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Escrito por Administrador   
Domingo, 28 de Junio de 2009 17:29

El lamentable desvarío emocional  de la idolatría

 “Es indispensable evitar la idolatría en todas las circunstancias. Sus manifestaciones siempre representan serios peligros para la vida espiritual.”
Emmanuel (“Padre Nuestro”, Francisco Cándido Xavier, Capítulo 52, “Peligros sutiles”. IDE – Mensaje Fraternal.)

La adoración a todo tipo de ídolos, modelos y formas es una costumbre religiosa profundamente arraigada en el psiquismo de las criaturas humanas. Sus prácticas primitivas perduraron en el transcurso de los siglos sin perder la vitalidad de la fe ancestral y, lo hacen aún hoy, a pesar del avance cultural, científico y tecnológico de la actualidad. La práctica de la adoración exterior en el universo complejo de la creencia religiosa, mantiene, en los días actuales y en todo el mundo, las costumbres de la fe emotiva, fervorosa y espectacular en buena parte de los ceremoniales.

Adoración a seres humanos

Como espíritas, la veneración a ídolos muertos no forma parte de nuestros hábitos piadosos, sin embargo, enfrentamos otro tipo de idolatría, la de los seres humanos. La adoración a seres de carne y hueso es muy sutil y poco perceptible en sus peligros espirituales. Ella se fortalece, esparce y multiplica sus tentáculos pegajosos en nuestras actividades y reuniones espiritistas.

Hay, entre nosotros, los espíritas, un sentimiento de adoración enfermizo, muy especialmente a médiums y a espíritus desencarnados que se destacaron o se destacan en sus servicios doctrinarios. Con enorme facilidad, trocamos el amor fraternal equilibrado por la idolatría fascinadora, principalmente a los médiums, sean ellos de pequeña o gran potencialidad psíquica. Manifestamos una atracción irresistible, envolvente y fascinadora hacia las personalidades espíritas que presentan cualidades morales nobles, talentos admirables de inteligencia, enorme magnetismo en la palabra brillante, gran cultura académica o exegética, apreciables facultades mediúmnicas o abnegados servicios de amor al prójimo. Es natural que demostremos a los compañeros de fe nuestro más entrañable amor, alegría festiva, respeto a sus inestimables servicios de caridad, admiración a sus dones espirituales, simpatía por su magnetismo personal, cariño hacia su propia persona. Pero resbalar hacia el abismo sombrío de la práctica hipnotizadora del endiosamiento a personalidades espíritas es una práctica completamente antagónica a los principios libertadores del Evangelio de Jesús.

La idolatría entre los espíritas

La idolatría a seres humanos es más perniciosa en sus perjuicios espirituales que la adoración a ídolos de barro o piedra, de madera, u oro. La fijación mental apasionante, favorece el crecimiento aberrante de energías psíquicas viciadas, volcadas hacia el terreno pantanoso, viscoso e hipnotizador de ilusión y fantasía, fascinación y fanatismo, adulación y vanidad, exaltación y elogios, envolvimiento hipnótico y deslumbramiento. Este pantanoso terreno espiritual es demasiado peligroso por sus iniciativas alucinadas, nacidas de la fe primitiva. El sabio espíritu Emmanuel se refiere a este hábito nocivo: “Aquí y allá, surgen pruritos de adoración que es imprescindible combatir. No más imágenes de los círculos humanos, ni instrumentos físicos supuestamente santificados para ceremonias convencionales, más entidades amigas y médiums terrenales que la inconsciencia ajena va entronizando, inadvertidamente, en el altar frágil de honras fantasiosas. Es necesario reconocer que tenemos ahí un peligro sutil, a través del cual, innumerables trabajadores han resbalado hacia el despeñadero de la inutilidad.” (“Pan Nuestro”, Emmanuel, Francisco Cándido Xavier, Capítulo 52, ‘Peligros Sutiles’, IDE – Mensaje Fraternal).

Las emociones de la admiración abusiva a médiums con extraordinarias facultades, líderes famosos y oradores brillantes no dejan de ser bellas, emocionantes, llenas de reconocimiento, muy entusiastas, agradando a todos los que las presencian en todos los cuadrantes de nuestro Movimiento Doctrinario. Sin embargo, esas emociones merecen mucha disciplina, prudencia y equilibrio. Sin percibir los graves peligros del lamentable alejamiento de la más pura vivencia evangélica, vamos introduciendo las exposiciones inoportunas de sentimentalismo exaltado, endiosamiento obstinado, elogios interminables, destaque inmoderado a los médiums, aplicación calculada de técnicas de elogio a sus realizaciones, adulación sistemática, propendiendo a la pugna silenciosa de dominación para sustentar la supremacía ideológica y la simpatía por determinada interpretación doctrinaria en las diversas regiones de la grandiosa huerta espírita.

