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140. El problema de los cuerpos humanos tiene una larga y confusa tradición basada en revelaciones antiguas y entremezclada con supersticiones populares. En la tradición cristiana se afirmó la teoría de los dos cuerpos, citada por el Apóstol Pablo en la Primera Epístola a los Corintios: el cuerpo animal o material y el cuerpo espiritual. Kardec indagó el asunto con la insistencia y el rigor que lo caracterizaban, y objetivamente llegó a la conclusión de que el hombre está dotado de tres cuerpos. Veamos cuales son y sus particularidades.
a) EL CUERPO ANIMAL O MATERIAL referido por Pablo es el cuerpo orgánico que perece con la muerte. b) EL CUERPO ESPIRITUAL, también mencionado por Pablo, tiene, según verificó Kardec, una constitución semimaterial con energías espirituales y materiales mezcladas; une el alma al cuerpo vivo y es un factor importante en la resurrección.
Este cuerpo puede destruirse por abusos del espíritu en el plano espiritual inferior; pero no se destruye tras la muerte, sino que sólo se transforma para participar en la resurrección; esto es, se modifica de acuerdo a las exigencias de la futura reencarnación, necesarias para adaptarse a las nuevas formas y a las nuevas determinaciones genéticas y hereditarias.
c) En el CUERPO ESPIRITUAL SUPERIOR, desprovisto de materia, es donde el espíritu, libre de esa grosera envoltura, vive la vida eterna de que hablan las religiones. Ese cuerpo es inaccesible a nuestra percepción, a no ser como una centella etérea, conforme a la expresión de Kardec; es el cuerpo natural del espíritu en su estado de pureza espiritual y es el único usado por las entidades que habiendo superado la etapa de las reencarnaciones, dejaron el plano de la erraticidad.
141. La trinidad humana, constituida de Espíritu, Periespíritu y Cuerpo, va realizando en los cuerpos inferiores la transformación de que trata el Apóstol Pablo, hasta alcanzar la síntesis suprema de la evolución; de modo tal que el cuerpo espiritual superior refleje en su estructura angelical, real e indestructible.
a - La Trinidad Universal de Dios, Espíritu y Materia. b - La Trinidad doctrinaria de Ciencia, Filosofía y Religión.
Estas dos Trinidades Superiores se refieren al concepto del Cosmos (la primera), y al concepto de la Doctrina Espírita (la segunda). Tenemos así, en el más alto plano de la realidad espiritual, la comprobación del principio doctrinario enunciado en El Libro de los Espíritus: -TODO SE ENCADENA EN EL UNIVERSO.
142. Por otro lado, esa comprobación de la eterna relación de las cosas y de los seres nos revela la integración del Espiritismo en la realidad cósmica, en la correspondencia perfecta que guarda la Realidad Total con la fragmentaria realidad parcial de las cosas finitas y de los seres perecederos, que en verdad no perecen nunca, sino que solamente son impulsados por la ley universal de la metamorfosis, que todo lo encamina sin cesar por las líneas ascencionales de la trascendencia espiritual. Y nos revela, también, la perennidad de la Doctrina Espírita cuyas huellas, según Kardec, se encuentran en todas las etapas prehistóricas e históricas de la evolución terrenal.
143. Ese concepto del Espiritismo respecto al Cósmos, que como hemos visto se destaca en los textos de Allan Kardec, confirma la doctrina de las ideas de Platón, quien nos describe al mundo fragmentario de la materia como un reflejo despedazado de la Realidad Superior, una y perfecta en la Mente de Dios. El pensamiento de Platón se nutre del pensamiento de Sócrates, y Kardec consideró a ambos como precursores de la idea Cristiana. En nuestro tiempo, gracias al rápido y asombroso desarrollo de la Ciencia materialista, se ha comprobado la realidad del Espiritismo gracias al descubrimiento de los fenómenos paranormales; de la plenitud del Universo (donde la nada no existe y la nada no es nada, según la expresión de Kardec); de la existencia de las múltiples dimensiones de la Realidad; de la naturaleza subjetiva, y, por ende, espiritual, del hombre en la existencia; de la confirmación tecnológica del periespíritu (cuerpo bioplásmico); de la interpenetración de los mundos en un mismo espacio; del poder asombroso del pensamiento; de la posibilidad de invadir el Cosmos con naves y astronautas, etc., etc..
