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Desde
la antigüedad, grandes tragedias se abaten sobre la Humanidad. A fenómenos
naturales – ciclones, maremotos, volcanes – se han sumado situaciones
tormentosas desencadenadas por la acción humana, como incendios, derrumbes
de construcciones y genocidios. Ya lo largo de la gran epopeya humana
siempre se ha preguntado: ¿por qué?
Para los que creen en la bondad, en la misericordia y en la justicia de
Dios, las interrogaciones son aún más profundas. En fin, ¿cuáles son las
razones para que el Creador permita que sus hijos – aparentemente
inocentes – sean víctimas de las catástrofes que dejan detrás de sí la
muerte, la miseria, la enfermedad, la orfandad y la viudez, y que hacen
infelices a miles de vidas? Al quedarse intrigado con la secuencia de
pruebas colectivas que marcan la trayectoria de la Humanidad, el
Codificador del Espiritismo,
Allan Kardec,
indagó a los Inmortales acerca de las razones de tales tragedias. Y los
Bienhechores Espirituales han explicado, en el capítulo seis de la tercera
parte de El Libro de los Espíritus, que las calamidades destructivas son
pruebas que dan al hombre oportunidad de evolucionar y de ejercitar su
inteligencia al demostrar paciencia y resignación delante de la voluntad
de Dios.
El Espiritismo enseña que todas las aflicciones tienen una causa justa,
originada en la actual existencia o en vidas anteriores. Por eso, los
Espíritus Superiores no se ponen en estado de rebeldía ante las tragedias.
Por el contrario, se muestran serenos y compadecidos delante del
sufrimiento. Ellos nos estimulan a aprovechar la oportunidad para hacer el
bien a las víctimas de las catástrofes. Ellos nos informan que dichas
ocasiones ofrecen al hombre la oportunidad de manifestar sus sentimientos
de abnegación, de desinterés y de amor al prójimo. De esta manera, no se
debe tener extrañeza cuando leemos, en el texto de El Libro de los
Espíritus, algunas expresiones más fuertes. Una de ellas, la que dice: «Es
necesario castigarlo en su orgullo», debe ser entendida como una expresión
del siglo diecinueve. El Espiritismo explica que Dios no castiga ni
premia. Él ama a todos sus hijos y los corrige mediante leyes eternas y
justas. Para entender mejor el contexto de estas afirmaciones, sugerimos
la lectura integral del cap. VI (Ley de Destrucción) de la 3ª Parte de El
Libro de los Espíritus. En esta edición, usted va a leer una entrevista
realizada al médium brasileño Divaldo Pereira Franco sobre las muertes
colectivas. Además, hemos seleccionado el texto:
«Tragedia en el Circo», del Espíritu Hermano X, psicografiado por el
médium Chico Xavier, que muestra las conexiones entre una gran prueba
colectiva – el incendio que mató a miles de personas en Brasil, en 1961 –
y los acontecimientos ocurridos en Roma en el año 177 de la Era Cristiana.
1.Divaldo,
hemos visto diversos acontecimientos que acabaron en muertes colectivas en
varios lugares del mundo, algunos de magnitudes mayores que los otros.
¿Cuál es la visión espírita sobre las muertes colectivas?
El eminente Codificador del Espiritismo, Allan Kardec, tuvo el cuidado de
preguntar a los Espíritus sobre esos flagelos destructores, conforme la
pregunta nº 737, de El Libro de los Espíritus, y ellos contestaron que
esos fenómenos ocurren para hacer progresar a la Humanidad. La destrucción
es necesaria para que haya la regeneración moral de los Espíritus que, en
cada nueva existencia, suben una grado en la escalera del
perfeccionamiento. Es necesario que se vea el objetivo, para que los
resultados puedan ser apreciados. Solamente desde vuestro punto de vista
personal los apreciáis; de ahí viene que los califiquéis de flagelos, por
culpa de los perjuicios que os causan. Son, pues necesarios, tales
flagelos, porque despiertan la conciencia humana hacia la solidaridad y
para la imprescindible autoiluminación.
