Vivir y dejar vivir


Vivir y dejar vivir es un remedio eficaz para poner fin a un sinnúmero de problemas que origina el ser humano en su afán de dominarlo todo, excepto sus propias pasiones. Y donde más comúnmente se manifiesta el instinto dominante es en el hogar, con la familia, cuando el hombre se otorga el título de cabeza de familia, amo y señor de su casa y de cuanto ella contiene, considerándose con derecho de mando sobre su mujer y sus hijos, como si éstos fuesen propiedades. Por lo general se «quiere» pero no se «ama», se desea pero por un interés carnal, o monetario, se necesita pero no se ofrece.

Son instintos atávicos, originarios de graves conflictos, que aún hoy en el siglo XXI se manifiestan, con una fuerza tal que se le ha dado un nombre propio: «la violencia de género.» El problema es grave, muchas mujeres perecen víctimas de sus compañeros, muchos gobiernos occidentales empiezan a tomar medidas para solucionar el problema, modificando su legislación; pero, por el momento, el castigo y la represión no solucionan el problema de la violencia, que tan hondas tiene raíces en el ser materializado. En realidad, tan sólo la educación y la moralidad podrán erradicarlo.

El Espiritismo nos enseña que la vida en pareja nunca ha de ser un fin, sino tan sólo un medio para progresar, un acompañamiento en la vida de encarnado. También nos demuestra que enemigos del pasado, en la presente existencia pueden nacer como hermanos, padres e hijos, establecer un vínculo matrimonial, o por diversas circunstancias verse obligados a mantener una relación laboral o de convivencia.

El odio, como el amor, origina «anillos» por los que los seres se ven ligados sin poder escapar de esa ligazón. Esos «anillos» invisibles, pero reales, tan sólo pueden deshacerse mediante el perfeccionamiento del ser; para escapar a su influjo, hay que mejorar el carácter, adquiriendo bondad, compasión, generosidad y todas las virtudes que nos alejan del materialismo y nos permiten adentrarnos en una esfera de vida mejor.

Responder al odio con despecho es atarse a la cadena del sufrimiento. Responder con paciencia, indulgencia y abnegación, perdonando y alejándose físicamente si es necesario, permite que el «anillo» de odio vaya amortiguando su fuerza y que el ser pueda hacerse acreedor a leyes mejores.

Para aflojar estos lazos, hemos de aprender el difícil arte de vivir y dejar vivir, siendo amables pero sin entrometernos en la vida ajena; aconsejando sólo si se nos pide consejo, exponiendo pero no imponiendo. Mandar a quien no quiere obedecer, así como querer cambiar a los demás sin su consentimiento, no son buenas bases de convivencia, en realidad son una mala simiente. Para establecer una buena convivencia se requiere mucho tacto, sutileza, paciencia y gran dosis de buen humor, pero sobre todo de querer uno mismo superarse, dominando la intransigencia, y la cólera, transformándolas en indulgencia y mansedumbre.

La base del vivir y dejar vivir es crecer uno mismo, estudiando conocimientos nuevos, haciendo nuevas amistades, mejorando profesionalmente, ..., dando un giro a las ideas rutinarias, y todo ello sin exigir nada ni despreciar a nadie, evitando el estar continuamente pensando en lo que hace éste o aquél, pues de la crítica no se saca nada de provecho.

Continuamente recibimos amor, el amor de Dios satura el aire que respiramos, la tierra que nos acoge, y las oportunidades que a diario se nos presentan para progresar. Sin embargo sólo nos podemos apercibir de este amor cuando abrimos nuestro corazón a la bondad y silenciamos nuestra mente.

El ser amoroso siempre allana las dificultades, es suave, no violenta ninguna voluntad, se aleja de donde no es bien recibido, y procura pasar desapercibido.

La verdadera libertad se consigue con el pensamiento, evitando toda influencia perniciosa de las que pululan por la atmósfera terrestre. Los buenos espíritus nos enseñan que «nadie está obligado a acoger los pensamientos que no quiere; cerradles la puerta con vuestra irreprochable conducta, haceos fuertes cuando vengan a sugestionaros en sentido contrario, reclamad las fuerzas divinas inmediatamente que un pensamiento no sea digno y noble, y a fuerza de ampararos en Dios, llegará un día que os crearéis una fuerza, una ley de protección para vosotros mismos.»

«...Desalojad de vuestra mente las preocupaciones físicas, no os preocupéis de la obra de los demás, no queráis mandar con vuestra voluntad, o sea con vuestro pensamiento, no os creáis dueños de la voluntad de nadie y veréis qué cambio daréis y cómo la felicidad cundirá en vosotros.»(I)

Joan Nadal

Bibliografía
Extractos de una comunicación mediúmnica recibida el 18-5-1934 por Margarita Pons.


Extraído de la revista espirita  El Espiritismo
 

Volver a la Pagina de Artículos Espiritas