P

padre.

(Del lat. pater, -tris.) m. Varón o macho que ha engendrado.
// Varón o macho, respecto de sus hijos.
// Macho que se destina en el ganado para la procreación.
// Religioso o sacerdote, en señal de respeto.
// fig. Autor de una obra de ingenio o inventor de otra cosa cualquiera.
// El que ha creado o adelantado notablemente alguna ciencia, arte, etc.
// pl. El padre y la madre.
// Abuelos y demás progenitores de una misma familia.
// -Eterno. Teol. Padre, primera persona de la Trinidad.
// -Santo. Por antonom., Sumo Pontífice.
// Espirit. Celador del alma que Dios le confía en el sagrado instituto de la familia.
// Primer mentor de la criatura.
// Organizador de un ambiente justo al cumplir su misión con amor.

palabra.

(Del lat. parabola.) f. Sonido o conjunto de sonidos articulados que expresan una idea.
// Representación gráfica de dichos sonidos. *En la escritura hay muchas veces necesidad de dividir la palabra al fin de un renglón y entonces han de tenerse presentes las siguientes normas:
1) Las partes de la palabra que hayan de quedar al fin de un renglón y al comienzo de otro deberán formar siempre una sílaba cabal. Esto no obstante, cuando un compuesto sea claramente analizable como formado de palabras que por sí solas tienen uso en la lengua o de una de estas palabras y un prefijo, será potestativo dividir el compuesto separando sus componentes, aunque no coincida la división con el silabeo del compuesto: no-sotros o nosotros, desamparo o des-amparo.
2) Cuando al dividir una palabra con arreglo a la norma primera haya de quedar a principio de línea una h precedida de consonante, se dejará ésta al fin del renglón anterior y se comenzará el siguiente con la h: al-haraca, deshidratar, super-hombre.
3) Los diptongos y los triptongos forman una sílaba y por lo mismo no deben dividirse las vocales que los componen.
4) Si la primera o la última sílaba de una palabra fuese una vocal se evitará poner esta letra sola al fin o al principio de línea.
5) Las letras dobles ch, ll y rr no se desunirán jamás.
// Facultad de hablar.
// Empeño que una persona hace de su fe o probidad.
// Promesa u oferta.
// Derecho, turno para hablar en las asambleas.
// Teol. Verbo, segunda persona de la Trinidad.
// Espirit. Don divino, cuando es acompañada de actos que la atestigüen.
// Vehículo magnético, factor inductivo en el origen de toda realización.

pan.

(Del lat. panis.) m. Porción de masa de harina y agua, fermentada y cocida en horno.
// fig. Masa de otras cosas, en forma de pan.
// Todo lo que sirve, en general, para el sustento diario.
// Espirit. -del cuerpo. Amor, trabajo y sacrificio del labrador.
// -del Espíritu. Servicio, esfuerzo y renuncia del misionero del bien.

paraíso.  (paradis)