144. La lucha contra la realidad en defensa de ilusiones teológicas e ideológicas no cesó, e incluso hasta se estimuló. Los medios científicos, el campo religioso y ciertos Estados, cuya estructura política y social se cimenta en suposiciones del siglo pasado, movilizaron contra esas conquistas sus recursos, meras excusas, con el desesperado anhelo de disminuirles su alcance y enturbiarles su significación. En la URSS y su órbita el objetivo es sofocar a cualquier precio todas las posibilidades científicas que se opongan al materialismo de Estado. En los Estados Unidos y otras potencias occidentales son los intereses políticos y electorales los que se movilizan en defensa de los intereses religiosos de iglesias y sectas retrógradas, que apegadas aún a principios arcaicos, pero pueriles, intentan asfixiar o minimizar los nuevos descubrimientos. Se llega al punto, en instituciones científicas o paracientíficas, de querer encubrir la realidad del plasma físico, de que se compone el cuerpo bioplásmico, con el frágil engaño del efecto corona. Los valores erróneos de las formas religiosas y los intereses materiales al alcance de la mano apetecidos por clérigos y pastores y sus recuas de fanáticos, son arrojados sobre la verdad cruda y ardiente de las investigaciones científicas, con la intención de salvar las estructuras simoníacas de las instituciones religiosas en que duermen a pata suelta y con la tripa harta los devoradores de los diezmos que le impusieron los rabinos judíos en el Templo de Jerusalén a una civilización agraria y pastoril. También la estructura del Estado es amenazada por el fantasma de materia radiante del cuerpo bioplásmico, el cual afecta poderosos intereses creados, tradiciones inviolables, y la gloria de mesías y profetas que descubrieron en las montañas tablas de oro, que según ellos, prueban que el Cristo predicó por tierras de América divulgando verdades ridículas entre los malhechores de cara pálida y entre los fogosos pieles rojas de penachos coloreados.
145. Este cuadro grotesco de la realidad mundial en nuestro tiempo no precisa de pinceladas a lo Van Gogh para hacerlo más fuerte e impresionante. Basta su realidad desnuda para mostrar la red de mentiras en que caímos en el pasado, engañados por falsas culturas religiosas que, nacidas de las entrañas del paganismo ingenuo, de la idolatría supersticiosa y del fabulario mitológico, se revigorizó con las estructuras socio - económicas de los religiosos profesionales.
146. Las mismas fuerzas que se opusieron de manera agresiva y violenta al desenvolvimiento de las investigaciones científicas del Renacimiento, continúan actuando ahora, aunque de manera más sutil y por tanto más profunda, más penetrante y amenazadora, contra el avance y el desarrollo de la Ciencia en nuestro tiempo. Claro que esa batalla sin gloria será ganada por la simple evidencia de la realidad que nunca pidió ni pide permiso a los hombres para aparecer e imponerse. Pero mientras tanto, esas fuerzas retrógradas retardan la liberación del hombre en un mundo en que la mayoría absoluta de la población, por no tener posibilidades de penetrar en los secretos de la Ciencia, ni tiempo disponible para intentar esa hazaña, permanece al margen de la cultura del siglo, y, por eso mismo, está obligada a contentarse con las creencias y supersticiones de un pasado remoto.
