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Nació
en 1826, en el estado de New York, USA; era hijo de un pobre zapatero
remendón, con hábitos alcohólicos, y su madre era una mujer sin
instrucción, con tendencia hacia la más vulgar superstición. Sus vivencias
infantiles quedaron plasmadas por él mismo, en su libro "La varita
mágica", que muestra la vida de un pueblo primitivo rudo e ignorante, pero
con una gran avidez de asimilarse a todo lo nuevo; pues en aquellos
distritos rurales se desarrollaron en pocos años, el mormonismo y el
espiritualismo moderno.
El desarrollo corporal e intelectual de Andrew fue muy lento. Hasta los 16
años su rendimiento escolar era ínfimo, porque su memoria no le permitía
asimilar las lecciones. Asistió sólo un año a la escuela, y más tarde a
algunos cursos nocturnos, aunque por poco tiempo, mientras trabajaba como
ayudante en varios oficios. En los últimos años de su infancia comenzaron
a desarrollarse sus fuerzas psíquicas latentes y desde la adolescencia
mostró sensibilidad para la clarividencia y la clariaudiencia. En 1843 fue
descubierto por el mesmerista M. Levingston, sastre del pueblo interesado
en esos fenómenos, quien dejó su oficio para dedicarse a trabajar con
Andrew, usando el poder clarividente del muchacho para diagnosticar las
enfermedades de los otros. Davis tenía muy desarrollada esa fuerza, común
entre los psíquicos, que les permite percibir sin los ojos, incluso
objetos imposibles de ver con el órgano visual. De esta forma el organismo
humano adquiría una "transparencia" que le permitía diagnosticar la zona o
los órganos afectados que producían la enfermedad. En aquellas
experiencias, después de salir del trance, Davis perdía totalmente el
recuerdo de las impresiones que había tenido, tal como si hubiera sido un
sueño; sin embargo, las recordó años más tarde.
Paulatinamente sintió otras fuerzas influyendo sobre él y frecuentemente
cuando le hacían preguntas importantes durante el trance mesmérico,
contestaba que respondería en su libro. En 1845, tenía 19 años cuando
sintió que las entidades le encomendaban la escritura de esa obra; y por
alguna razón desconocida la influencia de Levingston no le era suficiente
y solicitó el concurso del Dr. Lyon, también experimentador del magnetismo
mesmeriano. El médico aceptó la oferta, y condujo al joven a la casa del
Reverendo William Fishbourg para que actuara como testigo y secretario.
Durante innumerables sesiones diarias, fue repitiendo bajo trance lo que
le dictaban, y luego los experimentadores lo transcribían. Este fue el
inicio de su experiencia psíquica que vertió en varios libros, cuyo
contenido llamaría "Filosofía armónica". Existe un interesante testimonio
de George Bush, profesor de hebreo de la Universidad de New York, testigo
de esas sesiones: "Afirmo solemnemente que en sus sesiones, he oído hablar
a Davis correctamente la lengua hebrea y hacer gala de tal cúmulo de
conocimientos de geología, que son asombrosos en una persona de su edad,
aunque se hubiera dedicado varios años a esos estudios. Discutió, con la
misma señalada habilidad, las más profundas cuestiones de arqueología
histórica y bíblica, de mitología, del origen y afinidades del lenguaje, y
del progreso de la civilización en las diferentes naciones del globo, lo
cual honraría a cualquier erudito de su edad, aunque para conseguir tal
resultado hubiese tenido que pasar por todas las bibliotecas de la
cristiandad. Por lo demás, aunque hubiera adquirido todos los
conocimientos puestos de relieve en sus sesiones, no en los dos años
transcurridos desde que abandonó los bancos de la escuela, sino en toda su
vida, con los más asiduos estudios, ningún prodigio intelectual de cuantos
el mundo tiene noticia podría compararse con él ni un solo momento, puesto
que jamás leyó ni un volumen ni una página."
