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Cada
vida se dirige desde el ángulo por el cual el espíritu trazó su proyecto,
y se ha dicho que: "el epitafio de esa vida debiera situarse en ese ángulo
que abarcase todo el edificio de la existencia". La esposa de Sir Arthur
Conan Doyle expresó en un breve epitafio la clave de la vida de ese gran
hombre:
Sir Arthur Conan Doyle
Nació el 22 de mayo de 1859
"Temple de acero, rectitud de espada"
Esta inscripción en su tumba da una idea exacta de lo que quiso ser y de
su total convencimiento de que seguiría viviendo, expresado en el detalle
de no mencionar la fecha del deceso. Consecuente con ese pensamiento, el
11 de julio de 1930, un día de sol esplendoroso, la esposa de Conan Doyle
lucía un vestido veraniego estampado con flores y sus amigos no vestían la
indumentaria acostumbrada para un entierro. Acompañaban sus restos
mortales con un gran sentimiento de admiración y respeto hacia el notable
escritor y gran hombre que terminaba una fructífera jornada de 71 años.
Esa trayectoria hay que referirla necesariamente, desde las circunstancias
anteriores a su nacimiento, porque si bien es verdad que el ser humano se
hace a sí mismo, también es cierto que se vale de los elementos recibidos
por herencia en el claustro materno y por el ejemplo en el seno del hogar.
John Doyle, abuelo paterno de Arthur pertenecía a una familia católica de
terratenientes irlandeses emigrada forzosamente por persecuciones
religiosas. Las leyes encaminadas a despojar de sus bienes al ciudadano
común y el poder político que le confería la propiedad de sus tierras a la
alta y pequeña nobleza, terminaron por arruinar a la familia Doyle.
John llegó a Londres a conquistar la ciudad, sin más capital que su
inteligencia y su habilidad de pintor y dibujante. De semblante severo,
maneras parsimoniosas y solemnes se hizo famoso con el lápiz y el pincel,
como humorista y caricaturista intencionado que firmaba con el pseudónimo
H.B.
Fue acogido socialmente y, muchos ilustres de esa época, entre ellos
Walter Scott, Woodsworth, y Disraeli, el consejero de la Reina Victoria,
fueron invitados habituales, en su mesa de Cambridge Terrace.
El abuelo John, hombre de profunda convicción católica, lindante con la
intransigencia, se casó con Marianne Conan, una irlandesa católica
perteneciente a una familia de artistas, con quien tuvo cinco hijos, a los
que llamaron James, Richard, Henry, Charles y Annette.
Los cuatro fuertes y robustos varones fueron educados por su padre en el
arte del dibujo y Richard (Ricky) superó el talento de su progenitor,
haciéndose famoso en el "Punch", la prensa inglesa antagonista del
"Times", donde ocupó un alto cargo hasta que renunció por negarse a
aprobar una publicación humorística que incluía al Papa, considerada por
él una irreverencia.
Charles, quien sería más tarde el padre de Arthur, además de dibujante se
convirtió en arquitecto y fue nombrado jefe de Obras Públicas de
Edimburgo, por lo que se trasladó a la capital de Escocia. Allí se hospedó
en la casa de una respetable viuda irlandesa católica y después de un
tiempo se casó con su hija Mary Foley, joven de 17 años, educada en
Francia, donde se había especializado en Heráldica, disciplina muy
apreciada en Europa para aquella época, donde se daba mucha importancia al
estudio de los escudos de armas, las reglas que los rigen y el derecho a
usarlos.
Al referirse a sus padres era elocuente en la expresión de sus
sentimientos. De su progenitor decía: "Ya sabe cuanta es mi admiración por
él, aunque sospecho que existe poca simpatía intelectual entre nosotros
dos". Pero, al hablar de su madre le dedicaba párrafos especiales: "En
todo momento era una dama, una señora, igual cuando le regateaba al
carnicero o regañaba a una empleada atolondrada, pero también cuando
revolvía el guiso con la cuchara de madera mientras sostenía con la otra
mano la "Revue des Deux Mondes", leyendo muy cerca de sus ojos miopes".
Según él, "era una extraña mezcla de mujer hogareña y de mujer de letras
sobre la base de una verdadera dama de abolengo e ideales". Toda su vida
fue una apasionada lectora y dominaba la literatura inglesa y la francesa;
pero se las ingeniaba para satisfacer su necesidad intelectual sin dejar
de atender a sus quehaceres. Por eso era frecuente verla leer mientras
fregaba, tejía o alimentaba a sus bebés. Arthur hablaba con cariño de sus
manos serviciales y de su cerebro que comprendía todo con facilidad.
Por otra parte, esa mujer laboriosa tenía el orgullo de su origen, de
pertenecer a una familia con muchos personajes ilustres, entre los que se
encontraban algunos monarcas del mundo y se complacía en contar sus
historias a sus hijos pequeños, mientras cumplía con sus tareas
domésticas.
