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Las bodas de Caná PDF Imprimir E-mail
Allan Kardec
Escrito por Administrador   
Jueves, 12 de Julio de 2012 15:12

47. – Este milagro, sólo es mencionado en el Evangelio de San Juan, está indicado como el primero que Jesús hizo, y, que, por esta razón, hubiera debido ser más señalado; es necesario que haya producido escasa sensación, porque ningún otro evangelista habló de él. Un hecho tan extraordinario debería haber sorprendido muchísimo a los convidados, y sobre todo al dueño de la casa, que no parecen ni siquiera haberse percatado de él. Considerado en sí mismo, este hecho tiene poca importancia en comparación con los que atestiguan verdaderamente las cualidades espirituales de Jesús.

Admitiendo que las cosas hayan pasado tal como están relatadas, es notable que sea el único fenómeno de este género que él produjo; era de una naturaleza muy elevada para dedicarse a efectos puramente materiales, adecuados sólo para despertar la curiosidad de la muchedumbre, que lo hubiera asimilado a un mago; él sabía que las cosas útiles le conquistarían más simpatía y lograrían mayor número de adeptos que aquellas que podrían pasar por prestidigitación, y que no tocaban el corazón (N° 27). Aun cuando, en rigor, el hecho pueda explicarse, hasta un cierto punto, por una acción fluídica que, así como el magnetismo de esto ofrece ejemplos, cambiaría las propiedades del agua dándole el gusto de vino; esta hipótesis es poco probable, teniendo en cuenta que, en semejante caso, no teniendo sino el gusto del vino, hubiera conservado su color, lo que no habría dejado de ser notable.

Es más racional ver aquí una de esas parábolas, tan frecuentes en las enseñanzas de Jesús, como la del hijo pródigo, el festín de bodas, del mal rico, de la higuera seca y tantas otras que parecen tener el carácter de hechos realizados. Habría hecho, durante la comida, alguna alusión al vino y al agua, de donde se tomó una instrucción. Lo que justifica esta opinión son las palabras que le dirige, al respecto al dueño de la hospedería: “Todo hombre sirve primero el buen vino, y después que ya han bebido mucho, sirven el vino inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta esta hora.” Entre dos hipótesis, es necesario escoger la más racional, y los espíritas no son personas tan crédulas como para no ver, por todas partes, sino hechos de manifestaciones, ni tan absolutistas como para pretender explicarlo todo mediante los fluidos.

Allan Kardec

Extraído del libro "La Génesis"