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"1802
- 1885".
Víctor-Marie Hugo es el poeta nacional de Francia; título merecido por
haber legado a ese país una extensa e importante obra literaria, que lo
convierte en una de sus más destacadas personalidades. Convencido
espiritualista, llegó más tarde al Espiritismo y lo adoptó como filosofía
de vida; pero esta postura no fue reconocida por sus biógrafos ni por los
estudiosos de su obra, y muchas veces esas ideas se mencionaron como una
extravagancia de este hombre genial.
Contemporáneo con Denizard Rivail, nació el 26 de febrero de 1802 en
Besançon, capital del Franco Condado, cercana a la frontera franco-suiza,
oculta bajo una alta roca en una hoz del río Doubs, y con aspecto de
antigua plaza fuerte y severa belleza. Rodeada de crestas jurásicas con
altas cimas pobladas de bosques de pinos y abetos, abruptas cuestas y
riachuelos, enriquecida a través de los siglos con numerosos monumentos
romanos, fue el escenario imponente de su niñez.
Era hijo de Leopold Hugo, un oficial del ejército de Napoleón con grado de
General y Conde del Imperio, pero de su vida familiar durante esos
primeros años se conoce muy poco. A las pocas semanas de nacido lo
llevaron a Marsella a causa del traslado de su padre a esa ciudad y este
sería el primer viaje de una larga serie, ya que durante su infancia y
juventud, pasó largas temporadas en Córcega, en la Isla de Elba, en
Nápoles y en España; donde, bajo el dominio de José Bonaparte, su padre
ocupó el cargo de gobernador de Ávila, más tarde de Guadalajara y por
último de Madrid. En esta ciudad Víctor-Marie ingresó en el Colegio de
Nobles, cuando tenía 9 años, destacándose por su preparación académica y
formación cultural a pesar de su corta edad. De este país conservó los más
vivos recuerdos que influirían más tarde en su obra.
Con el fin del Imperio, los recursos económicos se tornaron muy escasos y
en 1812 la familia regresó a París. Su madre, Sofie Trebouchet, alquiló
una casa de amplios jardines llamada "Las Bernardas", recordada siempre
por Víctor y tema frecuente en sus poesías. La Sra. Sofie era muy culta y
amante de la lectura, por lo que estimuló a sus hijos Víctor, Abel y
Eugéne a dedicar muchas horas al estudio de la historia, las ciencias y la
literatura. Desde pequeño tuvo inclinación literaria y era considerado un
niño prodigio que a los 10 años de edad prefería leer a Virgilio en los
jardines del antiguo Convento de los Feullantines y escribir sus primeros
poemas soñando con dominar la literatura. En 1816 decía: "Quiero ser
Chateaubriand o nada".
A los 15 años, su trabajo le hizo merecedor de un premio en un concurso de
poesía organizado por la Academia Francesa y dos años después fundó el
periódico "Le Conservateur Litteraire" en el que publicó sus primeros
escritos, compartidos simultáneamente con "La Muse Romantique".
La
muerte de Sofie, en 1921 significó para sus hijos una dolorosa y prematura
pérdida. Desde entonces, Victor estuvo forzado a vivir muy modestamente,
personificando aquello que más tarde relataría en su libro "Los
Miserables". Cuando apenas contaba 20 años de edad, publicó sus "Odas" y
desde ese momento el rey Luis XVIII le otorgó una pensión. Ese mismo año
contrajo enlace matrimonial con Adèle Foucher, su antigua compañera de
juegos en "Las Bernardas", con quien tuvo luego 5 hijos: Leopold,
Leopoldine, Charles, François Víctor y Adèle, el primero con una vida muy
corta. Esta unión se disolvió después de 16 años y Hugo inició una
relación amorosa con la actriz Juliette Drouet que continuó hasta la
muerte de ella en 1883. El barrio de Marais, que comienza al oeste de la
famosa Plaza de la Bastilla, es uno de los más interesantes de París,
porque conserva la elegancia sobria de las grandes casas que allí se
construyeron en los siglos XVI, XVII y XVIII. Se convirtió luego, en un
barrio de obreros y pequeños comerciantes y hoy es una combinación de
elementos dedicados a la cultura, llamado Centro Pompidou. Allí se
encuentra la plaza más antigua de París y en el Nº 6 está la casa donde
vivió Victor Hugo, convertida en museo. En este lugar se reunieron parte
de las pertenencias del escritor, dispersadas como consecuencia de la
obligada venta en el momento del exilio. Entre ellas se aprecian varios
cuadros, algunos pintados por él mismo y parte del mobiliario, donde se
destaca una mesa redonda de tres patas con la que Hugo celebraba sesiones
mediúmnicas.
