TRANSICIÓN


146. ¿Es fatal el instante de la muerte?

A excepción del suicidio, todos los casos de desencarnación son determinados previamente por las fuerzas espirituales que orientan la actividad del hombre sobre la Tierra. Una vez esclarecidos acerca de esa excepción, debemos tener en cuenta que, si bien el hombre es esclavo de las condiciones externas de su vida en el planeta, en cambio es libre en su mundo intimo, de ahí que, trayendo en su diagrama de pruebas la tentación de desertar de la vida expiatoria y rectificadora, contrae una deuda penosa cuando se echa a perder, desmantelando sus propias energías.

La educación e iluminación de lo íntimo constituyen el amor al santuario de Dios en nuestra alma. Quien las realiza en si, en los hondones de la libertad interior, puede modificar el determinismo de las condiciones materiales de su existencia, elevándola hacia la luz y el bien. No obstante, los que malgastan sus propias energías atentan contra la luz divina que en ellos palpita. De ahí el complejo de sus dolorosas deudas. Y existen incluso los suicidios lentos y graduales, provocados por la ambición o por la inercia, el abuso o la liviandad, tan peligrosos para la vida del alma como los que presenciamos, de un modo espectacular, en las luchas del mundo. Por esa razón tantas veces bregan los instructores de los encarnados por la necesidad permanente de oración y de vigilancia, a fin de que sus amigos no claudiquen ante las tentaciones.

147. ¿Trae la muerte cambios inesperados y ciertas modificaciones rápidas, como sería de desear?

La muerte no prodiga estados milagrosos para nuestra conciencia. Desencarnar es cambiar de plano, como el que se va a vivir en otra ciudad, ahí en el mundo, sin que su mudanza altere las enfermedades que padece o las virtudes que posee, con la simple modificación del escenario exterior. Sólo que en el caso de la muerte el escenario exterior se amplía, si se compara el plano terrestre con la esfera de acción de los desencarnados. Imaginad a un hombre que deje su aldea para ir a una metrópoli moderna. ¿Cómo se las arreglará, si suponemos que no se encuentra debidamente preparado para afrontar los imperativos de su nueva vida? Esta comparación es pobre, pero sirve para aclarar que la muerte no es un salto dentro de la Naturaleza. El alma proseguirá en su carrera evolutiva, sin que se produzcan milagros prodigiosos. Los dos planos, visible e invisible, se ínterpenetran en el mundo, y si la criatura humana es incapaz de percibir el plano de la vida inmaterial ello se debe a que su sensorio está capacitado tan sólo para recibir ciertas percepciones, sin que le sea posible, por ahora, trasponer la angosta ventana de sus cinco sentidos.

148. ¿Qué espera el hombre desencarnado, directamente, en sus primeros tiempos de la vida de ultratumba?

Él alma desencarnada busca naturalmente las actividades que le eran predilectas en los círculos de la vida material, obedeciendo a los lazos de la afinidad, tal como acontece en las asociaciones de vuestro mundo. ¿Acaso las urbes que poseéis no se hallan colmadas de sociedades, sindicatos, clases enteras que se reúnen y agremian con determinados fines, conjugando los intereses idénticos de diversos individuos? ¿No se abrazan allí los usureros y los políticos, los comerciantes y los sacerdotes, y cada grupo tiene en vista la defensa de sus propios intereses?

El hombre desencarnado busca ansioso, en el Espacio, los conglomerados afines con su pensamiento, de modo de con­tinuar el mismo género de vida que ha dejado en la Tierra. Pero, si se trata de un Ser apasionado y vicioso, su mente reencontrará las obsesiones de materialidad, como las del dinero, el alcohol, y demás, obsesiones que se convierten en su martirio moral de cada instante, en las esferas más próximas a la Tierra. De ahí la necesidad de que encaremos todas nuestras actividades en el mundo como una tarea de preparación para la vida espiritual. Es indispensable, en bien de nuestra felicidad mas allá del sepulcro, que tengamos un corazón siempre puro.

149. Después de la muerte, el hombre que se desprende de su envoltura material ¿puede sentir la compañía de las Entidades a quienes ama y que lo han precedido en el Más Allá?

Si su existencia terrena ha sido un apostolado de trabajo y de amor a Dios, la transición del plano terráqueo a la esfera espiritual será siempre suave. En esas condiciones, podrá reencontrar de inmediato a aquellos que han sido objeto de su afecto en el mundo, suponiendo que se hallen en su mismo nivel de evolución. Una grata dicha y una alegría perenne se apoderan de esos corazones amigos y afectuosos, tras las amarguras de la separación y de la prolongada ausencia. En cambio, aquellos otros que se desprenden de la Tierra saturados de obsesiones por los bienes efímeros del mundo y ensombrecidos por rebeldías incomprensibles no encuentran

tan pronto a los Seres queridos que desencarnaron antes. Sus percepciones, limitadas a la oscura atmósfera de sus pensamientos y sus valores negativos, los imposibilitan para disfru­tar la dulce felicidad del reencuentro. Por eso observáis tantas veces a Espíritus sufrientes y perturbados que dan la impresión de ser criaturas abandonadas y olvidadas por la esfera de la bondad superior, pero que

en realidad son los autores de su desamparo, debido a su persistencia en el mal, en la intención criminal o en la desobediencia a los sagrados designios de Dios.