[del griego paradeizos: jardín, vergel]. Morada de los bienaventurados. Los Antiguos lo ubicaban en la parte de los Infiernos llamada Campos Elíseos (véase Infierno). Los pueblos modernos lo sitúan en las regiones elevadas del espacio. Aquella palabra es sinónimo de cielo (ciel), tomada en la misma acepción, con la diferencia de que el vocablo cielo se vincula con una idea de beatitud infinita, mientras que el término paraíso es más circunscrito y recuerda goces un poco más materiales. Aún se dice: «subir al cielo», «descender al infierno». Estas opiniones se basan en la creencia primitiva – fruto de la ignorancia – de que el Universo estaría formado de esferas concéntricas, en cuyo centro se hallaría la Tierra. En estas esferas denominadas cielos, es donde han sido colocadas las moradas de los justos; de ahí las expresiones de «quinto y sexto cielos» para designar los diversos grados de beatitud. Pero, desde entonces, la Ciencia ha dirigido su mirada investigadora hacia las profundidades etéreas y nos muestra el espacio universal sin límites, poblado de un número infinito de globos, entre los cuales se encuentra el nuestro, al cual ningún lugar de distinción le ha sido asignado y sin que exista para él arriba o abajo. Al observar el sabio – allí donde le habían indicado el Cielo – el espacio infinito y los innumerables mundos por todas partes, y al no encontrar el Infierno en las entrañas de la Tierra sino las capas geológicas en que está inscrita su formación en caracteres irrefutables, comenzó a dudar del Cielo y del Infierno, y de ahí a la duda absoluta no había más que un paso. La Doctrina enseñada por los Espíritus superiores está de acuerdo con la Ciencia. Nada contiene que repugne a la razón o que esté en contradicción con los conocimientos exactos. Esa Doctrina nos muestra la morada de los Buenos, no más en un lugar cerrado o en las supuestas esferas con que la ignorancia había rodeado a nuestro globo, sino en todas partes donde haya Espíritus buenos: en el espacio para los que están errantes, y en los mundos más perfectos para los que están encarnados. He aquí el Paraíso Terrestre y los Campos Elíseos, cuya primera idea proviene del conocimiento intuitivo que había sido dado al hombre sobre ese estado de cosas, y que su ignorancia y sus prejuicios han reducido a mezquinas proporciones. Ella nos muestra a los malos encontrando el castigo de sus faltas en su propia imperfección, en sus sufrimientos morales, en la inevitable presencia de sus víctimas, castigos más terribles que las torturas físicas incompatibles con la doctrina de la inmaterialidad del alma; los muestra expiando sus errores mediante las tribulaciones de nuevas existencias corporales, que cumplen en mundos imperfectos y no en un lugar de eternos suplicios de donde la esperanza haya sido desterrada para siempre. He aquí el Infierno. ¡Cuántos hombres nos han dicho: Si nos hubieran enseñado esto  en nuestra infancia, jamás habríamos dudado! La experiencia nos enseña que los Espíritus que no están suficientemente desmaterializados se encuentran todavía bajo el imperio de las ideas y de los prejuicios de la existencia corporal; los que en sus comunicaciones tienen un lenguaje conforme a ideas que han sido demostradas materialmente erróneas, prueban por esto mismo su ignorancia y su inferioridad.

pasado(da).

p.p. de pasar.
// m. Tiempo que pasó; cosas que ocurrieron en él. *A semejanza de presente y futuro, la Gramática de la Academia en el número 479, inciso 5 a), tacha de solecismo el uso de esta voz como sustantivo y aconseja que no se diga el pasado, sino lo pasado, más correcto y castizo; la historia estudia lo pasado, y no el pasado. Es de notar que el propio Diccionario oficial registra pasado como sustantivo masculino.
// Espirit. Fuerte raíz que necesitamos reajustar en el presente, a fin de que el futuro sea portador de las bendiciones que reclamamos.

pase.

(imper. del verbo pasar, palabra con que por lo común empiezan esta clase de documentos.) m. Permiso para usar de un privilegio, licencia o gracia.
// Dado por escrito, licencia para viajar gratuitamente, transitar por algún sitio, penetrar en algún local, etc.
// Cada uno de los movimientos que hace con las manos el que presume de hipnotizador.
// Espirit. Transfusión de energías, alterando el campo celular.
// Transfusión de fuerzas psíquicas, en que preciosas energías fluyen de los mensajeros de Cristo para los donadores y beneficiarios.
// Ligado al campo del magnetismo.

pasión.

(Del lat. passio, -onis.) f. Acción de padecer. Por antonom., la de Cristo.
// Lo opuesto a la acción. Estado pasivo en el sujeto.
// Afecto desordenado del ánimo.
// Inclinación o preferencia muy vivas.
// Afición vehemente a una cosa.
// Espirit. Palanca que decuplica las fuerzas del hombre y le auxilia en la ejecución de los designios de la Providencia. El abuso de ellas causa el mal.

paz.

(Del lat. pax, pacis.) f. Virtud que da sosiego y tranquilidad al ánimo.
// Pública tranquilidad de los Estados, en contraposición a la guerra.
// Sosiego y armonía de unos con otros.
// Ajuste o convenio después de una guerra.
// Espirit. Equilibrio entre la razón y el sentimiento, lo que se hace y cómo se hace, siempre edificando.
// -suprema. Estado de pureza de conciencia.

pena.