Muchos años más tarde, Arthur recordaba los momentos felices, cuando la
escuchaba sentado sobre la mesa, balanceando sus piernas con pantalón
corto y el orgullo que le daba sentirse diferente a otros niños. También
comprendía que su madre no tenía simple vanidad, sino un respeto muy
profundo por el cumplimiento de las normas consideradas honorables en la
familia, se esforzaba por estar a la altura de su abolengo, y sólo su
difícil situación económica le impedía mostrarse más espléndida con los
que la rodeaban; pero también demostraba una férrea rigidez ante la simple
sospecha de una bajeza o una falta a la honradez.
El niño recibía sus lecciones de heráldica con las que iba grabando en su
pensamiento y en su sensibilidad las divisas del caballero que le
servirían de ideal para el trazado de su vida: "Altivo frente al poderoso,
humilde con el débil. Serás caballero con todas las mujeres, con las de
alta alcurnia lo mismo que con las de humilde condición. Quienquiera que
te pida ayuda, dásela, si es un desvalido".
Estos conceptos se verían luego reflejados en la conducta de Sherlock
Holmes, el personaje novelesco que lo hizo famoso a lo largo de 59 libros
en los que relató sus hazañas de detective excepcional.
De los Doyle, la familia de su padre, heredó la fortaleza física que le
permitió ser un atleta destacado en boxeo, futbol y cricket; pero la
influencia de su madre, menuda, activa e inteligente, se sintió mucho más
fuerte y profundamente que la ejercida por su padre. Charles terminó
encerrado en un empleo burocrático y su rutina se redujo a su oficina
oficial, sus obras sin vender y su caña de pescar. La gran ilusión de su
vida, exponer sus cuadros y dibujos en Londres, nunca la logró; pero
Arthur se ocupó de hacerlo, después de su muerte, como un acto de
solidaridad, amor y justicia.
Sus padres coincidían en su fe católica, pero ambos la manifestaban de muy
distinta manera. El padre era inflexible y no hacía concesiones; según él,
todo el que vivía fuera de la Iglesia de Roma estaba condenado sin
excepción y le preocupaban algunas expresiones de su esposa y ciertas
inclinaciones románticas que podían alejarla del recto camino. Años más
tarde, Arthur recordaba con una sonrisa, un consejo de su madre al
despedirlo cuando partía en un viaje en tren: "Cuídate. Usa ropa interior
de franela, hijo mío, y no creas nunca en la condenación eterna".
En este escenario hogareño, con esta influencia espiritual, el niño creció
orientando las preferencias de su personalidad. Cursó estudios de
enseñanza media en el Colegio Jesuíta de Stonyhurst, Lancashire, situado
en pleno campo, donde imperaba una disciplina férrea y los juegos
atléticos ocupaban un lugar casi tan importante como el estudio de las
materias académicas.
Su permanencia en el colegio representaba para su familia un sacrificio,
que hacían gustosos para poder darle una educación esmerada. Allí
comenzaron a despuntar sus aptitudes de escritor y el estudio de los
clásicos latinos y griegos, de la literatura inglesa y francesa
imprimieron en el muchacho una marca indeleble. Sin embargo, parece no
haber tenido una gran simpatía intelectual ni sentimental, por sus
maestros,
Era un muchacho de físico desarrollado, muy descuidado en el vestir y con
una gran capacidad de observación; tenía un carácter muy firme, y hasta
terco a veces, que lo llevaba a rebelarse frecuentemente contra
determinadas normas muy severas que regían en el Colegio. Esto generaba
fuertes castigos, duros golpes con la regla que dejaban sus manos
hinchadas y deformadas, pero que sólo conseguían hacer estallar al tenaz y
orgulloso muchacho.
Convencido de que sus maestros no lo querían y que tampoco eran justos,
terminó por quebrantar las reglas deliberadamente y con desafío. Sin
embargo, los favorables informes enviados por las autoridades a sus padres
demostraban que el joven no estaba en lo cierto.
Se presentó al examen general en la Universidad de Londres, aprobó con
honores y lo seleccionaron para que perfeccionase sus estudios
humanísticos y sus conocimientos del alemán en el Colegio Jesuita de
Feldkirch, en el Tirol austríaco, ubicado cerca de la frontera con Suiza.
Allí pasó un año en un ambiente diferente, porque la disciplina no era tan
rígida, el objetivo era el perfeccionamiento de lo aprendido, además de la
orientación vocacional de los alumnos y también dedicaban muchas horas a
actividades extra-académicas, como disfrutar de frecuentes excursiones a
la montaña en el verano y del patinaje en el invierno.
En ese tiempo se convirtió en lector y admirador de Walter Scott, sobre
todo de su "Ivanhoe", de Lord Macaulay con sus "Baladas de la Roma
Antigua" y de Edgar Allan Poe con su "El escarabajo de Oro", obras que le
dejaron una impresión perdurable.
Transcurrido ese año aceptó una invitación de sus tíos Richard y Anette
para pasar unos días en Londres. En la Abadía de Westminster, visitó la
tumba del gran historiador Macaulay a quien tanto admiraba; y luego se
hospedó en la casa de su tío Michael en París, donde tuvo la gran
satisfacción de recorrer los lugares gratos a Edgar Allan Poe.