147. La constitución semimaterial del periespíritu descrita por Kardec, fue confirmada por el descubrimiento ruso de que el cuerpo bioplásmico está formado de plasma físico. Para los comunistas eso fue una prueba favorable a su ideología materialista; pero, la comprobación siguiente de que ese cuerpo que elude las posibilidades tecnológicas de ser captado visual o fotográficamente, sobrevive a la muerte del cuerpo orgánico, recibió la condenación de los ideólogos del Estado por atentar contra el dogma del hombre polvo. Esta es la más espantosa contradicción de nuestro siglo. La misma potencia que envió el primer Sputnik a orbitar la Tierra, y que negando la existencia de Dios exalta tanto el poder del hombre, le niega a ese mismo hombre y a su personalidad, a su inteligencia creadora, el derecho que la Ciencia concede a todas las cosas y seres: el de la continuidad después del accidente natural de la muerte. Todo muere y renace, menos el hombre, la más compleja y perfecta organización psicobiológica, con el más poderoso cerebro y la más penetrante de las mentes.
148. La ojeriza materialista es contra la teoría de la sobrevivencia individual. Todo muere y renace, según ellos; todo revierte al polvo para nuevas elaboraciones ocasionales. (En tal caso, si los valores espirituales persisten quizás depende exclusivamente de los caprichos de algún alquimista medieval que, gracias al elixir de vida, nunca murió.) A pesar de todo, sustentan la teoría de la evolución continua, incesante y creadora, que el hombre puede controlar. Hay tantas contradicciones en las doctrinas religiosas del mundo como en las doctrinas materialistas. Por eso, en nuestro siglo, los científicos y pensadores sinceros y objetivos que buscan la realidad, sufren las mismas discriminaciones, condenaciones y expurgaciones tanto donde domina uno de estos grupos como donde domina el otro. La realidad de la sobrevivencia individual del hombre, probada en la Universidad de Kirov, deslumbró a sus descubridores, y reveló las posibilidades inesperadas que puede abrir para la evolución terrestre, pero los comisarios del pueblo, actuando contra la voluntad generalizada de una nación de intensa y profunda tradición espiritual, rechazaron el descubrimiento en nombre de ese mismo pueblo. Mas la verdad es que la explosión mediúmnica en el mundo no pide permiso a comisarios ni a clérigos, pastores o científicos para continuar manifestándose.
149. La lucha del hombre por vencer su esquizofrenia, por restablecer la unidad del espíritu ante la realidad material del mundo, se inició en las cavernas y perdura en nuestros días. La razón humana, ayudada por la experiencia, venció los conflictos del caos aparente de la Naturaleza y estableció las conexiones necesarias entre lo no físico y la realidad física para dominar a ambos. Todas las filosofías y todas las ciencias se desarrollan en ese sentido, mas el llamado Materialismo Científico erige su barrera junto a la barrera teológica - ambas formadas de dogmatismos exclusivistas - para impedir a sangre y fuego que el hombre alcance lo real. Hoy, para que la verdad se establezca en la cultura humana, es necesario que el Espiritualismo formalista y el Materialismo Científico se nieguen a sí mismos, se desprendan de sus prejuicios, y se confundan, según la síntesis hegeliana, en una cultura objetiva y abierta.
150. Ernst Cassider, en su ensayo sobre La Tragedia de la Cultura, se olvida de ese problema fundamental señalado hace más de un siglo por Kardec. La gran tragedia de la cultura de nuestro tiempo (que por su desarrollo ha superado la capacidad humana de dominarla), no es la acumulación cada vez mayor de conocimientos y la atomización de las especialidades, sino la imposibilidad material de vencer las barreras dogmáticas, cada vez más reforzadas por los intereses creados de religiosos y científicos.
151. Los tres cuerpos del hombre tienen funciones generales y específicas, que pueden llevarse a cabo en los diferentes planos dimensionales de la realidad, abandonando sucesivamente los cuerpos más densos, tal como un cohete espacial va abandonado sus secciones inferiores mientras atraviesa nuestra atmósfera.
