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Yo soy la hermana mayor de la Esperanza y de la Caridad, me Llamo Fe. Soy
grande y fuerte; aquel que me posee no teme ni al hierro ni al fuego: es
la prueba de todos los sufrimientos físicos y morales. Irradio sobre
vosotros con una banda cuyos chorros chispeantes se reflejan en el fondo
de vuestros corazones, y os comunica la fuerza y la vida. Di entre
vosotros que yergo las montañas, y yo os digo: vengo a erguir el mundo,
porque el Espiritismo es la palanca que debe ayudarme. Uníos, pues, a mí,
yo soy la Fe.
¡Yo soy la Fe! Habito, con la Esperanza, la Caridad y el Amor, el mundo de
los Espíritus puros; frecuentemente, dejé las regiones divinas, y vine
sobre la Tierra para regeneraros, dándoles la vida del Espíritu; pero,
aparte los mártires de los primeros tiempos del Cristianismo, y algunos
fervorosos sacrificios, de tiempo en tiempo al progreso de la ciencia, de
las letras, de la industria y de la libertad, no encontré, entre los
hombres, sino indiferencia y frialdad, y retomé tristemente mi vuelo para
los cielos; vosotros me creíais en vuestro medio, pero os equivocasteis,
porque la Fe sin las obras es una apariencia de Fe; la verdadera Fe es la
vida y la acción.
Antes de la revelación del Espiritismo, la vida era estéril, era un árbol
secado por los estruendos del rayo que no producía ningún fruto. No se me
reconocía por mis actos: yo ilumino las inteligencias, caliento y
fortalezco los corazones; expulso lejos de vosotros las influencias
engañadoras y os conduzco a Dios por la perfección del espíritu y del
corazón. Venid a aliñaros bajo mi bandera, soy poderosa y fuerte: yo soy
la Fe.
Yo soy la Fe, y mi reino comienza entre los hombres; reino pacífico que va
a tornarlos felices para el tiempo presente y para la eternidad. La aurora
de mi llegada entre vosotros es pura y serena; su sol será
resplandeciente, y su puesta vendrá dulcemente a embalar a la Humanidad en
los brazos de las felicidades eternas. ¡Espiritismo! Derrama sobre los
hombres tu bautismo regenerador; Les hago un apelo supremo: yo soy la Fe.
GEORGES,
Obispo de Périgueux.
FE
352. ¿Debemos reconocer en el
Espiritismo al Cristianismo redivivo?
El Espiritismo evangélico es el Consolador prometido por Jesús, que,
mediante la voz de los seres redimidos, difunde las luces divinas por la
Tierra entera, restableciendo la verdad y alzando el velo que cubre las
enseñanzas, en cuanto Cristianismo redivivo, con el objeto de que los
hombres despierten a la era grandiosa de la comprensión espiritual con
Cristo.
353. ¿Ha venido el Espiritismo al mundo para sustituir a las otras
creencias?
Igual que Jesús, el Consolador tendrá que afirmar también: "No penséis que
he venido para abrogar la ley. ..”(1) No puede el Espiritismo abrigar la
pretensión de eliminar a las demás creencias, parcelas de la verdad que su
doctrina representa, pero sí trabajar por transformarlas, elevando sus
antiguas concepciones hacia el resplandor de la verdad inmortal. La misión
del Consolador tiene que realizarse en las almas y no con las minúsculas y
efímeras glorias de los triunfos materiales. Al poner en claro el error
religioso, donde quiera éste se encuentre, y revelar la verdadera luz por
medio de actos y enseñanzas, el espiritista sincero enriquece los valores
de la fe y representa al obrero de la regeneración del Templo del Señor,
donde los hombres se agrupan en sectores diversos y ante diferentes
altares, pero en el cual un solo Maestro existe, que es Jesucristo.
(1) San Mateo, Capítulo 5, versículo 17. [N. del T.]
354. ¿Se podrá definir lo que es tener fe?
Tener fe significa conservar en el corazón la luminosa certidumbre de
Dios, certeza esta que ha excedido ya el ámbito de la creencia religiosa,
haciendo que el corazón se apoye en una energía constante de realización
divina de la personalidad. Obtener la fe es haber alcanzado la posibilidad
de no decir "yo creo", sino afirmar "yo sé", con todos los valores de la
razón iluminados por la luz del sentimiento. Esa fe no puede paralizar en
ninguna circunstancia de la vida y sabe trabajar siempre, intensificando
la amplitud de su iluminación por el dolor o la responsabilidad, por el
esfuerzo o el deber cumplido. Traduciendo la certidumbre de la ayuda de
Dios, expresa la confianza que sabe afrontar todas las luchas y problemas
con la luz divina en el corazón, y significa la humildad redentora que
edifica en lo íntimo del Espíritu la disposición sincera del discípulo en
lo que respecta a aquello de "hágase en el esclavo la voluntad del Señor".