Arthur reconoció que su ingreso a la Facultad de Medicina de Edimburgo fue
sugerido y estimulado por su madre. Él no se opuso porque no tenía
inclinación por ninguna carrera en especial, pero tampoco le disgustaba la
medicina y en cambio sentía aversión por cualquier estudio que le obligara
a dominar las matemáticas. Se presentó entonces, al concurso por oposición
y ganó una beca que nunca recibió por complicaciones burocráticas, sin
embargo inició sus estudios, con el apoyo familiar.
Fue una época distinta a la anterior, porque el ambiente universitario
predominante en Edimburgo era libre-pensador y agnóstico, tal como
imperaba en otras universidades europeas. Arthur no perdió el sentimiento
de religiosidad aprendido en el hogar, pero fue apartándose de la
ortodoxia, lo que lo inclinó hacia la tolerancia religiosa, a un deismo
casi poético y a la pérdida de la fe ciega, lo que significó para él una
gran lucha interna. "Me dicen que tenga fe, como si ésta pudiera tenerse
por un acto de voluntad. Con la misma razón podrían decirme que sea
pelinegro y no pelirrojo. La fe católica es una porción de buenas y nobles
cosas mezcladas con un montón de asuntos inservibles ".
La vida universitaria cumplió con su objetivo formador, y durante toda su
vida recordó siempre con cariño y admiración a uno de sus profesores, el
Dr. Joseph Bell, quien le enseñó el arte de observar, ver y deducir, lo
que más tarde se conoció como el "método Sherlock Holmes"
Había una circunstancia que lo intranquilizaba y que él llamaba "su estado
habitual de vaciedad de bolsillo", ocasionado por el aporte mínimo
imprescindible que recibía de su padre. Por eso, en las vacaciones
consiguió un puesto de practicante con un médico instalado en un barrio
pobre de Sheffiel; pero fracasó y se retiró a las tres semanas con una de
sus típicas expresiones: "Estos habitantes prefieren ser envenenados por
un hombre con barba que curados por un imberbe".
Se trasladó entonces, a la aldea de Shropshire con la intención de ayudar
al médico de la localidad, pero en sus primeras conversaciones chocó
inmediatamente con sus ideas conservadoras, sobre todo con su aprobación
hacia la pena de muerte, lo que hizo imposible que continuara trabajando
con él.
Durante las siguientes vacaciones se colocó como ayudante de un médico
radicado en Birmingham dedicado a la atención de una numerosa clientela de
obreros. Recibía un sueldo muy modesto pero lo hacía sentir más cómodo y
confiado. Además, allí tuvo su primera satisfacción como escritor, pues
tres meses antes de su traslado, había enviado al "Chambers Journal" una
novela corta titulada "El Misterio del Valle de Sasassa", y con grata
sorpresa recibió una carta comunicándole su aceptación y el pago de 3
guineas.
No se había graduado aún, cuando aceptó un puesto como cirujano en un
pequeño barco ballenero en viaje hacia el mar Artico, con la ilusión de
ganar 50 libras para entregárselas a su madre. La primera noche abordo se
ganó el respeto de todos los rudos hombres de mar, pues el despensero lo
trató con insolencia y Arthur le propinó una paliza, dejándolo muy
maltrecho, incidente que hizo desaparecer cualquier gesto de
insubordinación y que permitió un viaje en paz.
En 1881 se graduó de médico y en lugar de disminuir, sus angustias
económicas aumentaron, porque no tenía capital para instalar un
consultorio. Dejándose llevar por su carácter aventurero, decidió
colocarse en un vapor de carga y pasajeros, en navegación por las costas
occidentales de África. A su regreso le escribía a su madre "unas líneas
para anunciarle que estoy a salvo y de regreso, después de pasar las
fiebres de África, de estar a punto de ser devorado por un tiburón y como
final, de haberse incendiado el barco Mayumba, entre Madera e Inglaterra".
Evidentemente, allí no encontró la solución a sus problemas económicos y
el joven médico estaba preocupado y en aprietos porque debía ayudar a su
familia. Sus tíos de Londres desearon auxiliarlo y le propusieron
recomendarlo con la sociedad católica más influyente de la ciudad, si el
sobrino aceptaba hacer honor a su condición de creyente; pero su respuesta
fue impulsiva e irritada, afirmando su repudio a convertirse en un
simulador.
Su familia insistió, no sólo para que lograra el ejercicio lucrativo de su
profesión sino también para que "salvara su alma", y no se rompiera la
tradición católica de la familia, mantenida a prueba de persecuciones. Lo
invitaron a Londres pero la entrevista con sus tíos se desarrolló con
mucha violencia, pues eran tan tercos como el sobrino y sostenían a
ultranza que el Catolicismo era la verdad y todo lo demás era error. Por
su parte, Arthur defendió con el mismo ardor su agnosticismo, sosteniendo
que "la razón es la más alta dote que tenemos, y debemos usarla", con lo
que perdió la oportunidad de una carrera lucrativa.
