Seres orgánicos e inorgánicos


Los seres orgánicos son los que tienen en sí mismos una fuente de actividad íntima que les da la vida. Nacen, crecen, se reproducen y mueren. Están dotados de órganos especiales para la realización de los diferentes actos de la vida que son apropiados para sus necesidades de conservación. Comprenden los hombres, los animales y las plantas. Los seres inorgánicos son todos los que no tienen vitalidad ni movimientos propios y no se forman sino por la agregación de la materia, tales como los minerales, el agua, el aire, etc.

60 – ¿Es una misma la fuerza que une los elementos de la materia en los cuerpos orgánicos y en los inorgánicos?
– Sí, la ley de atracción es la misma para todos.

61 – ¿Existe alguna diferencia entre la materia de los cuerpos orgánicos y la de los inorgánicos?
– La materia es siempre la misma, pero, en los cuerpos orgánicos, está animalizada.

62 – ¿Cuál es la causa de la animalización de la materia?
– Su unión con el principio vital.

63 – ¿Reside el principio vital en un agente particular o sólo es una propiedad de la materia organizada? ¿En una palabra, es efecto o causa?
– Es lo uno y lo otro. La vida es un efecto producido por la acción de un agente sobre la materia y este agente sin la materia no es vida, de la misma manera que la materia no puede vivir sin aquél. Da la vida a todos los seres que lo absorben y asimilan.

64 – Vimos que el espíritu y la materia son dos elementos constitutivos del Universo, ¿forma un tercero el principio vital?
– Sin duda, es uno de los elementos necesarios a la constitución del Universo, pero él a su vez tiene su origen en la materia universal modificada. Para vosotros es un elemento como el oxígeno y el hidrógeno, que no son, sin embargo, elementos primitivos, visto que todo parte de un mismo principio.

– ¿Parece resultar aquí que la vitalidad no tiene su principio en un agente primitivo distinto, sino en una propiedad especial de la materia universal debida a ciertas modificaciones?
- Esa es la consecuencia de lo que dijimos.

65 – ¿Reside el principio vital en alguno de los cuerpos que conocemos?
– Tiene su origen en el fluido universal; es lo que llamáis fluido magnético o fluido eléctrico animalizado. Es el intermediario, el lazo entre el espíritu y la materia.

66 – ¿Es uno mismo el principio vital para todos los seres orgánicos?
– Sí, modificado según las especies. Es lo que les da movimiento y actividad y los distingue de la materia inerte, pues el movimiento de la materia inerte no es vida. Ella recibe ese movimiento pero no lo da.

67 – ¿La vitalidad es un atributo permanente del agente vital, o bien sólo se desarrolla por el funcionamiento de los órganos?
– No se desarrolla sino con el cuerpo. ¿No hemos dicho ya que ese agente sin la materia no es vida? Es necesaria la unión de ambas cosas, para producir la vida.

– ¿Puede decirse que la vitalidad se encuentra en estado latente, cuando el agente vital no está unido al cuerpo?
– Sí, así es.

El conjunto de los órganos constituye una especie de mecanismo que recibe su impulso de la actividad íntima o principio vital que existe en ellos. El principio vital es la fuerza motriz de los cuerpos orgánicos. Al mismo tiempo que el agente vital estimula los órganos, la acción de éstos mantiene y desarrolla la actividad del agente vital. Poco más o menos, lo mismo que la frotación desarrolla el calor.

La vida y la muerte

68 – ¿Cuál es la causa de la muerte de los seres orgánicos?
– El agotamiento de los órganos.

– ¿Podría compararse la muerte a la cesación del movimiento de determinada máquina desorganizada?
– Sí; si la máquina está mal montada, la actividad cesa; y si está malo el cuerpo, la vida se extingue.

69 – ¿Por qué una lesión del corazón con preferencia a la de otros órganos, produce la muerte?
– El corazón es una máquina de vida; pero el corazón no es el único órgano en el que una lesión causa la muerte, pues no es más que una de las partes esenciales.

70 – ¿En qué se transforman la materia y el principio vital de los seres orgánicos, cuando estos mueren?
– La materia inerte se descompone y toma nueva forma; el principio vital vuelve a la masa.

Muerto el ser orgánico, los elementos que lo componen sufren nuevas combinaciones que forman nuevos seres, los cuales toman de la fuente universal el principio de la vida y de la actividad, lo absorben y asimilan para devolverlo a la misma fuente, cuando dejen de existir. Los órganos están impregnados, por decirlo así, del fluido vital. Ese fluido da a todas las partes del organismo una actividad que las pone en comunicación entre sí, en los casos de ciertas lesiones restablece las funciones momentáneamente perturbadas. Pero cuando son destruidos los elementos esenciales al funcionamiento de los órganos, o están alterados profundamente, el fluido vital es impotente para la transmisión del movimiento de la vida y el ser muere. Los órganos reaccionan más o menos necesariamente los unos sobre los otros y de la armonía de su conjunto resulta su acción recíproca. Cuando una causa cualquiera destruye esa armonía, sus funciones cesan, como el movimiento de un mecanismo cuyas piezas esenciales están descompuestas. Tal sucede a un reloj que se gasta con el tiempo, o se descompone por accidente, en el cual la fuerza motriz queda impotente para ponerlo en movimiento.

