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95. En la aparente sencillez de su forma escrita el Espiritismo abarca todos los campos del Conocimiento. No lo hace de manera sistemática, sino espontánea, en una especie de improvisación determinada por las exigencias del burbujear de los hechos y de la escasez de tiempo. Kardec ya contaba 50 años de edad y no disponía de recursos financieros, ni de medios técnicos, ni de auxiliares preparados para la elaboración de la obra inmensa y urgente que lo desafiaba. Estaba solo frente a aquella erupción de fenómenos que tenía que examinar para la formulación de una doctrina que los hiciese accesibles para todos los seres humanos de este planeta. Disponía solamente de sus conocimientos científicos, de la visión pedagógica heredada de Rousseau y Pestalazzi, de los instrumentos humanos de investigación que eran las niñas Boudin, de 14 y 16 años; y, sobre todo, de los recursos de su didáctica desarrollados por un lado en los institutos que fundara y dirigiera, y por otro en las obras que publicara y en los servicios prestados a la Universidad de Francia como director de estudios.
Le ayudaba su temperamento tranquilo, ponderado, que le permitió dominar las circunstancias y organizar una nueva ciencia apoyada en investigaciones, dotada de métodos propios, engranada en las exigencias de las ciencias de la época, amparada tanto por la institución científica fundada por él mismo, como por los medios de divulgación, investigación de opiniones, y posibilidad de debates en el plano mundial, que creó con sus obras y con la fundación y mantenimiento de la Revista Espírita. Una epopeya cultural silenciosa, que no obstante, se difundió a todas las culturas, estremeciendo el mundo.
96. A esa hazaña homérica no faltó el auxilio clásico de los dioses, aquellos mismos que Tales de Mileto decía que llenaban el Mundo en todas sus dimensiones: los Espíritus. Esos dioses, que él humanizó en vez de divinizar, hincharon las velas de su barco y lo llevaron, solitario, a la conquista de mares y tierras desconocidas y envueltas en los misterios de todas las mitologías y magias religiosas. Tuvo que enfrentar, como Ulises, los precipicios y los monstruos del mar y a los guerreros atrincherados en las murallas de las troyas culturales de la Tierra.
97. La Epistemología Espírita, estudio y crítica del Conocimiento Científico a la luz del Espiritismo, no es siquiera mencionada en la obra de Kardec, pero está integrada en ella; es uno de los problemas fundamentales de la doctrina, indispensable para su comprensión. En la Antigüedad, con algunas excepciones del mundo clásico greco - romano (por ejemplo: las observaciones empíricas de los filólogos griegos y posteriormente de Aristóteles), todo el Conocimiento Humano provenía de las tradiciones religiosas y se procesaba por deducción. Con o sin el esquema lógico aristotélico, los sabios se servían de un instrumento único de investigación que era el silogismo. Solamente a principios del Siglo XIV surgieron en Italia las primeras tentativas de interrogar la Naturaleza para conocer la realidad. De ahí en adelante la Ciencia se desenvolvió a través de penosos episodios históricos, como los de Galileo y Giordano Bruno; pues, cualquier descubrimiento que contrariase la Biblia era enseguida motivo de persecuciones y de condenaciones por herejía. Para dar el paso lógico de la deducción a la inducción se necesitaron cuatro siglos. Y para entender porqué basta con recordar como Descartes en su Tratado del Mundo tuvo que usar un artificio curioso. Para decir que la Tierra giraba alrededor del Sol, afirmó que nuestro planeta estaba fijo en el espacio, envuelto en su atmósfera, y que ésta era la que giraba en torno al Sol. A pesar de su argucia, Descartes terminó huyendo a Holanda, país protestante, a fin de librarse de la condenación de la Iglesia Católica. Es evidente que no sin razón usaba en su emblema la palabra caute (que significa, cautelosamente) y que le servía para recordarle en todo momento la cautela con que debía exponer sus ideas. En ese ambiente opresivo la Ciencia era como una yerba dañina que solamente crecía a escondidas. No obstante en el Siglo XVIII, llamado el Siglo de Oro de las Ciencias, la opresión clerical iba amainando a medida que las invenciones, más que los descubrimientos, daban prestigio a las ciencias.
