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No resistir al mal PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Administrador   
Lunes, 15 de Febrero de 2010 15:50

En un pasaje del Evangelio, Jesús dice que no debemos resistir al mal. El significado de esta declaración es, sin duda no dejar que el mal crezca y se profundice, donde quiera que vaya. A pesar de su bondad y su dulzura, Jesús usa a menudo la energía para luchar contra el mal. Por ejemplo, al posicionarse en contra del comercio en el recinto del templo. O en las oportunidades que se lamentaba de la hipocresía reinante en su tiempo. El también fue claro en afirmar que se debe orar y vigilar. O sea, cuidar para que el mal no penetre en la propia vida, en especial por intermedio de los pensamientos y sentimientos.

En este contexto, parece apropiado interpretar como para resistir el mal no está infravalorado. Cuando se valoriza algo, el crece en importancia. Quien vive asombrado por cierto vicio se torna esclavo de él. La persona que se mortifica por cada palabra mal dicha fragiliza la propia. Pasa a considerarse indigna por cometer algunas equivocaciones, por la desmedida importancia que a ellas les presta.

Sin duda, es necesario vigilar para no caer en la tentación. Mantenerse atento para no perderse en variados vicios. Con todo, no es conveniente vivir alarmado por la perspectiva del error. Si un pensamiento surge en la mente, la mejor forma de tornarlo importante es luchar contra él, con desesperación. Eso implica reconocerlo como una poderosa y real amenaza para el propio bienestar. Lo mismo vale en relación con la vida en sociedad. Si alguien comete un error, y presta excesiva atención en ese equivoco le da un realce todo especial. En su natural falibilidad, los hombres se equivocan. Entretanto, también aciertan bastante.

Todos tienen muchas virtudes que pueden ser trabajadas. Aun mismo los que inspiran antipatía tienen su valor. En el caso que se preste mucha atención en sus fisuras morales, se dejan percibir sus virtudes. Lo que se valoriza, invariablemente, crece en importancia. Si usted optara por identificar y apreciar el bien que hay en el prójimo, tendrá más facilidad para gustar de él. Tal cosa no significa ignorar defectos, que existan, y mismo prevenirse contra sus efectos. Más apenas no solo resistir a ellos, en el especifico sentido de no poner mucha fuerza emocional en ese proceso.

Quien erra también acierta, es un hecho. Si usted tiene malos pensamientos, también los tiene buenos. Cuando en su mundo interior surja algo desagradable, perciba la presencia de aquel pensamiento o sentimiento. Después, con tranquilidad, deje que el se valla. Como un visitante pasajero e indeseado. Si usted erra, reconozca el hecho, más no se sienta perdido o pervertido. Asuma de forma serena las consecuencias de lo que hace y repárelas. Y trate de seguir al frente, valorizando y viviendo el bien que hay en ti y en el prójimo.

Redacción de Momento Espirita.
Traducido por Merchita