El iluminado espíritu de Juana de Arco, en un bellísimo mensaje, se refiere al envolvimiento idolátrico que los médiums deparan en sus trabajos, constituyendo grandes trampas de las Tinieblas: “Las facultades de las que gozan los médiums les atraen los elogios de los hombres, las felicitaciones, las adulaciones: aquí está su escollo” (“El Libro de los Médiums”, Allan Kardec, Capítulo XXXI, Punto XII, “Sobre los Médiums”, página 433, IDE – Mensaje Fraternal).

La adoración consciente o inconsciente a personas que se destacan en el bendito Movimiento Espírita impide el crecimiento moral, pues paraliza, encadena y entorpece nuestras energías sanas en la práctica de la verdadera caridad y verdadera fraternidad cristiana. ¡No debemos transformar nuestras actividades doctrinarias, sesiones mediúmnicas, semanas espíritas y grandes confraternizaciones en exuberantes pasarelas para el destaque y la adoración de nuestros hermanos espíritas!

Perjuicios espirituales

Los perjuicios espirituales del endiosamiento son mucho más de orden interno del alma que exteriores como consecuencia de acaloradas exaltaciones. ¿Dónde podría estar el error, la falta y el perjuicio de simpatizar con entusiasmo con médiums, oradores, líderes y servidores espíritas? En el lado espiritual, se constatan en el campo mental de las personas que idolatran y las que aprecian ser endiosadas o conservar sus mentes hipnotizadas con ideas fascinadas y sentimiento de encantamiento. Cultivar un endiosamiento sistemático y frecuente debilita y paraliza los sentimientos de la criatura para amar a Dios, a Jesús, al Evangelio y al prójimo. Los buenos sentimientos permanecen tullidos, estancados, envueltos en el olvido de la aplicación del amor incondicional al mayor número de criaturas sufridoras. Las personas idólatras producen muy poco en beneficio del Bien puro con Jesucristo. Así ocurre porque las preocupaciones centrales de la mente de quien idolatra son: el destaque y el brillo, la fama y el poder espiritual de su ídolo. El hábito infeliz del sentimiento apasionado por las personalidades espiritistas es bastante perjudicial al mundo psíquico de la persona que se ve dominada por el deslumbramiento. El sabio espíritu Emmanuel muestra el grave error de crear, incentivar y fortalecer los sentimientos por ídolos de carne: “Crear ídolos humanos es peor que levantar estatuas destinadas a la adoración” (“Pan Nuestro” Emmanuel, Francisco Cándido Xavier, Capítulo 150, ‘Es lo mismo’, IDE – Mensaje Fraternal).

La adoración fascinadora por determinados seres humanos, es mucho más perjudicial que el culto a imágenes de porcelana o yeso, piedra o madera. En el campo puramente espiritual, en el área de las energías psíquicas, la idolatría a médiums y oradores estorba el progreso mental, pues ocurre un estancamiento mucho mayor que el de aquel que adora a imágenes de piedra. La admiración fanatizada a exponentes de nuestra Doctrina, cuando está saturada de fascinación obsesiva y cariño excesivo e inútil, afectividad exclusivista e intereses particularistas, llega al punto de anular y paralizar los sentimientos de la más pura fraternidad. Sentimientos fraternales sólo para con los hermanos de fe que piensan de igual manera, que sienten en el mismo patrón vibratorio y practican el Espiritismo de la misma manera. En verdad, se trabaja con más bajo tenor de amor en la devoción y en la abnegación. Donde predomine el sentimiento exagerado de idolatría y adulación a médiums, no se conseguirá, mientras perdure tal estado sentimental, demostrar el verdadero amor fraternal.