Se reencontró entonces, con el Dr. Budd, un antiguo compañero de la
Universidad, convertido en un médico aventurero que se estableció
inicialmente con gran propaganda para terminar en la quiebra, y luego se
trasladó a otra ciudad en la que con procedimientos reñidos con la ética,
consiguió hacerse muy popular.
Invitó a Arthur a asociarse con él quien aceptó a pesar de la oposición
familiar; principalmente de su madre. Una carta suya donde emitía un
juicio muy severo sobre el médico, cayó en poder de Budd, lo que
desencadenó su venganza para colocar también a Arthur en la quiebra. Con
esa idea, lo estimuló a establecerse en Portsmouth, garantizándole su
apoyo económico para cumplir con el pago de los gastos iniciales. Arthur
creyó en su lealtad y se lanzó a la aventura, trasladándose a esa ciudad
donde no conocía a nadie, con el único capital de 5 libras, y sin los
elementos indispensables, para alimentarse, dormir y mantener una
habitación aseada y en orden; lo que lo obligaba a una vida muy estrecha.
Más tarde recordaría que a la noche él mismo salía a pulir su placa de
médico y a barrer la acera, mientras los vecinos dormían, para no
desprestigiarse. Por otra parte, no ocultó sus ideas librepensadoras
frente a las autoridades religiosas anglicanas de la ciudad lo que le
valió cierta desconfianza y resistencia.
Al poco tiempo, recibió una carta de Budd retirándole su apoyo económico
con lo que descubrió su intención y obligó a Arthur a reducir todavía más
sus gastos, dispuesto a demostrar su temple.
Enfrentado a esa oscura situación, apareció una esperanza alentadora en
julio de 1883, cuando recibió una carta del director del Cornhill Magazine,
donde le comunicaba que había sido aceptada su novela corta "El Relato de
Habakur Jephson" y le enviaba un cheque de 25 guineas. Esta revista tenía
mucho prestigio y solamente publicaba literatura de buena calidad; por eso
cuando apareció el trabajo de Arthur, muchos críticos supusieron que se
trataba de escritos del propio Robert Stevenson o de Edgar Allan Poe.
Mientras tanto, Arthur comenzó a introducirse en los círculos deportivos
de Portsmouth y pronto estuvo inscrito en los equipos de cricket y
football.
Su trabajo mejoraba; pues poco a poco, iban llegando los clientes. Innes,
su hermano menor, se instaló en su casa y se convirtió en su ayudante, con
lo que alivió la carga familiar. Consecuente con su tradición, su madre le
envió papel con el escudo de la familia para su correspondencia personal;
pero la realidad era que muchas veces, Arthur no tenía dinero para pagar
el franqueo.
Se dedicó enteramente a prepararse para el doctorado en medicina y
simultáneamente, continuar escribiendo sus novelas. Sin embargo, esto
último no era tan fácil como lo supuso con su primer éxito y sufrió el
desencanto de ver como le devolvían, uno tras otro, todos sus trabajos.
Por fin, consiguió el doctorado en Edimburgo y un mes más tarde, el 6 de
agosto de 1885, contrajo matrimonio con Louise Hawkins. Sus problemas
económicos quedaron atrás, pues contaba con considerables ingresos
profesionales y una renta de su esposa; por lo que contó con más tiempo
disponible para leer y escribir, sus dos grandes y profundas
inclinaciones.
El año 1891 fue decisivo en su vida. Hasta entonces había sido un modesto
médico de provincia dedicado a la literatura, la cual no le reportaba
mucho, a pesar de las cuatro novelas largas ya publicadas: "Estudio en
Escarlata", su primera obra con los personajes Sherlock Holmes y Dr.
Watson, "El Signo de los Cuatro", "Micah Clarke" y "La Compañía Blanca",
así como varios cuentos cortos publicados en revistas reconocidas.
Era muy respetado en la población pero no se resignaba a esa vida limitada
y decidió trasladarse a Londres. Antes de hacerlo se dirigió a Viena y
París donde asistió a clases de oftalmología, dictadas por reconocidos
especialistas, y se preparó para instalar su consultorio en un barrio
distinguido de la ciudad donde esperaba tener éxito. Pero ni siquiera se
estrenó como especialista de los ojos, porque en julio de 1891 comenzó a
publicarse en capítulos su novela "Un Escándalo en Bohemia", en una
revista popular llamada Strand, y antes de finalizar el año, Sherlock
Holmes era el personaje más popular de Inglaterra, mientras el Sr. George
Newnes se convertía en el más próspero y feliz de los editores.
Arthur Conan Doyle se enriqueció con este éxito y cerró definitivamente su
consultorio médico, dedicándose exclusivamente a escribir, como siempre lo
había deseado. Esto le permitió vivir con holgura, adquirir una hermosa
casa y ocuparse económicamente de su familia. Su madre y su hermana menor,
se instalaron en una pequeña casa de campo, su padre quedó internado en un
sanatorio, dos de sus hermanos se mudaron con él y su hermano menor entró
a la Academia Militar.