(Del lat. poena, y éste del gr. poiné.) f. Castigo impuesto por autoridad legítima.
// Cuidado, aflicción o sentimiento.
// Dolor, tormento corporal.
// Dificultad, trabajo.
// -del talión. La que imponía al reo un daño igual al que él había ocasionado.
// Espirit. Consecuencia de las imperfecciones del hombre, de sus pasiones, del mal uso de sus facultades y la expiación de las faltas presentes y pasadas.

penas eternas (peines éternelles).

Los Espíritus superiores nos enseñan que sólo el bien es eterno, porque es la esencia de Dios, y que el mal tendrá un fin. En consecuencia de este principio combaten la doctrina de la eternidad de las penas como contraria a la idea que Dios nos da de su justicia y de su bondad. Pero la luz no se hace para los Espíritus sino en razón de su elevación; en las clases inferiores sus ideas aún se encuentran oscurecidas por la materia; para ellos, el futuro está cubierto por un velo: no ven más que el presente. Están en la posición de un hombre que escala una montaña; en el fondo del valle, la niebla y las curvas del camino limitan su visión: le es preciso llegar a la cima para abarcar todo el horizonte, para evaluar su recorrido y lo que le queda por hacer. Al no percibir el término de sus sufrimientos, los Espíritus imperfectos creen que siempre han de sufrir, y este pensamiento es en sí mismo un castigo para ellos. Por lo tanto, si ciertos Espíritus nos hablan de penas

penates  (Pénates)

[del latín penitus: interior, que está dentro; formado de penus: lugar retirado, oculto]: dioses domésticos de los Antiguos, así denominados porque se los colocaba en el lugar más retirado de la casa. – LARES (Lares) [del nombre de la ninfa Lara, ya que se los creía hijos de esta ninfa y de Mercurio]: eran, así como los penates, dioses o genios domésticos, con la diferencia de que en su origen los penates eran los manes (Mânes) de los antepasados, cuyas imágenes se guardaban en un lugar secreto, al abrigo de la profanación. Los lares – genios benéficos, protectores de las familias y de las casas – eran considerados como hereditarios, porque una vez vinculados a una familia continuaban protegiendo a sus descendientes. No sólo cada familia y cada casa tenían sus propios lares, sino que los había también para las ciudades, aldeas, calles, edificios públicos, etc., los cuales se ponían bajo la protección de estos o de aquellos lares, como entre los cristianos lo hacen bajo tal o cual santo patrono. Los lares y los penates, cuyo culto se puede decir que era universal – aunque con nombres diferentes –, no eran otros que los Espíritus familiares, cuya existencia hoy nos es revelada; pero los Antiguos hacían de ellos dioses a los cuales la superstición erigía altares, mientras que para nosotros son simplemente Espíritus que han animado a hombres semejantes a los nuestros, a veces parientes y amigos, y que se vinculan a nosotros por simpatía. (Véase Politeísmo [Polythéisme].)

penitencia.

(Del lat. paenitentia.) f. Sacramento por el cual, mediante la confesión con el propósito de enmienda, se perdonan los pecados cometidos después del bautismo.
// Pena que impone el confesor al penitente.
// Espirit. Reparación de faltas cometidas.
// Arrepentimiento.
// Remordimiento de las faltas y en la expiación que se sigue, pero todo en el orden moral.

pensamiento.

m. Potencia o facultad de pensar.
// Acción y efecto de pensar.
// Idea capital de una obra.
// Máxima o sentencia notable de una obra.
// fig. Sospecha, recelo.
// Bot. Trinitaria.
// Espirit. Atributo esencial y fuerza creadora del Espíritu.
// Lenguaje por excelencia. Idioma universal.
// Energía que puede conducir a la sublimación o a la desesperación, conforme los contenidos psíquicos de que se reviste.

perdón.

(De perdonar.) m. Remisión de una pena, deuda, agravio, etc.
// Indulgencia, remisión de los pecados.
// U. Para pedir disculpas.
// U. Para interrumpir el discurso de otra persona y tomar la palabra.
// Espirit. Olvido pleno de las ofensas. Sentimiento que facilita el progreso del ser.

pereza.