En sus novelas este genial escritor reflejó la ciudad de París de su
época, desde las alcantarillas donde se movían muchos personajes de "Los
Miserables" hasta las torres de la Catedral donde vivía el jorobado
Quasimodo de su novela "Nuestra Señora de París". En esa ciudad legendaria
estudió, luchó y sufrió.
En 1823 apareció su primera novela titulada "Han D' Islande" y a partir de
ese momento su literatura se inclinó abiertamente hacia las ideas
románticas. Cuatro años más tarde, después de la publicación de "Cromwel",
drama escrito en verso con gran fuerza y originalidad, en cuyo prefacio
propugnaba la total libertad artística, se convirtió en el principal
seguidor de esa escuela en Francia.
Más tarde publicó dos dramas que se hicieron famosos: "Marion Delorme" y "Hernani",
con los cuales consolidó definitivamente el triunfo del ideal romántico en
el teatro y desde entonces, su obra estuvo guiada continuamente, por el
deseo de libertad personal y social. Comenzó entonces, un período de
intensa y excepcional actividad creadora afirmándose como jefe del
romanticismo y prolongando hasta 1843, su gran producción literaria, que
abarca múltiples géneros: la novela, la prosa política, la oratoria y
sobre todo la poesía épica, dramática y satírica, destacándose
principalmente como poeta lírico, cuya facultad principal es la potencia
extraordinaria de su imaginación objetiva, una prodigiosa capacidad para
percibir imágenes y una asombrosa capacidad verbal y rítmica. Su
sensibilidad es muy amplia, pues percibe todo lo que vive, ama, sufre y
desea, y se muestra especialmente emocionada cuando habla de los niños y
los humildes. Para defender sus ideas decía que "el poeta es el faro que
debe guiar a las multitudes", y "aquel que sueña prepara al que piensa".
Con esa intención, en su obra discutió numerosos problemas morales y
sociales: el bien y el mal, el hombre y Dios, Dios y la creación, la
sabiduría y la ciencia, la ignorancia y el mal, el vicio y la miseria, la
dicha y el progreso. En su poesía lírica canta toda la gama de
sentimientos del alma humana vinculados a la vida personal: amor filial y
paternal, impresiones de la infancia, los afectos y los duelos, las
esperanzas y las luchas, pero llama la atención que no se ocupa mucho del
amor pasional y sexual. Menciona también los sentimientos del ciudadano
suscitados por acontecimientos del quehacer público y nacional, como los
profundos sentimientos de la humanidad, sus inquietudes sobre el destino,
el bien y el mal y su percepción de la divinidad.
Siempre preocupado por el contacto con la opinión pública escribió con el
deseo de ser "la voz del siglo", según sus propias palabras.
Entre sus obras líricas se destacan "Odas"; "Nuevas Odas"; "Odas y
Baladas"; "Las Orientales", nacidas de su simpatía por la guerra de la
independencia griega; "Hojas de Otoño", particularmente íntimo y
melancólico; "Cantos del Crepúsculo", donde combina los asuntos personales
con la inspiración política y defiende la gloria napoleónica; "Las Voces
Interiores", obra en la que retoma el tono íntimo; "Los Rayos y las
Sombras", la última de la primera serie lírica; "Las Contemplaciones", que
recomienza la lírica, ofrece la máxima obra que su genio concibió y según
sus propias palabras: "Son las memorias de un alma: la vida que amanece en
la cuna... y se detiene junto al infinito".
