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Una visión general del proceso de desarrollo del cristianismo.
Nacimiento en Palestina y propagación en el mundo romano - Indicaciones de los textos sagrados - La “recta final” o fase decisiva, en que nos encontramos en el mundo de hoy.
No es fácil comprenderse el sentido de un proceso social, cuando lo encaramos en una de las fases de su desarrollo, con abstracción de las otras. Más difícil aún se hace esa comprensión, cuando nos hallamos directamente conectados al proceso o cuando lo hallamos directamente conectados al proceso o cuando lo encaramos a través de prejuicios largamente alimentados en nuestra mente. Por eso es por lo que el Cristianismo, uno de los más amplios y complicados procesos sociales de nuestro mundo, no fue hasta hoy comprendido, en su verdadera significación, por la mayoría de los cristianos.
El Espiritismo, surgiendo en la Tierra a mediados del siglo pasado, vino a ofrecer a los hombres una oportunidad única y un medio enteramente nuevo para el estudio y la comprensión del Cristianismo. Aunque sea él, por su parte, una de las fases del desarrollo del proceso cristiano, se trata de una fase especial, que por su propia naturaleza faculta a los hombres una visión general del proceso. Aquello que no era posible en medio del camino, en las fases anteriores, se hace no solamente posible, sino incluso obligatorio, en esa recta final que podemos llamar “la era espírita”.
En general, no podemos percibir de manera clara el sentido de nuestra civilización. Cuando tratamos, sin embargo, de civilizaciones pasadas, como la babilónica, la egipcia, la griega o la greco-romano y la medieval, nuestra tarea es más fácil, porque podemos encararlas de manera global. En lo que se refiere al desarrollo del Cristianismo, el Espiritismo nos coloca en esa posición favorable, exactamente por representar la fase final del proceso, de la cual podemos mirar sin dificultades las fases anteriores, obteniendo así la visión global indispensable a su verdadera comprensión.
Podrán preguntarnos como podemos saber que el Espiritismo representa la fase final de un proceso que aún se encuentra en desarrollo. Responderemos con las indicaciones históricas, sociales, doctrinarias, e incluso con las indicaciones de los textos cristianos, desde el Viejo Testamento hasta el Nuevo y las Epístolas de los Apóstoles. Podemos aún completar esa serie de indicaciones con las comunicaciones de los Espíritus, dadas al respecto, desde el tiempo de Kardec hasta hoy, en todas las partes del mundo. La historia nos muestra el proceso de desarrollo del Cristianismo a través de los siglos, presentándonos elementos comparativos para su comprensión, y las leyes sociológicas nos auxilian en ese mismo sentido. En cuánto a los textos y a los mensajes mediúmnicos, son de claridad meridiana. El Cristianismo surgió como una de aquellas “religiones orientales” que invadieron el Imperio Romano en su fase de declive.
Se propagó naturalmente entre el pueblo y se infiltró en la estructura debilitada del Imperio, y, como afirma Víctor Hugo, lo minó y aniquiló, para construir en el mundo un nuevo tipo de civilización. En los tres primeros siglos de su propagación, el Cristianismo se revestía de la pureza original con que había sido enunciado por Cristo. Sin embargo, en la proporción en que fue se infiltrando en el mundo pagano, tuvo que absorber elementos de ese mundo, que acabaron por desfigurarlo. Se transformó así, en una religión formada por contribuciones del Judaísmo, del Paganismo y de los principios cristianos adaptadas a aquellos elementos. Hoy, es muy fácil separar esos tres elementos, pero en las fases anteriores eso era imposible. Sociológicamente, tenemos hoy, en nuestra Tierra, y por lo tanto delante de nuestros ojos, un ejemplo vivo de la manera como se dio esa larga elaboración.
Nuestros sociólogos vienen estudiando, desde Nina Rodrigues y Artur Ramos, el sincretismo religioso afro-brasileño, en que las creencias animistas de los negros esclavos se mezclaron con la fe y el culto de los blancos, dando como resultado una nueva religión, la Umbanda. En esa religión naciente, las contribuciones de los negros, de los blancos y de los indios pueden ser nítidamente señaladas. Sin embargo, si no estuviéramos en una época de gran desarrollo cultural, nada de eso sería señalado, y de aquí a algunos siglos sería imposible el examen de los elementos que formaron la nueva religión. Solamente más tarde, con el desarrollo de la cultura, eso se haría viable. En lo que tiene que ver a los textos cristianos, los profetas bíblicos ya anunciaban el advenimiento del Cristianismo y su finalidad, y el propio Pentateuco está lleno de pasajes que lo preanuncian. Pasajes como el de “Números”, 11, 26 a 29, referente al descenso del espíritu sobre Eldad y Medad, preanuncian incluso la fase espírita del proceso cristiano. Y en el Nuevo Testamento encontramos declaraciones formales de Jesús, como en el episodio de la mujer samaritana, sobre el tiempo en que Dios sería adorado “en espíritu y verdad”, así como la promesa incisiva del Consolador o Espíritu de la Verdad, encargado de restablecer y ampliar las enseñanzas primitivas. El Espiritismo, como se ve, nos permite analizar y comprender el proceso de desarrollo del Cristianismo en toda su extensión y profundidad.
J. Herculano Pires
Extraído del libro "La Génesis"
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