CASAMIENTO


1 - ¿El casamiento está planeado en el Más Allá?

Generalmente la unión matrimonial implica una harmonización que envuelve tan sólo a la pareja, pero también los Espíritus que reencarnarán como hijos. Obviamente, es preciso planear.

2 – ¿Lo hacen los propios interesados?

Sería lo ideal, ya que tendemos a encarar con mayor seriedad los compromisos que asumimos por iniciativa propia. No siempre, sin embargo, los reencarnantes tienen la suficiente madurez y discernimiento para ello. La planificación es por cuenta de mentores espirituales.

3 – Un eventual segundo casamiento o subsecuentes, ¿también obedecen a una planificación?

Cuando los compañeros de la vida conyugal se separan de forma irreversible, en virtud de conflictos insuperables, es justo que procuren recomponer su vida afectiva, buscando una nueva experiencia. Si hay seriedad en la intención y no mero ejercicio de la promiscuidad sexual, tan frecuente en los días actuales, los mentores espirituales pueden ayudarlos en ese propósito, orientando una nueva unión.

4 – ¿Si ocurre una secuencia de desaciertos, habrá siempre nuevos planes?

Los mentores procuran ayudarnos, mostrando caminos, pero jamás son conniventes con nuestros desatinos. La sucesión de uniones indica incapacidad de asumir compromisos y de convivir. Natural, en estos casos, que se aparten, retirando las escudos de su protección para que los tutelados aprendan con sus propios errores.

5 – ¿Lo ideal, por lo tanto, sería “soportar” al cónyuge para merecer el apoyo de la espiritualidad?

Ese es, tal vez, la mayor equivocación. Las personas “soportan” al cónyuge por amor a los hijos o respeto a la religión, olvidándose de que están juntos para armonizarse, aprendiendo a convivir fraternalmente. Eso implica en cambiar de pronombre, en el verbo de la acción conyugal: de la primera persona del singular, yo puedo, yo quiero, yo hago, para la primera del plural: nosotros podemos, nosotros queremos, nosotros hacemos. Cultivar el individualismo en el matrimonio es condenarlo al fracaso.

6 – ¿Eso sería suficiente para ser felices en el matrimonio?
Hay algo más. Las personas están esperando que el matrimonio sea acertado para ser felices, sin comprender que es preciso que sean felices para que el matrimonio sea un éxito. Un corazón amargado, un carácter impertinente, una vocación para la agresividad, todo eso empequeñece la existencia y nos hace incapaces de convivir, particularmente en el hogar, donde no hay el amor.

7 – ¿Y cómo ser feliz para que el matrimonio sea acertado?

Es preciso tener siempre presente que la felicidad no está subordinada a la satisfacción de nuestros deseos ante la Vida, sino al empeño por entender lo que ella espera de nosotros. No es necesario mucho para ello. Basta observar la lección fundamental de Jesús: hacer al semejante el bien que deseamos que él nos haga. Funciona admirablemente cuando se trata de armonizar a las personas, particularmente en el hogar.

8 - Sabemos que en la espiritualidad tendemos a convivir con los Espíritus que marcaron nuestra vida afectiva, el cónyuge, padres e hijos. Siendo así, ¿con quien quedará el hombre que se casó cuatro o cinco veces?

Con nadie. Probablemente hará una parada depuradora en el umbral, región de sufrimientos en el mundo espiritual, un purgatorio donde tendrá la oportunidad de meditar sobre su frivolidad.

Extraído del libro
"Reencarnación, todo lo que usted necesita saber"
Richard Simonetti

¿Existe el amor a primera vista?

1–¿Existe el amor a primera vista?

Salvo en raras circunstancias de almas afines que se reencuentran para gloriosas experiencias en común, el amor no es una adquisición «a vista». Lo ideal es que sea una realización «a plazo», desarrollado y mantenido a lo largo de años de experiencias en común.

2 –¿Pero no es usual que la gente diga que inmediatamente, en el primer contacto, encontró el hombre o la mujer de su vida?

Puede ser, pero también podrán ver en la pareja de su vida transformarse en el tormento de ella, culminando con la separación.

3 –¿Estaban equivocados?

A lo mejor existía una relación real, fruto de experiencias en común del pretérito. Vinieron para consolidarlo, pero la relación se deterioró con el tiempo.

4 –¿Por ello se acostumbra decir que con el amor pasamos el tiempo y con el tiempo pasa el amor?

Lo que pasa es la pasión, el amor en forma de deseo, el amor ilusión. Algunos kilos de sal consumidos en común y las personas comienzan a sentir que la pareja no es tan deseable y nada deslumbrante.

5 –Entonces, ¿qué sería el verdadero amor?

Me acuerdo de la serie famosa de publicaciones ilustradas, sobre el título «Amar es…», que involucraban manifestaciones afectivas recíprocas. Del hombre hacia la mujer: Amar es conversar con ella; amar es entender sus momentos difíciles; amar es recordar su cumpleaños; amar es acompañarla al médico; amar es hacerla descansar de la cocina… Son incontables las situaciones en que se enfatiza algo que el amante hace por la amada o viceversa. Esto es amar, querer el bien de alguien.

6 –Aún así, ¿ese amor no se desgasta con el tiempo?

Depende de las parejas. El amor es como una planta que si no fuere bien cuidada, muere. Muchas parejas unidas por legítimos lazos afectivos, acaban viendo el amor extinguirse por falta de cuidado y atención.

7 –¿Por qué ocurre esto?

Porque las personas se involucran mucho con sus negocios, sus intereses personales, sus pasiones y no dejan espacio para cultivar el amor.

8 –¿No son las dificultades de la relación que terminan por provocar las tormentas del amor?

Las personas se aman mucho, pero de un momento a otro descubren que en el fondo son muy diferentes. El hombre y la mujer se complementan justamente por ser diferentes. Pretender que tengan identidad plena de intereses y aptitudes sería contrariar la propia biología. Si el amor fuere bien cultivado, con el apoyo de la comprensión, del respeto y la tolerancia, no habrá espacio para las hierbas dañinas de los malos entendidos que matan el amor

Richard Simonetti
Extraído del libro «Não pise na bola»

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