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"Así
ocurre con la mayoría de los hombres delante de la realidad. Se sienten con
derecho a recibir todas las bendiciones del Eterno y gritan fuertemente,
implorando la ayuda celestial. En cuanto amparados por la Fe, por la Esperanza o
por la Claridad, se consuelan y desconsuelan, creen y no creen, tímidos,
irritadizos y perplejos; sin embargo, cuando la Verdad brilla delante de ellos,
revelándoles la condición en que se encuentran, acostumbran huir, apresurados,
en busca de escondrijos tenebrosos, dentro de los que puedan cultivar la
ilusión”.
Jesús de Nazareth.
Jesús en el Hogar por el Espíritu Neio Lucio
Psicografiado por Francisco Cândido Xavier
En este hermoso relato de Jesús traído a nosotros por el hermano Neio Lucio,
deja muy en claro la conducta general de los hombres ante la presencia de la
verdad, nuestro Padre comprende la condición de cada espíritu, y en medida de su
grado de evolución y progreso le es permitido ver una parte de verdad, y en la
medida de su aceptación irá pues, creciendo y avanzando en la búsqueda de la
perfección.
“La Verdad total es la Luz Divina total; entre tanto, el hombre aún está lejos
de soportarle la sublime fulguración”.
Existe en nosotros una constante negación sobre los hechos que son tan reales
que queremos simplemente evadirles la mirada y pretender la inexistencia de
estos hechos que constantemente nos golpean en el rostro, somos llevados por la
ilusión de que podemos ser lo que queramos y no lo que debemos ser,
inclinándonos siempre hacia la falta de responsabilidad en nuestros actos y
generando pesar a nosotros mismos y a quienes nos rodean. Durante siglos hemos
tratado de vivir en una realidad falsa, creamos expectativas de vida difíciles
de cumplir y generalmente desviadas del verdadero propósito de nuestra
existencia, las religiones ofrecen premios a la conducta recta que no pueden
cumplir, llevan a sus creyentes a una conducta mecánica y les ocultan verdades
importantes por simple conveniencia.
La ciencia pretende a su vez erradicar la ilusión generando otra aún mas fuerte,
a través de sus descubrimientos y preceptos intenta con fuerza desligarse de
Dios infiriendo incluso su inexistencia, evadiendo constantemente esos
callejones sin salida en los que sus teorías se encuentran frecuentemente sin
darse cuenta que justo allí esta la prueba de la existencia del Padre creador.
¿Qué tan ciegos queremos ser, aun cuando tenemos la verdad frente a nuestros
ojos?, tal y como nos cuenta el Maestro, permanecemos en la oscuridad por propia
decisión, y una vez que la verdad revela nuestras llagas, nuestra desidia y
nuestra pereza, desaparecen los argumento y aparece la culpa, escondiéndonos
nuevamente en la oscuridad tratando ahora de olvidar lo que somos y creyéndonos
la causa de todo mal.
La verdad fulgura reluciente y brillante de forma permanente ante nuestros ojos,
pero la densidad de nuestra multitud de deficiencias nos coloca un manto oscuro
entre nuestras aspiraciones y la realidad, realidad que en el momento debido se
puede tornar dolorosa, pues en nuestra insistencia de alejarnos de la verdad
solo conseguimos encontrarnos con ella de la manera mas radical.
En nuestras manos esta la posibilidad siempre de salir de esa caverna oscura en
la que queremos vivir, en nuestras decisiones esta siempre el poder alcanzar la
luminosidad en la elevación espiritual, la dulce doctrina de amor del divino
Maestro ha sido siempre nuestra mas firme guía, y ahora con la llegada del
Consolador a nuestras vidas, podemos alcanzar verdaderamente con una mayor
claridad la verdad de lo que somos.
Aún en nuestros cuerpos están las llagas de la desidia y de la ignorancia, de la
intolerancia y del orgullo, pero esa luz que devela nuestras condiciones es una
bendición para que podamos avanzar en vez de buscar otra caverna oscura en donde
escondernos, es en la realización y en el cumplimiento del evangelio de amor en
el que encontraremos sanar esas llagas y convertirnos en instrumentos de la
bondad divina, olvidando las culpas y trabajando por la mejoría, pues en el
servicio a nuestros hermanos necesitados esta la realidad de nuestra existencia
y la verdad de nuestro camino.
Revista Espirita El Consolador
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