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Casi siempre, concentramos alma y vida en nuestras esperanzas y, muy difícilmente, nos encontramos para pensar en las esperanzas ajenas. Ejercita el retirarte de las propias preocupaciones, a fin de reflexionar en las ansias de los otros.
Tal vez aun no te concienciaste de que donde estuvieras y como estuvieras puedes iniciar el servicio más propiamente dirigido a la función de los ángeles. No sé si ya te fijaste más ampliamente en el hombre triste que algunas veces se cruza en el camino, cerca de casa. Extrañas a aquel semblante escondido del que en balde esperas una leve sonrisa. Procura imaginarles las esperanzas.
Es un compañero que tiene la esposa paralitica y cuatro criaturas necesitadas de apoyo. Ciertamente, no dispones de medios para satisfacerle todas las exigencias. Entretanto, de entre todas, ella posee un deseo de los más simples. Quería que el hijo menor estuviese más agasajado en el transcurso de la noche. Muy poco te costará ofrecerle una manta, de modo que se realice su deseo. Atiéndele al corazón y traerás, de nuevo, a aquel rostro amargado, la alegría que yace encarcelada en el pecho por las esposas del desanimo. Tal vez ignores que aquella mujer de presencia desagradable, por expresarse a través de fraseado inconveniente, nos pide más entrenada observación. Ella fue abandonada por el compañero que le dejo dos pequeños desprotegidos. Aun sin trabajo que le asegure la sobrevivencia, se halla en vías de conturbarse. Evidentemente, no conseguirás sosegarla todas sus inquietudes. No en tanto, la mayor de todas está en el propósito de matricular al hijo que cuenta siete años de edad en una escuela pública y puedes claramente auxiliarla en ese sentido. Haga eso y notará la gratitud que se exteriorizará del propio ser, en forma de simpatía. Y tenemos otros muchos casos: aquel enfermo que quedaría reconfortado con diez minutos de tu palabra estimulante.; del niño descubriría la felicidad en una partida de bolos; del vecino irritado que se modificaría para mejor con tu sonrisa de fraternidad y de aquel amigo encerrado en el disgusto doméstico que te reclama algunas frases de paz y optimismo que le traigan los sentimientos de sombra para la luz. Aprende a salir de tus preocupaciones para entender las esperanzas ajenas y mitigarlas, cuando pudieras. Entonces estarás sirviendo en la misión de los ángeles, encontrando la propia felicidad, por cuanto, al lado de cada criatura a quien te decidas entregar las migajas de socorro, serás una luminosa parcela de la presencia de Dios. Ditado pelo Espírito Meimei. Médium Francisco Cândido Xavier, Da obra: Deus Aguarda.
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