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La Didáctica se entiende actualmente como el arte de enseñar. Hubo un tiempo en que se confundía Pedagogía con Didáctica. Fue Comenius, en el siglo XVIII, el responsable principal por esta confusión, cuando publicó su Didáctica Magna, que abarcaba todo su pensamiento pedagógico. Sin embargo, del siglo XIX al XX, el término se definió en sus debidos límites, como exige el lenguaje científico. Para que mejor comprendamos esta palabra, que es de origen griego, debemos ir a sus raíces.
Arroyo nos enseña: "... en griego, enseñar e instruir se dice didascoo, didáscalos es el maestro, didaxis la lección” André Moreil, en su Vida y Obra de Allan Kardec, recuerda algunos trechos de la presentación del Plan para la mejoría de la Educación Pública, que el Prof. Denizard Rivail sometió al Parlamento en 1828.
Destacamos los siguientes trechos: "Los planos apropiados para educar a la juventud constituyen una ciencia bien definida, que se debería estudiar para ser profesor, de la misma forma que se estudia Medicina para ser médico."
Después, explicando las condiciones necesarias al buen desenvolvimiento de la enseñanza, concluye: "Es este un punto muy importante, que me propongo desenvolver en una obra completa sobre la Pedagogía." Moreil lamenta: "No llegó infelizmente a escribir esta obra. Allan Kardec, en sus primeros treinta años de actividades pedagógicas, fue obligado a vivir en el día a día, a esforzarse para ganar el pan cotidiano y sobretodo a empeñarse en la aplicación de sus tesis pedagógicas. Más tarde, el Espiritismo le ocupó todo su tiempo."
Esto nos demuestra que Kardec no escribió su Pedagogía por tener que dedicarse integralmente a las investigaciones espíritas y a la Codificación del Espiritismo. Pero si no pudo realizar su sueño pedagógico, por otro lado encontró en el Espiritismo un vasto campo para la aplicación de su Didáctica.
Es lo que vemos en toda su obra espírita, desde El Libro de los Espíritus hasta los libros subsidiarios o de introducción a la doctrina, como también en los valiosos fascículos correspondientes a casi doce años de su trabajo personal en la redacción de la Revista Espírita, obra inmensa, que justamente consideró como siendo los anales del Espiritismo e indispensables para el estudio doctrinario. Entonces, aunque no tengamos hoy una Pedagogía del maestro, tenemos la Didáctica del gran profesor del Espiritismo, como fue llamado en la época. Esta didáctica resalta todo su trabajo y podemos ver, en relación con algunos tópicos de sus obras publicadas anteriormente y admitidas por la Universidad de Francia, que su método de enseñanza siguió en el Espiritismo la misma orientación y las mismas normas de su tiempo de profesor y director del Instituto de aquella Universidad.
La didáctica naturalista
Jesús creó la Didáctica Naturalista, que se funda en las leyes naturales y de ellas se sirve para la enseñanza espontánea. Todas sus lecciones eran dadas en términos comparativos, sin artificios, con simplicidad y naturalidad. La propia teología no escapaba a esta regla. Dios no era una entidad mitológica, distanciada del hombre, sino el padre de los hombres, semejante a todos los padres, viviendo en el corazón de los hijos y dialogando con ellos en lo íntimo de cada uno. "¿No está escrito, decía él, vosotros sois dioses?" Cuando hacia un milagro, o sea, cuando producía, por el poder natural de su espíritu, un fenómeno hoy llamado paranormal, explicaba a los discípulos que ellos podrían hacer lo mismo y hasta más de lo que él hiciera. Lo sobrenatural del Cristianismo no proviene de Jesús, sino de los hombres, de la mentalidad mitológica de los que no lo pudieron comprender y lo transformaron en mito.
Veamos esta "herejía" de Pablo en: I Corintios, 15:16 — "... si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó." La muerte y la resurrección de Jesús eran hechos naturales, que ocurren con todos los hombres. El mismo Jesús diría a Magdalena, después de la resurrección: "Aún no he ido hacia mi padre, vuestro padre ".La categoría de lo natural era el fundamento de todo la enseñanza de Jesús y por lo tanto de toda su didáctica. Esta categoría filosófica del Cristianismo desapareció en la Edad Media, en el milenio sombrío en que la verdad cristiana se mezcló y confundió con los errores y los engaños del paganismo y del judaísmo. Pero en el Renacimiento la categoría cristiana de lo natural resurge de las cenizas. Y pedagógicamente es con Rousseau que ella se impondrá nuevamente al mundo.
El naturalismo deísta de Rousseau es un estallido de la savia cristiana. Y este estallido se desenvolverá en el pensamiento de grandes pedagogos del futuro. El mayor de ellos será Pestalozzi, el héroe y mártir de la Pedagogía Filantrópica, que significativamente será el maestro y el padre espiritual de Allan Kardec. La Pedagogía Filantrópica es la enseñanza al servicio de la caridad y su didáctica es la del amor: La Pedagogía de Jesús y su didáctica renacen con Pestalozzi, quien las transmite a Kardec. "Una antorcha pasa de una a otra mano", como diría Moreil, en nuestros días. Pero la caridad no es una gracia sobrenatural, es antes la virtud humana de la fraternidad, bajo la paternidad natural de Dios. Vemos todos los elementos de la categoría cristiana de lo natural restablecidos en este episodio histórico y pedagógico para señalar los tiempos nuevos como la era del Consolador. Por esto la didáctica de Kardec seguirá la misma línea naturalista de la didáctica de Jesús, empleando el lenguaje de la simplicidad y los métodos naturales de la razón y de la intuición. Veamos como Kardec describe el método del profesor discípulo de Pestalozzi: "Toma al niño al salir de las manos de la Naturaleza para acompañarlo en su desenvolvimiento. Considera como se desenvuelven sus ideas, estudia sus necesidades y sus facultades. Después de numerosas observaciones establece un método que consiste esencialmente en aprovechar las facultades que el niño recibió de la Naturaleza, a fin de proporcionarle un raciocinio sano y acostumbrarlo a poner en orden sus ideas.
El profesor procurará desenvolver en el niño el espíritu de observación y la memoria, porque el niño nace observador y su espíritu de curiosidad y de análisis precisa apenas de una ayuda mínima. Bastará al profesor ser al mismo tiempo amable y severo” Kardec resume los seis principios fundamentales del sistema pestalociano, que empleaba en sus obras didácticas y que seguiría empleando en la enseñanza espírita:
1) cultivar el espíritu natural de observación del educando, llamándole la atención hacia los objetos que lo rodean. Cultivarle la inteligencia, siguiendo la marcha que posibilite al alumno descubrir las reglas por sí mismo. Partir siempre de lo conocido hacia lo desconocido, de lo simple para lo compuesto. Evitar toda actitud mecánica, haciendo al alumno comprender el objetivo y la razón de todo lo que hace. Hacerlo palpar con los dedos y con la vista todas las realidades. Confiar a la memoria solamente aquello que ya fue captado por la inteligencia. Todos estos datos se encuentran en la introducción de su Curso Práctico de Aritmética.
Moreil comenta: "Los Principios 3 y 5 parecen haber sido aprovechados palabra por palabra para la elaboración de El Libro de los Médiums, lo que prueba la importancia extraordinaria de la fase de Yverdun en la vida del futuro fundador del Espiritismo ".Y cita esta observación de Henri Sausse, amigo, compañero y primer biógrafo de Kardec: "Fue en esta escuela que se desenvolvieron las ideas que debían tornarlo un observador atento y meticuloso, un pensador prudente y profundo.
J.Herculano Pires Extraído del libro "Educación Espírita"
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