|
“En el planeta donde vivo, Júpiter, la música está por todas partes: en el
murmullo del agua, en el ruido de las hojas, en el canto del viento. Las
flores murmuran y cantan; todo produce sonidos melodiosos. ¡La Naturaleza
es tan admirable! Todo nos inspira el deseo de estar con Dios.(...) No
tenemos instrumentos: son las plantas y los pájaros los coristas. El
pensamiento compone, y los oyentes disfrutan sin audición musical, sin el
recurso de la palabra, y eso a una distancia inconmensurable. En los
mundos superiores esto es aún más sublime”.Mozart
La
descripción de Mozart sobre el lugar en que vive, en el mundo espiritual,
es como su música: sublime, poderosa, plena de sensibilidad. Desencarnado
sesenta y seis años antes del lanzamiento de El Libro de los Espíritus,
Mozart, en tanto, está muy presente en la Historia del Espiritismo. Además
de haber sido evocado por Allan Kardec, dictó un fragmento de sonata a un
médium y dibujó su casa en Júpiter diseñada por el Espíritu Bernard
Palissy. En la Revue Spirite de mayo de 1858, Allan Kardec publicó dos
comunicaciones mediúmnicas espíritas del compositor austriaco. En ellas,
Wolfgang Gottlieb Mozart está plenamente identificado, con sus
preferencias, su amor por la música, su alegría transbordante, su gratitud
a la vida, su emoción al hablar de Dios. En los textos publicados en la
sección «Conversaciones Familiares Más Allá de la Tumba» de la Revue
Spirite, Mozart responde inicialmente a veinte y ocho cuestiones
formuladas por quienes lo evocaron. De estas, apenas las tres últimas
versan sobre su personalidad. En las otras, él responde a preguntas
generales sobre la vida en el mundo espiritual. Y, observa Kardec, sus
palabras guardan notable concordancia con las respuestas dadas por otros
Espíritus, inclusive las contenidas en El Libro de los Espíritus.
La segunda evocación – que el Codificador supone que había
sido hecha por un músico – expone aún mejor la personalidad encantadora de
Mozart. Es allí que él habla sobre la música en el mundo en que vive.
Bondadoso y gentil, anima al amigo encarnado y se dispone a inspirarlo. Se
despide diciendo que se sentirá feliz si fuera evocado por músicos, pues
desea contribuir para el progreso de todos. Además de esas dos
comunicaciones, Kardec publica en la Revue Spirite un artículo llamado
«Música de Ultratumba »; Mozart acababa de dictar al médium Bryon-Dorgeval
un fragmento de la sonata. El médium pidió a diversos artistas que oyesen
la pieza, sin indicarles el origen. Todos en ella reconocieron, sin alguna
duda, el cuño del compositor de «La Flauta Mágica».
El trecho de la sonata fue ejecutado en la sesión de la Sociedad
Parisiense de Estudios Espíritas del 8 de abril de 1859. En presencia de
numerosos conocedores, la sonata fue ejecutada por la señorita de Davans,
ex-alumna de Frederic Chopin. La pianista ejecutó antes una sonata de
Mozart, compuesta cuando encarnado. «Todos fueron unánimes en reconocer no
sólo la perfecta identidad del género, sino la superioridad de la
composición espírita», escribió Kardec. Seguidamente, ella tocó un trecho
de Chopin y el Codificador aprovechó la ocasión para evocar a los
dos compositores. Ambos acudieron: Mozart con su alegre personalidad;
Chopin entristecido y sombrío. En aquella noche memorable, Mozart no sólo
reconoció como de su autoría el fragmento de sonata, sino que elogió a
Bryon-Dorgeval: «El médium que me sirvió de intérprete es un amigo que no
me traicionó». Y declaró preferir el fragmento de sonata que hizo
desencarnado a la que compuso en la Tierra. «La dulzura y el encanto en él
(mediúmnico) están más vivos y más tiernos», explicó. Pero ante la
pregunta sobre la música en el mundo en que vive, él informa que los
hombres tendrían dificultad de comprenderla, ya que les falta el sentido
para ello. «En vuestra Tierra, vosotros hacéis la música; aquí, toda la
naturaleza hace oír sonidos melodiosos». Luego, delante de la platea, el
compositor desencarnado se rehúsa a ser sometido a pruebas: «¿Podrías
tocar, tú mismo el piano?», preguntó Allan Kardec, a lo que Mozart
respondió: «Sin duda podría, mas no quiero; es inútil».
