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Comentario sobre el terrorismo PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Administrador   
Jueves, 08 de Enero de 2009 17:10
Comentario sobre el terrorismo, fanático y fundamentalismo político y religioso

Recientemente, un periodista brasileño fue secuestrado, durante cinco horas, en Líbano, por integrantes de un grupo terrorista religioso. El hecho ocurrió en Dahiye, barrió controlado por Hezbollah, “el partido de Dios”. Hezbollah también actúa en la política, lucha contra Israel y hace oposición al gobierno libanés. El gobierno libanés admitió que, contra el “partido de Dios”, poco o nada se puede hacer.

En verdad, el fenómeno del terrorismo contemporáneo tiene invadido el noticiero internacional. Periódicos, revistas, sitios y emisoras de televisión de todo el mundo dedican tiempo al tema con sus variaciones e implicaciones en las sociedades atendidas por la violencia en acción. Los discursos psicopatológicos y religiosos son anotados como factores de comprensión causales del tema, en la actualidad.

En la difusión mediática, esos elementos son la base para la comprensión del fenómeno, eliminando, prácticamente, factores sociopolíticos y económicos en su discurso. Con todo, la búsqueda de un entendimiento más amplio del problema envuelve a las Relaciones Internacionales, Historia, Política y Sociología y Antropología, a los cuales el periodista actualizado puede recurrir, siempre que se reporte al terrorismo A la rigidez, a los medios de comunicación occidentales, patrocinado por el capital norteamericano, refuerza aun, la dicotomía entre Oriente y Occidente, que engendra representaciones monolíticas de la región, encuadrando en un solo molde la cuestión Árabe.

Y a la mirada furtiva, por detrás de todas esas imágenes, está la amenaza de la jihad, el miedo de que los Musulmanes tomen cuenta del mundo. Esa noticia patrocinada, casi siempre da la impresión de que la forma de la religiosidad armada y eventualmente violenta, conocida como “fundamentalista”, es un fenómeno puramente islámico (idea impuesta por Israel y el Tío San). Sin embargo, el fundamentalismo es un fenómeno mundial y, en algunas religiones, y, hasta aun mismo, en partidos políticos, ha surgido como respuesta a los problemas de nuestra modernidad. Hay fundamentalismo en el partido republicano americano, en el judaísmo fundamentalista, en el cristianismo fundamentalista, en el budismo fundamentalista.

El termino terrorismo islámico es abundante en las paginas de periódicos y revistas. Reducionista, esta secta no admite un acuerdo de la complejidad que involucra al terrorismo, sus causas sociopolíticas, y deja implícito que el problema del terrorismo está en la religión, por tanto, en todo lo musulmán, cuando en la realidad es un recurso de pequeños grupos que hacen una lectura extremista de la religión o de partidos políticos. Analicemos el tema bajo el aspecto incluido del fanatismo, término que viene del latín fanáticos, que quiere decir “que pertenece a un templo”, fanum. El fanático ocupa el lugar de esclavo delante del señor absoluto, que puede ser una divinidad, un líder mundano, una casa suprema o una fe ciega. “La intolerancia y la incapacidad de convivir con los diferentes está en la génesis de ese proceso.

En cuanto no enfrentamos nuestro miedo, nuestro temor y nuestro horror por la indiferencia y por la alteridad, por los múltiples y heterogéneos “otros”, en nosotros y fuera de nosotros, nos quedaremos rehenes de la lógica del terror y de sus falacias múltiples". El fanatismo es realimentado por un sistema de creencias totalitarias y primitivas, que tiene como escupo agradar a un líder supremo empeñado en la lucha contra el “Mal”. El fanático cree, ciegamente, que puede exorcizar personas y cosas, supuestamente poseídas por el “demonio”, combatir las fuerzas del “Mal” o salvar a la humanidad del caos. Define el diccionario de la lengua portuguesa que fanatismo es el “culto excesivo de alguien o de alguna cosa; celo religioso excesivo; pasión política; intolerancia; sectarismo; dedicación excesiva.”

Los síntomas del fanatismo, en grupo, son: oraciones, privaciones, peregrinaciones, ayunos, discursos monológicos y martirios, que pueden terminar con el sacrificio de la propia vida, visando salvar el mundo de las “tinieblas” o de lo que el entiende ser el “Mal”. El fanático se preocupa más frecuentemente con los otros, que con el mismo: el quiere salvar el alma de los otros, librarlos del pecado, abrir sus ojos, modificar sus hábitos alimentarios, etc. “por el simple hecho que el no tiene mucha personalidad o ninguna personalidad”. El fanático puede tornarse un ser potencialmente explosivo, sobretodo, si el fanatismo se combina con una inteligencia tecnológicamente preparada. El fanático inteligente es un peligro para la civilización. El terrorismo, por ejemplo, que actúa con la única meta de destruir enemigos aleatorios, es realizado por individuos fanáticos, cuya inteligencia es instrumentada, apenas, para esa finalidad. Para el terrorismo sustentado en el fanatismo, los inocentes deben pagar por los enemigos; la destrucción debe ser el único lenguaje posible. El fanatismo parece surgir de una estructura psicótica.

