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-En el campo de la Química, las fuerzas del plano espiritual ¿ayudan al
hombre terrestre?
Los representantes de Jesús se ramifican en la totalidad de los sectores
del trabajo humano y en toda época han colaborado con el hombre en su
esfuerzo de perfeccionamiento. Por otra parte, los estudiosos y
científicos del planeta no han creado los fenómenos químicos, que siempre
existieron, desde la aurora de los tiempos, afirmando una inteligencia
superior. En realidad, los hombres aprendieron Química con la Naturaleza,
copiaron las asociaciones de ésta, desarrollaron su campo de estudio e
inventaron una nomenclatura, reduciendo los valores químicos sin
aprehender su origen divino.
-En los estudios de Química se calcula en cerca de un cuarto de millón las
sustancias de la Tierra que pueden ser reducidas, aproximadamente, como
originarias de noventa elementos. Cuando los estudios de esta ciencia
hallan sido ampliados, ¿podrán reducirse todavía más las fuentes de
origen?
La Química necesita presentar esa división de elementos para la
catalogación de los valores educativos, con miras a las investigaciones de
índole científica en el mundo, Con todo si, en su base se hallan los
átomos, en la más vasta expresión de diversidad, aun así tenderá siempre
hacia la unidad sustancial, remontándose, con las verdades espirituales, a
sus fuentes de origen. Además, tratándose de las individuaciones químicas,
ya sabéis que dentro del marco de los conocimientos terrestres el
hidrógeno es el elemento más simple de todos. Su átomo constituye la forma
primordial de la materia planetaria, siendo un sistema absolutamente
simplificado, por cuanto está compuesto de un solo electrón, y de ahí
parten las demás individuaciones en el mecanismo evolutivo de la materia,
en sus expresiones rudimentarias.
-En los llamados movimientos brownianos y en las afinidades moleculares
¿podremos observar manifestaciones de espiritualidad?
En los denominados movimientos brownianos, así como en las atracciones
moleculares, todavía no podremos ver, propiamente, manifestaciones de
espiritualidad como principia de inteligencia, sino fenómenos
rudimentarios de la vida en sus demostraciones de energía potencial, en la
evolución de la materia, que se encamina hacia los principios anímicos
bajo la bendición de luz de la naturaleza divina.
-¿Hubo una unidad material para la formación de las diversas expresiones
orgánicas existentes en la Tierra?
De la manera que el químico humano encuentra en el hidrógeno la fórmula
más simple para establecer la ruta de sus comparaciones sustanciales, así
también los Espíritus que cooperaron con Cristo, en los inicios de la
organización planetaria, hallaron en el protoplasma el punto de partida
para su actividad realizadora, tomándolo como base esencial de todas las
células vivas del organismo terrestre.
-¿Existe una ley de progreso para la individuación química?
En la conceptuación de los valores espirituales, la ley es de evolución
para todos los seres y cosas del Universo. Las individuaciones químicas
poseen igualmente su ruta para la obtención de las primeras expresiones
anímicas, y es justo observar que en el ámbito industrial la individuación
es trabajada mediante los procedimientos más groseros, hasta que pueda ser
aprovechada por el agente invisible en la química biológica, donde ingresa
en un nuevo ciclo vital, en la ascensión hacia su destino.
-¿Qué diferencia ven los Espíritus entre la química biológica y la
industrial?
En la primera de ellas prevalecen los ascendientes espirituales, en todas
las organizaciones, al paso que en la segunda la totalidad de los factores
pueden ser de actuación propiamente material. En ello radica la gran
diferencia. Es que, en la intimidad de la célula orgánica, el fenómeno de
la vida se somete a un agente divino, en su naturaleza profunda, mientras
que en los compuestos industriales las combinaciones químicas pueden
obedecer a un agente humano.
-La radiactividad ¿produce la destrucción o la evolución de la materia?
Por medio de la radiactividad se lleva a cabo la evolución de la materia.
En ese continuo desgaste es donde se observan los procesos de
transformación de las individuaciones químicas, convertidas en energía,
movimiento, electricidad, luz, en la ascensión hacia nuevas modalidades
evolutivas, obedeciendo a las leyes que rigen el Universo.
