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En
las misiones de ayuda llevadas a cabo por los benefactores espirituales en
los casos de desobsesión, se generan una serie de eventos singulares de
excepcional importancia que permiten extender la asistencia más allá del
núcleo atendido en el momento. Generalmente los dedicados hermanos
espirituales se enfocan a asistir al obsesado y a los obsesores, ubicando
en la residencia del enfermo el centro de la influencia vibratoria
terapéutica, pero mas allá de este proceso reservado también se extiende
este campo de asistencia a seres que se ven atraído por una posibilidad de
auxilio.
Los benefactores, al iniciar estos procesos de reversión y de rescate
hacia los espíritus avocados a las sombras, buscan de alguna forma el
poder ampliar el rango de influencias sobre otros espíritus interesados en
el proceso destructivo, hablamos en esta ocasión de falanges de enemigos
del bien que se afinan al bajo ideal de venganza, de apegos o simplemente
de perversidad dirigidas a la desintegración de grupos practicantes del
bien. En el inicio de estos rescates siempre se busca el retorno por el
convencimiento del obsesor, pues nunca se pretende invadir el libre
albedrío y mucho menos se debe forzar a una capitulación, pues la
importancia del rescate es el hecho de que el espíritu que ejerce el mal
recupere a través de su propia voluntad el retorno al camino del progreso,
comprendiendo el daño que genera y del debito adquirido y aumentado
respecto a la ley divina.
Una vez que se alcanza al espíritu que dirige en cierta forma el ataque
contra el encarnado, se puede auxiliar de mejor forma a otros que puedan
están en el mismo proceso, ya que al verificar la posibilidad de auxilio
pueden abrirse más fácilmente al esclarecimiento y al rescate. Justamente
al establecerse este tipo de ayuda en el local del enfermo, se produce en
la oscuridad un destello de esperanza para muchos, que sin estar
relacionados directamente con el caso atendido, pueden notar que en ese
lugar se practica la asistencia y se dirigen hasta ese foco de paz
dirigidos por el anhelo de ser ayudados, pues cuando se generan las
vibraciones del bien en un punto estas se dispersan por los alrededores
causando bienestar a todos los que se encuentren en las cercanías.
Pareciéndose a una onda expansiva, los signos de luz emitidos en el lugar
fungen como preciados faros que atraen a los corazones afligidos,
verificándose que el amor y la caridad se extienden sin límites hacia
todos aquellos sedientos del agua viva del progreso. Se convierte pues, la
otrora residencia del enfermo, en un verdadero centro de asistencia
fraterna, aprovechando la influencia proveniente de lo alto en la
posibilidad del rescate de muchos hermanos que vagan por la periferia, y
donde antes reinaba la oscuridad se instala por obra y gracia de la
espiritualidad superior, un área de servicio y de rescate masivo
permitiendo reponer fuerzas a los desvalidos y abrazar a los que se creían
desamparados por el Padre, actuando de esta manera los benefactores en
favor de los necesitados. Este tipo de eventos pueden producirse en la
medida que la desobsesión puede llevarse a cabo y extenderse mas allá de
los limites de la influencia negativa, pues verificamos de esta manera que
no es necesario centralizar la ayuda en una sola persona necesitada, sino
por el contrario, cuando se establece un foco de bien y de amor, este se
puede extender e influenciar a tantos espíritus como sea posible,
amparados siempre por la ley divina y por el auxilio superior de los
benefactores.
El bien no tiene fronteras, y cuando se expande su rango de influencia
llega a los corazones que se encuentran listos para el rescate, pues
habrán muchos a quienes estos rayos luminosos de paz y de bienestar no les
despiertan el mayor interés por no estar afinados al proceso de
arrepentimiento y de recapacitación.
Entendamos pues hermanos, que cuando en la esfera material sirven los
médiums como instrumentos de la asistencia divina, no podemos dejar de
pensar que apenas somos una pequeña parte dentro de una obra
verdaderamente grande y hermosa, pero que a su vez necesita de nuestra
buena disposición al trabajo fraterno abriendo siempre la oportunidad de
servir en nombre de Dios a muchos hermanos que al sentir la presencia del
bien, se acercan en busca de ayuda.
Brindemos entonces a todos lo que nos sea posible esa oportunidad de
rescate no limitándonos solamente a quienes estamos asistiendo, sino a
todo aquel que solicite la ayuda, pues si los benefactores espirituales lo
hacen, extendiendo su influencia benéfica hacia todo aquel que lo
necesita, ¿por qué debemos nosotros discriminar lo que nos es brindado por
gracia divina?, el ejemplo de nuestros hermanos mayores debe ser la guía
para nuestras acciones presentes y futuras, el abrazo fraterno extendido
debe ser primordial en el momento en que entregamos nuestros espíritus al
servicio de caridad.
En este sentido debemos comprender que la asistencia pocas veces es
unipersonal, siendo en la mayoría de los casos una oportunidad de ampliar
el bien, sea en la esfera espiritual, sea en la esfera material, pues
cuando el amor se expande nos hace reaccionar a todos sin importar en que
estado de la existencia nos encontremos, y sin importar si estamos
relacionados o no con el caso atendido, solo hay que abrir los brazos y
recibir a todo aquel que quiera ser alcanzando por la bondad infinita de
nuestro Padre.
Por: Edann
Revista Espirita El Consolador |