En el Siglo XIX la situación había cambiado bastante, pero no fue hasta mediados de ese siglo cuando el clima se tornó propicio al uso audaz de la inducción científica, que consiste en experimentar con diversos fenómenos para de ellos obtener la ley general que los rige. Antes de esto era imposible la investigación espírita, que además de estar condenada por sí misma como profanación de la muerte, era también condenada por contrariar la “sabiduría” infusa en los teólogos, la cual procedía de Dios a través de la Biblia y que se insuflaba en ellos por el milagro de las intuiciones reveladoras. A pesar de las libertades ya conquistadas, la Inquisición Española, no pudiendo condenar a Kardec a la hoguera, pues éste estaba en Francia, condenó su obra y la quemó en Barcelona, con todos los rituales de la Inquisición. Kardec comentó el hecho en La Revista Espírita, en un artículo titulado El Rabo de la Inquisición, aprovechando el hecho para rasgar más ampliamente la pesada cortina de la censura eclesiástica en el Mundo. Francia marchaba a la vanguardia de la liberación, mientras que el rabo de la opresión todavía se arrastraba, erizado de amenazas y envilecido por sus crímenes, en tierras de Portugal y España. Solamente en Francia sería posible, en aquella fase de transición histórica y cultural, la propagación del Espiritismo. Empero, allí mismo también se levantaron las olas de la reacción, impulsadas por los vendavales del fanatismo religioso, de los prejuicios culturales y del exclusivismo científico. Fue en el estudio sereno de esa reacción, en medio del furor de los elementos desencadenados, cuando Kardec dio inició a la Epistemología Espírita. Al principio, solo, pues todavía eran pocos sus compañeros. Se repetía en el antiguo y carismático suelo de las Galias el mismo cuadro palestino de Jesús con sus pocos discípulos enfrentándose a los poderes del mundo. El panorama histórico, sin embargo, se había modificado y Kardec podía usar con mayor eficacia las armas de la razón. El Renacimiento había preparado a Francia para aquel momento glorioso.
98. Kardec examina la posición epistemológica del Espiritismo en la Introducción al Estudio de la Doctrina Espírita en el inicio de El Libro de los Espíritus, obra fundamental de la Doctrina. El Espiritismo es una Ciencia que se enfrenta con las otras ciencias en pie de igualdad y no puede ser juzgada por los científicos que no la conocen. Los sabios son dignos de admiración y de respeto cuando se pronuncian sobre lo que saben. Mas cuando opinan sobre lo que no saben se igualan al vulgo, pues están exponiendo simples opiniones desprovistas de valor. Lo que vale en la Ciencia son los hechos y no las opiniones. Sólo es válido en el campo científico el veredicto de las pruebas. El rechazo de los hechos a priori no tiene valor para el conocimiento, por más reputación que tenga el experto que emita el juicio. Y añade. “Cuando la Ciencia se sale de la observación material de los hechos para apreciarlos y explicarlos, se abre para los científicos el campo de las conjeturas. Cada uno de ellos construye su sistemita al que quiere hacer prevalecer y que sostiene encarecidamente. Los hechos son el verdadero criterio de nuestros juicios irrefutables. En la ausencia de los hechos, la duda es la opinión del hombre prudente.”
99. La posición de Kardec era, pues, de una claridad y positividad absoluta. El Espiritismo nacía como Ciencia, dentro del marco de la evolución científica, y al mismo tiempo asumía una posición epistemológica realista, criticando las opiniones de individuos particulares que se desviaban de la realidad objetiva. A quienes lo habían criticado alegando que el objeto de su doctrina no era objetivo, Kardec les recordaba que el concepto espírita de Espíritu no era vago, ni indefinido, sino rigurosamente objetivo. “El Espíritu es un ser concreto y circunscrito, - afirmaba - un ser real, definido, que en ciertos casos puede ser aprehendido por nuestro sentidos de la vista, la audición y el tacto.” La naturaleza objetiva del Espíritu no podía ser confundida con la de los objetos lógicos y matemáticos o mitológicos e imaginarios, pues sus manifestaciones permiten la verificación científica de su realidad objetiva y de su capacidad de producir efectos materiales de mínima o máxima complejidad. Por eso el Espiritismo exigía una actitud científica para su estudio, experimentos objetivos para la comprobación de las leyes naturales que rigen sus relaciones con el mundo sensible y con los hombres encarnados.