2. ¿Todas las personas que desencarnan colectivamente, tienen
necesariamente vínculos con el pasado?
Sin ninguna duda. Cuando ocurre una calamidad generalizada, aquellos que
se encuentran involucrados en el proceso de rescate están liberándose de
un compromiso colectivo que fue asumido anteriormente, en cuyo período se
practicaron males innombrables contra el ser humano aisladamente y la
sociedad en general. No siempre, sin embargo, hay vínculos individuales,
unos con otros, siendo parte del grupo por afinidad vibratoria.
3. En la Revista Espírita de 1858, el Espíritu San Luís, afirma
que, cuando una existencia ha sido puesta en peligro es una advertencia
deseada antes de la encarnación, para desvío del mal y hacer que el
individuo se torne mejor. ¿Sería esto la causa por la cual algunas
personas no son alcanzadas durante una catástrofe?
No pocas veces se encuentran personas no vinculadas de necesidad de los
flagelos destructores, en el momento en que ocurren. Sin embargo, son
invitadas a graves reflexiones propias salvándose, a fin de que sus
existencias se tornen provechosas, modificando la conducta y ampliando el
área de servicio iluminativo personal y en beneficio de la humanidad. Por
esta razón, muchos hombres y mujeres que se encuentran en el seno de los
sucesos lamentables se salvan de forma, a veces, inexplicable, como
ocurrió en el tsunami y siempre sucede en otros sucesos no menos
dolorosos.
4. Desencarnaciones colectivas como las que ocurrieron en Paraguay
(incendio en un supermercado en Asunción), o en Argentina (incendio en una
discoteca en Buenos Aires) tiene cierta similitud con la tragedia del
Circo, en Niterói, Brasil, hecho narrado por Humberto de Campos, a través
de la psicografía de
Chico Xavier,
en la cual, las víctimas del incendio eran antiguos romanos que llevaron a
jóvenes cristianos entregarlos a la muerte en la arena... En su opinión,
¿estos hechos recientes, serían rescates de similar origen?
Sí. Sin embargo, no necesariamente reuniendo verdugos de los cristianos en
días del pasado. La Humanidad ha vertido tantas lágrimas con las tragedias
ocasionadas con religiosos intolerantes como a través de gobiernos
arbitrarios, por políticos deshonestos y violentos como por medio de
hábiles negociantes que explotan a las masas, llevándolas a la miseria y
al sufrimiento... Periódicamente la Divinidad reúne a esos agresores de la
Conciencia Cósmica de diversos períodos y los invita a la desencarnación
en masa, dolorosa, aflictiva, de modo que rescaten los débitos cometidos,
sin que sean necesarios otros agentes humanos para hacerlo. Algunos, que
desencadenan las tragedias, por ignorancia, locura o perversidad, se
tornan, sin darse cuenta, instrumentos de la Ley Soberana, dando así
continuidad a la irrefutable labor de purificación propuesta por la
Justicia Divina.
5. Recordamos al Espíritu
André Luiz, en el
libro «Nuestro Hogar», narrando sobre la preparación del plano espiritual
para una gran tragedia, que sería la Segunda Guerra Mundial. ¿Podría
narrarnos cómo los Espíritus actúan desde el otro lado de la vida ante
estos hechos?
