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V
A partir del presente capítulo y tras el notable estudio
del Instructor Alberio, el Asistente Áulus asumirá el comando de nuestros
comentarios sobre la mediumnidad. A través del verbo bondadoso y sabio de
este Espíritu, ilustrándonos los maravillosos y complejos caminos de la
mediumnidad, aprendiendo con él muchas cosas que los clásicos no podrían
mencionar en el siglo XIX, teniendo en cuenta la inmadurez del espíritu
humano para tales problemas. Además, lo que da el sentido de eternidad a
la Doctrina Espírita es exactamente ese carácter progresivo que asegura la
continuidad de las noticias del Espacio dando expansividad a la
Codificación, desdoblándola en matices cada vez más bellos y apasionantes
y, para júbilo de todos nosotros, enriqueciéndola con nuevos y magníficos
conocimientos de la vida más allá de la Tumba. Estaría la Doctrina
Espírita detenida con los libros básicos, sin esta magnífica
complementación. Su destino sería, inevitablemente, el destino de tantas
doctrinas que florecieron, que tuvieron su época dorada, pero por causa de
cristalizarse quedaron sepultadas en el sarcófago del olvido.
El Espiritismo por su contenido evolutivo y universal es un movimiento en
marcha, hacía delante y para lo alto. Es un Sol que busca el cenit de sus
gloriosos objetivos de Consolador, anunciado y prometido por el Divino
Amigo. De Él fue dicha la primera parábola y jamás se dirá la última,
afirmó incisivamente Allan Kardec. Bendecido sea, en las resplandecientes
esferas, el valeroso misionero que estructuró el Espiritismo; le dio bases
inamovibles, dejándole todavía, las más positivas, ricas y sublimes
perspectivas de engrandecimiento, de desenvolvimiento y de expansividad
ilimitadas, en el Tiempo y en el Espacio.
Definiendo el psicoscopio el Asistente Áulus informa:
“Es un aparato sobre el que intuitivamente se refirió el ilustre estudioso
de la fenomenología espírita, a finales del siglo pasado. Se destina a la
auscultación del alma, con el poder de definirle las vibraciones y la
capacidad de efectuar diversas observaciones de la materia”. El científico
al que Áulus se refiere fue Alfredo Erny en su obra “El Psiquismo
Experimental”.
Según verificamos, el psicoscopio tiene la propiedad de definir las
vibraciones de encarnados y desencarnados; cumpliéndonos, atentos a los
objetivos de este libro, resaltar la facultad de este aparato espiritual,
debidamente preparado en un grupo mediúmnico, de caracterizar los más
íntimos sentimientos de los presentes, tales como:
a)- Moralidad
b)- Bondad
c)- Perversidad
d)- Falta de confianza
e)- Curiosidad
f)- Irresponsabilidad
g)- Intereses inferiores.
El Psicoscopio tiene en el plano espiritual, por analogía, la misma
función que tiene en la Tierra el magnetómetro, aparato inventado por el
Abad Fortín para medir la intensidad del fluido magnético, el
Estetoscopio, los Rayos X, el electrocardiógrafo, el electroencefalógrafo,
etc., en la medicina terrestre. El estado orgánico del enfermo es indagado
por el médico o por el radiólogo, mediante la aplicación del instrumento
apropiado. Utilizando los aparatos de arriba el médico conocerá la
“intimidad física del paciente”. Sabrá si el corazón funciona con
normalidad, si los pulmones oxigenan bien, si el órgano cerebral está sin
alteraciones. Tales aparatos indiscretos son, en síntesis, los reveladores
de los secretos íntimos del cuerpo humano. Muchas veces, aquello que el
enfermo no deseaba saber por medio de la verdad o preferiría que los demás
ignorasen es revelado por esos y otros aparatos. El Psicoscopio desempeña
bajo el punto de vista espiritual esta misma función, descubre y revela a
los benefactores espirituales lo que los médiums ocultan al dirigente de
los trabajos y lo que el dirigente oculta a los médiums. Sin duda, este
hecho sublima el servicio mediúmnico, acentuando el sentido de
responsabilidad que debe orientar este bendito campo de actividad.
Cúmplenos, entretanto, decir que tal providencia analizadora de los
sentimientos individuales no se efectúa por los amigos espirituales a
guisa de simple curiosidad o predilección. Lejos de eso. El más fervoroso
sentimiento de comprensión y bondad preside tales verificaciones, cuya
utilidad apreciamos en las líneas siguientes. Los instructores operan con
absoluta ausencia de cualquier pensamiento humillante o ajeno a la
caridad, no sólo con relación a los encarnados, sino también para con los
desencarnados.