Su fama hizo que su trabajo se cotizara cada vez más; de allí que por su
primera novela "Estudio en Escarlata" había recibido 25 libras, mientras
que por "El Valle de Terror" le llegaron a pagar 10 chelines por cada
palabra. Más tarde, sus obras fueron llevadas al teatro y al cine,
traducidas a varios idiomas y conocidas en el mundo.
De su matrimonio con Louise Hawkins nacieron dos hijos: Kingsley y Mary
Louise. La pareja disfrutó su felicidad hasta 1893, cuando a su esposa se
le diagnosticó tuberculosis. Decididos a luchar contra la enfermedad se
trasladaron durante una temporada a Davos, Suiza, y más tarde, a Surrey,
donde se instalaron en una casa en la montaña, rodeada de bosques y
protegida del viento. En este ambiente la vida de Louise se prolongó en
condiciones de invalidez durante trece años, hasta que falleció el 5 de
julio de 1906.
Desde marzo de 1897, Arthur estaba profundamente enamorado de Jean Leckie,
quien le correspondía el sentimiento, pero fueron fieles a su sentido de
la lealtad y el deber. Arthur escribía: "No podemos mandar en nuestros
sentimientos, pero sí debemos mandar en nuestra conducta".
El 18 de septiembre de 1907, un año después del fallecimiento de su
primera esposa, Arthur y Jean contrajeron matrimonio y se convirtieron en
una pareja feliz que compartió ilusiones, ideales, luchas y la felicidad
de tener tres hijos: Denis, Adrián y Lena.
Su obra literaria durante este período fue muy intensa y si bien cultivó
otros géneros, su fama se basó en su aporte al relato policíaco y la
creación de "Sherlock Holmes", uno de los detectives más famosos de la
literatura universal.
La popularidad de Arthur Conan Doyle no se basó únicamente en la tendencia
a identificar al personaje de ficción con su autor. Él mismo demostró, en
muchas ocasiones, que su imaginación creadora y su arte de deducción los
aplicaba mucho más allá de lo corriente, llegando a extraordinarios
aciertos; tanto, que supo deducir algunos hechos técnicos, que motivaron a
algunas personalidades de la época a compararlo con Julio Verne.
Su actividad era muy participativa y llegó a ser militante político dentro
de las filas del partido liberal-unionista, donde sus líderes lo instaron
a presentarse como candidato a diputado por dos distritos en los que tenía
como única posibilidad, su gran popularidad como novelista.
En uno de ellos, la maquinaria partidista lo venció, porque la propaganda
en su contra se basó en su antigua condición de alumno jesuita y no fue
suficiente para los electores, que afirmara tener ideas deistas
tolerantes. Mientras que la segunda derrota se debió al rechazo popular
del programa imperialista de Chamberlain; pero hay que admitir, que en
ambos casos influyó la negativa de Conan Doyle de hacer concesiones
electoralistas renunciando a sus propias convicciones.
Sin embargo, se le reconoce que sin haber ejercido la actividad política
en el gobierno, ni haber servido en el ejército, trabajó intensamente por
Inglaterra, como lo hizo en la guerra anglo-boer, desencadenada por el
enfrentamiento entre británicos y los colonos de origen holandés
establecidos al norte de la colonia del Cabo en África del Sur, conocidos
como boers; lucha originada por el descubrimiento de oro y diamantes,
durante la segunda mitad del siglo XIX, en los estados independientes de
Orange y Transvaal, fundados por los habitantes de origen holandés.
En 1877, una comisión británica se instaló en Pretoria, capital del
segundo de los estados mencionados, declarando anexadas las repúblicas
boer a Inglaterra, y desde entonces, se sucedieron las invasiones y las
reconquistas entre boers y británicos.
El 11 de octubre de 1899 estalló una nueva guerra anglo-boer, los
generales ingleses perdieron tres batallas en una semana y se encontraron
con sus fuerzas cercadas. Hacía mucho que el Imperio no sufría una derrota
semejante y envió a la colonia del Cabo sus mejores tropas, viéndose
obligados también, a solicitar voluntarios.
Arthur Conan Doyle dirigió una carta a sus compañeron deportistas, hábiles
jinetes en la caza del zorro y en las carreras, sugiriéndoles que formaran
un Cuerpo de Voluntarios de Caballería, al cual él mismo se alistó, aunque
su edad superior a los 40 años, no lo hizo apto. Apeló entonces, a su
título de médico y se incorporó en condición de honorario a un Hospital de
Campaña dirigido y financiado por un colega amigo suyo, el Dr. John
Langman.
El 2 de abril de 1900, en plena época lluviosa, llegó a Bloemfonteim,
donde acampaban 40.000 soldados británicos y se desató una epidemia de
tifus que provocó más de 4.000 muertos. Conan Doyle se hizo cargo del
hospital y se desempeñó como médico, enfermero y administrador,
dedicándose, en sus momentos libres, a contarles a los enfermos cuentos e
historias para entretenerlos, escribirles sus cartas y despedirlos cuando
morían. Luego se incorporó al frente de batalla y le escribía a su madre:
"Marcho hacia el sur, con la conciencia de que no he dejado por hacer nada
de lo que debía. Y, gracias a Dios, he ganado con la experiencia".