355. Creer sin raciocinio ¿es fe?
Creer es una expresión de creencia dentro de la cual los auténticos
valores de la fe se encuentran en estado embrionario. El acto de creer en
algo requiere la necesidad del sentimiento y de la razón, para que el alma
edifique en sí misma la fe. Admitir las afirmaciones más extrañas sin
someterlas pri mero a un examen minucioso equivale a marchar hacia el
desfiladero del absurdo, donde los fantasmas dogmáticos conducen a los
seres a todos los disparates. Pero, en cambio, interferir en los problemas
esenciales de la vida sin que la razón sea iluminada por el sentimiento es
buscar el mismo declive donde los espectros despiadados de la negación
llevan a las almas a perpetrar muchos crímenes.
356. En un corazón sincero, la duda razonada ¿es urca base para la fe?
Toda duda que se manifieste en un alma llena de buena voluntad, y que en
su sinceridad no se precipite a formular definiciones apriorísticas, o que
no acuda a la malicia para
obtener apoyo a sus cogitaciones, es un elemento beneficioso para esa alma
que marcha, con la inteligencia y el corazón, rumbo a la sublimada luz de
la fe.
357. ¿Es acertada la preocupación, que en muchos estudiosos del
Espiritismo predomina, por las revelaciones del plano superior, con
propósitos de enriquecimiento de la fe?
Toda sana curiosidad es normal. Entre tanto, el hombre debe comprender que
la solución de esos problemas la obtendrá en forma natural, una vez que
haya resuelto su situación de deudor con respecto a sus semejantes,
haciéndose entonces acreedor a las revelaciones divinas.
358. Para los Espíritus desencarnados que han adquirido ya muchos
valores en materia de fe, ¿cual es el bien más precioso de la vida humana?
La existencia del hombre, con sus características de trabajo por la
redención espiritual, presenta muchos bienes que a sus ojos son valiosos,
en la serie de luchas, esfuerzos y sacrificios que cada Espíritu realiza.
Para nosotros, en cambio, el mayor tesoro de la vida terrestre estriba en
la recta y pura conciencia, iluminada por la fe y formada en el
cumplimiento de los más altos deberes.
359. En las meditaciones de la fe, ¿debe el Espíritu encarnado limitar
sus pensamientos a lo necesario para sus experiencias en la Tierra?
Por lo menos, es correcto que sólo reflexione, sobre los temas que van más
allá de su ambiente, después de haber llevado a cabo todo el esfuerzo de
iluminación que puede el mundo proporcionarle, en sus procesos de
depuración y perfeccionamiento.
360. ¿Cómo debe obrar el espiritista frente a los dogmas religiosos?
Los nuevos discípulos del Evangelio tienen que comprender que los dogmas
han pasado. Y las religiones literalistas que los crearon lo han hecho
siempre obedeciendo a disposiciones políticas para el gobierno de las
masas. Con arreglo a las nuevas expresiones evolutivas, sin embargo, los
espiritistas han de evitar las manifestaciones dogmáticas, comprender que
la Doctrina es progresiva y abstenerse de toda pretensión de
infalibilidad, vista la grandeza insuperable del Evangelio.
361. En la difusión de la fe, ¿es acertado que los espiritas o los
médiums se preocupen por convertir a los principios de la Doctrina a. los
hombres de destacada posición en el mundo, como los jueces, médicos,
profesores, literatos, políticos, etcétera?
Los espiritistas cristianos deben pensar mucho en la iluminación de sí
mismos antes de abrigar la pretensión de convertir a otros. Tratándose de
hombres de nota, según los convencionalismos terrestres, el cuidado de los
espiritas debe ser aún mayor, por cuanto hay en el mundo un concepto
soberano de "fuerza" para todos los seres que están luchando
espiritualmente por la obtención de los títulos del progreso. Esa "fuerza"
seguirá existiendo entre los humanos hasta que sus almas se hayan
compenetrado de la necesidad de instituir en su corazón el reino de Jesús,
y trabajen por su realización plena. Los individuos que poseen el poder
temporal (hay excepciones) aceptan muchas veces sólo los postulados que la
"fuerza" sanciona o los principios con los que ella concuerda.
Enceguecidos temporariamente por los velos de la vanidad y la fantasía,
que la "fuerza" les proporciona, es menester los dejemos en libertad para
llevar a efecto sus experiencias. Día vendrá en que han de brillar en la
Tierra los eternos derechos de la verdad y del bien, anulando esa "fuerza"
transitoria. Incluso aquí tenéis el ejemplo del Divino Maestro, que, al
traer al mundo el mayor mensaje de amor y vida para todos los tiempos, no
se preocupó por convertir al Evangelio a los Pilato y los Antipas de su
época. Por otra parte, el Espiritismo, en cuanto es el Cristianismo
redivivo, no debe pretender disputar un asiento para él en el banquete de
los Estados del mundo, cuando bien se le alcanza que su misión divina ha
de cumplirse junto a las al mas, de acuerdo con los auténticos fundamentos
del reino de Jesús.
Del libro "El consolador que prometió Jesús"
Espíritu Emmanuel.
Médium Francisco Cândido Xavier.
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