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Expiación y arrepentimiento PDF Imprimir E-mail
Allan Kardec
Escrito por Administrador   
Jueves, 01 de Octubre de 2009 15:47

990 – ¿Tiene lugar el arrepentimiento en estado corporal o espiritual?
– En estado espiritual; pero puede también tener lugar en el corporal cuando comprendáis bien la diferencia entre el bien y el mal.

991 – ¿Qué consecuencia produce el arrepentimiento en estado espiritual?
– El deseo de una nueva encarnación, para purificarse. El Espíritu comprende las imperfecciones que le privan de ser feliz y por esto aspira a una nueva existencia, en que podrá expiar sus faltas. (332 – 975).

992 – ¿Qué consecuencia produce el arrepentimiento en estado corporal?
– Avanzar, desde la vida presente, si hay tiempo de reparar las faltas. Cuando la conciencia acusa y señala una imperfección, puede uno mismo mejorarse.

993 – ¿No hay hombres que sólo tienen el instinto del mal y son inaccesibles al arrepentimiento?
– Ya te he dicho que se ha de progresar incesantemente. El que en esta vida, sólo tiene el instinto del mal, tendrá el del bien en otra, y es por eso que renace muchas veces; porque es preciso que todos progresen y alcancen el objetivo, los unos en más tiempo, los otros en menos, según su deseo. El que sólo tiene el instinto del bien está ya depurado, porque ha podido tener el mal en una existencia anterior. (804).

994 – El hombre perverso que no reconoció sus faltas durante la vida, ¿las reconoce siempre después de la muerte?
– Sí, las reconoce siempre, y entonces sufre más, pues siente todo el mal que ha hecho, o del cual ha sido causa voluntaria. Sin embargo, el arrepentimiento no es siempre inmediato; hay Espíritus que se obstinan en el mal camino a pesar de sus sufrimientos. Pero tarde o temprano reconocerán el falso camino en que se han empeñado, y vendrá el arrepentimiento. Para iluminarlos trabajan los Espíritus buenos, y vosotros mismos podéis trabajar también.

995 – ¿Hay Espíritus que, sin ser malos, son indiferentes respecto de su suerte?
– Hay Espíritus que en nada útil se ocupan, están a la expectativa. Pero, en tal caso, sufren proporcionalmente, y como en todo debe haber progreso, éste se manifiesta por medio del dolor.

– ¿No sienten deseos de abreviar sus sufrimientos?
– Sin duda lo sienten; pero no disponen de bastante energía para querer lo que podría aliviarles. ¿Cuántas personas hay entre vosotros, que prefieren morir de miseria a trabajar?

996 – Puesto que los Espíritus ven el mal que les sobreviene de sus imperfecciones, ¿a qué se debe que los haya que agravan su posición y prolongan su estado de inferioridad, haciendo el mal como Espíritus, desviando a los hombres del buen camino?
– Los que actúan así son aquellos cuyo arrepentimiento es tardío. El Espíritu que se arrepiente puede enseguida dejarse arrastrar de nuevo al camino del mal por otros Espíritus más atrasados aún. (971).

997 – Se ven Espíritus de notoria inferioridad accesibles a los buenos sentimientos y conmoverse con las oraciones que por ellos se hacen. ¿A qué se debe que otros Espíritus, a quienes debiera creerse más ilustrados, demuestran un endurecimiento y un cinismo del que nada puede triunfar?
– La oración sólo produce efecto a favor del Espíritu que se arrepiente; el que, arrastrado por el orgullo, se subleva contra Dios y persiste en sus extravíos, exagerándolos aún, como hacen los Espíritus infelices, sobre ellos la oración no surte efecto alguno, ni lo surtirá hasta que se manifieste en él la luz del arrepentimiento. (664).

No debe perderse de vista que el Espíritu, después de la muerte del cuerpo, no se transforma súbitamente; si su vida ha sido reprensible, se debe a que era imperfecto. Ahora bien, la muerte no le hace inmediatamente perfecto; puede persistir en sus errores, en sus falsas opiniones, en sus prejuicios, hasta que el estudio, la reflexión y el sufrimiento le ilustren.

998 – ¿Se verifica la expiación en estado corporal o en estado de Espíritu?
– La expiación se verifica durante la existencia corporal, por medio de las pruebas a las que el Espíritu está sometido, y en la vida espiritual, por los sufrimientos morales inherentes al estado de inferioridad del Espíritu.

999 – El arrepentimiento sincero durante la vida, ¿basta para borrar las faltas y encontrar la gracia ante Dios?
– El arrepentimiento ayuda al progreso del Espíritu, pero el pasado debe ser expiado.

– Si de acuerdo con esto, dijese un criminal que, debe en todo caso expiar su pasado, no tiene necesidad de arrepentimiento, ¿qué resultado tendría eso para él?
– Si se obstina en malos pensamientos, su expiación será más larga y más penosa.

1000 – ¿Podemos redimir nuestras faltas en esta vida?
– Sí, reparándolas. Pero no creáis rescatarlas con algunas pueriles privaciones, o haciendo donaciones para después de vuestra muerte, cuando ya no necesitáis lo que dais. Dios no toma en cuenta un arrepentimiento estéril, fácil siempre y que no cuesta otro trabajo que golpearse el pecho. La pérdida de un pequeño dedo trabajando, borra más faltas que llevar el suplicio de la carne sufridora durante años, sin otro objetivo que la propia conveniencia. (726). Sólo con el bien se repara el mal, y ningún mérito tiene la reparación, si no alcanza al hombre en su orgullo o en sus intereses materiales. ¿De qué le sirve, para su justificación, restituir después de la muerte, los bienes mal adquiridos, ahora que le son inútiles y que ya se aprovechó de ellos? ¿De qué le sirve la privación de algunos placeres fútiles y de algunas superfluidades, si queda en pie el daño que ha causado a otros? ¿De qué le sirve, en fin, humillarse ante Dios, si conserva su orgullo para con los hombres? (720 – 721).

1001 – ¿No tiene ningún mérito asegurar, para después de la muerte, un empleo útil de los bienes que se poseen?
– Ningún mérito no es el término; pues siempre vale más algo que nada. Pero el mal está en que el que da para después de su muerte, con frecuencia, es más egoísta que generoso. Quiere disfrutar del honor del bien, sin haberse tomado el trabajo. El que se priva, viviendo aún, tiene doble provecho: el mérito del sacrificio y el placer de ver a aquellos a quienes ha hecho felices. Pero el egoísmo dice: Lo que das te lo quitas a tus goces. Y como el egoísmo habla más alto que el desinterés y la caridad, guarda sus bienes, con el pretexto de atender a sus necesidades y a las exigencias de su posición. ¡Ah! Compadeced al que no conoce el placer de dar, pues está desheredado de una de las más puras y más suaves alegrías. Dios, sometiéndole a la prueba de la fortuna, tan difícil y tan peligrosa para su futuro, ha querido darle como compensación la dicha de la generosidad de la cual puede disfrutar desde este mundo. (814).

1002 – ¿Qué debe hacer el que, en el último momento de la vida, reconoce sus faltas, pero no tiene tiempo de repararlas? ¿Basta el arrepentimiento en este caso?
– El arrepentimiento apresura su rehabilitación, pero no le absuelve. ¿Acaso no tiene ante sí el porvenir que jamás se le cierra?

Allan Kardec
Extraído del “Libro de los Espíritus”