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"Mas gran ganancia es la piedad con contentamiento." — Pablo. (1 Timoteo, 6:6.)
Hablase mucho de piedad en la Tierra, sin embargo, cuando señalamos referencias a semejante virtud, difícilmente discernimos entre compasión y humillación.
- Ayudo, mas este hombre es un vicioso.
- Atenderé, entretanto, esa mujer es ignorante y mala.
- Me aflige, con todo, ese hermano es ingrato y cruel.
- Me compadezco, pero, se trata de una persona inútil.
Tales afirmativas son reiteradas a cada paso por labios que se afirman cristianos. Realmente, de manera general, sólo encontramos en la Tierra esa compasión de voz suave y manos espinosas. Esparciendo miel y veneno. Coloca bálsamo en las heridas y las dilacera. Extiende los brazos y cobra deudas de reconocimiento. Socorre y ahuyenta. Ampara y desestimula. Ofrece buenas palabras y lanza retos hostiles. Sacia el hambre de los viajeros de la experiencia con panes rellenos de hiel.
La verdadera piedad, no obstante, es hija legítima del amor. No pierde tiempo en la identificación del mal. Se interesa excesivamente en el bien para descurarse de él a cambio de niñerías y sabe que el minuto es precioso en la economía de la vida. El Evangelio no nos habla de esa piedad mentirosa, llena de ilusiones y exigencias.
Quien revela suficiente energía para abrazar la vida cristiana, encuentra recursos para auxiliar alegremente. No se prende a las telas de la crítica destructiva y sabe sembrar el bien, fortificarle los gérmenes, cultivarle los revientes y esperarle la fructificación. Nos dice Pablo que la "piedad con contentamiento" es "gran ganancia" para el alma y, en verdad, no sabemos de otra que nos pueda traer prosperidad al corazón.
Espíritu Emmanuel Médium Francisco Cândido Xavier Extraído del libro "Pan nuestro"
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