Su poesía épica está representada sobre todo, por "La Leyenda de los
Siglos" en sus tres series escritas en 1859, 1877 y 1883, donde se propuso
trazar la historia de la humanidad a lo largo de las edades, desde la
creación hasta el juicio final e incluso profetizar el porvenir, y en
cuadros vastos y explícitos revive cada época importante, fija sus
características y relaciona estos grandes conjuntos mediante la idea de
progreso, ascensión lenta de la humanidad hacia la luz, en medio de la
gran lucha entre el bien y el mal.
La obra principal de su poesía satírica es "Los Castigos" escrita en 1853;
nacida de la imaginación y la cólera hacia Napoleón III.
En su obra dramática son célebres "La Batalla de Hernani", concebido como
un drama teatral; "Cromwell", nunca representado en una sala de teatro; "Marion
Delorme", escrita en 1831; "El Rey se Divierte", producida en 1832;
"Lucrecia Borgia" y "María Tudor", ambas aparecidas en 1833; "Angelo",
escrita en 1835 y "Ruy Blas", finalizada en 1838.
En su novela encontramos la imaginación poderosa del escritor, que sabe
mostrar el alma de las cosas y acompañarla con un lenguaje rico y
armonioso. Estas características están dignamente representadas en
"Nuestra Señora de París" escrita en 1831, ejemplo típico de la novela
histórica de Víctor Hugo, que a pesar de su intriga melodramática perduró
por la belleza de sus descripciones capaces de revivir la época y el
escenario de la Catedral de París del siglo XV. Pero también están
presentes en "Los Miserables", escrita en 1862, cuya trama se desenvuelve
en el ambiente de los bajos fondos de París; en "El Último Día de un
Condenado a Muerte"; en "Claude Gueux"; en "Los Trabajadores del Mar"
escrita en 1866 y en "El Hombre que Ríe" publicada en 1869. De su
importante quehacer dentro de la política, su experiencia lo llevó a
escribir "Discursos", "Napoleón, el Pequeño", "Historia de un Crimen" y
"Hechos y Palabras".
Por otra parte, se han conservado escritos diversos que constituyen el
resultado de sus impresiones obtenidas en actividades realizadas a lo
largo de su vida. "Correspondencia", "El Rin", "Impresiones de viajes" y
"Estudio de William Shakespeare". La consagración definitiva de Víctor
Hugo como poeta, se produjo en 1840 con la publicación de "Los Rayos y las
Sombras"; sin embargo, la prematura muerte de su hija mayor durante un
naufragio y su dedicación a la política, lo apartaron temporalmente de las
letras.
Durante el siguiente período, mientras Francia estaba atravesando
situaciones críticas, desarrolló una política activa al servicio de las
ideas republicanas como miembro de la Cámara de los Pares en 1845 y en la
Asamblea Legislativa en 1848, El desarrollo de la clase obrera y sus
precarias condiciones de vida causaron una profunda agitación social; se
difundieron las ideas socialistas que en un principio aparentemente se
impusieron entre los dirigentes de la revolución de 1848, aunque en la
Asamblea Constituyente dominaban los republicanos moderados.
Aprovechando la gran división política, fueron cercenadas las conquistas
democráticas de la revolución, hasta que finalmente, el 26 de diciembre de
1851, se disolvieron las Cámaras Legislativas. En diciembre de 1852 Luis
Napoleón se proclamó Emperador bajo el nombre de Napoleón II, mientras de
las instituciones democráticas sólo quedaron los esquemas formales.
Víctor Hugo era firme defensor de la república y opositor al golpe de
estado de Napoleón III, por lo que debió exiliarse. Viajó primero a
Bruselas, luego a Bélgica y después a las islas anglonormandas Jersey y
Guernesey, plataformas salvadas del hundimiento de la primitiva unión
entre Inglaterra y el continente, ubicadas en el Canal de la Mancha.