La relación afectiva será más barniz exaltado que la expresión del sentimiento cristianizado. El Espíritu André Luiz revela el vicio emocional de transformar hermanos del colegiado espiritista en la personificación de semidioses, en la única voz que deberá ser aceptada en las orientaciones, respetada por sus dotes mediúmnicas y obedecida en sus consejos: “Convertís a compañeros de buena voluntad, pero tan necesitados de renovación y luz como vosotros mismos, en oráculos erguidos, en pedestales de barro frágil. Creáis semidioses y gastáis el incienso de infinitas referencias personales, estableciendo problemas complejos que les reducen la capacidad de servicio, olvidando las simientes divinas de las que sois portadores.” André Luiz (“Obreros de la Vida Eterna”, Francisco Cándido Xavier, Cuarta Edición, Capítulo 19, ‘La Sierva Fiel’, página 308, 309, IDE – Mensaje Fraternal). Compañeros desatentos, de corazón ingenuo, se dejan llevar por el entusiasmo pueril, y desarrollan energías psíquicas totalmente volcadas hacia el delirio extremo del deslumbramiento en torno de “ídolos de carne”.

La fascinación por personalidades religiosas de gran o relativa relevancia es amar exclusivamente y solo en el aspecto material. Quien se encuentra bajo esa seducción sentimental pasa a olvidar sus propias necesidades básicas de crecimiento hacia Dios y hacia Jesús, no le interesa obedecer y desarrollarse dentro de los preceptos educativos del Evangelio. Esa seducción fanatizada provoca el olvido de la responsabilidad y la apatía moral sobre sí mismo. Se vuelve un aprendiz infantil, ingenuo y ligero. En cuanto a la idea del entorpecimiento del alma, aprendemos con Emmanuel, cuando afirma: “Las creencias antiguas permanecen repletas de cultos exteriores y de ídolos muertos. El Consolador, enviado al mundo, en la venerable misión espiritista, vigilará que no ocurra ese venenoso proceso de parálisis del alma”. (“Pan Nuestro”, Emmanuel, Francisco Cándido Xavier, Capítulo 52, ‘Peligros Sutiles’, IDE – Mensaje Fraternal).

Las mentes fascinadas permanecen espiritualmente ciegas e ineptas para la aplicación de preciosas virtudes tan bien enseñadas por el Codificador Allan Kardec: Prudencia, Sentido Común y Discernimiento. El sentimiento exagerado por la fascinación, es amor apasionado, amor posesivo, amor prisionero, amor hipnotizado, amor deslumbrado, amor particularista, amor exclusivista. En otras palabras: ¡AMOR CIEGO!

Psiquismo colectivo fascinado

El cuadro espiritual de deslumbramiento emocional es mucho más desagradable y oscuro cuando la persona idolatrada se siente bien con su propia exaltación. El circuito mental de fascinación permanece totalmente cerrado: deslumbramiento exagerado de los adoradores en sintonía con la aceptación pasiva de la persona endiosada. Ante toda la energía del afecto apasionado que voluntariamente dediquemos a determinada persona, aun cuando esa persona tenga mucha elevación moral, permitimos que el corazón cometa un gran engaño. En nuestro Movimiento surgen, aquí y allá, demostraciones de cariño excesivo, de endiosamiento constante, adulación molesta, elogios interminables, repetitivos e inútiles. ¡Eso acontece debido a nuestra inmadurez, por falta de práctica del amor evangelizado enseñado por Jesús! ¡Gran parte de nosotros no sabe amar sin idolatría! La fascinación incontrolada está repleta de sentimientos ilusorios: deslumbramiento, sensiblería, exaltación, adulación aborrecible, admiración exagerada, sumisión hipnótica voluntaria, fijación ideológica fanática.

Los sentimientos perturbados generados en la mente desvariada vitalizan, fortalecen y fermentan el culto inveterado del “YO”. Con sus mentes desvariadas, crean: “tronos” a los médiums imprevisores, “altares” a los oradores brillantes y “pedestales” a los líderes personalistas. El esclarecido Espíritu Emmanuel describe algunas actitudes de los que creen y enaltecen su supuesta grandeza espiritual: “La técnica del elogio, la disposición de parecer mejor, el prurito de caminar al frente de los otros, la presunción de convertir conciencias ajenas, son grandes fantasías. Es necesario no creer en eso.” (“Camino, Verdad y Vida”, Emmanuel, Francisco Cándido Xavier, Capítulo 78: ‘Verdades y Fantasías’, IDE – Mensaje Fraternal). Las terribles fantasías que predominan en el mundo mental de los religiosos vanidosos: el hábito de relacionar elogios entre ellos mismos, el sentimiento de supuesta grandeza moral ante la gran masa de sufridores e ignorantes, la idea orgullosa de sentirse más sabio, más elevado, más espiritualizado; juzgarse con derecho y poder de controlar y dominar conciencias bajo su orientación o responsabilidad. Los ídolos falsos se satisfacen plenamente con tal encantamiento que caracteriza un grave desvío de los principios del Evangelio libertador.