(Del lat. pigritia.) f. Negligencia, descuido o tardanza en el cumplimiento de los deberes u obligaciones.
// Flojedad o lentitud en las acciones o movimientos.
// Espirit. El vicio más peligroso para la Humanidad.
// Grave defecto de la voluntad, que se caracteriza por la falta de impulso para el trabajo.

periespíritu (périsprit)

[del griego peri: alrededor, y del latín spiritus: espíritu]. Envoltura semimaterial del Espíritu, después de su separación del cuerpo. El Espíritu la extrae del mundo en que se encuentra y la cambia al pasar de un globo al otro; es más o menos sutil o grosera, según la naturaleza de cada mundo. El periespíritu puede tomar todas las formas, a voluntad del Espíritu; comúnmente adopta la imagen que tenía en su última existencia corporal. Aunque de naturaleza etérea, la sustancia del periespíritu es capaz de recibir ciertas modificaciones que la vuelven perceptible a nuestra vista; es esto lo que sucede en las apariciones. Incluso puede – por su unión con el fluido de ciertas personas – hacerse temporalmente tangible, es decir, ofrecer al tacto la resistencia de un cuerpo sólido, como se observa en las apariciones estereotitas o palpables. (Véase Aparición [Apparition].) La naturaleza íntima del periespíritu todavía no es conocida; pero se podría suponer que la materia del cuerpo está compuesta de una parte sólida y grosera y de otra sutil y etérea; que sólo la primera sufre la descomposición producida por la muerte, mientras que la segunda persiste y sigue al Espíritu. De esta manera, el Espíritu tendría doble envoltura; la muerte lo despojaría solamente de la más grosera; la segunda – que es el periespíritu – sería el molde y la forma de la primera, como si fuese una especie de sombra. Pero su naturaleza esencialmente vaporosa permitiría al Espíritu modificar esta forma a voluntad, volviéndola visible o invisible, palpable o impalpable. El periespíritu representa para el Espíritu lo que el perispermo representa para el germen del fruto. La almendra, despojada de su envoltura leñosa, contiene el germen bajo la delicada envoltura del perispermo.

perfección.

(Del lat. perfectio, -onis.) f. Acción de perfeccionar o perfeccionarse.
// Calidad de perfecto.
// Cosa perfecta.
// Espirit. Objetivo final del Espíritu, y se procesa naturalmente con la progresión continua, a través de sucesivas encarnaciones. periespíritu. Espirit. Cuerpo etéreo, invisible para nuestro estado normal, que puede volverse eventualmente visible y tangible, como sucede en los fenómenos de apariciones.
// Lazo e intermediario entre el cuerpo y el Espíritu. Los tres elementos del hombre: espíritu, cuerpo y periespíritu.

perseverancia.

(De perseverar.) f. Acción y efecto de perseverar.
// Espirit. Fruto de la fe y de la despersonalización.

personalidad.

(De personal.) f. Diferencia individual que constituye a cada persona y la distingue de las demás.
// Inclinación o aversión que se tiene a una persona, con preferencia o exclusión de las demás.
// Personaje, sujeto de distinción.
// For. Aptitud legal para intervenir en un negocio.
// Representación con que uno interviene en tal negocio.
// Espirit. Transitoria, diferente de individualidad que es permanente.
// Señala etapas reencarnatorias definidoras de experiencias en los sexos, en la cultura, en la inteligencia, en el arte y en las relaciones
interpersonales.

perturbación.

(Del lat. perturbatio, -onis.) f. Acción y efecto de perturbar o perturbarse.
// Espirit. -espiritual. Estado por el que pasa el Espíritu al regresar al plano espiritual.
// Resultado del comportamiento desequilibrado de la criatura, cuando se encuentra en la Tierra.

pesimismo.

(De pésimo.) m. Sistema filosófico que atribuye al universo la mayor imperfección posible.
// Propensión a ver y juzgar todo en su aspecto más desfavorable.
// Espirit. Puerta abierta al desánimo. Dolencia moral de la actualidad.

pitia, pitonisa (pythie, pythonisse).