Conforme nos enseña El Libro de los Espíritus, en la Parte 2a., Capítulo
IX, especialmente las preguntas de nºs. 537 y siguientes, hay Entidades
que presiden los fenómenos y los dirigen de acuerdo con las atribuciones
que tienen. En la tradición de todos los pueblos existen esos arquetipos
procedentes de las generaciones anteriores, que informan sobre la
existencia de elementales, gnomos, hadas, genios, sílfides, elfos,
salamandras, orixás..., que son responsables de los fenómenos de la
Naturaleza, tanto en la construcción como en la destrucción, de forma que
la Tierra alcance su nivel más elevado en la condición de mundo de
regeneración. Bajo el comando de Espíritus nobles y sabios, verdaderos
ingenieros siderales que planean los sucesos de cualquier matiz en el
planeta terrestre, aquellos cooperadores son incumbidos de realizarlos, de
la misma forma que sucede en nuestra sociedad, en lo concerniente al
progreso individual y al de las masas. Después de estudiar las necesidades
de aquellos que estarán incluidos en la depuración a través del flagelo
destructivo, elaboran las acciones, utilizándose de los fenómenos
geológicos (como en el caso del tsunami), otros de naturaleza diversa
(incendios, conflictos armados, guerras, accidentes colectivos) o se
responsabilizan de su resultado, atendiendo, de ese modo, a los objetivos
de la evolución.
6. Sabemos a través de revelaciones mediúmnicas y para nuestra
ilustración, la causa pasada de las personas que desencarnaron durante
catástrofes, en el caso específico del tsunami, en el mar Índico, con más
de 250 mil muertes, ¿Cuál sería el origen? ¿Los Espíritus Benévolos le han
informado algo al respecto?
En comentario particular, sin que yo pueda demostrar su legitimidad, el
Espíritu Joanna de Ângelis me informó que las víctimas del fenómeno
destructivo a que nos estamos refiriendo, fueron parte de las antiguas
legiones bárbaras que destruyeron, prácticamente Europa y otros pueblos,
en el pasado, especialmente, Alarico I (1) y sus ejércitos, cuando
sometieron a su talante cruel varios países, incluyendo a Tracia y Grecia,
habiendo amenazado antes Constantinopla y, cuando conquistando Roma, la
saquearon y quemaron durante seis días, que se prolongaron por mucho
tiempo, en el año 410 (d.C.), en que también él desencarnó...
7. Finalmente, ¿Cómo ve la acción solidaria y ayuda humanitaria de
los países desarrollados, ante el sufrimiento de los países afectados?
La Humanidad está constituida por Espíritus en estados primarios, pero
también por aquellos que ya alcanzaron un estado más elevado estado de
evolución y que constituyen ejemplos que arrastran a las multitudes.
Infelizmente, han ocurrido fenómenos sociales lamentables, por culpa de la
indiferencia de algunos líderes, sin embargo, avanzamos con el progreso
rumbo a la felicidad que es improrrogable bajo el comando de Jesús. Es
natural, por tanto, que todos los pueblos se unan y se ayuden
recíprocamente, ya que esos fenómenos dolorosos volverán a ocurrir,
posiblemente más severos, exigiéndonos cuidados y atención, mientras
aguardamos que sucedan y donde vuelvan a ocurrir. Se reconoce la madurez
espiritual de un pueblo por sus sentimientos de fraternidad, de
solidaridad humana, y no solamente por sus conquistas científicas y
tecnológicas, que aunque auxilien mucho, no impiden que ocurran flagelos
destructores de este y de otros aspectos.