Dos hechos con el apóstol Pablo

El abnegado apóstol Pablo en sus actividades evangélicas enfrentó grandes desafíos en el área de la fascinación y del endiosamiento. Narraremos de forma muy sucinta dos acontecimientos muy importantes para nuestra meditación y aprendizaje en el capítulo de la idolatría.

PRIMER CASO: Se dio entre él y un joven judío llamado Apolo, hombre muy culto, inteligente, simpático y conocedor en profundidad de las Sagradas Escrituras, que magnetizaba al público oyente con su palabra elocuente y bella, sabia e inspirada. Lo desagradable de este episodio es que los hermanos del grupo cristiano de Corinto crearon dos facciones antagónicas, dando cada uno preferencia, admiración y atención, sea al veterano batallador Pablo o al novato orador Apolo. Llegaron a esta peligrosa actitud separatista de fanatizada simpatía debido a los sentimientos de deslumbramiento creados, que dominaron a aquellos frágiles corazones. Emmanuel relata el funesto acontecimiento que hubiera podido traer grandes perjuicios al Cristianismo primitivo: “La iglesia de Corinto estaba llena de disputas entre los discípulos inquietos. Ciertos componentes de la institución imprimían mayor valor a los esfuerzos de Pablo, mientras otros conferían privilegios de edificación a Apolo”. (“Camino, Verdad y Vida”, Emmanuel, Francisco Cándido Xavier, Capítulo 138, ‘Pretensiones’, IDE – Mensaje Fraternal). El error y el desvío no eran por la admiración, el respeto y la simpatía que depositaban en los dos exponentes del Cristianismo, sino por el sentimiento de separación y desunión, de hostilidad y rivalidad, debido a la absurda preferencia acumulada de intensa fascinación en la mente desarbolada de los compañeros de la ciudad de Corinto.

SEGUNDO CASO: Ocurrió en la pequeña ciudad de Iconio, en Asia Menor, a raíz del primer gran viaje del apóstol Pablo. Interesaba crear un grupo cristiano en esa localidad, por lo cual se promovieron las primeras reuniones en la residencia del novicio cristiano Onesíforo. Existía en esa ciudad una joven de nombre Tecla (véase la obra “Pablo y Esteban”, Emmanuel, Francisco Cándido Xavier, Capítulo IV, ‘Primeras Labores Apostólicas’) quien quedó muy impresionada y admirada, extasiada y deslumbrada por la palabra inspirada y la personalidad carismática de Pablo. Esta joven fanatizada, totalmente poseída, manifestó su pasión por la atrayente figura del misionero Pablo. Pasó a ser dominada por la idea fija de encantamiento, despreciando el cariño de los afectos locales, abandonó el trabajo, quedando mentalmente envuelta por la fascinación apasionada del predicador recién llegado a aquella localidad. Esperaba con ansiedad el crepúsculo para participar de la reunión nocturna junto a los misioneros visitantes. Sus familiares pasaron a extrañar la repentina actitud de la joven, que diariamente insinuaba preguntas extrañas, miradas y sonrisas muy singulares. Incluso llegó a confesar al Apóstol Pablo sus deseos lascivos, diciéndole: “¡Os amo mucho!” En aquella época lejana, la pequeña y primitiva localidad, mantenía unas costumbres bastante conservadoras, y al ocurrir ese cambio afectivo muy repentino en la joven Tecla, asustaron toda la familia y demás amigos, a causa de la perturbación, el desequilibrio y la fijación mental de la apasionada. Debido a ello llegaron a acusar al Apóstol Pablo de hechicero inmundo, mistificador del pueblo sencillo y rudo, de no respetar y seducir a una joven impresionable, de insultar a una viuda y a un novio honesto, insinuándose en el espíritu frágil de una huérfana de padre. La acusación de los familiares de Tecla fue tan vehemente y condenatoria, que las autoridades determinaron la prisión de Pablo por cinco días, con severos castigos.