100. La mayoría de los científicos criticaba el hecho de que el Espiritismo hubiera nacido de la observación de la llamada danza de las mesas. Kardec replicó preguntando si el movimiento espontáneo de objetos materiales, rigurosamente constatado, era acaso más ridícula que la danza de las ranas que diera a Galvani la posibilidad de descubrir la electricidad. Afirmó que negar los hechos sin observarlos ni investigarlos es anticientífico, pues, testimonia la persistencia de prejuicios en la Ciencia, y contra eso, exigió la experimentación seria y metódica por científicos serios. La Ciencia de la época se enconchaba en sus conquistas primarias y se consideraba en la posesión del conocimiento total. Había caído en un mecanicismo simplón y se alienaba en un solepsismo arrogante. Cuando la Academia reconoció la existencia del Hipnotismo, Kardec relató en un artículo crítico e irónico de la Revista Espírita, que el Sr. Magnetismo había intentado numerosas veces entrar en la Academia por la puerta del frente, mas siempre fue rechazado, hasta que decidió cambiar de nombre y entrar por la puerta de atrás, siendo entonces bien recibido y adquiriendo su deseada ciudadanía científica. La Ciencia daba más importancia a las apariencias formales que a la substancia. Kardec afirmaba que el Espiritismo no era una cuestión de forma, sino de fondo.
101. Su crítica epistemológica se desenvolvió implacable a través de los sucesivos años de investigación en la Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas, que él había estructurado y que dirigía como institución científica de investigaciones. Cada vez que los científicos volvían a la carga contra el Espiritismo, Kardec replicaba con firmeza que la Ciencia era impotente para opinar sobre cuestiones que los científicos simplemente desconocían. Respetaba a los científicos serios y prudentes, pero no era indulgente con los livianos y atrevidos que se juzgaban, como él decía, monopolizadores del buen sentido y de la verdad.
102. Charles Richet, Premio Nobel de Fisiología, reconoció su valía y su capacidad de investigador, aunque no aceptaba la Doctrina Espírita, que consideraba precipitada. William Crookes acogió la encomienda de la Sociedad Dialéctica de Londres, para demoler el Espiritismo, y después de tres años de experimentaciones con resultados asombrosos, proclamó la veracidad innegable de los fenómenos espíritas. La lucha solitaria de Kardec dio resultados inesperados: Los trabajos de Friedrich Zöllner y del Barón Von Schrenk - Notzing en Alemanía, y de Ernesto Bozzano y Chiaia en Italia, (quienes doblegaron la férrea resistencia de Césare Lombroso con varias materializaciones irrefutables de la madre de este gran antropólogo); la aparición de la Metapsíquica, de la Ciencia Psíquica Inglesa, y de la vieja Parapsicología Alemana; los experimentos que llevaron a Friederic Myers a publicar su tratado La Personalidad Humana y su Supervivencia; la creación de la Parapsicología Experimental y, en fin, la aparición de la Parapsicología Moderna de Rhine y McDougal, han probado la legitimidad de la Ciencia Espírita y de la crítica epistemológica de Kardec. Mas como el Espiritismo no cambió de nombre, conservándose fiel a su origen y a sí mismo, intransigente en su clara y precisa posición epistemológica, no fue admitido a la Academia, ni recibió la ciudadanía científica a la que tenía el más absoluto e innegable derecho. Kardec, que falleció en 1869, no tuvo la satisfacción de ver, en vida, los lances más importantes de su victoria sobre la rutina y el radicalismo del mundo científico oficial.
103. Hoy, arrastrada por la corriente de la evolución, la Ciencia ha tenido que sumergirse en el océanoinvisible de los átomos y sus partículas; adentrarse en la zona impalpable de la percepción extrasensorial y del poder insospechado del pensamiento; precipitarse en la vorágine de las investigaciones sobre la reencarnación; envolverse en lo absurdo de las múltiples dimensiones de la materia, de los mundos interpenetrados, de la antimateria, de la pluralidad de los mundos habitados, del atemorizante problema filosófico de la concepción existencial del hombre, de la realidad ontológica considerada como subjetividad pura, etc. etc.; negarse a sí misma para poder sobrevivir como sobreviven los hombres y todas las cosas y seres, según afirmaba Kardec.