-¿Dónde reside la fuente de energía para la materia, puesto que la
radiactividad opera sin cesar, desgastando sus fuerzas?
El Sol es esa fuente vital para todos los núcleos de la vida planetaria.
La totalidad de los seres, así como todos los centros en que se procesan
las fuerzas embrionarias de la vida, reciben la continua renovación de sus
energías por medio de la lluvia incesante de los átomos, que la sede del
sistema envía a su familia de mundos, equilibrados, por su atracción, en
lo Infinito.
-¿Cómo debemos entender el aserto de los químicos de que "nada se crea y
nada se pierde"?
En rigor de verdad, el espíritu humano no crea la vida, atributo de Dios,
fuente de la creación infinita e incesante. Sin embargo, si el hombre no
puede crear el fluido de la vida, en torno a él nada se pierde de la obra
de Dios, por cuanto todas las sustancias se transforman, en su evolución
hacia más arriba.
-Frente a la exactitud con que se efectúan las combinaciones naturales de
la química orgánica, ¿cómo hemos de entender las diversas expresiones de
la Naturaleza, en sus orígenes?
Las diferentes expresiones de la Naturaleza terrestre, en sus primitivas
agregaciones moleculares, obedecieron al pensamiento divino de los
representantes de Jesús, cuando sobre la corteza del globo se producían
las manifestaciones iniciales de la vida. Remontándoos a esos profundos
orígenes podéis observar, entonces, el esfuerzo de los Espíritus sabios
del plano invisible en el manejo de los valores de la química biológica,
en los comienzos de la vida planetaria, cuando establecían la
caracterización definitiva de los procesos de la Naturaleza en la fijación
de las especies, previendo todo mecanismo de evolución en el futuro y
entregando su trabajo a las leyes de la selección natural que, bajo la
égida de Jesús, proseguirían el perfeccionamiento de la obra terrestre a
lo largo de los tiempos.
-Las fuerzas espirituales ¿organizaron igualmente la atmósfera del mundo?
Eso es indudable. La inteligencia con que fueron dispuestos los elementos
del escenario, para el desarrollo de la vida en el planeta, os lo
confirma. A unas cuantas decenas de kilómetros fueron colocadas las capas
de ozono, destinadas a filtrar los rayos solares, dosificando su
naturaleza, con miras a la protección de la vida. De la atmósfera recibís
el mayor porcentaje de nutrición para el mantenimiento de las células. Y
como nuestro propósito no consiste en ofrecer citas eruditas, ni tampoco
en repetir los preceptos científicos del mundo, recordemos que un hombre,
para mantener su vida orgánica, necesita una regular cantidad de oxígeno,
quince gramos de nitrógeno (alimenticio) y quinientos gramos de carbono
(alimenticio). El oxígeno es una dádiva de Dios para todas las criaturas.
En cuanto al nitrógeno y el carbono, por su obtención lucha el hombre con
afán en la Tierra,, recordándonos la exhortación de los textos sagrados al
Espíritu caído: "Ganarás el pan con el sudor de tu frente". El problema
básico de la nutrición, en esa fórmula química, es una reafirmación de la
paternal generosidad del Creador y del estado expiatorio en que se
encuentran las almas reencarnadas en este mundo.
-¿Cómo hemos de interpretar la afirmación de los astrónomos acerca de la
muerte térmica del planeta?
Bien es verdad que todo organismo material se transformará algún día,
adoptando formas nuevas. Las energías del Sol, así como las fuerzas
telúricas del orbe terrestre, se agotarán aquí para resurgir en otra
parte. Algunos astrónomos calculan la muerte térmica del planeta para
dentro de un millón de años, aproximadamente. Pero ya se ha dicho que la
vida es el eterno presente. Y nuestro primer deber no reside en contar el
tiempo, estableciendo sobre bases inseguras la duración de obras
conocidamente transitorias, sino en valorizarlo como oportunidad sagrada
para las edificaciones definitivas de nuestro Espíritu, las cuales son
inaccesibles a todas las transformaciones de la materia, frente al
Infinito.
Del libro "El consolador que prometió Jesús"
Espíritu Emmanuel.
Médium Francisco Cândido Xavier. |