Sacerdotisa de Apolo Pitio, en Delfos, que recibía este nombre por la serpiente Pitón que Apolo había matado. La Pitia pronunciaba los oráculos, pero como éstos no siempre eran inteligibles, los sacerdotes se encargaban de interpretarlos según las circunstancias. (Véase Sibila [Sibylle].)

plano(na).

(Del lat. planus.) adj. Llano, liso, sin estorbos.
// Geom. Perteneciente o relativo al plano.
// m. Geom. Superficie plana.
// Topogr. Representación gráfica de una superficie, de un terreno o de la planta de un campamento, fortaleza, etc.
// De-. m. adv. fig. Enteramente, clara y manifiestamente.
// Cimem. y TV. Parte de una película rodada en una sola toma.
// f. Cada una de las dos caras o haces de una hoja de papel.
// Página escrita, especialmente la impresa de los periódicos y de las revistas. Apareció la noticia en primera
plana.
//-baja. f. Piso bajo de un edificio.
// Espirit. -espiritual. Mundo espírita, normal, primitivo, eterno, preexistente y sobreviviente a todo.

plegaria  (prière).

La plegaria es una invocación y, en ciertos casos, una evocación por la cual se llama hacia sí tal o cual Espíritu. Cuando la oración se dirige a Dios, Él nos envía sus mensajeros: los Espíritus buenos. La plegaria no puede derogar los decretos de la Providencia; pero por medio de ella los Espíritus buenos pueden venir en nuestra ayuda, ya sea para darnos la fuerza moral que nos falta o para sugerirnos los pensamientos necesarios: de aquí proviene el alivio que uno siente cuando ha orado con fervor. De ahí procede también el alivio que experimentan los Espíritus en sufrimiento cuando oramos por ellos; estos mismos piden las plegarias en la forma que les es más familiar y que está más en relación con las ideas que han conservado de su existencia corporal. Pero la razón nos dice – de acuerdo con los Espíritus – que la oración que solamente sale de los labios es una vana fórmula si el corazón no toma en ella parte alguna.

predicar.

(Del lat. praedicare.) tr. Publicar, hacer patente alguna cosa.
// Pronunciar un sermón.
// Fil. y Gram. Decir algo de una persona, de un animal o de una cosa.
// p. us. Alabar con exceso a alguien.
// fig. Reprender agriamente a uno.
// fig. y fam. Amonestar.
// Espirit. Revelar la grandeza de los principios de Jesús en las propias acciones diarias.

presente.

(Del lat. praesens, -entis.) adj. Que se halla delante o en presencia de uno.
// Aplícase al tiempo actual. *Existen el presente de indicativo, aquél cuya acción transcurre en este mismo momento de su expresión: canto, y el presente de subjuntivo: cante, que expresa generalmente acciones presentes o futuras dependientes de un verbo principal: cuando cantes.
// m. Don, regalo.
// Espirit. Oportunidad para actuar. presentimiento. m. Acción y efecto de presentir.
// Espirit. Consejo íntimo y oculto de un Espíritu que nos quiere bien. También está en la intuición de la experiencia.
// Voz del instinto.

prisión.

(Del lat. prehensio, - onis.) f. Acción de prender o coger.
// Cárcel.
// fig. Toda cosa que ata o detiene.
// pl. Cadenas, grillos, etc., con que se aseguran a los delincuentes.
// -preventiva. For. La que sufre el procesado durante la sustanciación del juicio.
// Espirit. Oportunidad salvadora, principalmente cuando la libertad pierde el sentido de respeto por la dignidad de la vida.

problema.

(Del lat. problema, y éste del gr. próblema; de probállo, lanzar hacia adelante.) m. Cuestión que se trata de aclarar; proposición dudosa.
// Mat. Proposición por la cual se busca averiguar el modo de obtener un resultado cuando ciertos datos son conocidos.
// Espirit. Lección de la vida.
// Invitación de la vida, en nombre de Dios, para comprender más ampliamente, mejorar siempre y servir mejor.

progresar.

intr. Hacer progresos o adelantamientos en una materia.
// Desarrollarse un país en distintos aspectos.
// Espirit. Condición normal de los seres espirituales hacia la perfección relativa cuyo fin les compete alcanzar.

progreso.