Inglesas por su estatuto político, normandas por su situación geográfica,
Guernesey la más británica, y Jersey la más francesa; no constituyeron
para Hugo la cárcel o el lugar sórdido, pero sí el exilio. Fueron
descritas, por él mismo, como "magníficos jardines del mar", por su clima
dulce, sus pintorescos paisajes costeros, su riqueza hortícola y el
esplendor de su vegetación casi tropical, habitación de extraños pájaros
marinos, como los bobos y los cormoranes que han elegido estos arrecifes
desiertos donde llegan a estrellarse las poderosas olas que levanta el
Atlántico. Por otra parte, desde el punto de vista humano, el dialecto de
sus habitantes, así como el nombre de sus calles y de sus villas arrastran
del fondo de la historia, sabrosos recuerdos de la lengua y los usos de un
tiempo en que no se sabía todavía, cual de las dos potencias en pugna, iba
en definitiva, a absorber a la otra.
En este escenario, Victor Hugo vivió durante casi 20 años, desde 1851
hasta 1870, instalado con su familia en la Mansión "Marine Terrace",
mientras Juliette ocupaba otra casa cercana. En Jersey, la mayor de las
islas anglonormandas, se produjo su comunicación con el mundo espiritual;
cuando casi simultáneamente, Denizard Rivail en París, tenía las
experiencias mediúmnicas que inspiraron su obra escrita. Sin embargo, el
poeta nunca tuvo la oportunidad de entrevistarse con Allan Kardec, aunque
estudió profundamente sus libros.
Su amiga Delfine de Girardin, poeta y autora teatral, le habló de la
novedad que se agitaba en América y Europa generada por la comunicación
con los espíritus a través de las mesas parlantes. Al principio escéptico,
Victor Hugo se rindió ante la evidencia y las realidades que él mismo pudo
constatar y se convirtió en adepto entusiasta del Espiritismo,
desarrollando más tarde su propia facultad mediúmnica.
La primera sesión mediúmnica a la que asistió Hugo fue publicada, en
París, por Gustave Simón en su libro "Les Tables Tournantes de Jersey".
Durante esa reunión se manifestó su hija Leopoldine, fallecida hacía poco
en un naufragio y en el acta labrada por el poeta y dramaturgo Auguste
Vacquerie, se relataba lo siguiente: "Cuando se hablaba de las mesas
giratorias, nosotros dudábamos. Habíamos intentado hacerlas girar, pero
sin éxito cierto. En la atención que en todas partes se dedicaba a estos
fenómenos, veíamos una treta de la policía francesa para distraer el
espíritu público de las vergüenzas del gobierno.
En ello estábamos cuando Mme. de Girardin vino a Jersey para visitar a
Victor Hugo. Llegó el martes 6 de septiembre de 1853. Nos habló de las
mesas. No sólo giraban, hablaban también. Se convenía con ellas que los
golpes que diesen serían las letras del alfabeto y que se escribiría la
letra en la cual se detuviesen. Así, se obtenían letra por letra y palabra
por palabra, frases y páginas enteras.
Nosotros vimos en esto una paradoja del encantador ingenio de Mme. de
Girardin. Tan es así, que el miércoles, mientras en el comedor trataba con
Víctor Hugo de hacer hablar a una mesa, nosotros permanecimos en el salón.
La mesa no habló. Mme. de Girardin dijo que el fracaso se debía a que la
mesa era cuadrada y que se precisaba una redonda. No la teníamos".
El jueves, ella misma trajo una mesa redonda de tres patas que había
comprado en Saint Hèlier, capital de Jersey, en un bazar de juguetes y al
día siguiente volvió a probar sin éxito. Yo, particularmente, creía tan
poco en las mesas que hablaban, que me fui a acostar en cuanto se ubicaron
alrededor de la mesa. El sábado, Víctor Hugo y Mme. de Girardin cenaron en
casa de un señor de Jersey, Mr. Gordfray. Mme. de Girardin volvió a probar
inutilmente. El domingo por la noche el resultado fue exitoso.
Asistentes: Mme. de Girardin, Mme. Hugo, Victor Hugo, Charles Hugo,
François-Victor Hugo, Mlle. Hugo, General LeFló, Mme. de Treveneue,
Auguste Vacquerie"
El poeta vivió la emoción de comprobar mediante un diálogo con el espíritu
de su hija Leopoldine Hugo, prematuramente fallecida, la supervivencia del
alma".
