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Evolución y herencia PDF Imprimir E-mail
Francisco Cândido Xavier
Escrito por Administrador   
Domingo, 22 de Agosto de 2010 16:42

Principio inteligente y herencia

Refiriéndonos a la ley de la herencia es imperioso, en cierto modo, recurrir a la geometría a fin de simplificar los conceptos. Considerando a la geometría como una ciencia que estudia las propiedades del espacio limitado, vamos a hallar en la herencia una ley que define a la vida, circunscripta a la forma con que se expresa. Sólo la inteligencia logra trazar líneas inteligentes. En razón de ello, y atendiendo a los objetivos finales del Universo, no será posible olvidar el Plan Divino cuando se trate de ahondar más profundamente en la genética, aun cuando ello provoque el rechazo de la ciencia materialista. Cómo se estructuran las cromatinas en los cromosomas es un problema que, totalmente y por ahora, escapa a nuestros sentidos; pero sabemos que los Arquitectos Espirituales, con la Supervisión Celeste, demoraran largos siglos preparando a tales células que servirían de base al reino vegetal, combinando nucleoproteínas y glucinas con otros elementos primordiales, a efecto de que se estableciese un nivel seguro de fuerzas constantes entre el bagaje del núcleo y del citoplasma. Con tal realización, el principio inteligente comienza a desarrollarse como factor fisiopsicosomático. No sólo la forma física del futuro promete entonces revelarse, sino también la forma espiritual.

Factores de la herencia

En la intimidad de los corpúsculos simples que evolucionarían hacia la forma comparativa de máquinas microscópicas, formadas de protoplasma y paraplasma, se fijan, muy lentamente, bajo la influencia magnética, los fragmentos de cromatina, organizándose los cromosomas en que serían condensadas las fórmulas vitales de la reproducción. Procesos múltiples de división comienzan a ser experimentados. La división directa o amitosis es ampliamente usada para, enseguida, surgir la mitosis o división indirecta, en que las alteraciones naturales de la mónada celeste se reflejan en el núcleo, preanunciando siempre mayores transformaciones. Lentamente, los cromosomas adquieren su presentación peculiar, en forma de bastones, y la evolución que se opera con la cariocinesis, desde la profase a la telefase, merece la mejor atención de los Constructores Divinos que, a través del centro celular, mantienen la unión de las fuerzas físicas y espirituales, punto ése en que se produce el impulso mental, de naturaleza electromagnética, por el cual se opera el movimiento de los cromosomas en dirección del ecuador hacia los polos de la célula, acuñando las leyes de la herencia y de la afinidad que se van a ejercer, disponiendo en las cromatinas, en forma de granulaciones perfectamente identificables entre elleptotenio y el paquitenio, los genes o factores de la herencia que, en el transcurso de los siglos, son fijados en número y valores diferentes para cada especie.

Archivo de los reflejos condicionados

A través de los estadios del nacimiento-experiencia-muerte-experienciarenacimiento, en los planos físico y extrafísico, las crisálidas de conciencia, dentro del principio de repetición, respiran bajo el sol como seres autótrofos en el reino vegetal, donde las células, en las especies variadas en que se aglutinan, se reproducen de un modo absolutamente semejante. En ese dominio, el principio inteligente, valiéndose de la herencia, y por medio de las experiencias infinitamente recapituladas, se muestra diferenciado en los flagelados ascendiendo, progresivamente, hacia una diferenciación mayor en la escala animal, donde el cuerpo espiritual, similarmente a la protoforma humana, ya ofrece características más complejas ante las reacciones del sistema nervioso, elegido como sede de los instintos superiores y con la facultad de archivar los reflejos condicionados.

Construcción del destino

Las células sufren transformaciones profundas, dado que el elemento espiritual debe ahora vivir como un ser alotriófago, logrando sólo mantenerse con el producto de materias orgánicas ya elaboradas. Con el transcurrir del tiempo, y bajo la inspiración de los Arquitectos Espirituales que orientan la evolución de la forma, avanza en la ruta del progreso plasmando implementos nuevos en su vehículo de expresión. Entre la esfera terrena y la esfera espiritual, adquiere los orgánulos particulares con que pasa a atender variadas funciones en los protozoarios, tales como los vacuolos pulsátiles, para la sustentación del equilibrio osmótico y los vacuolos digestivos, para el equilibrio de la nutrición. En los metazoarios, conquista un instrumento fisiológico estructurado sobre aparatos y sistemas constituidos de órganos que, a su vez, son formados de tejidos compuestos por células de complicado régimen de diferenciación que, pasando por largas y pronunciadas metamorfosis, alcanza el reino hominal, en que los gametos se erigen, especializados y seguros, en el aparato de reproducción, con elementos y recursos característicos para el hombre y para la mujer, en lo más recóndito del centro genésico, entre los órganos del metabolismo y los sistemas de relación. En el acto de la fecundación, se reúnen los pronúcleos masculino y femenino, mezclando las unidades cromosómicas paternas y maternas, a fin de que el organismo, obedeciendo a la repetición con la ley de la herencia, se desenvuelva dentro de los caracteres genéticos de que desciende; pero ahora, en el reino humano, el Espíritu, entregado al comando de su propia voluntad determina, con su simple presencia o influencia, en el campo materno, los más complejos fenómenos endomitósicos en el interior del huevo, edificando las bases de su propio destino en el estadio de la existencia cuyo inicio se concretiza en la cuna.