(Del lat. progressus.) m. Acción de ir hacia adelante.
// Aumento, desarrollo gradual y continuo de la cultura humana.
// Espirit. Hijo del trabajo. Mejoramiento moral, depuración del Espíritu y erradicación de los malos hábitos.
// -del espíritu. Búsqueda continua de Dios. Ley del progreso una de las leyes divinas.

propiedad.

(De propriedad.) f. Derecho o facultad de disponer de una cosa que nos pertenece, sin más limitaciones que las establecidas por las leyes.
// Cosa que es objeto del dominio de uno, particularmente si es inmueble o raíz.
// Cualidad o atributo esencial de una persona o cosa.
// Exactitud con que se ejecuta algún trabajo o se expresa una persona.
// fig. Semejanza o imitación perfecta.
// -horizontal. Pisos, viviendas o locales de un edificio adquiridos independientemente por varios dueños.
// Espirit. -material. Puede ser instrumento de progreso o lazo que retiene el individuo a la vida física conforme la utilización que le es dada.
// -espiritual. Verdadera y plena. La que el alma puede utilizar y llevar cuando deje el mundo, o sea, la inteligencia, los conocimientos, las cualidades morales.

Protoplasma.

sm. Biol. Toda la sustancia o mezcla de sustancias en la que se manifiesta la vida en sus características de metabolismo, reproducción e irritabilidad.

prueba.

f. Acción y efecto de probar.
// Razón o argumento con que se demuestra algo.
// Indicio o señal que se da de una cosa.
// Experiencia o ensayo.
// Am. Voltereta, y en particular cualquier ejercicio acrobático.
// Competición, carrera.
// Arit. Operación para averiguar la exactitud de otra ya hecha.
// Espirit. Remedio infalible para la inexperiencia.

providencia.

(Del lat. providentia.) f. Disposición anticipada o prevención que conduce al logro de un fin.
// Por antonom., la de Dios.
// fig. Dios, Supremo Ser.
// For. Resolución judicial en que no van expresos los motivos.
// Espirit. Solicitud de Dios para con sus criaturas. Está en todas partes, todo lo ve y preside, incluso las cosas mínimas.
// Luz de amor para todos los seres.

prójimo.

(Del lat. proximus.) m. Todo hombre respecto de otro.
// El género humano, la humanidad.
// Espirit. Compañero en la bella aventura de la vida, a quien se debe aprender a amar.

pneumatofonía (pneumatophonie)

[de pneuma, y de phoné: sonido o voz]. Comunicación verbal y directa de los Espíritus sin el concurso de los órganos vocales. Sonido o voz que ellos hacen escuchar en el aire y que parece resonar en nuestros oídos. Observación – Nosotros no empleamos la palabra pneumatología (pneumatologie) porque ya tiene una acepción científica determinada, y porque esta palabra sería impropia, ya que se trata de sonidos vagos no articulados.

pneumatografía (pneumatographie)

[del griego pneuma: aire, soplo, viento, espíritu, y grapho: yo escribo]. Escritura directa de los Espíritus sin el empleo de la mano de un médium. (Véase Psicografía [Psychographie].)

politeismo  (polythéisme)