El
Codificador indica, en la ocasión, que los Espíritus serios no se someten
a pruebas. Las dos últimas frases del diálogo son puro divertimiento. Por
un lado, Kardec provoca levemente al compositor: «Sin embargo, eso sería,
un poderoso motivo de convencimiento (tocar el piano)». Pero Mozart escapa
con una salida típica de su genio: «¿Acaso no estáis convencidos?». El
fragmento de sonata dictada por Mozart fue publicado por la Sociedad
Parisiense de Estudios Espíritas y los interesados podían adquirirla en
las oficinas de la Revue Spirite, en la Galerie d´Orléans 31, al costo de
2 francos. Copias de la sonata estaban entre las publicaciones espíritas
quemadas en el Auto de Fe de Barcelona (por la Iglesia Católica), el 9 de
octubre de 1861. En agosto de 1858, también en la Revue Spirite, Mozart
volvió a ser noticia. En el artículo intitulado: «Las Habitaciones del
Planeta Júpiter», el médium y teatrólogo francés Victorien Sardou escribió
sobre los diseños mediúmnicos que había recibido. Entre ellos está el de
la casa de Mozart. Sardou responde a las críticas sobre la tesis de que
habría vida en Júpiter y es elogiado por Kardec. «El autor de esa
interesante descripción es uno de esos adeptos fervorosos y esclarecidos
que no temen confesar francamente sus creencias, y se coloca encima de la
crítica de personas que no creen en nada de aquello que sale del círculo
de sus ideas. Ligar su nombre a una doctrina nueva, desafiando los
sarcasmos, es un coraje que no es dado a todo el mundo, y felicitamos al
señor V. Sardou por tenerlo. Su trabajo revela el escritor distinto que,
aunque joven aún, ya conquistó un lugar honroso en la literatura, y une al
talento de escribir, los profundos conocimientos de sabio; nueva prueba
que el Espiritismo no recluta entre los ineptos y los ignorantes»,
escribió el Codificador.
En el mes siguiente, Kardec publicó las consideraciones de uno de los
lectores de la revista sobre el diseño. La carta de ese lector, que había
notado que Victorien Sardou no percibiera algunos detalles del grabado,
fue comentado por el Codificador: «Insertamos con mucho agrado esa
observación, en cuanto ella prueba hasta que punto el pensamiento del
médium permaneció extraño a la confección del dibujo».
Extraído de la Revista Espirita Nº3
Wolfgang Amadeus Mozart Biografia
Llueve sobre Viena el 5 de diciembre de 1791. Rasgando bruma y
ceniza, un cortejo fúnebre. En la fosa común, que nadie sabrá
localizar más tarde, desaparece el cuerpo de Johannes Chrysostomos
Wolfgang Gottlieb Mozart. Entierros así eran costumbre en la época.
Pero, a lo largo de los siglos, se consolidó la sombra del abandono en
la escena final del pasaje de Mozart por la Tierra. Difícil escapar
del encanto de Mozart. Con una biografía que carga componentes
románticos en todas las fases – niño de prodigioso talento, compositor
volcánico, la muerte a los 36 años, cuando su obra alcanzaba pináculos
creadores y las dificultades materiales se acumulaban– no fue difícil
consolidarse en la imaginación popular la leyenda del genio marcado
por el estigma de la tragedia. Hipnotizados por la belleza de sus
composiciones, sus admiradores crearon en torno de él tal infinidad de
clichés que, hoy, es necesario algún esfuerzo para conocer al hombre
detentor de talento tan magnífico. No es raro que algunos sucumbieran
a la fantasía. El auge de todos los delirios fue la idea del filósofo
dinamarqués Sören Kierkegaard, que intentó crear una secta para adorar
a Wolfgang.
Ha de reconocerse que las circunstancias de la vida de Mozart
contribuyeron para alimentar la atmósfera mítica. Del talento
manifestado aún en la infancia nacieron historias prodigiosas; de los
encuentros musicales surgieron episodios espectaculares; de la
precocidad fueron generadas leyendas; de su enfermedad y muerte
emergieron sospechas. Es verdad que la real historia de Mozart tiene
hartas dosis de tristeza. Él nació el 27 de enero de 1756, en Salzburg,
Austria. La extraordinaria vocación musical surgió temprano. Eximio en
el clavicordio y en el violín, a los cinco años compuso por primera
vez. El padre, Leopold, visionario e interesado en llevar al hijo a
las alturas de la gloria, decidió invertir en tal talento. Comenzó la
serie de exhibiciones del pequeño Mozart, que encantó a la nobleza
europea. Leopold mucho exigía y sometía al hijo a una dura rutina. Al
padre severo le siguió el empleador perverso. El arzobispo Hieronymus
Colloredo insultaba a Mozart y lo trataba como mero criado. Enamorado
de Aloysia Weber, Wolgang vio a la soprano casarse con el pintor
Joseph Lange. Se consoló casándose con la hermana de ella, Constanze.