Escribió también un libro donde presentaba numerosa documentación
defendiendo al ejército inglés de la campaña de desprestigio lanzada en
Europa por la prensa de los países rivales, con la acusación de cometer
crueldades contra el enemigo. Este testimonio se conoció en varios idiomas
y las utilidades de su venta fueron destinadas a crear una beca en la
Universidad de Edimburgo, exclusivamente para sudafricanos, obtenida por
primera vez por un zulú.
Más tarde, durante la guerra de 1914, los gobernantes de Inglaterra,
especialmente su gran amigo Winston Churchill, acogieron algunas de las
sugerencias aportadas por Conan Doyle.
Su obra literaria llegó a ser muy voluminosa y multifacética. Sus novelas
históricas, fueron las más apreciadas por él, y es indudable que aportó en
ellas su maestría técnica y su concepto de la acción dentro del relato.
Esto se aprecia en "La Compañía Blanca", "Micah Clarke", "Sir Nigel y "Los
refugiados", que integran el grupo dedicado a la historia antigua, como en
las novelas dedicadas al ciclo napoleónico, "Las hazañas del brigadier
Gerard", "Las aventuras de Gerard" y "Uncle Bernac", donde se evidencia el
sentimiento de un inglés que amaba a Francia.
Estas fueron seguidas por cuatro novelas largas. En la primera, "Estudio
en Escarlata", apareció sin éxito, su personaje Sherlock Holmes, prototipo
del detective y modelo de educación científica. Pero en la segunda, "El
Signo de los Cuatro", el personaje se hizo notar y comenzó a aparecer en
forma regular en la Strand Magazine, alcanzando tal popularidad, que el
autor debió "resucitarlo" por la presión del público, después de haber
decidido su desaparición. De esta forma, ese hombre delgado, alto, de
nariz afilada, de mirada aguda y penetrante llegó a superar las
previsiones de Conan Doyle, hasta eclipsarlo a él mismo a los ojos del
lector. Siguieron después, con e´xito similar, "El Sabueso de los
Baskerville" y "El Valle del Terror".
Al mismo tiempo, escribió 57 novelas cortas, entre ellas "Un Escándalo en
Bohemia", en la que triunfó definitivamente su personaje Sherlock Holmes,
"Las Aventuras", "Memorias", "La Reaparición", "El Archivo" y "Su Último
Saludo en el Escenario".
Otra de sus grandes figuras de ficción, el Profesor Challenger, encarnó a
dos de sus admirados profesores de la Universidad, y se convirtió en el
héroe de sus novelas de fantasías científicas "El Mundo Perdido", "El
Cinturón Envenenado" y "El País de la Niebla".
Son de destacar, así mismo, algunas obras autobiográficas, surgidas de un
especial estado de ánimo, con un hondo sentido humano y no dirigidas a
todo el público, como "Memorias y Aventuras" y "Un Dueto, con un Coro
Ocasional". Escribió la primera durante su estancia en Suiza, acompañando
en su enfermedad a su primera esposa Louise, y la segunda, poco después de
haber conocido a la que habría de ser su segunda esposa, compañera animosa
y colaboradora de su vida. Además no podía dejar de lado sus experiencias
en la guerra anglo-boers, cuyas emociones y anécdotas quedaron plasmadas
en dos libros.
Se interesó profundamente en el estudio de las distintas actitudes en
relación con la muerte; cuyas conclusiones inspiraron novelas como "La
Tragedia del Korosko", que obtuvo gran éxito en el teatro.
No menos interesantes, sus cuentos y novelas cortas se reunieron para
formar varios volúmenes, demostrando ser un maestro indiscutible del
género, abarcando distintos temas de misterio, de médicos y de piratas,
entre las que se destacan "Alrededor de Cuentos de Fuego", "Alrededor de
la Lámpara Roja" y "La Bandera Verde"
Su fuerte afición al deporte, en los cuales descolló, se manifestó en
novelas relacionadas al tema, sobre todo al boxeo que era su gran pasión,
como en "Rodney Stone" donde logró pintar con extraordinaria viveza el
ambiente boxístico en los tiempos de los grandes aristócratas deportistas.
Su riqueza cultural quedó plasmada en el teatro, demostrando las múltiples
facetas de su personalidad artística y su enorme capacidad para lo
dramático, logrando obras que alcanzaron renombre internacional, como: "Waterloo";
"Los Fuegos del Destino", "La Tragedia del Korosko"; "La Casa de Temperley",
basada en "Rodney Stone"; "Un Pote de Caviar"y "La Banda de Lunares".