Jules Bois en su libro "Le Mirage Moderne" hizo un detenido estudio acerca
de Victor Hugo espiritista. Su iniciadora fue Mme. de Girardin, y luego de
la partida de su amiga, continuó las sesiones con su familia dejando las
notas en varios cuadernos, revisados luego por su amigo Camile Flammarion,
de los cuales, publicó algunos fragmentos en "Les Annales Politiques e
Litteraries" del 7 de mayo de 1899. Dice en ellos que en aquella época
Victor Hugo nunca se sentaba a la mesa, pero desempeñaba el cargo de
Secretario, escribiendo aparte sus dictados. El médium psicógrafo de las
sesiones era su hijo Charles, y aunque no sabía inglés, un día llegó un
británico amigo de Hugo que deseaba comunicarse con Lord Byron, quien no
se hizo esperar y se expresó en su idioma. Más tarde, consiguió que
Esquilo escribiera admirables versos y un día se dirigió al espíritu de
quien fuera Molière, pero no respondió; lo hizo, en cambio, una entidad
espiritual identificada como "La Sombra del Sepulcro", y recitó unos
versos magníficos e irónicos, dirigidos a Victor Hugo, quien le reprochó,
por verse tan duramente tratado.
En una carta a Mme. de Girardin enviada en 1855, Hugo escribía: "Las mesas
nos dicen cosas sorprendentes. Todo un sistema casi cosmogónico, pensado y
escrito por mí durante 20 años, ha sido confirmado con largueza magnífica.
Vivimos hoy a la vista de un misterioso horizonte que cambia todas las
perspectivas de nuestro destierro, y pensamos en usted a quien debemos la
apertura de esta ventana." Desde entonces vivió dedicado al estudio de
estos temas y su talento encontró en las comunicaciones espíritas una
fuente de inspiración que le permitió escribir páginas brillantes, las
cuales siguen guiando al pensamiento humano, acerca de los grandes
problemas metafísicos y filosóficos.
El mar y la soledad lo acompañaron siempre y fueron sus confidentes.
Aquella isla de Jersey tenía la virtud de poblarse de entidades invisibles
que le hablaban de libertad y amor, de fraternidad y recuerdos.
Su romanticismo se tornó en el eco de los misterios espirituales,
siempre a su alrededor. En Jersey, junto al trípode, mientras el mar batía
furiosamente la costa, concibió realmente sus grandes visiones poéticas y
espirituales e incluso polemizó en verso con mensajeros invisibles del más
allá.
La poesía espírita de Victor Hugo quedó plasmada en sus libros "Las
Contemplaciones", "Rayos y Sombras" y "La Leyenda de los Siglos", que
encierran páginas de un poder conmovedor y mágico. En ellas reveló lo que
puede llamarse una sabiduría del espíritu, obtenida mientras su pluma
estaba impulsada más que nunca, por grandes potencias de lo invisible.
Habló con el espíritu en medio del mar y escribió "Apocalipsis", e
inspirado por grandes revelaciones espirituales plasmó "Al Borde del
Infinito", su canto espírita por excelencia.
Los invisibles eran para él las presencias espirituales dispuestas a
penetrar en la mente y el corazón, es decir en el pensamiento y en el
sentimiento de individuos y pueblos. Por eso dijo: "Los muertos son los
invisibles, pero no, los ausentes "
Víctor Hugo esbozó la posibilidad de una filosofía poética y tanto en
verso como en prosa, trató siempre sobre temas trascendentales
relacionados con el hombre y el mundo. Penetró poéticamente el misterio
del ser, tal como Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y otros,
orientales y occidentales, lo hicieron místicamente.
Si bien en lo académico no se admite una filosofía poética, autores de
jerarquía como George Santayana en "Tres poetas filósofos", contribuyeron
a sostener tal tesis, considerando que "si el filósofo se conforma sólo
con poseer un lenguaje técnico, el lema "conócete a tí mismo" de los
antiguos griegos, no se producirá nunca en la vida del hombre; mientras
que la filosofía de Victor Hugo se asentaba siempre sobre la belleza,
puesto que el Ser es una entidad sensible que sólo evoluciona por ella,
hacia el bien y la verdad. En consecuencia hizo filosofía mediante la
poesía porque descendió a las profundidades del ser, reconociendo que no
es sistematizando el presente como la sabiduría se transformará en luz
para los espíritus. Hugo afirmaba que "quien dice poesía dice filosofía e
ilustración".
