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Espíritus de la Luz PDF Imprimir E-mail
Francisco Cândido Xavier
Escrito por Administrador   
Sábado, 11 de Octubre de 2008 17:00
Parafraseando la luminosa definición del apóstol Pablo acerca de la caridad, en el capítulo trece de la primera epístola a los corintios, osaremos aplicar los mismos conceptos a los Espíritus benevolentes y sabios que nos tutelan la evolución.

Aunque hablásemos el lenguaje de las tinieblas y no poseyésemos ligero rayo de entendimiento, —no pasaríamos para ellos de pobres hermanos necesitados de luz.

Aunque permaneciésemos en la vocación del crimen cayendo en todas las faltas y reteniendo todos los vicios, a punto de arrojarnos por tiempo indeterminado en los últimos despeñaderos del mal para nuestro propio infortunio, —no seríamos para ellos si no criaturas Infelices, carentes de amor.

Aunque disipásemos todas nuestras fuerzas en el terreno de la culpa y dedicásemos la vida al ejercicio de la crueldad, sin la mínima noción del propio deber, -eso sería para ellos tan sólo motivo de mayor compasión.

Los Espíritus de la Luz son pacientes.
En todas las manifestaciones son benignos.
No envidian.
No se enorgullecen.
No muestran liviandad.
No se llenan de soberbia.
No se portan de manera inconveniente.
No se irritan.
No son interesados.
No abrigan desconfianza.
No ceden con la injusticia, mas se regocijan con la verdad.

Todo lo soportan.
Todo lo creen.
Todo lo esperan.
Todo lo sufren.

Su caridad nunca falla, mientras que para nosotros un día las revelaciones graduales tendrán fin, los fenómenos cesarán y las pruebas terminarán, por innecesarias.

Por ahora, conocemos parte de nosotros mismos e imaginamos el resto; sin embargo, ellos, los emisarios del Eterno Bien, nos acompañan con perfecta devoción sabiendo que en materia de espiritualidad superior casi siempre somos niños todavía, hablamos como niños, pensamos como niños y enjuiciamos infantilmente.

Están convencidos, no obstante, de que más tarde cuando nos despojemos de las deficiencias humanas, abandonaremos entonces todo lo que llega a ser pueril.

Comprobaremos así su grandeza como si la viésemos reflejada en un espejo, confrontando la estrechez de nuestro egoísmo con la inconmensurabilidad del amor con que nos asisten.

Nos conforta reconocer, pues, que si todavía demostramos fe vacilante, esperanza imperfecta y caridad caprichosa, tenemos junto a nosotros la caridad de los mensajeros del Señor, que es siempre mayor por no desanimarse en tiempo algún.

Dictado por el espíritu EMMANUEL
Médium Francisco Cândido Xavier