Sus obras de tesis y propaganda espiritualista ocupan un lugar aparte. Con
ellas perdía una parte del dinero que ganaba a manos llenas con las otras
obras suyas, y formaban parte, lo mismo que sus giras de conferencias, de
una labor impregnada de sentimientos poéticos y de elementos orientales,
unida a un criterio científico. "El Mensaje Vital", "La Nueva Revelación",
"El Límite de lo Desconocido", "Meditaciones de un Espiritualista" y "Una
Historia del Espiritualismo", se ubican entre sus obras espiritualistas
más conocidas, así como innumerables artículos, varios volúmenes de
poesías y su autobiografía "Memorias y Aventuras".
Su pensamiento evolucionó en tres etapas: la primera marcada por una
profunda fe católica, la segunda agnóstica y racionalista, afirmada en un
deísmo ecléctico y universalista, y la última cuando encontró pruebas de
la inmortalidad del alma, bajo una concepción espiritualista.
Indudablemente, libró una lucha entre el sentimiento católico enraizado
por su educación en el hogar y en la escuela, contra su razón que lo
guiaba. En las "Cartas de Stark Munró" decía: "No creeré en nada que no
pueda demostrarse por la razón".
La guerra de 1914 representó para él, una gran crisis sentimental, porque
vió a varios seres queridos caer en la batalla o regresar heridos, entre
ellos a su hijo y a su hermano. En esos momentos trágicos, la
International Psychic Gazette dirigió una pregunta a algunos hombres
eminentes, entre ellos Conan Doyle: ¿"Qué diría usted para consuelo de los
que sufren?". Su contestación fue lacónica y propia del racionalista que
odiaba la retórica vacía: "Me temo no poder decir nada que valga la pena.
Sólo el tiempo sana".
Lily Loder-Symonds, gran amiga de Jean, la segunda esposa de Arthur,
pasaba con ellos largas temporadas, sobre todo después de la guerra,
cuando necesitaba compañía, porque había perdido a tres de sus hermanos y
otro había sido herido y caído prisionero.
La joven había desarrollado la facultad de escribir automáticamente y se
acostumbraron a reunirse en sesiones mediúmnicas, que Conan Doyle
explicaba así: "Parecía que alguna fuerza extraña se apoderaba de su brazo
y escribía mensajes que se decía que procedían de los muertos", aunque
agregaba, "Hay que mirar siempre con recelo esto de la escritura
automática, porque es muy fácil engañarse a sí mismo. ¿Cómo puede uno
saber si la médium está inconscientemente dramatizando trazos de su propia
personalidad?".
Sin embargo, un día recibió un mensaje de su amigo y cuñado Malcon Leckie,
muerto recientemente en la guerra, quien se refería a un episodio del que
sólo ellos dos podían estar enterados, por lo que ya no dudó más. Brotó en
él, una fe en la inmortalidad del propio yo, tan ardiente como la de su
niñez, pero muy distinta en su origen Por un camino diferente llegaba a la
misma conclusión, su sensibilidad encontraba donde aferrarse y se
convirtió en un emisario de la entonces llamada Nueva Revelación. En la
Revista "Light" de 1916, decía: "O es una completa locura o es una
revolución en el pensamiento religioso, una revolución que nos proporciona
un inmenso consuelo cuando los seres que nos son queridos pasan al otro
lado del velo".
Arthur Conan Doyle se aproximaba a su sexagésimo cumpleaños, era conocido
y admirado mundialmente como el creador del superdetective Sherlock Holmes,
se mostraba como modelo de caballero poseedor de los valores de la
sociedad establecida, acorde con las creencias positivistas e ideales
victorianos del siglo XIX, cuando anunció su conversión al Espiritualismo
en la publicación de fenómenos psíquicos, y que confirmó con su libro "La
Nueva Revelación", en el que daba una amplia información de su nueva
creencia.
Muchos no entendieron que este brillante practicante de la deducción
racional se involucrara en ese movimiento filosófico, considerado por
algunos como una superstición fraudulenta, y se embarcara en una cruzada
con el objeto de ganar adeptos para su creencia Espiritualista, durante
quince años.
En realidad, tuvo conocimiento del Espiritualismo Moderno en 1887, porque
uno de sus pacientes, el general Dreyson, astrónomo y matemático, le
informó de su adhesión a esa nueva filosofía por su convicción en la
continuidad de la vida luego de la muerte.
Conan Doyle se dedicó entonces, a leer literatura Espiritualista,
comenzando con "Las Reminiscencias del Juez Edmonds", la historia de un
juez americano que mantenía contacto, a través de un médium, con su esposa
fallecida. Su primera reacción negativa, no le impidió leer el libro con
interés, aunque con escepticismo. Sin embargo, estaba intrigado y asistió
a varias sesiones con un médium, pero consideró que los resultados no eran
concluyentes.
En su libro "La Nueva Revelación" describió el interés despertado por el
tema, en aquellos tiempos: "Cuando estimé el Espiritualismo como un vulgar
engaño de los ignorantes, podía evaluarlo; pero cuando estaba respaldado
por Crookes, a quien conocía como un químico distinguido de Inglaterra;
por Wallace, quien rivalizaba con Darwin, y por Flammarion, el más
conocido astrónomo, no podía rechazarlo".