150. ¿Es posible que los espiritistas lleguen a sufrir perturbaciones después de la muerte?

La muerte no ocasiona perturbaciones a la conciencia recta y al corazón amante de la verdad y a todos aquellos que han vivido en la Tierra sólo para cultivar la práctica del bien, en sus variadas formas y dentro de las más diversas creencias.

No considere el espiritista cristiano su título de aprendiz de Jesús como un simple rótulo, y tenga presente la exhortación evangélica según la cual "mucho se pedirá a quien haya recibido mucho", preparándose, mediante los conocimientos y las obras del bien, en el transcurso de sus experiencias en el mundo, para su futura vida, que comenzará cuando la noche de la tumba haya descubierto ante sus ojos espirituales la visión de la verdad, en marcha hacia las realizaciones de la vida inmortal.

151. ¿Puede el Espíritu desencarnado experimentar sufrimientos con la cremación de los restos mortales?

En la cremación es menester se tenga piedad con los cadáveres, demorando por mayor número de horas el acto de destrucción de las vísceras materiales, porque en cierto modo siguen existiendo muchos ecos de sensibilidad entre el Espíritu desencarnado y el cuerpo donde se ha extinguido el tonus vital, en las primeras horas que siguen al desenlace, en virtud de los fluidos orgánicos que aún llaman al alma a las sensaciones de la existencia material.

152. La muerte violenta ¿acarrea a los desencarnados sensaciones diferentes de las que experimentan en la denominada "muerte natural"?

La desencarnación producida por un accidente, los casos fulminantes de desprendimiento; originan sensaciones sobremanera dolorosas en el alma desencarnada, a causa de su situación de sorpresa ante los acontecimientos supremos e irremediables que se le han presentado. En tales circunstancias, casi nunca se encuentra el Ser debidamente preparado para el lance, y lo imprevisto de la situación suscita en él emociones amargas y terribles. En cambio, esas tristes sorpresas no las tienen las almas en los casos de enfermedades dolorosas y prolongadas, en que el corazón y la mente adquieren las luces de las sanas meditaciones y comprenden las ilusiones y perjuicios derivados del apego excesivo a la Tierra. A este respecto, es justo considerar la utilidad y necesidad de los dolores físicos, porque sólo con su preciosa ayuda puede el hombre aliviar la carga de sus impresiones nocivas del mundo, para trasponer con serenidad los umbrales de la vida en lo infinito.

153. Si la hora de su muerte no ha llegado ¿podrá un hombre perecer a causa de los peligros que lo amenacen?

En los aspectos externos de la vida, y con tal que el Espíritu encarnado proceda de conformidad con los dictámenes de la recta conciencia y del corazón bien intencionado, sin la imprudencia de los precipitados y sin el egoísmo de los ambiciosos, toda y cualquier defensa del hombre radica en Dios.

154. ¿Cuáles son las primeras impresiones que experimentan quienes desencarnan por medio del suicidio?

La decepción inicial que los aguarda es la realidad de la vida, que no se extingue con la transición de la muerte del cuerpo físico, y esa vida es agravada por tormentos pavorosos, en virtud de su decisión, impregnada de suprema rebeldía.

Suicidas hay que siguen experimentando los padecimientos físicos de su última hora en la Tierra, de una manera indefinida, en su cuerpo somático. Durante años sienten las terribles impresiones del veneno que aniquiló sus energías, o la perforación del cerebro por ese cuerpo extraño que partió del arma usada en su acto supremo, o la presión de las pesadas ruedas bajo las cuales se arrojaron en su ansia por desertar de la vida, o el paso, sobre sus despojos, de las aguas silenciosas y tristes adonde fueron a buscar el olvido culpable de sus trabajos en el mundo. Y, comúnmente, la peor emoción del suicida es la de seguir, minuto a minuto, el proceso de descomposición del cuerpo abandonado en el seno de la tierra, agusanado y putrefacto.

De todas las desviaciones de la vida humana el suicidio es, quizás, la mayor, por su característica de falso heroísmo, de negación absoluta de la ley del amor, así como de suprema rebeldía a la voluntad de Dios, cuya justicia nunca se ha hecho sentir a los hombres sin la luz de la misericordia.

155. El temor a la muerte ¿revela falta de evolución espiritual?

En ese sentido, no podemos generalizar semejante definición. En lo que atañe a tales temores, nos vemos forzados a reconocer, muchas veces, las razones que aduce el amor, siempre sublimes en su manifestación espiritual. Con todo, no es justo que el creyente sincero se llene de pavores ante la idea de su paso a ese plano que es invisible para los ojos humanos, y resulta oportuno el consejo de que el hombre vaya preparándose permanentemente para la nueva vida que la muerte ha de depararle.