(Entrevista concedida a Luis Hu Rivas, para «La Revista Espírita»)
(1) Alarico I (c. 370-c. 410), rey de los v i s i g o d o s
(396-410), nacido en una isla situada en el delta del río Danubio. Durante
su juventud, los visigodos emigraron al oeste, huyendo del ataque de los
hunos y sirviendo como tropas mercenarias auxiliares del emperador romano
Teodosio I el Grande; las primeras noticias que se tienen de Alarico le
sitúan en el año 394 como jefe de dichas fuerzas. A la muerte de Teodosio
(395) los visigodos renunciaron a su lealtad a Roma, y reconocieron a
Alarico como rey, el cual pronto dirigió a sus tropas hasta Grecia; saqueó
Corinto, Argos y Esparta y dispensó a Atenas sólo a cambio de un
importante rescate. Tras ser derrotado por el general romano Flavio
Estilicón, Alarico se retiró con su botín y consiguió del nuevo emperador
romano de Oriente, Arcadio, una comisión como prefecto de la provincia
romana de Iliria. En el 402, Alarico invadió la península Itálica, pero
fue nuevamente rechazado por Estilicón. Más adelante, el emperador romano
de Occidente, Honorio, que estaba preparando una guerra contra el Imperio
romano de Oriente, convenció a Alarico para que uniera sus fuerzas a las
suyas. Cuando Arcadio murió en el 408, Roma abandonó su plan de atacar a
Oriente, por lo cual Alarico exigió 1.814 kg de oro como compensación. A
petición de Estilicón, el gobierno romano accedió a esta exigencia, pero
poco después, Honorio ordenó la ejecución de Estilicón y canceló el
acuerdo. Alarico invadió Italia, sitió Roma y exigió un gran rescate. En
el año 410, sus tropas tomaron y saquearon la capital del Imperio romano
de Occidente. Una gran tormenta obligó a Alarico a abandonar su siguiente
campaña, la invasión de Sicilia y el norte de África. Murió poco después y
le sucedió su hermano, Ataulfo.
Tragedia en el Circo
Psicografía
Mensaje extraído del libro «Cartas y Crónicas», psicografía del
médium Francisco Cándido Xavier, por el Espíritu Hermano X (*), editado
por la Federación Espírita Brasileña. Tragedia
en el Circo
En
aquella noche, en la lejana época del año 177, el «concilium» de Lyon
desbordaba de gente. No se trataba de ninguna de las asambleas
tradicionales de la Galia, junto al altar del Emperador, y sí de una
compacta multitud. Marco Aurelio reinaba piadosamente y, aunque no hubiese
redactado ninguna resolución que ocasionara perjuicio mayor a los
cristianos, había permitido que en la ciudad se aplicasen – con el máximo
rigor – todas las leyes existentes contra ellos. Por eso la matanza
perduraba terriblemente. Nadie examinaba necesidades o condiciones.
Mujeres y niños, ancianos y enfermos, así como hombres sanos y
personalidades prestigiosas eran detenidos, torturados y eliminados de un
modo sumario por declararse fieles al Nazareno.
Al pasar por el repleto caserón hacia la confluencia del Ródano y el Saona,
se multiplicaban prisiones, y en la parte baja de la ladera – más tarde
conocida como colina de Fourvière – se había improvisado un gran circo,
con altas cercas levantadas alrededor de una enorme arena. Las personas
representativas del mundo lionés eran sacrificadas en sus hogares o
brutalmente golpeadas en el campo, haciéndose chacota pública de esos
desfavorecidos de la fortuna, inclusive de una gran masa de esclavos. Las
fieras parecían ahora entorpecidas, después de masacrar millares de
víctimas con sus mandíbulas sangrientas. En razón de eso, se inventaban
nuevos tormentos. Verdugos inconscientes maquinaban extraños suplicios.
Señoras cultas y niñas ingenuas eran deshonradas antes que les cortasen la
cabeza; ancianos indefensos eran azotados hasta la muerte. Niños eran
arrancados de su seno familiar y vendidos a mercaderes que se encontraban
de paso, para que sirviesen como animales domésticos en provincias
distantes, y nobles señores caían asesinados en sus propias viñas.
Más de veinte mil personas ya habían sido muertas. En aquella noche, a la
que nos hemos referido al principio, era anunciada la llegada de Lucio
Galo – famoso oficial superior que arribaría al día siguiente y que ahora
se dirigía para un merecido descanso –, quien gozaba de las atenciones
especiales del Emperador por haberse distinguido contra la usurpación del
general Avidio Casio. Por consiguiente, pensaron en las conmemoraciones
propias para la ocasión. Por ese motivo, mientras allá fuera se
apretujaban gladiadores y juglares, el patricio Alcio Plancus, que decía
ser descendiente del fundador de la ciudad, presidía la reunión, a pedido
del Propretor, y programaba los festejos. – Además de dar las bienvenidas
a los carros que llegarán de Viena – decía, un poco mareado por el vino
abundante –, es preciso que el circo nos proporcione alguna escena fuera
de lo común... El luchador Septimio podría reunir a los mejores hombres;
sin embargo, no bastaría con sólo renovar el cuadro de atletas...