104. Kardec podía opinar con autoridad sobre la Ciencia, porque él era profesor de Ciencias. Mas por eso mismo le negaba a la Ciencia el derecho de opinar sobre el Espiritismo que ella no conocía, y que era considerado por los científicos llenos de prejuicios con una actitud anticientífica. Su rechazo al juicio científico de la época, en ese sentido, es un veredicto. “La Ciencia propiamente dicha, como Ciencia, es incompetente para pronunciarse sobre la cuestión del Espiritismo, y su pronunciamiento al respecto, cualquiera que éste sea, favorable o no, carece de valor, no tiene ningún peso.” Esta declaración de incompetencia es válida aún hoy, cuando vemos a la Ciencia confirmando al Espiritismo sin quererlo y sin conocerlo. La ignorancia de los sabios al respecto, como decía Kardec, no se modificó. La posición realista de Kardec prueba su seguridad absoluta en lo tocante a la legitimidad de sus investigaciones. El Espiritismo se sustentaba por sus bases experimentales y lógicas, sin necesidad de aprobaciones extrañas, tanto más, porque esas aprobaciones no provenían de quien tenía el conocimiento suficiente para opinar al respecto.
105. Por otro lado, la posición epistemológica del Espiritismo no podía ser criticada. Su objeto era innegable: la realidad psíquica del hombre y los fenómenos que la habían demostrado a través del tiempo. Su método de investigación era perfecto y bien integrado a las exigencias científicas, es decir, adecuado al objeto; la orientación de las investigaciones se hacía por un maestro capacitado y reconocido como tal; los resultados obtenidos se interpretaban con un criterio rigurosamente científico; las experiencias, observaciones e investigaciones se divulgaban a través de un órgano específico y especializado con toda la información y detalles de lo que sucedía; ningún experimento conseguiría negar científicamente la realidad de los fenómenos o contrariar la validez de las interpretaciones. Si la Ciencia no reconocía la validez científica de la investigación espírita, no era por haberla desmentido o arrinconado mediante otros experimentos, sino por una simple actitud repleta de prejuicios, que no tenía peso en consideraciones realmente científicas. Restaba todavía el hecho importante de la comprobación de los fenómenos por científicos eminentes de la época y conocidamente contrarios al Espiritismo.
106. Las alegaciones de que el Espiritismo se presentaba a la Ciencia como un producto híbrido, en que problemas científicos, filosóficos y religiosos se mezclaban haciéndolo indefinido, no pasaba de ser una maniobra; pues la secuencia natural de esos temas en el plano del desenvolvimiento cultural, corresponde exactamente al esquema espírita. La magia primitiva corresponde al hacer experimental, por lo tanto, a la Ciencia; la Filosofía era la concepción del mundo dada por la experiencia en que se conjugan teoría y práctica; la moral provenía del comportamiento determinado por la visión del mundo y la Religión surgía como imperativo de las conquistas del saber adquirido. Esto lo atestigua toda la historia del mundo antiguo. Las propias culturas teológicas trazaron esos caminos. Incluso el positivismo de Augusto Comte, que se presentaba como Filosofía Científica, siguió el mismo esquema de la Teoría General del Conocimiento, acabando por desembocar en la Religión de la Humanidad. Epistemológicamente nada había que censurar o condenar en el contexto del Espiritismo. Comentando la fatuidad humana, Kardec recordaba que los hombres más sabios se sienten embarazados por cosas insignificantes. Lo que impidió la expansión del Espiritismo en la Europa del siglo pasado, y evitó que pudiera sustituir a la vieja y criminal concepción del Mundo todavía hoy dominante fue simplemente su aspecto religioso. Como en el Cristianismo Primitivo, el Espiritismo fue acogido con ansiedad por las capas pobres de la población, que lo convirtieron por todas partes en una nueva secta cristiana. En ese aspecto devocional las capas superiores veían solamente el religiosismo populachero, dotado de la misma fe ingenua de toda religiosidad masiva. Frente a esa avalancha de creyentes humildes, predispuestos al beatismo, surgieron pequeños grupos de personas cultas que, aunque lucharon muchas veces con entusiasmo, acabaron cediendo a la presión de los prejuicios. Esos grupos se aislaron en sociedades de élite desligadas del pueblo, o simplemente desaparecieron por falta de elementos dispuestos al trabajo arduo y a la lucha constante en defensa de la doctrina. De esto se aprovecharon clérigos y médicos, acompañados por pastores protestantes y sus productivos rebaños, para intentar asfixiar el Renacimiento Cristiano. La palabra Cristianismo había generado un estereotipo enriquecido por el doble prestigio de las clases dominantes y de las iglesias tradicionales. Las corporaciones científicas y las asociaciones profesionales de médicos representaban la reacción de la ciencia, y las iglesias, la cólera divina disparando los rayos del Olimpo contra los renegados. A pesar de esos fuegos cruzados sobre sus cabezas descubiertas, los espíritas consiguieron comprender los principios fundamentales de la doctrina: su lucha pacífica en la desesperación de guerras despiadadas.
