaciones humanas para albergar a una inmensa legión de criaturas,
los hay también aquí, múltiples y acogedores como nidos de ventura que
aguardan a sus habitantes que momentáneamente se encuentran incursionando
en aprendizajes variados en los débilmente coloridos paisajes terrenos.
Nadie se sorprenda, por lo tanto, que la vida
espiritual sea reflejada en las comunidades terrenas, que son copias
imperfectas de las sociedades vigentes en los círculos superiores del Orbe
y en los planetas donde la vida se agita sin sombras, sin dolor, sin
muerte, sin adiós.
El olvido temporal de ninguna manera constituye una
justificación para que se argumente contra la existencia del mundo de las
causas. El de los efectos, es la respuesta de esta afirmación. El olvido,
que es una concesión divina, no impide que surjan y resurjan recuerdos en
forma de insostenible melancolía, que de vez en cuando, visita la mente y
el corazón de los hombres, nublándoles los ojos de lágrimas y de dulces
reminiscencias cuando se encuentran en el calabozo carnal...
Elevémonos por medio de la acción ennoblecida y por
el ejercicio de la meditación profunda, por encima de las conjeturas
inmediatistas, y conseguiremos vincularnos con esos centros de comando y
vitalización de los ideales humanos, pudiendo extraer de allí fuerzas para
las victorias sobre nosotros mismos, al mismo tiempo que conseguimos
liberarnos de las ligaduras carnales, por el desprendimiento parcial a
través del sueño, para usufructuar las bendiciones de la excelsa
misericordia que el Señor confiere a los que Lo aman y procuran serle
fieles.
Ante los paneles del Sol o de las estrellas, frente a
los jardines y arboledas, ante las construcciones del arte, de la belleza
y de la ciencia, ampliemos el pensamiento y procuremos registrar las
nobles señales de la elevada estética de esos parajes felices,
anticipándonos al gozo futuro, y considerando que, si el hombre imperfecto
y endeudado puede edificar y gozar desde ya tanta armonía, ¿qué le
esperará a aquel que tras la tarea cumplida en el mundo, retorna al país
de la misericordia y del amor de donde vino?
Alentados por esa expectativa, prosigamos fieles y
humildes.
Juana de Angelis
Mensaje psicografiado por Divaldo Pereira Franco |