A pesar de la superioridad de su música, no pocas veces el compositor
sufrió con la frialdad de una corte insensible. En sus cartas él
relata haber tocado para «mesas, paredes y sillas». En ese período,
para sobrevivir, trabajaba a ritmo intenso, dando clases y componiendo
bajo encomienda. Entró a la Masonería en 1784 y los principios
masónicos pasaron a influenciar poderosamente su música.
Uno
de sus más íntimos amigos era Franz Anton Mesmer (1734-1815), médico
austriaco, creador de la teoría del magnetismo animal, fue uno de sus
patronos y que fue homenajeado por el compositor en la elaboración de
un personaje de la ópera Cosi Fan Tutte. Se cree que una de las
primeras ejecuciones de la ópera Bastien y Bastienne ocurrió en los
jardines de la casa de Mesmer, en Viena. Juntos, ellos llegaron a
desenvolver un instrumento musical, la armónica de vidrio, a partir de
un proyecto de Benjamín Franklin. Importante recordar que, en 1858,
Allan Kardec afirmó que desde 1823 estudiaba la ciencia del
magnetismo, de Mesmer. Feliz, también, fue su encuentro con el
libretista Lorenzo da Ponte (1794-1838), seudónimo del italiano
Emanuele Conegliano, que resultó en una de las más perfectas parejas
de la historia de la ópera. Judío convertido al catolicismo, Da Ponte
encarnaba a la perfección la figura del aventurero y poeta. Buen
humorados y levemente mordaces, los dos escribieron juntos tres obras
primas:
Las Bodas de Fígaro (basado en la polémica comedia de Beaumarchais),
Don Giovanni (sobre el famoso sevillano Don Juan) y Cosi Fan Tutte
(una crítica risueña a las costumbres disolutas). Sorprendente Mozart,
que en 1791, en la sala suburbana de un teatro de variedades hizo
surgir una de las obras-primas de la sensibilidad: la ópera La Flauta
Mágica, en el mismo año recibió la encomienda del Réquiem, hecho
exhaustivamente relatado en su biografía. El compositor fue procurado
por un misterioso hombre, envuelto en pesadas vestimentas, que pagó
por adelantado por la misa de difunto.
Mozart habría procurado retardar la conclusión de la obra, obcecado
por la idea de que la misa se destinaba a su propio funeral. En
verdad, el mensajero era el mayordomo del conde Franz von Valsegg –un
rico señor habituado a comprar composiciones para después presentarlas
como suyas– y que pretendía homenajear a su mujer, fallecida hacía
poco tiempo. El Réquiem fue concluido por Franz Süssmayer, discípulo
de Mozart. Wolfgang desencarnó a la 1 de la mañana del 5 de diciembre.
La leyenda de que habría sido envenenado por el italiano Antonio
Salieri (1750-1825) ganó fuerza a partir de una declaración del propio
Salieri. Viejo y senil, el maestro decía estar preso de remordimientos
por haber asesinado a Mozart. El episodio fue usado por el poeta ruso
Aleksandr Pushkin, en la pieza Mozart y Salieri, de 1830. Una
reflexión sobre la distancia entre el mero talento y la absoluta
genialidad, la pieza fue transformada en ópera por el compositor ruso
Nikolai Rimski-Korsakov. También inspirado en la versión de Pushkin,
el dramaturgo inglés Peter Shaffer escribió la pieza Amadeus, base del
filme homónimo de Milos Forman (1984). Es cierto hoy que Mozart no
murió envenenado por Salieri. La causa mortis –un punto oscuro en la
biografía del compositor- ya rindió decenas de tesis, todas
consideradas meras hipótesis. Perdió Salieri, cuya reputación hasta
hoy permanece manchada. La leyenda, la pieza, la ópera y el filme se
incumbieron de transformarlo en una criatura atormentada por la
envidia al comparar sus talentos limitados con la potencia creadora de
Mozart.