Oigamos a este respecto la palabra del Asistente Áulus:
“En nuestro esfuerzo de supervisión podemos clasificar sin dificultad (con
el Psicoscopio) las perspectivas de ese o de aquél grupo de servicios
psíquicos que aparecen en el mundo.
Analizando la psicoscopia de una personalidad o de un equipo de
trabajadores es posible tomar nota de sus posibilidades y categorizar su
situación. Según las realizaciones que proyectan planeamos la obra que
pueden desempeñar en el Tiempo”.
Esta declaración del Mentor Espiritual es de suma importancia para los
grupos mediúmnicos que desean, verdaderamente, trabajar “bajo el
planeamiento de lo Alto”, asistidos y orientados por instructores que,
anotando sus posibilidades, programarán trabajos a ser ejecutados junto a
los necesitados, “vivos” o “muertos”.
Un grupo mediúmnico que funciona en la base de la irresponsabilidad y de
la desconfianza, de la negligencia o de la mala voluntad, sin que sus
componentes estén entrelazados por la más santa fraternidad y por los más
elevados propósitos; un grupo de ese tipo, analizado “psicoscópicamente”
por los Mentores, quedará, sin duda, a merced de los intereses que
orientan su existencia y su funcionamiento, posiblemente dirigidos por
entidades infelices. Entre compañeros faltos de vigilancia y entidades
menos esclarecidas se establecerá, inevitablemente, esa sintonía
vibratoria de que fueran objeto las páginas precedentes.
Los instructores espirituales comprenderán, compadecidos, que aquél grupo
no alcanzará el concurso elevado porque se hallan ausentes los requisitos
fundamentales que justifican la colaboración de lo Más Alto: ¡buena
voluntad, confianza y sinceridad de propósitos!
¿Que podrán los Benefactores Espirituales “planear” para semejante núcleo
si predominan los intereses menos dignos con absoluto descuido por el bien
del prójimo, aunque, la palabra caridad sea pronunciada pomposamente a la
manera de la campana que tintinea?...
Lo contrario sucede cuando poniendo el psicoscopio a funcionar en un grupo
humilde y sincero, las radiaciones de sus integrantes hablan a través del
inconfundible lenguaje de los sentimientos, expresados en forma de
vibraciones, laboriosidad y devoción, de confianza y unión espiritual. En
este caso - afirmamos alto y claro - que los instructores espirituales
organizarán la ficha psicoscópica del grupo para que un programa de
santificantes realizaciones les sea encomendado.
Cualquiera de nosotros, militantes espíritas, habrá observado, donde
quiera que sea, que ciertos grupos mediúmnicos no se prodiguen. ¿Por qué
será?
¿No se encontrará, por ventura, en las consideraciones en torno del
psicoscopio la respuesta lógica y racional a tal indagación?
El buen sentido nos dice que muchos grupos funcionan sin un programa
edificante. Se hacen sesiones simplemente por hacer.
Un grupo mediúmnico que funciona sin orientación cristiano-evangélica, sin
reflexionar en el problema fundamental de la elevación moral de todos,
mejor sería que cerrase sus puertas porque, entonces, las cerraría también
a las fuerzas de la sombra. Mediumnidad es, sin duda, actividad sagrada.
Por ella es que viene la Renovación, que es la palabra de Dios para los
hombres. Por los conductos mediúmnicos, a través de la inspiración o de la
escritura es que el Cielo ha enviado a la Tierra, en todos los tiempos y
lugares, abundantes chorros de luz y consolación.
Los Centros Espíritas bien orientados no deben escatimar armas en el
esfuerzo de recomendar sesiones reservadas, de amparo a los sufrientes,
con el fin de que las tareas mediúmnicas cumplan su legítima finalidad.
Parece que las recomendaciones del Codificador, en este sentido, fueron
olvidadas. Las advertencias de León Denis permanecen también tristemente
olvidadas.
Creemos que el libro “En los Dominios de la Mediumnidad” haya sido
comprendido y que, como resultado de su lectura y análisis puedan los
grupos espíritas trazar elevadas directrices para sus menesteres
mediúmnicos, congregando hombres y mujeres de buena voluntad, sinceras y
estudiosas, para componer sus núcleos de amparo a los sufrientes. No es
demasiado tarde para aplicarnos y hacer lo mejor en nuestras actividades
en el sector mediúmnico. Será este el medio que la Espiritualidad,
examinando los sentimientos y las intenciones de los trabajadores de ese
campo, les dispensarán amparo y orientación; tranzándoles programas que
atiendan sobre todo al elevado espíritu de fraternidad que presidió a
todos los actos y palabras, pensamientos y actitudes de Nuestro Señor
Jesucristo - El Médium de Dios.
Extraído del libro:
Estudiando la mediumnidad.
Martins Peralva |