Herencia y afinidad

En las eras remotas, los Sembradores Divinos guiaban la elaboración de las formas trazando directrices al mundo celular en favor del principio inteligente, entonces conducido ante la sociedad espiritual como una criatura irresponsable ante la sociedad humana; sin embargo, en la medida que se engrandece su conocimiento, comienza a responsabilizarse de sí mismo, pavimentando el camino que lo conducirá a la posesión de la Herencia Celestial, en el regazo de la Conciencia Cósmica. Con los cimientos de la herencia, toma la forma física y se libera de ella, para retomarla en una nueva reencarnación, capaz de elevar su nivel cultural y moral, cuando no sea para rehacer tareas que dejó incompletas u olvidadas en su pasado. Con todo, unido inevitablemente a los principios de secuencia, es compelido a renacer en la Tierra o a vivir más allá de la muerte, con raras excepciones, entre sus propios semejantes, dado que la herencia y la afinidad en el plano físico y en el plano extrafísíco, respectivamente, son leyes irrecusables a través de las cuales el alma se eleva hacia la Esfera Superior, por su propia decisión y esfuerzo, aprendiendo a regirse por el bien invariable que, asegurando su equilibrio, también le confiere poder sobre los factores circunstanciales del propio ambiente, a fin de crear valores más nobles que estimulen sus impulsos de perfeccionamiento.

Geometría trascendente

Llegada a ese estadio, la criatura se somete a la ley de la herencia con el derecho de alterar sus disposiciones fundamentales, hasta un punto no distante del límite justo, conforme al merecimiento logrado. Para ayudar a sus semejantes en la escalada a más amplias adquisiciones en la senda evolutiva, recoge, para ello, el concurso precioso de los Organizadores del Progreso en la mitosis del huevo que le facultará un nuevo cuerpo en el mundo, dado que toda permuta de cromosomas, en la matriz uterina, está invariablemente presidida por agentes magnéticos ordinarios o extraordinarios, conforme al tipo de existencia que se hace o rehace con las llaves de la herencia y correspondiendo a los fines perseguidos. Es así que, interpretando a los cromosomas como los caracteres que la mente inscribe en los corpúsculos celulares que la sirven, las disposiciones y los significados de sus propios destinos, caracteres que son constituidos por los genes, como las líneas son formadas por puntos, genes a los cuales se mezclan los elementos llamados bióforos, y tomando a los bióforos, en esos puntos, como siendo los gránulos de tinta que los colorean, será lícito comparar a los principios germinativos, en los dominios inferiores, con los trazos de la geometría elemental, que apenas piensa y reflexiona en las líneas y figuras simples de la evolución para encontrar, en esos mismos principios, en los dominios superiores del alma, la geometría trascendente aplicada a los cálculos diferenciales e integrales de las cuestiones de causa y efecto.

Herencia y conducta

Por tanto, como es fácil de comprender, el cuerpo hereda naturalmente del cuerpo, según las disposiciones de la mente que se ajusta a otras mentes, cabiéndole, pues, al hombre responsable, reconocer que la herencia relativa más compulsoria le tallará el cuerpo físico que necesita en determinada encarnación, no siéndole posible alterar el plan de servicio que mereció o del que fue incumbido, conforme a sus logros y necesidades, pero puede, por su propia conducta feliz o desdichada, acentuar o atenuar el cariz de los programas que le indican la ruta a través de los bióforos, o unidades de fuerza psicosomática que actúan en el citoplasma, proyectando sobre las células y, consecuentemente, sobre el cuerpo, los estados de la mente, que estará ennobleciendo o agravando conforme a su propia situación y de acuerdo con su elección del bien o del mal.

Uberaba, 05-02-1958.

Por el Espíritu ANDRÉ LUIZ

Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro "Evolución en dos mundos"