Todo eso alimentó la imaginación de los amantes de la música que
exigen de un talento superior una vida notable notable. Ni siquiera el
nombre del compositor escapó de la fantasía. Amadeus es la forma
latina de Gottlieb y en raras ocasiones él la usó. De las tantas
relecturas por la que pasó, emergió otro Mozart; el espléndido músico
se mantuvo, pero encarcelado en la inmadurez, principalmente por causa
de las diversas interpretaciones sobre sus cartas. Desorientadoras
cartas. Desmenuzadas, son responsables por la imagen de un Mozart
excesivamente risueño, capaz de escribir tonterías y dotado de un
singular talento para la construcción de frases irónicas. ¿Y qué
pensaría él de la divulgación de sus cartas? En las comunicaciones
espíritas divulgadas por Kardec en la Revue Spirite de 1859, alguien
lo interroga sobre la publicación de las misivas. Él responde que
ellas le avivaron los recuerdos y que lo hicieron más amado como ser
humano. Estaba en lo cierto.
Un libro lanzado en 1977 autodenominado una celosa tentativa de
derrumbar la intención de divinizar a Mozart, expurga mitos que se
incorporaron a la biografía del compositor. El alemán Wolfgang
Hildesheimer supuso poner al descubierto al mundo el lado
controversial de la personalidad de Mozart, pero se le escapó lo
obvio: el mayor triunfo de Mozart no está en las cartas o detalles
fantasiosos. Por sobre todas las interpretaciones ocasionales, su
leyenda tiene raíces en la perfección de su música. Apasionada,
vibrante, ella pulsa, inquieta y poderosa, más sabe inclinarse serena
y dulce. ¿Dónde más se podría tener tal diversidad? Es así en los
conciertos para piano, suaves, melodiosos, y en la majestad imponente
de las sinfonías, en el poderoso conjunto de las óperas, en los
misterios santificados de sus misas y en la casi indescriptible
espiritualidad del Réquiem. ¿Y quién ha de olvidar los divertimentos,
la alegríainfantil de las arias de Papageno?
Saber que está viviendo en un mundo de armonías celestes es razón de
felicidad para sus admiradores. Mejor aún es saber que, en el otro
mundo, continúa amando a los que quedaron en la Tierra. Dejemos al
propio Mozart decirnos eso, con las palabras transcritas por Allan
Kardec: «¡Cómo me gustaría poder inspirarles el deseo de ver este
mundo donde somos tan felices! ¡Allí somos todos caritativos! ¡Todo es
bello! ¡Coraje!. Creed en mi comunicación espírita. Soy yo mismo el
que aquí me encuentro. Quiero inspirar en ustedes mucho amor al bien,
a fin de que se tornen dignos de esa recompensa».
Sonia Zaghetto
imprensa@febnet.org.br.
Revista Espirita N 3
Música de Ultratumba
El espíritu Mozart vino a dictarle al excelente
médium, Sr. Bryon-Dorgeval, un fragmento de sonata. Como una forma de
control, este último la hizo oír por varios artistas sin indicarles la
fuente, pidiéndoles simplemente que dijeran qué les parecía ese tramo;
cada uno de ellos reconoció sin dudarlo, la marca de Mozart. La música
fue ejecutada por la señorita de Davans, alumna de Chopin y
distinguida pianista, quien consintió en prestar su asistencia, en la
sesión de la Sociedad del día 8 de abril pasado, en presencia de
numerosos conocedores. Como punto de comparación, la señorita de
Davans, con anterioridad hizo oír una sonata compuesta por Mozart en
vida. Todos fueron unánimes en reconocer no sólo la perfecta identidad
del género, sino la superioridad de la composición espírita.
Inmediatamente después, la señorita de Davans, con su talento
habitual, ejecutó un fragmento de Chopin. Entonces, no podíamos dejar
pasar la ocasión de invocar a estos dos compositores, con los cuales
tuvimos la siguiente conversación:
MOZART

1. Sin duda sabéis cuál es el motivo que nos mueve a
llamarte.
Respuesta: Vuestro llamado me complace.
2. ¿Reconoces el fragmento que se acabó de tocar, como dictado por ti?
R. Sí, muy bien; lo reconozco completamente. El médium que me sirvió
de intérprete es un amigo que no me traicionó.
3. ¿Cuál de los dos fragmentos preferís?
R. El segundo; por cierto no tiene paralelos.
4. ¿Por qué?
R. Porque la dulzura y el encanto en él están más vivos y más tiernos.
Nota: En efecto, esas son las cualidades que se reconocen en este
fragmento.
5. La música del mundo que habitáis, ¿puede compararse con la nuestra?
R. Para vosotros sería difícil comprenderla; nosotros tenemos sentidos
que vosotros no poseéis.