Las terribles contrariedades surgieron porque la joven insegura y frágil dejó nacer en su mundo íntimo un profundo y apasionado sentimiento de fascinación obsesiva y acentuado desequilibrio emocional. Si los abnegados seguidores de Jesús –Pablo y Bernabé– fuesen falsos religiosos, los problemas de seducción sexual, pasión amorosa y dominación afectiva podrían prevalecer en sus corazones, creando confusiones, hostilidades y violencias mayores, dificultando y atrasando el curso de sus actividades cristianas. El enérgico apóstol, con su visión espiritual y discernimiento evangélico, no se dejó llevar por las insinuaciones del deslumbramiento, pasión y vanidad de la joven ingenua e insegura. Estos dos casos de fascinación en la época de Pablo, pueden, en la actualidad, reproducirse por todas partes, hasta con resultados todavía más tristes y deplorables en virtud de las terribles facilidades del mundo actual.

Espiritismo sin idolatría

La primera grave advertencia en cuanto a la no creación de “otros dioses”, la encontramos justamente en el primer punto de “Los Diez Mandamientos” descrito en dos libros en el “Antiguo Testamento”: “No tendrás otros dioses delante de mí”. (Éxodo, 20:3) y (Deuteronomio, 5:7). Esta enseñanza milenaria continúa en vigor en la actualidad, pues tal costumbre religiosa permanece en el psiquismo profundo de la personalidad humana. Es muy natural que nosotros, criaturas humanas, podamos demostrar a los compañeros que se destacan en las tareas: fuerte admiración, alegría festiva, respeto a sus inestimables servicios de caridad, entusiasmo ante sus dones espirituales, simpatía por su magnetismo personal y cariño especial hacia su propia persona. Sin embargo, resbalar hacia la práctica del endiosamiento enfermizo a personalidades espíritas es un sentimiento completamente antagónico a los principios libertadores del Evangelio de Jesús. En cuanto a los sentimientos desequilibrados e ideas fanatizadas, debemos esforzarnos al máximo, por evitarlos en todas las reuniones. ¡Abandonemos con severa actitud las prácticas fantasiosas de idolatría y sigamos más libres para que sirvamos a Jesús!

Combate a los falsos ídolos

En la excelente obra “Misioneros de la Luz”, el Espíritu Alejandro pronuncia una seria advertencia: “Huyamos del condenable sistema de adoración recíproca, en la que la falsa ternura opera la ceguera del sentimiento.” (“Misioneros de la Luz”, André Luiz, Francisco Cándido Xavier, Capítulo 20, ‘Adios’, IDE – Mensaje Fraternal). En esta corta cita, destacamos “tres vicios psíquicos” de la sensibilidad mal orientada.

Primero: “Adoración recíproca”.
Segundo: “Falsa ternura”.
Tercero: “Ceguera del sentimiento”.

La ceguera del sentimiento favorece la falsa ternura que provoca las lamentables relaciones infelices de adoración incontrolada a médiums faltos de vigilancia, líderes personalistas y oradores vanidosos. Conservar los peligrosos virus psíquicos del endiosamiento será dilatar por tiempo indeterminado en nuestra vida mental: la ilusión, la fantasía, la fascinación y la parálisis de sentimientos. Estas fascinaciones, después de la desencarnación, ciertamente irán a sobrecargar, en demasía, nuestra vida mental con las incómodas imágenes psíquicas que nos limpiarán las vanidades personales, ante la luz de la verdad espiritual.

El Espíritu Emmanuel escribió con entonación enérgica: “Combatamos a los ídolos falsos que amenazan al Espiritismo cristiano.” (“Padre Nuestro”, Emmanuel, Francisco Cándido Xavier, Capítulo 52, ‘Peligros Sutiles’, IDE – Mensaje Fraternal). En verdad, los “ídolos falsos” tienen domicilio exacto en nuestros CORAZONES INGENUOS y MENTES DESVARIADAS, cuando preferimos amar con apego, fanatismo y fascinación a los hermanos de fe que de alguna forma se destacan en los servicios espíritas. El combate eficiente y eficaz contra el poder aterrador de la idolatría que se esparce con enorme facilidad, dispensa la rigurosidad doctrinaria, condenación inquisitorial o prédica enérgica. Las acciones sanadoras y constructivas deberán ser de naturaleza altamente educativa para todo espírita realmente consciente de su responsabilidad con Jesús, el Espiritismo y la Espiritualidad Superior.

Tengamos urgencia en la creación de energías psíquicas de las siguientes virtudes evangélicas: humildad de corazón, auténtica sencillez, completo desinterés y desapego de loores humanos. Son herramientas espirituales que funcionan como “escobas de luz”, limpiando y echando fuera los detritos de la lisonja, del endiosamiento y de la adulación.

Walter Barcelos

Extraído del "Anuario Espirita 2009"