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En
el capitulo XVIII del Libro de los Médiums, el Maestro de Lion, Allan Kardec,
nos presenta esta cuestión sobre la posibilidad ó la existencia de la
mediumnidad en los niños, siendo este un tema de mucho interés e importancia
para el estudio, pues en las tempranas edades del desarrollo físico pueden
presentarse eventos que necesitan de nuestra atención y comprensión.
En el inicio del retorno al cuerpo físico se generan una serie de procesos en
el que el espíritu encarnado va acoplándose y amoldándose al nuevo cuerpo que
habita, en ese momento de la vida el vehículo físico va sufriendo cambios en
vías de su acondicionamiento a la vida material, y por su puesto,
direccionándose para lo que será el cumplimiento de las necesidades del
espíritu. A su vez el espíritu debe pasar también por muchos cambios a nivel
periespíritual y psíquicos, pues debe ir elaborando nuevas facetas de su
personalidad con el fin de ir mejorando sus condiciones para el cumplimiento de
sus compromisos adquiridos en la vida espiritual que le permitirán el
adelantamiento moral y el equilibrio.
El desarrollo del ser humano puede dividirse en ciclos de 7 años en donde
podemos observar los cambios y las adaptaciones orgánicas necesarias para la
madurez del cuerpo, pero en estos ciclos esta incluido también el proceso de
maduración del espíritu quien es el que define las modificaciones del vehículo
carnal cumpliendo con la planificación establecida en los planos espirituales,
en donde la definición de las características de su cuerpo orgánico le permitirá
ciertas condiciones en provecho de la mejoría de sus deficiencia, sirviendo este
nuevo cuerpo para la prueba o expiación.
En el primer ciclo, comprendido entre el alumbramiento y los 7 años de edad, el
niño se encuentra en una condición ambivalente al respecto de estado de libertad
espiritual, pues en esa etapa su espíritu y su cuerpo físico aún no establecen
los lazos finales que le permitirán la culminación efectiva de la encarnación.
Su cuerpo aun inmaduro es apenas un vehículo en desarrollo en donde los
controles periespirituales no son tan definidos, permitiendo al espíritu gozar
de cierta libertad en cuanto a la percepción sensorial del entorno,
experimentando por igual ambos estados de la existencia, es decir que el
espíritu del niño al no haber establecido los vínculos profundos con la carne
tiene la posibilidad de vivir en dos mundo a la vez, pues en su naturaleza
espiritual puede verificar todo lo que le rodea en el plano físico, pero también
puede percibir todo lo que se produce en el entorno invisible, siendo su
espíritu protector el primero en mantener un contacto permanente con su
tutelado.
En base a esto, las características presentadas por el niño definen mas una
condición anímica que mediumnica, pues lo que se produce no es otra cosa que la
manifestación de las propiedades espirituales que todos poseemos al encontrarnos
liberados de los lazos físicos, siendo en el caso del infante la expresión de
sus propias condiciones espirituales.
La visión, la audición, incluso la posibilidad de conversar con los espíritus,
son solo eventos naturales para el niño, pues al no tener la posibilidad de
diferenciar ambos estados de la existencia no existe en él ningún tipo de temor
o de rechazo hacia algo que le parece normal, es luego en su crecimiento
cultural e intelectual que se van estableciendo las convenciones sociales que le
pueden dirigir su percepción sobre las cosas, generando según su educación
ciertas fobias sobre la vida espiritual que en su mayoría son proyectadas por
los adultos de su entorno, producto de la ignorancia y de los preceptos
culturales sin fundamento.
Durante la niñez pueden presentarse eventos mediumnicos relevantes, pues hay
seres que en sus planificaciones establecieron la posibilidad del trabajo
mediumnico desde el inicio de su encarnación, ya sea por un proceso probatorio o
por una misión en particular, expresando pues el espíritu encarnado desde el
principio sus condiciones de medianero, teniendo sus padres la necesidad de
auxiliar y dirigir estas manifestaciones en beneficio del crecimiento moral e
intelectual del niño.
Podemos entonces concluir que la percepción espiritual en los niños no siempre
responde a procesos mediumnicos, sino que en general estamos en presencia de la
expresión natural de las condiciones del espíritu, comprobando un proceso
anímico antes que un proceso mediumnico, pero esto no descarta la posibilidad de
un desenvolvimiento de la mediumnidad en los siguiente ciclos del desarrollo
humano, pues en cumplimiento de nuestras necesidades podemos confrontar el
afloramiento de estas capacidades mediumnicas en el futuro de la existencia
material.
Por: Edann
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