– El equipo de bailarinas nunca estuvo mejor – comentó Cayo Marcelino,
antiguo legionario de Bretaña que se había enriquecido a través del
saqueo.
– Sí, sí... – concordó Alcio –, hablaremos con Musonia para que las danzas
estén a la altura de las circunstancias...
– Prepararemos una lucha entre toros salvajes – recordó Persio Níger.
– ¡Toros! ¡Toros!... – exclamó la turba en aprobación.
– ¡Excelente idea! – habló Plancus en voz más alta – pero, en
consideración al visitante, es imperioso agregar alguna novedad que Roma
no conozca...
Un grito horrible surgió de la asamblea:
– ¡Cristianos a las fieras! ¡Cristianos a las fieras! Cuando paró la
gritería, volvió a decir el jefe del consejo:
– ¡Eso no es ninguna novedad! Y hay circunstancias desfavorables. Los
leones recién llegados de África están perezosos...
Sonrió con malicia y escarneció:
– Claro que en los últimos días aparecieron para estos tentaciones y
manjares que ni el propio Lúculo encontró en la comodidad de su casa...
Después de las carcajadas generales, Alcio continuó irónicamente:
– Sin embargo, escuché hoy a algunos compañeros y presentaremos un plan
que espero que resulte cierto. En esta noche podríamos reunir
aproximadamente mil niños y mujeres cristianas, colocándolos en las
cárceles... Y mañana – en el auge de los homenajes – los juntaremos en la
arena, mojada de resinas y debidamente cercada de farpas empapadas en
aceite, dejando apenas un pasaje estrecho para la liberación de los más
fuertes. Después que los mostremos festivamente en público, incendiaremos
toda el área, poniendo sobre ellos a los caballos viejos que ya no sirvan
para nuestros juegos... Realmente, las llamas y las patas de los animales
crearán muchas situaciones inéditas...
– ¡Muy bien! ¡Muy bien! – rugió la multitud, de punta a punta del atrio.
– El tiempo urge – gritó Plancus – y precisamos de la ayuda de todos... No
tenemos guardias suficientes...
Y aumentando aún más el tono de la voz:
– Levante la mano quién está dispuesto a cooperar.
Centenas de circunstantes, incluyendo mujeres robustas, alzaron la diestra
y luego aplaudieron en delirio. Incitado por el entusiasmo general, y al
desear distribuir la tarea con todos los voluntarios, el dirigente de la
noche enunció, sarcástica e inflexiblemente:
– Cada uno de nosotros traiga a uno de ellos... Esas plagas están
escondidas por todas partes... Cazarlas y exterminarlas es ahora nuestro
servicio...
Durante la noche entera, más de mil personas – ávidas de crueldad –
escudriñaron residencias humildes y, al día siguiente, en pleno Sol de la
tarde, largas filas de mujeres y chiquitos, en gritos y lágrimas, en el
final del soberbio espectáculo, encontraron la muerte, quemados en las
llamas que se elevaban al soplo del viento o despedazados por los caballos
en correría. Casi dieciocho siglos transcurrieron desde aquel tenebroso
acontecimiento... Entretanto, la justicia de la Ley, a través de la
reencarnación, volvió a aproximar a todos los responsables que – en
diversas posiciones de edad física – se reunieron nuevamente para una
dolorosa expiación el 17 de diciembre de 1961, en la ciudad brasileña de
Niterói, en una conmovedora tragedia en un circo.
(*) Hermano X, seudónimo adoptado por Humberto de Campos (1886
-1934), periodista y escritor brasileño, autor espiritual de diversos
libros espíritas.
Continua |