|
45. – Un día, estando en un barco con sus discípulos, les dijo: Pasemos a la otra ribera del lago. Y partieron y mientras navegaban, él se durmió. – Entonces, de repente, un gran torbellino de viento se abatió sobre el lago, de tal suerte que su barco, anegándose, estaba en peligro. Llegándose a él le despertaron, diciéndole: ¡Maestro, que perecemos! Habiéndose levantado Jesús, increpó al viento y a las olas agitadas, y ellos se apaciguaron, y se hizo una gran calma. – Entonces, les dijo: Pues, ¿dónde está vuestra fe? Mas ellos, atemorizados, se maravillaron y decían unos a los otros: ¿Quién es éste, que ordena de tal modo a los vientos y a las olas, y le obedecen? (San Lucas, Cap. VIII, v. 22 al 25).
46. – Aún no conocemos lo suficiente los secretos de la Naturaleza para afirmar si hay, o no, inteligencias ocultas que presiden la acción de los elementos. En la hipótesis afirmativa, el fenómeno en cuestión podría ser el resultado de un acto de autoridad sobre esas mismas inteligencias, y probaría una potestad que no es dado a ningún hombre ejercer. En todo caso, Jesús durmiendo tranquilo durante la tempestad, demuestra una seguridad que puede explicarse por el hecho de que su Espíritu veía que no había ningún peligro y que la tempestad se apaciguaría.
Allan Kardec
Extraído del libro "La Génesis"
|