156. Una vez operada su desencarnación, ¿quedan satisfechos los Espíritus, por la posibilidad que se les ofrece, de comunicarse con los encarnados?

De un modo general, es muy reducido el número de seres humanos que se preparan para las emociones de la muerte mientras se ocupan de sus tareas habituales en la Tierra, y con frecuencia las meditaciones que inspira la enfermedad no bastan para que logren una situación de serenidad perfecta en los primeros tiempos que siguen a la desencarnación. He ahí el motivo por el cual son tan saludables vuestras reuniones de estudio y evangelización, a las que concurren gran cantidad de nuestros hermanos desencarnados, ansiosos de escuchar una palabra de la Tierra, por cuanto las impresiones que han traído del mundo no les permiten percibir a los mentores ele vados de las más altas esferas espirituales.

157. Los Espíritus desencarnados ¿pueden oírnos y vernos cuando quieren? ¿Cómo proceden para satisfacer tal deseo?

Eso les es posible, pero no cuando quieren, sino cuando lo merezcan, incluso porque existen Espíritus culpables que sólo muchos años después de su desprendimiento del mundo logran el permiso para oír la palabra amiga y reconfortante de sus hermanos o Seres amados de la Tierra, a fin de poder orientarse en el laberinto de los sufrimientos expiatorios. El hecho de que una Entidad recién desencarnada comparezca a las reuniones evangélicas ya significa una bendición de Dios para esa alma desilusionada, porque tal circunstancia se acompaña de los más altos beneficios para su vida interior. En cuanto al procedimiento de su contacto con vosotros, debemos tener presente que los Seres del Más Allá, en su generalidad, para comunicarse en los ambientes del mundo se adaptan a vuestro modo de ser, condicionando sus facultades a vuestra situación fluídica en la Tierra. De ahí que en esos momen­tos, en la forma usual, posean vuestra capacidad sensorial, restringiendo sus vibraciones de modo de acomodarse de nuevo al medio terrestre.

158. Si un Ser desencarna y deja enemigos en la Tierra, ¿es posible en la situación de invisibilidad en que se encuentra que siga persiguiendo a su adversario?

Sí, es posible, y se trata de un hecho casi general en el capítulo de las relaciones terrestres, porque si el amor es el lazo que refine a las almas en las alegrías de la libertad, el odio es la cadena de los presidiarios, que los liga recíprocamente en la cárcel de la desventura.

Si alguien ha partido odiando, y si en el mundo su adversario se empeña en cultivar los gérmenes de la antipatía y de los recuerdos crueles, es muy natural que en el plano invisible persistan los elementos de la aversión y la venganza implacable, en obediencia a las leyes de la reciprocidad; de lo que se desprende la necesidad del perdón con completo olvido del mal, a fin de que la fraternidad pura se manifieste a través de la oración y de la vigilancia, convirtiendo el odio en amor y piedad, con los ejemplos más santos que pueden hallarse en el Evangelio de Jesús.

159. En los casos de persecuciones hechas por enemigos espirituales, ¿la acción de éstos se realza sin el conocimiento de nuestros amorosos y esclarecidos guías?

Las denominadas actuaciones del plano invisible, sean de la naturaleza que fueren, no se llevan a cabo sin conocimiento de Jesús y de sus representantes, que son los mentores del hombre en su jornada de experiencias hacia el conocimiento y la luz.

Las persecuciones de un enemigo invisible tienen un límite y no afectan a aquel a quien van dirigidas sino en la medida de la propia necesidad de este último, pues bajo los ojos amorosos de vuestros guías del plano superior todos esos movimientos poseen una finalidad sagrada, cual es la de inculcaros fortaleza moral, tolerancia, paciencia y resignación, dentro de los mas sagrados imperativos de la fraternidad y del bien.

160. Los Espíritus desencarnados ¿se dividen también, en las esferas más próximas a la Tierra, en Seres femeninos y masculinos?

En las esferas más cercanas al planeta las almas desencarnadas conservan las características que les eran más agradables en las actividades de la existencia material, tomando en cuenta que algunas, que deambulan por el mundo con una vestidura orgánica impuesta por las circunstancias de la tarea que han de realizar junto a los encarnados, retoman sus condiciones anteriores a la reencarnación, aunque enriquecidas, si han sabido cumplir bien sus deberes en el plano de los dolores y dificultades materiales. No obstante, ampliando el tema, debemos considerar que los Espíritus, sean cuales fueren sus rasgos característicos, están todos ellos en marcha hacia Dios, purificando cada uno de sus sentimientos y embelleciendo sus propias facultades, con el objeto de reflejar la luz divina y convertirse, en unas u otras condiciones, en perfectos ejecutores de los designios del Eterno.

Del libro "El consolador que prometió Jesús"
Espíritu Emmanuel.
Médium Francisco Cândido Xavier.

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