[del griego polus: muchos, y théos: Dios]. Religión que admite muchos dioses. Entre los pueblos antiguos la palabra dios suscitaba la idea de poder; para ellos, todo poder superior a lo común era un dios: hasta los hombres que habían hecho grandes cosas se convertían en dioses para los pueblos antiguos. Al manifestarse los Espíritus por efectos que les parecían sobrenaturales, eran a sus ojos otras tantas divinidades, entre las que es imposible no reconocer a nuestros Espíritus de todos los grados, desde los Espíritus golpeadores hasta los Espíritus superiores. En los dioses de forma humana, que se transportaban a través del espacio cambiando de forma y volviéndose visibles e invisibles a voluntad, identificamos todas las propiedades del periespíritu. En las pasiones que se les atribuía reconocemos a los Espíritus aún no desmaterializados. En los manes, lares y penates identificamos a nuestros Espíritus familiares, nuestros genios tutelares. Por lo tanto, el conocimiento de las manifestaciones espíritas es la fuente del politeísmo; pero desde la más remota Antigüedad, los hombres esclarecidos habían formado juicio sobre esos supuestos dioses en su justo valor, reconociendo en ellos a las criaturas de un Dios Supremo, soberano Señor del mundo. El Cristianismo, al confirmar la doctrina de la unidad de Dios y al esclarecer a los hombres con la sublime moral del Evangelio, ha marcado una nueva era en la marcha progresiva de la humanidad. Sin embargo, como los Espíritus no cesaban de manifestarse, los hombres hicieron de ellos genios y hadas, en lugar de dioses.

poseído,poseso (possédé).

Según la idea vinculada a esta palabra, poseído es aquel en quien el demonio ha tomado posesión. El demonio lo posee significa: el demonio se ha apoderado de su cuerpo. (Véase Demonio [Démon].) Al tomar el vocablo demonio, no en su acepción vulgar, sino en el sentido de Espíritu malo, Espíritu impuro, Espíritu malévolo, Espíritu imperfecto, quedaría por saber si un Espíritu de esta naturaleza – o de cualquier otra – puede alojarse en el cuerpo de un hombre, conjuntamente con el Espíritu que está en él encarnado, o si puede reemplazarlo. En este último caso, se podría preguntar qué pasaría con el alma que ha sido expulsada. La Doctrina Espírita dice que el Espíritu unido al cuerpo solamente puede ser separado del mismo por la muerte; que otro Espíritu no puede meterse en su lugar ni unirse al cuerpo simultáneamente con aquél. Pero la Doctrina también enseña que un Espíritu imperfecto puede vincularse a un Espíritu encarnado y someterlo, dominando su pensamiento y obligándolo a hacer tal o cual cosa, o a obrar en tal o cual sentido, si no tiene la fuerza necesaria para oponerle resistencia. Lo constriñe, por así decirlo, bajo su influencia. De este modo, no hay posesión en el sentido absoluto de la palabra, sino subyugación. No se trata de manera alguna de desalojar a un Espíritu malo, sino – para servirnos de una comparación material – de hacerle soltar la presa, lo que siempre se puede conseguir si se lo quiere seriamente; pero hay personas que se complacen en una dependencia que halaga sus gustos y sus deseos. La superstición vulgar atribuye a la posesión del demonio ciertas enfermedades que no tienen otra causa que una alteración orgánica. Esta creencia estaba muy difundida entre los judíos; para ellos, curar esas enfermedades era expulsar a los demonios. Sea cual fuere la causa de la enfermedad, con tal que se consiga su curación, no disminuye en nada el poder de quien la efectúa. Jesús y sus discípulos podían, pues, decir que expulsaban a los demonios, sirviéndose del lenguaje usual. De haber hablado de otro modo no les habrían comprendido, y quizás tampoco les creyesen. Una cosa puede ser verdadera o falsa según el sentido que se dé a las palabras. Las mayores verdades pueden parecer absurdas cuando sólo la forma es tenida en cuenta.

pruebas. (épreuves).

Vicisitudes de la vida corporal mediante las cuales los Espíritus se depuran, según la manera de enfrentarlas. De acuerdo con la Doctrina Espírita, el Espíritu desprendido del cuerpo, al reconocer su imperfección, elige por sí mismo – por un acto de su libre albedrío – el género de pruebas que cree más adecuado para su adelanto y que ha de enfrentar en una nueva existencia. Si ha elegido una prueba que está por encima de sus fuerzas, sucumbe y retarda su adelanto.

psicofonía.

Espirit. Transmisión del pensamiento del Espíritu mediante la utilización del aparato fonador del médium.

psicografía.

Espirit. Transmisión del pensamiento del Espíritu mediante la escritura hecha con la mano del médium.

psicología (psychologie).