107. Mas la actualidad nos ofrece perspectivas totalmente diferentes de las que habían predominado hasta ahora. Impelidos por su propia ignorancia del asunto, los científicos entraron a fondo en el esquema de investigaciones de la Ciencia Espírita y comprobaron su veracidad. Llegamos así a un momento crucial. Y si los hombres no clamaran, como advirtió Jesús, las piedras clamarán. En verdad, ya están clamando, pues es precisamente del mineral de donde se levanta sobre el mundo la alborada de la concepción atómica, disipando las tinieblas de la falsa cultura materialista, en la que el espíritu había sido substituido por el polvo de las tumbas. El poder atómico es al mismo tiempo amenaza y consuelo. Y está en las manos de los hombres para que ellos decidan por sí mismos lo que desean ser. La opción del Espiritismo continúa abierta para todos. Quien quiera sembrar bombas y destrucción podrá hacerlo, mas los que optaren por la siembra de la luz, de la comprensión real del hombre y del Universo, del verdadero sentido de la vida y del destino superior de la Humanidad, verá en la concepción espírita la solución del Gran Enigma sobre el cual León Denís escribió uno de sus libros más profundos.
108. La crítica de Kardec a la Ciencia de su tiempo sigue siendo válida en nuestros días. La epistemología Espírita se asemeja en este momento a las profecías apocalípticas de la Antigua Israel. No es solamente una crítica del Conocimiento y de los procesos de la Ciencia, sino una crítica del Hombre, pues él es quien busca el Conocimiento y quien hace la Ciencia. La estructura científica nos da la imagen del Hombre, de su hacer y de como lo hace. Vuelto su interés hacia fuera de sí mismo, estimulado por la fascinación de la Naturaleza, el hombre olvidó su propia naturaleza - la naturaleza humana- y se cosificó, se hizo cosa. Ese hombre - cosa se perdió por la soberbia de sus conquistas materiales y rechazó la ansias espirituales. Por eso desarrolló la Técnica y atrofió la Religión. Con razón Descartes ya había enunciado que es más fácil conocer las cosas exteriores que a nosotros mismos. La eclosión espírita del Siglo XIX fue desencadenada por los Espíritus para despertar a los hombres de su apatía espiritual, advirtiéndoles que la euforia material los llevaría a su propia destrucción. A pesar de que Francis Bacon previno que sólo se alcanza el poder científico obedeciendo a Dios, Dios y sus leyes fueron considerados indignos del laboratorio y tirados a la sacristía, entregados a la quincallería devocional de las medallas, escapularios e imágenes para la idolatría y amenazas demoníacas.
109. Kardec estructuró la Ciencia del Espíritu e instituyó la investigación mediúmnica, porque la mediumnidad es la puerta abierta en el murallón de los fenómenos materiales para mostrar una parcela del Infinito a los hombres adheridos a lo finito. Su crítica a la Ciencia es un acto de trascendencia, pues une en conflicto la concepción del hombre y del mundo, para que ambos recobren su unidad y puedan librarse de la hipnosis atómica. Mas los propios espíritas, en general, al intentar comprenderlo, retornan a las fuentes mágicas del beatismo religioso, habiendo olvidado que LA RELIGIÓN SIN CIENCIA ES SUPERSTICIÓN Y CIENCIA SIN RELIGIÓN ES LOCURA. Dios es la Fuente de la Sabiduría, pero los hombres la buscan en la materia. Ese engaño vanidoso y fatal nos llevó al borde de la destrucción del planeta. El Espiritismo es un esfuerzo para devolvernos a la condición humana, salvándonos del robot. La Tierra está siendo destruida por la técnica de la voracidad sin límites. El Espiritismo nos ofrece la única vía de escape: la unidad del espíritu en contraposición a la fragmentación de la materia. Solamente la visión monista del mundo que Kardec nos ofrece puede salvarnos del caos.
J Herculano Pires Extraído del libro "El gran desconocido"
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