a) El cuerpo material determina, según la concepción terrenal, lo que generalmente se considera como la condición humana. Por provenir de la evolución animal, Pablo tuvo razón en llamarlo cuerpo animal. Todo su sistema psicobiológico es la resultante del proceso evolutivo terrestre. Todos sus instrumentos para la captación de la realidad están sometidos a un ritmo de estímulo y respuesta. Su razón se constituyó con categorías formadas por la experiencia. No obstante, el espíritu supera ese acondicionamiento empírico por medio de percepciones extrasensoriales, de intuiciones inmediatas y globales que capta de los conjuntos (como evidenció la psicología gestáltica), y a las que va separando de las vivencias directas para emplearlas en el plano consciente de la existencia. La organización animal del cuerpo es mantenida y dirigida por el espíritu, donde la razón y la conciencia se desenvuelven paralelamente. La evolución de un hombre se verifica mediante el desarrollo de la razón y la conciencia hacia un plano superior de criterio cada vez más espiritualizado. El hombre se libera de sus raíces animales y se prepara para la trascendencia espiritual. Federico Myers, psicólogo inglés de los fines del siglo pasado, considera que el inconsciente humano es una segunda conciencia, a la que llama subliminal. Al paso que la conciencia subliminal contiene los requisitos para la vida terrestre, la conciencia supraliminal la ayuda, a través de la emisión de ideas, sensaciones profundas e intuiciones, a desenvolverse en el plano extrasensorial. Es la conciencia supraliminal la que provee las captaciones extrasensoriales. Es en ella que encontramos la fuente de la genialidad y de los fenómenos paranormales. Esa conciencia pertenece al periespíritu.
b) El periespíritu, cuerpo espiritual o cuerpo bioplásmico posee en su estructura extremadamente dinámica los centros de la fuerza que organiza al cuerpo material. Es el modelo energético previsto con gran antelación por Claude Bernard. Los investigadores rusos comparan ese cuerpo, visto a través de la cámara Kirlian de fotografía paranormal unida a un telescopio electrónico de alta potencia, con un pedazo de cielo intensamente estrellado. Ese es el cuerpo de la resurrección espiritual del hombre, dotado de todos los recursos necesarios para la vida después de la muerte. Ese cuerpo de plasma físico y plasma espiritual pierde durante la vida espiritual sus elementos materiales en proporción exacta a la evolución del espíritu. En las investigaciones rusas se verificó que, en la producción de fenómenos mediúmnicos como la movilización de objetos sin tocarlos, la levitación y el transporte, el elemento empleado es el plasma, lo cual confirma las investigaciones de Richet y de Notzing sobre el ectoplasma. Y una de las razones por las que esos fenómenos solamente son producidos por espíritus inferiores, a quienes Kardec comparó con auxiliares espaciales al servicio de entidades superiores, es que éstos aún conservan en su periespíritu una cantidad mayor del elemento material necesario para esas actividades. Los exámenes hechos en laboratorio a porciones de ectoplama revelan solamente la constitución física del mismo. El elemento más importante y vital del ectoplasma es la energía espiritual, que no permanece en las porciones recogidas por los investigadores. En ese cuerpo, aseguran los investigadores rusos, se hace con gran precisión (por las variaciones de color del plasma y un sistema de señales coloreadas todavía en estudio), no sólo la determinación del estado de salud vigente de plantas, animales y seres humanos, sino que además se prevén enfermedades aún no manifestadas.
c) El cuerpo espiritual superior se destina a la vida en los planos más elevados del Mundo Espiritual. No se puede considerar como un instrumento de comunicación (tal cual es el periespíritu), pues se constituye del propio espíritu durante su exterioridad natural. Kardec señala que esos Espíritus Puros no tienen nada de materia, ni la materia los afecta. Mas como tienen forma y son seres humanos elevados al grado máximo de perfección espiritual que los hombres pueden alcanzar, su cuerpo es de luz. En verdad, no disponemos de palabras ni de ideas para imaginarlos o describirlos. En su plano superior no veríamos ni sentiríamos nada. En la tocante a ellos, la investigación de Kardec se redujo a diálogos con sus instructores. Por otro lado, utilizó la lógica, como siempre hizo, para llegar a las conclusiones que encontramos en la escala espírita.