Disertación sobre el alma; ciencia que trata de la naturaleza del alma. Esta palabra sería para el médium parlante lo que la psicografía es para el médium escribiente, es decir, la transmisión del pensamiento de los Espíritus por medio de la voz de un médium; pero como el vocablo psicología ya posee una acepción consagrada y bien definida, no conviene darle otra. (Véase Psicofonía [Psychophonie].)

psicosis.

(De psico y -sis.) f. Enfermedad mental.
// Obsesión producida por una conmoción social.
// Espirit. Auténtica dolencia del alma.

pureza absoluta  (pureté absolue).

Estado de los Espíritus del primer orden o Espíritus puros; los que han recorrido todos los grados de la escala y que no tienen más necesidad de reencarnarse.

purgatorio. (purgatoire)

[del latín purgatorium, formado de purgare: purgar, cuya raíz purus: puro, se deriva del griego pyr, pyros: fuego, antiguo emblema de la purificación]. Según la Iglesia Católica, lugar de expiación temporaria para las almas que tienen aún que purificarse de algunas manchas. De modo alguno la Iglesia ha definido de manera precisa el lugar donde se encuentra el Purgatorio; lo ubica en todas partes, en el espacio y quizás a nuestro lado. Tampoco explica con claridad la naturaleza de las penas que en él se padecen; son sufrimientos más morales que físicos. Entretanto, dice que allí hay fuego, pero la más alta Teología reconoce que esa palabra debe tomarse en sentido figurado y como emblema de la purificación. La enseñanza de los Espíritus es mucho más explícita al respecto; es verdad que ellos rechazan el dogma de la eternidad de las penas (véanse Infierno [Enfer], Penas eternas [Peines éternelles]), pero admiten una expiación temporaria, más o menos prolongada, que – salvo el nombre – no es otra cosa sino el purgatorio. Esta expiación se cumple por medio de sufrimientos morales del alma en el estado errante; los Espíritus errantes están por todas partes: en el espacio, a nuestro lado, así como lo dice la Iglesia. La Iglesia admite en el Purgatorio ciertas penas físicas; la Doctrina Espírita dice que el Espíritu se depura, se purga de sus impurezas en sus existencias corporales. Los sufrimientos y las tribulaciones de la vida son las expiaciones y las pruebas por las cuales se eleva; de esto resulta que aquí en la Tierra estamos en pleno purgatorio. Lo que la Doctrina Católica deja en la vaguedad, los Espíritus lo definen con precisión, haciendo conque lo toquemos con el dedo y lo observemos con los ojos. Los Espíritus que sufren pueden, pues, decir que están en el purgatorio, para servirse de nuestro lenguaje. Si, en razón de su inferioridad moral, no les es dado ver el término de sus sufrimientos, ellos dirán que están en el Infierno (véase Infierno [Enfer]). La Iglesia admite la eficacia de las oraciones para las almas del Purgatorio; los Espíritus nos dicen que por medio de la plegaria se atrae a los Espíritus buenos, quienes dan a los débiles la fuerza moral que les hace falta para soportar sus pruebas. Por lo tanto, los Espíritus que sufren pueden pedir a través de la oración, sin que haya en esto contradicción con la Doctrina Espírita. Ahora bien, de acuerdo con lo que sabemos de los diferentes grados de los Espíritus, comprendemos que pueden proferirlas según la forma que les era familiar cuando encarnados (véase Plegaria [Prière]). La Iglesia sólo admite una única existencia corporal, después de la cual el destino del hombre está irrevocablemente fijado para la eternidad. Los Espíritus nos dicen que una sola existencia, cuya duración – frecuentemente abreviada por accidentes – no es sino un punto en la eternidad, no es suficiente para que el alma se purifique completamente, y que Dios, en su justicia, de manera alguna condena sin remisión a aquel de quien a menudo no ha dependido instruirse convenientemente sobre el bien para ponerlo en práctica. La Doctrina de los Espíritus deja al alma la facultad de cumplir en una serie de existencias aquello que no ha podido realizar en una sola: he aquí la principal diferencia. Pero si examinamos con cuidado todos los principios dogmáticos y si separamos siempre lo que debe ser tomado en sentido figurado, no cabe duda de que desaparecerían muchas contradicciones aparentes.

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