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Naturaleza y propiedades de los fluidos elementos fluídicos PDF Imprimir E-mail
Allan Kardec
Escrito por Administrador   
Lunes, 30 de Abril de 2012 15:38

1. – La ciencia dio la clave de los milagros, que resultan, más particularmente, del elemento material, sea explicándolos, sea demostrando su imposibilidad, por las leyes que rigen la materia; pero los fenómenos en que el elemento espiritual tiene una parte preponderante, no pudiendo ser explicados tan solo por las leyes de la Naturaleza, se escapan a las investigaciones de la ciencia: es por eso que tienen, más que los otros, los caracteres aparentes de lo maravilloso. Es, pues, en las leyes que rigen la vida espiritual que se puede encontrar la clave de los milagros de esta categoría.

2. – El fluido cósmico universal es, como ha sido demostrado, la materia elemental primitiva, cuyas modificaciones y transformaciones constituyen la innumerable variedad de cuerpos de la Naturaleza (Cap. X). En cuanto al principio elemental universal, ofrece dos estados distintos: el de la eterización o imponderabilidad, que se puede considerar como el estado normal primitivo, y el de la materialización o de ponderabilidad que, no le es, en cierto modo, sino consecutivo. El punto intermedio es el de la transformación del fluido en materia tangible; pero, aún ahí; no hay transición brusca, porque se pueden considerar a nuestros fluidos imponderables como un término medio entre los dos estados. (Cap. IV, N° 10 y siguientes). Cada uno de estos dos estados da lugar, necesariamente, a fenómenos especiales: al segundo pertenecen los del mundo visible y a los primeros los del mundo invisible. Unos, llamados fenómenos materiales, son de la competencia de la ciencia propiamente dicha; los otros, calificados como fenómenos espirituales o psíquicos, porque se relacionan muy en especial con la existencia de los Espíritus, son de la competencia del Espiritismo; pero como la vida espiritual y la vida corporal están en contacto incesante, los fenómenos de estas dos órdenes se presentan, con frecuencia, simultáneamente. El hombre, en estado de encarnación, no puede tener la percepción sino de los fenómenos psíquicos que se ligan a la vida corporal; aquellos que son del dominio exclusivo de la vida espiritual escapan a los sentidos materiales, y no pueden percibirse sino en estado de Espíritu. (1)

3. – En el estado de eterización, el fluido cósmico no es uniforme; sin dejar de ser etéreo, sufre modificaciones bastante variadas en su género, y tal vez más numerosas que en el estado de materia tangible. Esas modificaciones constituyen los fluidos diferentes que, aun cuando proceden del mismo principio, están dotados de propiedades especiales y dan lugar a los fenómenos particulares del mundo invisible. Siendo todo relativo, esos fluidos tienen para los Espíritus, que son ellos mismos fluídicos, una apariencia tan material como la de los objetos tangibles para los encarnados, y son para ellos lo que para nosotros las substancias del mundo terrestre; ellos los elaboran y los combinan para producir determinados efectos, como hacen los hombres con sus materiales, aunque por diferentes procedimientos. Pero tanto allá, como en este mundo, no es dado sino a los Espíritus más iluminados comprender el papel de los elementos constitutivos de su mundo. Los ignorantes del mundo invisible son tan incapaces de explicar los fenómenos que presencian y para los cuales, con frecuencia, concurren maquinalmente, como los ignorantes de la Tierra lo son para explicar los efectos de la luz o de la electricidad, de decir cómo ven y cómo oyen.

4. – Los elementos fluídicos del mundo espiritual escapan a nuestros instrumentos de análisis y a la percepción de nuestros sentidos, hechos para la materia tangible y no para la materia etérea. Hay los que pertenecen a un medio de tal modo diferente al nuestro, que no podemos juzgarlos sino por comparaciones, tan imperfectas como aquellas por las cuales un ciego de nacimiento trata de formarse una idea de la teoría de los colores. Pero, entre estos fluidos, algunos están íntimamente ligados a la vida corporal, y pertenecen, en cierta forma, al medio terrestre. A falta de percepción directa, pueden observarse sus efectos, como se observa los del fluído del imán, que jamás se vio y adquirir sobre su naturaleza conocimientos de una cierta precisión. Este estudio es esencial, porque es la clave de multitud de fenómenos inexplicables tan sólo a través de las leyes de la materia.

5. – El punto de partida del fluido universal es el grado de pureza absoluta, del que nada nos puede dar una idea; el punto opuesto es su transformación en materia tangible. Entre estos dos extremos, existen innumerables transformaciones, que se aproximan, más o menos, de uno o del otro. Los fluidos más próximos a la materialidad por consecuencia los menos puros, componen lo que se puede llamar la atmósfera espiritual terrestre. Es en este medio, donde se encuentran igualmente diferentes grados de pureza, que los Espíritus encarnados y desencarnados de la Tierra extraen los elementos necesarios a la economía de su existencia. Estos fluidos, por más que para nosotros sean sutiles e impalpables, no por eso dejan de ser de una naturaleza grosera, comparados a los fluidos etéreos de las regiones superiores. Ocurre lo mismo en la superficie de todos los mundos, salvo las diferencias de constitución y las condiciones de vitalidad propias de cada uno. Cuanto menos material es la vida, menos afinidad tienen los fluidos espirituales con la materia propiamente dicha. La calificación de fluidos espirituales no es rigurosamente exacta, pues, en definitiva, siempre se trata de materia más o menos quinta esenciada. Nada es realmente espiritual sino el alma o principio inteligente. Son designados así por comparación y sobre todo en razón de su afinidad con los Espíritus. Puede decirse que son la materia del mundo espiritual: es por eso que son llamados fluidos espirituales.

6. – Por otra parte, ¿quién conoce la constitución íntima de la materia tangible? Tal vez no sea compacta sino en relación con nuestros sentidos, y lo que lo probaría es la facilidad con la que es atravesada por los fluidos espirituales, y por los Espíritus, para los cuales no ofrece más obstáculos que los que oponen a la luz los cuerpos más transparentes. Teniendo la materia tangible por elemento primitivo el fluido cósmico etéreo, debe poder, al desagregarse, retornar al estado de eterización, como el diamante, el más duro de los cuerpos, puede volatizarse en gas impalpable. La solidificación de la materia, en realidad, es un estado transitorio del fluido universal, que puede volver a su estado primitivo cuando las condiciones de cohesión dejen de existir. ¿Quién sabe si, incluso en el estado de tangibilidad, la materia no sería susceptible de adquirir una especie de eterización que le daría propiedades particulares? Ciertos fenómenos, que parecen auténticos, tienden a suponerlo. No poseemos aún sino las balizas del mundo invisible, y el porvenir nos reserva, sin duda, el conocimiento de nuevas leyes que nos permitirán comprender lo que todavía es, para nosotros, un misterio.

(1) La denominación de fenómeno psíquico traduce el pensamiento con más exactitud que la de fenómeno espiritual, teniendo en cuenta que estos fenómenos se asientan sobre las propiedades y atributos del alma, o mejor, de los fluidos periespirituales que son inseparables del alma. Esta calificación los vincula más íntimamente al orden de los hechos naturales, regidos por leyes; se pueden, pues, admitir, como efectos psíquicos, sin admitirlos a título de milagros.

Allan Kardec

Extraído del libro "La Génesis"