Tristeza

En todas partes, la tristeza surge en la tierra a la manera de sombra bajo diversas modalidades.

Vemos la tristeza delictuosa de quien no consigue arrojarse al despeñadero del crimen.

Tenemos la tristeza desordenada de aquellos que no pudieron implantar la discordia.

Auscultamos la tristeza destructiva de cuantos solo encuentran frustración en sus planes perversos.

Sondamos la tristeza malévola de aquellos que se vieron inhabilitados para herir…

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La Semana Santa

¡Semana Santa, que recuerda al hombre
la gran historia que salvara al mundo,
epopeya grandiosa, cuyo nombre
inspira al corazón amor profundo!

¡Suceso que a través de la edades,
hoy conmemora la cristiana grey,
y olvidando las locas vanidades
practican de Jesús la santa Ley!

El mísero bendigo hoy abandona
su triste albergue, y en feliz morada,
el regio manto y la imperial corona,
ante sus plantas mira prosternada!

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El espiritismo no es un fenómeno

Hay que reconocer que todo lo que toca nuestra pobre humanidad, lo reduce a su misma pequeñez y a su nivel mezquino y miserable. La idea sublime y grandiosa que desciende de lo alto, para mitigar los crueles sufrimientos de los hombres, se cubriría de lodo, si ello pudiera ser, es decir, si la esencia de donde procede ese ideal le permitiera mancharse. Lo dijo Víctor Hugo: “La gota de rocío que pende de las hojas de las plantas como líquido brillante, se transforma en barro, al tocar nuestro mísero suelo”.

¡Pobres humanos! ¡Cuán atrasados, cuán pequeños y cuán imperfectos somos! El Espiritismo no podía escapar a esa intrusión, digámoslo así, de la pequeñez humana en su grandeza; del fanatismo ignorante de los hombres, en su transparente claridad. Pero, lo repetimos: A pesar de todo, sigue inmutable su marcha ascensional y bienhechora, porque procede de la Fuente de todo amor y poder, y como obra divina, no puede ser detenido su paso hacia adelante.

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Testimonio de gratitud

La propuesta del programa televisivo era encontrar parientes que habían perdido contacto, con el pasar de los años. Los testimonios presentados eran los más diversos, por parte de muchos que, por un motivo u otro, desconocían el paradero de familiares, debido a los distintos caminos trazados. Eran historias de desencuentros y separaciones, de dolores que el tiempo se había encargado de calmar pero que, ante la oportunidad del reencuentro, retornaban con fuerza e intensidad. Y así fue como ella contó la historia de su vida.

Estaba embarazada. Era joven, sin independencia, bajo condiciones financieras precarias, sin ningún apoyo familiar. Al dar a luz, su corazón de madre pensó en el futuro de su hija. Con los dolores dilacerándole el alma, la dio en adopción. Había conocido vagamente la familia que la adoptaría: tenían buenas condiciones financieras y deseaban, ardientemente, un hijo. Aquella familia seguramente la amaría.

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El Magnetismo y el Espiritismo

Cuando aparecieron los primeros fenómenos espíritas, algunas personas pensaron que este descubrimiento (si lo podemos llamar así) iba asestar un golpe fatal al Magnetismo, y que de ello resultaría como con los inventos, donde el más perfeccionado hace olvidar a su antecesor. Este error no tardó en disiparse y rápidamente se reconoció el parentesco próximo de estas dos ciencias.

En efecto, ambas son basadas en la existencia y en la manifestación del alma, y lejos de combatirse, pueden y deben prestarse mutuo apoyo: ellas se completan y se explican entre sí. Sus respectivos adeptos difieren, no obstante, en algunos puntos: ciertos magnetistas aún no admiten la existencia o, por lo menos, la manifestación de los Espíritus; creen que pueden explicarlo todo por la sola acción del fluido magnético, opinión que nosotros nos limitamos a constatar, reservándonos para debatirla más adelante.

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Resurrección

No aguardes el futuro para abrir los ojos a la propia resurrección.

El atajo del amor puro consigue reducir las sinuosidades de la senda que nos cabe andar para la comunión con el Señor.

Es posible nuestro renacimiento ahora. Para eso, pues, no guardes el corazón en la rígida armadura de las palabras, incapacitándole en movimiento en el infinito Bien.

El Evangelio no es un prontuario de fórmulas irrealizables.

No se reduce a museo de símbolos muertos, ni se resume a enseñanzas que los siglos hayan sentenciado al abandono.

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Consideraciones importantes

“Los Buenos Espíritus no imponen ninguna violencia…” (Segunda Parte, cap. XXIII, ítem 237)

Los Espíritus esclarecidos en cuanto a la realidad de la Vida, igualmente conscientes de sus limitaciones, no imponen ninguna especie de violencia a las personas, no efectúan cualquier cobro en el sentido moral en sus actitudes. Los espíritus moralistas, los que apuntan con el dedo en ristre las llagas de los semejantes, estén en el cuerpo o no, están muy lejos de la verdadera moralidad.

El Cristo, Modelo de Perfección para la Humanidad, conviviendo todo el tiempo con pecadores confesos, jamás los dejó violentados ni siquiera a través de una sola palabra; si se indignaba contra los “sepulcros vestidos de blanco por fuera, pero llenos de podredumbre por dentro”, se compadecía de las mujeres adulteras y de los hombres que se habían sumergido en el lodazal de la propia fragilidad espiritual…

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Trasplantes

El avance de la Medicina en técnicas quirúrgicas y el descubrimiento de medicamentos que eliminan o reducen sustancialmente los problemas de rechazo, abren horizontes muy amplios para el trasplante de órganos. Son habituales, actualmente, en los grandes centros médicos, los de córnea, huesos, piel, cartílagos y vasos; se multiplican los de corazón, riñones e hígados, considerados imposibles hace algunas décadas. Así como los bancos de sangre, surgen los que se especializan en ojos, huesos, piel…

Considerando el hecho de que el Espíritu no se desprende inmediatamente después de la muerte, surgen algunas dudas: ¿Sentirá dolores? ¿Experimentará repercusiones en el periespíritu? ¿Quién dona sus ojos no sufrirá problemas de visión en la Espiritualidad?

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La mujer sol

No la conozco. Jamás la había visto antes y, posiblemente, en esta ciudad por donde transitan miles de personas todos los días, jamás la veré de nuevo. Ella transitaba por la acera, en sentido contrario al mío. Lo que me llamó la atención fueron sus cabellos color plata, que me puse a admirar. ¿Habrían sido teñidos por los dedos del tiempo o por productos químicos?

Al pasar a mi lado, su rostro se iluminó, en una amplia sonrisa, espontánea. Sus labios se abrieron y dijeron con una agradable entonación: ¡buenos días! Sentí una vibración de paz invadirme. Un aura de armonía abrazarme. Y, en aquella fracción de segundo en que nos cruzamos, mientras le respondía el saludo, pude ver su rostro.

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