Tenemos una imagen más exacta de la vida y de la muerte en un aparato eléctrico. Ese aparato recoge electricidad, en estado latente como todos los cuerpos de la Naturaleza. Los fenómenos eléctricos sólo se manifiestan cuando el fluido es puesto en movimiento por una causa especial. En ese caso, se podría decir que el aparato está vivo. Cesando la causa de la actividad, el fenómeno cesa; el aparato vuelve al estado de inercia. Los cuerpos orgánicos serían así como una especie de pilas o aparatos eléctricos en los cuales la actividad del fluido determina el fenómeno de la vida; la cesación de esa actividad produce la muerte.

La cantidad de fluido vital no es un factor absoluto para todos los seres orgánicos; varía según las especies y no es un factor constante, bien sea en el mismo individuo, o en individuos de la misma especie. Los hay que están saturados de él, mientras que otros disponen apenas de una cantidad suficiente, y de aquí que la vida sea en algunos más activa, más vibrante y en cierto modo superabundante.

La cantidad de fluido vital se agota y puede llegar a ser insuficiente para el mantenimiento de la vida, sino se renueva por la absorción y asimilación de las substancias que lo contienen. El fluido vital se transmite de un individuo a otro y el que tiene más puede dar al que tiene menos y en ciertos casos restablecer la vida a punto de apagarse.

 Inteligencia e instinto

71 – ¿La inteligencia es un atributo del principio vital?
– No, puesto que las plantas viven y no piensan; tan solo tienen vida orgánica. La inteligencia y la materia son independientes, pues un cuerpo puede vivir sin inteligencia; pero ésta sólo puede manifestarse por medio de los órganos materiales, y es necesaria la unión con el espíritu para dar inteligencia a la materia animalizada.

La inteligencia es una facultad especial, propia de cierta clase de seres orgánicos que les da, con el pensamiento, la voluntad de actuar, la conciencia de su existencia y de la individualidad, así como también los medios para establecer relaciones con el mundo exterior y de atender a sus necesidades. Pueden distinguirse así: Primero: los seres inanimados formados únicamente de materia, sin vitalidad ni inteligencia, que son los cuerpos brutos. Segundo: los seres animados no pensantes, formados de materia y dotados de vitalidad, pero desprovistos de inteligencia. Tercero: los seres animados que piensan, formados de materia, dotados de vitalidad y que tienen además un principio inteligente que les da la facultad de pensar.

72 – ¿Cuál es la fuente de la inteligencia?
– Ya lo dijimos: la inteligencia universal.

– ¿Podría decirse que cada ser toma una porción de inteligencia de la fuente universal y la asimila, como toma y asimila el principio de la vida material?
– Esto no es más que una comparación e inexacta, porque la inteligencia es una facultad propia de cada ser y constituye su individualidad moral. Además, ya sabéis, que hay cosas que no es dado al hombre penetrar, y esta es, por ahora, una de ellas.

73 – ¿El instinto es independiente de la inteligencia?
– No, precisamente, porque es una especie de inteligencia. El instinto es una inteligencia no racional, y por él todos los seres atienden a sus necesidades.

74 – ¿Puede fijarse un límite entre el instinto y la inteligencia, es decir, precisar donde termina uno y comienza la otra?
– No, porque con frecuencia se confunden; pero se pueden distinguir muy bien los actos que pertenecen al instinto de los que pertenecen a la inteligencia.

75 – ¿Es exacto decir que disminuyen las facultades instintivas a medida que crecen las intelectuales?
– No; el instinto existe siempre, pero el hombre lo descuida. También puede el instinto conducir al bien; nos guía casi siempre y a veces con más seguridad que la razón; porque nunca se extravía.

– ¿Por qué la razón no es siempre un guía infalible?
– Sería infalible sino estuviese falseada por la mala educación, por el orgullo y el egoísmo. El instinto no razona; pero la razón deja la elección al hombre y le da el libre albedrío.

El instinto es una inteligencia rudimentaria que difiere de la inteligencia propiamente dicha en que las manifestaciones son espontáneas casi siempre, mientras que las de la inteligencia son resultado de una combinación y de un acto deliberado. El instinto varía en sus manifestaciones según las especies y sus necesidades. En los seres que tienen conciencia y percepción de las cosas exteriores se alía a la inteligencia, es decir, a la voluntad y a la libertad.

Extraído del libro "El libro de los espíritus"
Allan Kardec
 

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