El hecho del sujeto verse como el único que está en el lugar de cierto absoluto, de “haber sido escogido por Dios para una misión cualquiera” , ya constituye síntoma suficiente para muchos psiquiatras diagnosticar, ahí, una locura o psicosis. Siguiendo el raciocinio de Sigmund Freíd, vemos que “aquello que el Psicótico paranoico vivencia en la propia piel, el parafrenico experimenta en la piel de otro” , o sea, somos llevados a suponer que el fanatismo está más para el parafrenia que para la paranoia. El fanatismo es la intolerancia extrema para con los diferentes. Un evangélico fanático es incapaz de dialogo y respeto para con un católico o un budista y viceversa. Un Fanático de derecha no quiere dialogo con los de la izquierda y este con aquél. Organizaciones como la Ku Flux Klan son intolerantes, igualmente, con negros adultos, mujeres y niños.

De este modo, “son tan fanáticos los terroristas suicidas musulmanes como los fundamentalistas cristianos norteamericanos que atacan clínicas de abortos, persiguen homosexuales, prohíben la enseñanza de la teoría evolucionista de Darwin, obligando a los profesores a enseñar la doctrina creacionista tal como está en la Biblia, o aun, los protestantes de Irlanda del Norte que atacan a criaturas católicas o los vascos que quieren ser un país independiente, a cualquier precio, por medio del terror”. El principio del perfeccionamiento de la fe y de la vida humana esta en la naturaleza de las creencias, porque estas constituyen el móvil de las acciones y modifican los sentimientos. ¡Si, modifican los sentimientos! ¿Será esto una “utopía”? lo sería para aquel que no cree en el progreso del espíritu; no lo será, para nosotros los espiritas que creemos en la perfectibilidad infinita del alma. El progreso consiste en el mejoramiento moral, en la depuración del espíritu, en la extirpación de los vicios materiales y morales. Ese es el verdadero progreso, el único que puede garantizar la felicidad al ser humano, por ser contrario al mal.

La certeza de la vida futura es elemento de progreso, porque estimula al espíritu. Solamente ella puede dar al hombre coraje en sus pruebas, porque le ofrece la razón de ser de esas pruebas, perseverando en la lucha contra el mal, porque le asigna un objetivo. Sabemos que todas las religiones proclaman la inmortalidad. ¿Por qué, entonces, no dio, hasta hoy, los resultados que se debían esperar? Creemos que sea a causa del egoísmo, base de los más nefastos fanatismos. Tenemos la convicción de que, por tras los nuevos fanatismos religiosos – católicos, evangélicos, espiritas, musulmanes etc. Es la inclinación místico del religioso lo que lleva a una cristalización de la fe, desembocando en una falsa doctrina de las virtudes. La base de los fanatismos es el miedo: miedo a la libertad, miedo a la vida, miedo a la cultura, miedo, miedo, miedo, en fin, miedo del mundo, que es encarado de un modo sospechoso y hostil. El fanatismo religioso no conoce límites y transfiere la categoría de absoluto que debería ser apanágio de Dios, las instancias temporales, políticas, religiosas, culturales, etc.

En fin, todo pasa a ser regulado por la omnipotencia de Dios y por la medicación infalible e iluminada del líder. Por tanto, el miedo, tornado absoluto, puede regir, peligrosamente, las vidas de los que se dejan seducir por el fanatismo de un líder, sea político, sea religioso. La Doctrina Espirita nos hace entender quienes somos, efectivamente, quien realmente es el ser humano en su vocación y circunstancia, visión que posibilita, a su vez, la comprensión y la vivencia de una vida social, moralmente correcta, a partir de la cual podemos juzgar con rectitud si determinadas actitudes e ideas propuestas por grupos políticos o religiosos corresponden a aquello que el propio Creador espera de nosotros. La Inteligencia Suprema y Causa Primera de todas las cosas nos quiere abiertos para la realidad, para la belleza de las cosas creadas, para la aventura trascendente de la libertad humana, y no abrumada por el miedo y, en último análisis, ciega por el fanatismo. Tal vez con aquella ceguera suprema, denunciada por Jesucristo: “Si fueseis ciegos no tendríais pecados; más vosotros mismos decís ¡Nosotros vemos! Y, por eso, vuestro pecado permanece”.

Jorge Hessen
Traducido por Merchita