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Francisco Cândido Xavier
Escrito por Administrador   
Miércoles, 21 de Enero de 2009 16:32

En contacto con los ideales de la Nueva Revelación, el hombre siente que se dilata natu­ralmente su visión y comienza a percibir con más amplitud los problemas que lo acosan.

Se agudiza su sensibilidad, se intensifica su capacidad de amar. Su corazón se convierte en un profundo estuario espiritual en el que son canali­zados todos los dolores humanos.

Por eso mismo se acentúan sus sufrimientos, debido a que sus aspiraciones no están en sinto­nía con los planos inferiores en los que todavía respira. En su marcha hacia la vida superior, el apren­diz desearía ser acompañado por todos aquellos a los que ama, sin embargo, a medida que avanza en conocimiento y sus sensaciones se vuelven más sutiles, casi siempre reconoce que los que ama se van distanciando de él.

Aquí es la compañera que persevera en dife­rente rumbo, allá es el corazón paternal que, por afectividad mal orientada dificulta la ascensión a la luz...

Ayer era un hijo que hería sus fibras más íntimas, hoy es un amigo que deserta...

Si el discípulo no se rinde a la perturbación y el desaliento, gradualmente comienza a comprender que está solo para aprender y ayudar y entiende, igualmente, que con buena voluntad y sacrificio adquiere valores eternos para sí mismo.

Cuanto más cede en favor de todos, más es compensado por la Ley Divina, que lo enriquece en fuerza y alegría en el gran silencio. En la marcha diaria llega a la conclusión de que el individualismo, adaptado a los principios ineludibles del bien, es la base del engrandecimiento de la colectividad.

Reconoce que el espíritu fue creado para vivir en comunidad con sus semejantes, y que es la unidad de un todo que está en proceso de perfeccionamiento; que no puede huir sin perjuicio a la cooperación así como, al igual que el árbol en el reino vegetal, precisa crecer y auxiliar con eficiencia para garantizar la estabilidad del campo en el que se asienta y hacerse respetable.

Nadie vive solo, pero siempre llega para el alma un momento en el que es imprescindible que sepa luchar a solas, para vivir bien. Para valorizar el granero y enriquecer la mesa, la semilla descansa entre millones de otras que se confunden con ella; aunque, cuando es llamada a producir con su vida, para el bienestar general, debe aprender a estar aislada en el seno frío de la tierra para desprenderse de las envolturas infe­riores, reducida al contacto con el lodo aparen­temente muerta, para poder desarrollar tallos nuevos y elevarse hacia el Sol.

Sin el individuo fuerte y sabio la multitud se debatirá siempre entre la ignorancia y la miseria. El esfuerzo y la mejoría de la unidad es una ley que debe cumplirse para obtener el progreso y la sublimación del todo.

La navegación a vapor es actualmente patrimonio general, pero la debernos al trabajo de Fulton.

La imprenta es hoy una fuerza impulsora de primer orden, sin embargo no podemos olvidar que la devoción de Gutenberg cobijó sus pasos iniciales.

En los días que corren la luz eléctrica es un problema resuelto, no obstante a Edison cupo la honra de sufrir para que semejante bendición desintegrase las noches del mundo.

La locomotora es ahora una máquina vulgar, pero en su comienzo está la dedicación de Stephenson.

En la Tierra ha surgido Newton invaria­blemente, al frente de todos los conocimientos relacionados con la gravitación universal, y el nombre de Marconi jamás será borrado de la base de las comunicaciones sin hilo.

Cada flor irradia un perfume característico. Cada estrella posee brillo propio. Cada uno de nosotros es portador de determi­nada misión.

El Espiritismo, que confirma el Evangelio, viene a proteger a los hombres y a invitar al hombre a perfeccionarse y engrandecerse, en consonancia con la sabiduría de la Ley que deter­mina: "a cada uno, según sus obras".

Extraído del libro “derrotero” por el espíritu Emmanuel

Medium Francisco Cândido Xavier