Este creciente interés se estimuló aún más, cuando descubrió que notables
como Darwin lo habían rechazado sin un examen cuidadoso, lo que lo indujo
a opinar: "Admití que no importa lo grande que eran ellos en ciencia, su
acción al respecto fue muy anticientífica. Mientras que aquellos que
estudiaron el fenómeno y que trataban de encontrar las leyes que los
gobernaban, seguían la verdadera senda que ha brindado todo avance y
sabiduría".
Hasta ese momento estaba interesado en la posibilidad de ampliar el
conocimiento científico estudiando el fenómeno psíquico, pero diez años
más tarde, la guerra afectó profundamente sus puntos de vista y la
respuesta dada a la "Gaceta Internacional Psíquica" cambió radicalmente:
"En presencia de un mundo de agonía, oyendo cada día acerca de la muerte
de la flor de nuestra raza, veo súbitamente que este asunto por el que por
tanto tiempo he luchado, no era meramente un estudio de las fuerzas fuera
de las reglas de la ciencia, sino de algo tremendo, un derrumbe de las
paredes entre dos mundos, un mensaje directo, innegable del más allá, una
llamada de esperanza y de exhortación a la raza humana, en el momento de
su mayor aflicción."
El mensaje personal de Conan Doyle recibido durante la guerra, quedó
ignorado por todos, ya que él mismo optó por tenerlo toda su vida como un
secreto privado. Su biógrafo John Dickinson Carr, asegura que él tenía una
"intensa renuencia a hablar o escribir para el público de lo íntimo o
personal"
Desde la finalización de la guerra hasta su muerte, en 1930, dedicó todas
sus energías a la causa del Espiritualismo, que se convertiría en la
fuerza central de su vida pública y privada. En su hogar, su esposa
desarrolló la facultad de escritura automática y contaron con la
colaboración de un instructor espiritual llamado Finias, de quien recibían
constante orientación.
En la vida pública, Conan Doyle y su esposa viajaron por Europa, América y
Australia; llevando el Espiritualismo ante grandes congregaciones, y
participando de las reuniones y Congresos Espiritualistas y Espiritistas
realizados en Francia y Bélgica. Entre ellos, el Congreso Espiritista de
1925 celebrado en París, donde se encontró con León Denis, Gabriel Delanne
y Jean Meyer.
Con León Denis lo unió una estrecha amistad, tanto que en su honor, llamó
Denis a uno de sus hijos; unida a una gran admiración por el maestro del
Espiritismo y su obra filosófica. Una de ellas, "Juana de Arco, médium" la
tradujo al inglés con el nombre "The Mystery of Joan D' Arc", alcanzando
gran difusión en Inglaterra.
En su obra "Historia del Espiritualismo", recopiló datos y experiencias
con su amenidad y dinamismo característicos, y afirmó la superioridad de
esa filosofía sobre las religiones establecidas: "De la fe se ha abusado,
hasta convertirse en imposible para muchas mentes alertas, y hay un
llamado para pruebas y conocimientos. Esto es lo que el Espiritualismo
aporta. Fundamenta nuestras creencias en la vida de ultratumba y la
existencia de mundos invisibles, no sobre tradición antigua o vagas
intuiciones, sino sobre hechos probados, de manera tal que puede crearse
una religión científica, dándole al hombre un paso seguro".
La personalidad de Conan Doyle, alegre, extrovertida y vigorosa, había
tenido pocas experiencias psíquicas espontáneas. No obstante, desde su
juventud había descubierto una curiosa facultad por la que podía tender
una cortina mental entre él y el mundo, induciendo un estado artificial de
la mente, un estado disociado que lo convertía en el personaje del cual
estaba escribiendo. Además, su precoz inclinación hacia el misterio y lo
desconocido, lo inclinó a la búsqueda y lo dispuso para aceptar el
Espiritualismo.
La primera guerra mundial destrozó la comodidad de la Inglaterra
victoriana y destruyó los valores sobre los cuales Conan Doyle había
basado su vida y su trabajo. Para hombres como él, la idea del progreso
humano a través del progreso material se borró; la guerra retó sus
creencias materialistas, por lo que buscó un propósito más alto, alguna
última explicación por el horror de esta guerra. El Espiritualismo se la
proveyó, dándole la única clave del enigma de esa masacre humana. Después
de la guerra, Sherlock Holmes no volvió a la calle Baker.
Conan Doyle trató de ser un ejemplo, con su conducta noble y el respeto
hacia todas las creencias. Sin embargo, no recibió reciprocidad en el
trato, puesto que el rey Jorge V de Inglaterra lo distinguía con su
amistad personal y deseó elevarle al rango de par del Reino, pero los
lores de la Iglesia Anglicana le pusieron el veto.
En febrero de 1925, completó un libro titulado "Las Aventuras Psíquicas de
Edward Malone", publicado por Magazine Strand como "La Tierra de la
Bruma", y aunque es una obra de ficción, contiene el más claro concepto de
las creencias de Conan Doyle, a medida que se acercaba a la vejez y a la
muerte; para alcanzarla en Sussex, en Julio de 1930.
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