|
16. – Un día en que iba para Jerusalem, y pasaba por los confines de Samaria y de Galilea, – estando cerca de la entrada de una aldea, le salieron al encuentro diez leprosos, que se pararon de lejos. – Y alzaron sus voces diciéndole: ¡Jesús, nuestro Señor, ten piedad de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron curados. Entonces, uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió sobre sus pasos, glorificando a Dios en alta voz; y se postró rostro en tierra a los pies de Jesús, dándole gracias; y éste era samaritano. Entonces, Jesús dijo: ¿Todos los diez fueron curados? y los otros nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? – Y le dijo: Levántate, y anda, que tu fe te ha salvado. (San Lucas, Cap. XVII, v. del 11 al 19).
17. – Los samaritanos eran cismáticos, casi como son los protestantes con relación a los católicos, y eran despreciados como herejes por los judíos. Jesús, curando indistintamente a los samaritanos y a los judíos, daba, al mismo tiempo, una lección y un ejemplo de tolerancia; y, al hacer notar que sólo el samaritano había regresado para dar gloria a Dios, mostraba que había en él más de la fe verdadera y más reconocimiento que en los que se decían ortodoxos. Agregando “Tu fe te ha salvado”, hace ver que Dios mira el fondo del corazón y no la forma exterior de la adoración.
En tanto, los otros fueron curados; era necesario para la lección que quería dar, y para probar su ingratitud; ¿pero quién sabe lo que habrá resultado y si habrán disfrutado o no del beneficio que se les concedió? Diciendo al samaritano: “Tu fe te ha salvado” Jesús da a entender que no sería lo mismo con los otros.
Allan Kardec
Extraído del libro "La Génesis"
|