152. Kardec considera a esos Espíritus Puros como los Ministros de Dios, a través de los cuales la administración de toda la Realidad Cósmica se efectúa en todos los sentidos. Cuando nos conozcamos a nosotros mismos, según intentaba hacer Sócrates siguiendo la recomendación del Oráculo de Delfos, podremos tener una idea con más certeza de lo que son esas criaturas y como viven y actúan en lo Inefable, según la concepción pitagórica. Antes de eso, es inútil esforzarnos para definirlas. Solamente con el desenvolvimiento de toda nuestra perfectibilidad posible, como quería Kant, conseguiremos obtener los parámetros capaces de darnos una pálida visión de esa vida superior. Kant se refería a la perfectibilidad posible en la vida terrestre. Mas por encima de ésta existen los planos espirituales progresivos y, más allá de ellos el plano de la Angelitud, que es precisamente el de los Espíritus Puros.
153. No podemos atrevernos a solucionar ese problema, cuyos datos se nos escapan. Hay cuestiones que no pueden ser tratadas en nuestra etapa evolutiva. Mas es importante que ya poseamos algunas informaciones provenientes de entidades que pasaron por los pruebas rigurosas de Kardec. El Espíritu Puro es para nosotros una abstracción, como también es abstracción la Matemática, de la que nos servimos para medir y pesar el mundo. Lo que precisamos evitar en el estudio de los cuerpos del hombre, es la fascinación de la imaginación, que acostumbra a elevarnos más allá de toda la realidad posible.
154. Varias instituciones espiritualistas del mundo crearon complicadas teorías sobre los cuerpos del hombre, llegando a darles el número desconcertante y cabalístico de los velos de Isis. En el propio movimiento espírita, que debía profundizar en el conocimiento de su propia doctrina, todavía tan mal conocida y peor comprendida, pretendidos maestros introdujeron conceptos extraños sobre ese problema. Kardec se negó a estas fascinaciones de lo maravilloso, luchó por apartar de la mente humana los residuos mágicos del pasado, dando a la Doctrina Espírita la claridad positiva de la Ciencia, siempre apoyado en la razón y en la investigación. Su esquema triple de los cuerpos del hombre es una síntesis luminosa de todos los esfuerzos de la Humanidad para comprender esa cuestión de importancia fundamental. No podemos dejarnos llevar por la vanidad ingenua y fatua de aparecer como sabios ante las multitudes incultas, vanagloriándonos como pavos del colorido ficticio de nuestro plumaje. El espiritismo busca la verdad pura, que siempre es sencilla, pues no necesita de gestos para imponerse a las mentes investigadoras y sensatas. Dejémonos de colas brillantes que fascinan a los inmaduros y tratemos de madurar en el examen objetivo de la realidad accesible a nuestro conocimiento inmediato. Aprendamos a separar la pureza lógica del Espiritismo de las fábulas religiosas y espiritualistas que, a través de milenios se han nutrido y continúan nutriéndose, del gusto del hombre por lo maravilloso.
No hay maravilla mayor que la de la Obra de Dios en su realidad pura. ¿Cuál es el fabulario mitológico que puede superar el misterio y la belleza de cualquiera de los microscópicos sistemas solares de un átomo, o de una verde hoja de yerba brotando entre las piedras de la calzada? El tiempo de las figuraciones simbólicas ya pasó para la Humanidad Terrestre como la edad de los cuentos de hadas ya pasó para los jóvenes de hoy. Ellos mismos, todos, exigen la verdad de las cosas naturales en substitución de las fantasías imaginarias del pasado. Los espíritas no tiene el derecho de menospreciar las lecciones del Espíritu de la Verdad que nos proporcionó Kardec. Es sin duda improcedente su propósito de favorecer mentiras ridículas que van a buscar polvo de civilizaciones muertas, cuyo propia desaparición atestigua que se agotaron en el tiempo. Tengamos la humildad de contentarnos con nuestros tres cuerpos, en vez de buscar en ruinas milenarias los cuerpos de las momias faraónicas soterradas en la arena. Estudiemos nuestro pasado de ilusiones y atrocidades para corregirnos en el presente, mas no intentemos colocarlo por encima de la realidad límpida y positiva que el Espiritismo nos proporciona.
J Herculano Pires Extraído del libro"El gran desconocido"
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