Toda su obra poética y filosófica está impregnada de una lírica
reencarnatoria asombrosa. Se sentía protagonista en la evolución
palingenésica y su visión cosmológica lo acercaba al pensamiento de Camile
Flammarion, quien proclamaba la pluralidad de los mundos habitados en
relación con la pluralidad de las existencias del alma. El Universo era
para el poeta un escenario en el cual el espíritu actúa para escalar las
gradas de lo infinito, coincidiendo con Goethe, Whitman, Lamartine y
Emerson.
Su idea la expresó claramente en la frase: "La cuna tiene un ayer y la
tumba un mañana", concibiendo al hombre como un espíritu encarnado
portador de su historial originado en vidas anteriores; concepto que
aparece nítidamente descrito en el poema "El Aparecido" de su libro "Las
Contemplaciones", donde se refiere a una madre que pierde un hijo y no
puede tolerar el dolor ni aceptar esa muerte; Pasan los meses y queda
nuevamente embarazada, pero siente remordimiento por amar a este otro
hijo, olvidando al muerto. El niño nace y ella tiene un primer sentimiento
de rechazo, acordándose del otro hijo. Pero cuando le acercan al recién
nacido, queda atónita al oír espiritualmente una voz que le era conocida y
le decía muy bajo: "¡Soy yo, pero no lo digas!". Con respecto a la
reencarnación coincidió entonces, con Giuseppe Garibaldi, Giuseppe Mazzini,
Alfonse de Lammartine, Amado Nervo, Rubén Darío, Arturo Capdevila, Juana
de Ibarburu, y tantos otros ligados al mundo invisible y a los fenómenos
paranormales; hasta Pablo Neruda, a pesar de su adhesión al materialismo
histórico, se sentía a sí mismo "como un espíritu reencarnado". Fueron
poetas-médiums que captaron las esencias poéticas tanto del mundo visible
como del invisible.
Su ideología espírita de la evolución quedó claramente expresada en el
libro sexto de "Las Contemplaciones" que tituló "Al Borde del Infinito",
donde manifiesta su inquietud y afán por penetrar el misterio de las cosas
y del universo; aunque tenía una profunda fe en el plan universal y
asentaba su voluntad lírica sobre esa esperanza.
Sentía la evolución reencarnatoria de los espíritus como una realidad y
confiaba en la ley del progreso enunciada por el mundo invisible; afirmaba
que todo lo existente asciende y evoluciona a pesar de las dudas humanas y
que el grado de la escala evolutiva en la que se encuentran los más
grandes seres de la historia se alcanza a través de innumerables
existencias. "Esa escala nace muy lejos de la Tierra", decía, porque el
ser viene de un lejano pasado y marcha hacia un lejano porvenir, y no
admitía el concepto orgulloso y soberbio del ser humano que cree ser fin y
meta del Universo.
En
su libro "Dios, Literatura y Filosofía" puso de manifiesto las bases de su
pensar filosófico y religioso en la búsqueda de Dios; oía voces que lo
ilustraban diciéndole "cosas prodigiosas y sorprendentes" sobre el sentido
de la vida y las angustias del humano por encontrar al Ser Supremo como
fuente de todo lo creado. Ese estado espiritual de Víctor Hugo permite
comprender toda su obra como una reacción filosófica y religiosa contra el
nihilismo del ser. Escribió buscando las bases de la existencia de Dios y
guiado por su "diamon poético" buscó incesantemente el sentido de la vida
y de la historia. Analizó y representó simbólicamente el ateísmo, como un
murciélago; al escepticismo, como un buho; al mosaismo, como un águila; al
paganismo, como un buitre y al cristianismo, como un ángel. Dio forma al
racionalismo y expresó conceptos básicos para una nueva filosofía del
hombre que lo llevó a decir: "Todos los seres son, fueron y serán. La
chispa de Dios: el alma, está en todas las cosas". Sus primeras
experiencias de comunicación con el mundo espiritual en Jersey las efectuó
con la participación de su hijo Charles, médium psicográfico desarrollado
en el transcurso de sus experimentaciones. Más tarde, el mismo Hugo tuvo
manifestaciones tiptológicas que dejó descritas en sus libros de apuntes y
siempre admitió la intervención espiritual en su obra literaria, aceptando
abiertamente la existencia de un sostén inmaterial en el mundo físico.