En 1847, se publicó el libro "Los principios de la Naturaleza, sus
manifestaciones divinas y una voz de la humanidad", que contenía una
exhaustiva enseñanza espiritual y su correspondiente filosofía, dirigida a
servir para el bienestar de la humanidad. Según Rudolf Tischner, en este
libro está expuesto "un concepto total del mundo". Es interesante destacar
que esto sucedía un año antes de los fenómenos de Hydesville.
Rechazado por algunos eruditos, con el argumento de encontrar conceptos
contradictorios e incomprensibles, fue acogido con entusiasmo por otros
grandes sectores de los Estados Unidos. Los partidarios aducían como
prueba de la legitimidad del dictado espiritual, la escasa instrucción del
médium, y un hecho muy importante, la mención de un planeta desconocido,
con detalles de ubicación y densidad, que sólo siete meses después recibió
el nombre de Neptuno por los astrónomos Urbain Jean Joseph Le Verrier,
John Couch Adams y Johann Gottfried Galle.
El desarrollo psíquico de Davis continuó progresando, y antes de cumplir
los 21 años ya no necesitaba de nadie para alcanzar el trance.
En 1851 escribió "Filosofía del trato con los espíritus", con una
información precisa sobre las relaciones que se pueden establecer con los
mismos, suministrada por entidades, especialmente por quien había
encarnado a Benjamín Franklin. Éste le describió sus investigaciones en el
estado espiritual, con la finalidad de mover objetos y comunicarse con el
mundo físico; así como sus múltiples intentos en muchos lugares, hasta
conseguir las condiciones necesarias y atraer la atención general. El
lector estupefacto se enteró de que los golpes provocados por los
espíritus se debían a emanaciones eléctricas propagadas a través de
personas con cierta facultad. Este libro logró gran éxito y se propagó por
los Estados Unidos, excitando a muchos a la práctica de los fenómenos, por
lo que se estimó que en aquella época había en New Yok cerca de 100
mediums y en Filadelfia entre 50 y 60 círculos privados.
Su percepción del mundo espiritual, plasmada en su libro "La muerte y la
vida posterior", era muy similar a la de Swedenborg y a la que más tarde
describiría el Espiritismo. Habló de una vida semejante a la terrestre,
que podría llamarse semi-material, con
placeres y objetivos adaptados a cada naturaleza humana, que la muerte no
modifica en forma alguna; y afirmó que el objeto de la vida es merecer una
calificación superior y el medio más adecuado para el mejoramiento humano
consiste en no caer en los errores o pecados, no sólo en los comúnmente
conocidos, sino también en la superstición y la estrechez de miras.
Es interesante notar que en sus notas aparece la siguiente frase, escrita
el 31 de marzo de 1848: "Esta mañana, hacia el amanecer, un hálito fresco
pasó por mi rostro, y oí una voz tierna y segura, que me decía: hermano,
ha comenzado la buena labor; contempla la demostración viviente que se
inicia. Me quedé divagando acerca del significado de tal mensaje."
Arthur Conan Doyle diría años después: "Había ido más allá que Swedenborg,
aunque no tenía los dones mentales de éste. Swedenborg había visto un
cielo y un infierno, tal como Davis los vio y describió con todo detalle.
Swedenborg, sin embargo, no pudo tener una clara visión de la situación
del muerto y de la verdadera naturaleza del mundo espiritista con la
posibilidad, por parte de aquél, de volver a la tierra, según le fue
revelado al vidente americano. Ese conocimiento lo obtuvo Davis en una
forma paulatina. Sus extrañas conversaciones con los que llamó espíritus
materializados eran cosas excepcionales, de las cuales al pronto, no
dedujo conclusiones importantes. Sólo más tarde, cuando se puso en
contacto con fenómenos espiritistas efectivos, llegó a colegir su
verdadera significación. Davis hizo inteligentes recomendaciones a los
espiritistas: "El espiritismo es útil como demostración viviente de una
existencia futura, los espíritus me han ayudado durante mucho tiempo, pero
no han dominado ni mi persona ni mi razón. Pueden y deben realizar los
mejores servicios en provecho de quienes están en la tierra, pero tales
beneficios sólo pueden procurárselos aquellos que consientan a los
espíritus ser sus maestros y no sus dueños, es decir, compañeros y no
dioses a quienes adorarse."
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