Su capacidad para la psicografía o mediumnidad escribiente le brindaba un
notable apoyo a su genio poético. Cuando escribía se daba cuenta, a veces,
"que su mano no le pertenecía" y que estaba bajo la influencia de una
entidad lírica invisible, pero no aceptaba que su genio literario fuera
considerado, por sus amigos, exclusivamente mediúmnico, afirmando que se
trataba de una "inspiración directa", es decir, que prescindía de otro
vehículo transmisor. De esta forma, su concepto de la inspiración distaba
mucho de lo expresado por otros grandes escritores; pues Amado Nervo
decía: "las rimas me son dictadas al oído, no sé por quién"; Alfred de
Musset afirmaba: "un desconocido me habla al oído"; Alfonse de Lamartine
aseguraba: "yo mismo no pienso, sino que las mismas ideas piensan por mí";
y Gutierrez Nájera sostenía: "yo no escribo mis versos, no los creo, viven
dentro de mí, vienen de fuera".
En los Archivos de la "Revue Spirite" de París se encontró un trabajo de
León Denis referente a Víctor Hugo y a su captación del mundo invisible,
donde aclara como debe entenderse la "mediumnidad inspirativa",
experimentada por él. Su genial compatriota espírita opinaba a este
respecto: "No pretendemos, ciertamente, sostener que Víctor Hugo haya sido
un médium en el sentido estricto de la palabra, como lo son muchísima
gente, capaces de obtener o producir fenómenos de escaso valor. Tan
poderoso espíritu no podía quedar reducido al papel secundario de un
intérprete de los pensamientos ajenos. Queremos decir tan sólo que el Más
Allá derramaba sobre él sus radiaciones y sus armonías, fecundando su
genio, ensanchando hasta el infinito el horizonte de su pensamiento ". Por
muy aguda y perspicaz que sea la crítica acerca de la personalidad de
Víctor Hugo, no alcanzará a interpretarla realmente, hasta tanto no mida
la existencia del poeta con un criterio palingenésico. Mientras se
desconozca que genio y mediumnidad son de una misma esencia, nunca se
podrá penetrar en esos dos mundos que se mueven en la profundidad de las
almas.
El genio poético y visionario de Víctor Hugo se debió a su gran desarrollo
espiritual, diferente al del hombre común sujeto a las limitadas
percepciones de los cinco sentidos corporales; que disponía de un sexto
sentido o facultad mediúmica altamente desarrollada, que le permitió ser
vidente, profeta y poeta, por medio de la cual pudo comprender lo que
significan espiritualmente las grandes epopeyas de la humanidad.
Comprendió que la Revolución Francesa sin una revolución espiritual no
sería más que un fenómeno político de orden local, y que las verdaderas
raíces de la Historia están en el desarrollo del espíritu. Afirmaba que
"los procesos sociales son el resultado de impulsos morales provenientes
de espíritus reencarnados y no ciegos tumultos políticos".
Tal ser humano, entendido por él en su fibra más íntima, quedaba plasmado
en las siguientes ideas: "El cuerpo humano bien podría ser sino una
apariencia. Él cubre nuestra realidad; él se interpone sobre nuestra luz o
sobre nuestra sombra. La realidad es la del alma. Claramente hablando,
nuestra cara es una máscara. El verdadero hombre es el que está detrás del
hombre. Si se percibe bien ese hombre oculto y guarecido detrás de esa
ilusión que se llama la carne, se tendrá más de una sorpresa. El error es
ver en el ente exterior un ente real".
La vida del Ser en la eternidad posee, según Hugo, un periespíritu
objetivo, es decir, que es una realidad viviente con un yo personal
actuando en lo material desde los planos invisibles, expresado
poéticamente: "La mariposa es el gusano metamorfoseado; y tanto el gusano
como cada parte del ser que se arrastre, el análisis lo encuentra en el
ser alado, pero la metamorfosis es tan completa que se cree ver una nueva
criatura. Del mismo modo en nuestra existencia de ultratumba, no seremos
puros espíritus porque estas palabras son vacías de sentido, así para la
razón como para la imaginación".
Víctor Hugo era un pensador universal y debido a esa misma condición
filosófica alcanzó la verdad del concepto del Universo. De su ideología
espiritual y poética se desprendía la misma teleología existencial de la
codificación kardeciana, y cuando la conoció se sintió totalmente
identificado con esa doctrina, afirmando que estaba convencido de que "El
Espiritismo es el acontecimiento más notable del siglo XIX".
Abrazó el Espiritismo por identificarse con él, pues esas mismas
conclusiones ya estaban en lo profundo de su ser expresadas magistralmente
en sus sentencias.
La cuna tiene un ayer y la tumba un mañana.
Los muertos son seres vivos mezclados en nuestros combates, que unas veces
tienen por blanco el bien, otras el mal. En ocasiones, oímos silbar sus
invisibles flechas.
Cuando me acueste en la tumba no diré, como tantos otros: he terminado mi
jornada. No, pues mi jornada empezará en la mañana siguiente. La tumba no
es un callejón sin salida, se cierra en el crepúsculo y se reabre en la
aurora.
El hombre no muere del todo. Nacer es morir; no tengáis duda de que es
así.
Todos los seres son, fueron y serán.
El hombre no es el único ser que proyecta sombra. Todos, aún el guijarro
miserable y vergonzoso, tienen delante y detrás de ellos una sombra. Todos
tienen un alma que vive, que ha vivido, que debe vivir, que cae y se
aprisiona o sube y se libera. Todo eso que se arrastra, expía una caída
del cielo.
Los muertos son los invisibles, pero no los ausentes.
Cuidado con la manera con que recordáis a los muertos. No penséis en lo
que se pudre. Mirad fijamente con atención, y veréis la viva luz de
vuestro amado difunto allá en el fondo del cielo.
Las realidades del alma no dejan de ser realidades, porque sean invisibles
e impalpables.
Evitar el fenómeno espiritista, no prestarle la atención que merece, es
hacer vacío a la verdad.
La desastrosa guerra con Prusia significó el fin del Segundo Imperio, la
Asamblea Nacional proclamó la caída de Napoleón III después de la
capitulación de Sedan, el 2 de septiembre de 1871, y eligió Presidente a
Thiers, quien trató la paz con los alemanes, gracias a grandes
concesiones. El pueblo de París, disgustado por los términos del
armisticio se lanzó a la insurrección de marzo de 1871.
Víctor Hugo regresó a Francia, para encontrarla en una situación
lamentable; nuevamente volvió a la política y fue electo diputado. La
Asamblea Nacional votó la Constitución de 1876 y en ese mismo año, lo
eligieron senador. A partir de entonces publicó dos obras que confirmaron
sus ideales políticos: "El Año Terrible", en 1872 y "El Noventa y tres",
en 1874.
Murió en París el 22 de mayo de 1885 a los 83 años y recibió honras
fúnebres grandiosas que significaron una de las mayores consagraciones
hechas por Francia a sus grandes hijos. Según algunas reseñas, ya
desencarnado, ese espíritu genial se comunicó mediúmnicamente, dictando
escritos a través de la médium Zilda Gama, con los títulos: "Del Calvario
al Infinito", "La Sombra y la Luz", "Almas Crucificadas", "Ardua
Ascensión", "Dolor Supremo", entre otros. Esas manifestaciones eran
consecuentes con su pensamiento expresado en la última época de su vida,
cuando dijo:
"Hace medio siglo que escribo en prosa y en verso: historia, filosofía,
drama, novela, leyenda, sátira, oda, canción, todo lo he ensayado y sólo
he podido decir la milésima parte de lo que siento en mí. Cuando yazga en
la tumba diré: Terminé mi jornada y no terminé mi vida. Mi existencia
comenzará de nuevo al otro día. La tumba no es un callejon sin salida,
sino una avenida. Mi obra es sólo un principio y la sed de infinito prueba
que existe lo Infinito". |