6. ¿Podríamos decir que en vuestro mundo existe una armonía natural,
universal, que no conocemos en este mundo?
R. En efecto; en vuestra Tierra, vosotros hacéis la música, aquí, toda
la naturaleza hace oír sonidos melodiosos.
7. ¿Podrías tocar, tú mismo, el piano?
R. Sin duda podría, mas no quiero; es inútil.
8. Sin embargo, eso sería un poderoso motivo de convencimiento.
R. ¿Acaso no estáis convencidos?
Nota: Se sabe que los espíritus jamás se prestan a las pruebas; con
frecuencia hacen espontáneamente lo que no se les pide. Por lo tanto,
esta entra en la categoría de las manifestaciones físicas de las
cuales los espíritus elevados no se ocupan.
9. ¿Qué pensáis de la reciente publicación de vuestras cartas?
R. La misma evocó mucho mis recuerdos.
10. Vuestro recuerdo está en la memoria de todo el mundo; ¿podrías
precisar el efecto que esas cartas producirán en la opinión?
R. Sí, las amarán, y se apegarán a mí como hombre, mucho más que
antes.
Nota: La persona ajena a la Sociedad que formuló esas últimas
preguntas, confirmó que, en efecto, esa fue la impresión producida por
esa publicación.
11. Deseamos interrogar a Chopin, ¿podemos?
R. Sí, el está más triste y más sombrío que yo.
CHOPIN

12. (Luego de la evocación)¿Podrías decirnos en qué situación se
encuentra como espíritu?
R. Aún estoy errante.
13. ¿Lamentáis la vida en la Tierra?
R. No soy infeliz.
14. ¿Eres más feliz de lo que eras?
R. Sí, un poco.
15. Dijiste un poco, lo que significa que no existe una gran
diferencia; ¿qué te falta para ser más feliz?
R. Dije un poco, en relación con aquello que podría haber sido; porque
con mi inteligencia, podría haber adelantado más de lo que lo hice.
16. ¿La felicidad que no tienes ahora, esperas tenerla algún día?
R. Seguramente, eso vendrá, pero se necesitarán nuevas pruebas.
17. Mozart dice que estás sombrío y triste, ¿por qué?
R. Mozart dice la verdad. Me entristezco porque emprendí una prueba
que no pude conducir bien, y no tengo el coraje de recomenzarla.
18. ¿Cómo aprecias vuestras obras musicales?
R. Las estimo mucho, pero entre nosotros se puede hacer mejor, se
puede ejecutar mejor, tenemos más medios.
19. ¿Quiénes son, pues, vuestros ejecutantes?
R. Tenemos bajo nuestras órdenes, legiones de ejecutantes que siguen
nuestras composiciones, con mil veces más arte que ninguno de
vosotros; son músicos completos; el instrumento del cual se sirven es
su garganta, por así decirlo, y se ayudan con instrumentos que son
especie de órganos, de una precisión tal y de una melodía que vosotros
no podrías llegar a comprender.
20. ¿Estás muy errante?
R. Sí; quiere decir que no pertenezco a ningún planeta exclusivamente.
21. Y vuestros ejecutantes, ¿también están errantes?
R. Errantes como yo.
22. (A Mozart) ¿Tendrías la bondad de explicarnos lo que Chopin acaba
de decir? No comprendemos esa ejecución por espíritus errantes.
R. Comprendo vuestro espanto. Debemos decirles que hay muchos mundos
atribuidos particularmente a los seres errantes, mundos en los cuales
pueden habitar temporalmente, especie de campamentos, de campos para
reposar sus espíritus fatigados por una erraticidad muy prolongada,
estado que siempre es un poco penoso.
23. (A Chopin) ¿Reconoces aquí a uno de vuestros alumnos?
R. Sí, la reconozco.
24. ¿Estarías a gusto asistiendo a la ejecución de un fragmento de
vuestra composición?
R. Eso me daría mucho placer, sobre todo si está ejecutado por una
persona que guardó de mí un gran recuerdo; que ella acepte mi
agradecimiento.
25. ¿Podrías darnos tu opinión sobre la música de Mozart?
R. Mucho me agrada; veo a Mozart como a mi maestro.
26. ¿Podrías compartir tu opinión sobre la música de hoy?
R. Mozart dice que la música se comprendía mejor en su tiempo que en
la actualidad, y es verdad; incluso podría objetar que no hay aún
verdaderos artistas.
Nota: El fragmento de la sonata, que fue dictado por el espíritu
Mozart acaba de ser publicado. Puede conseguirse en la oficina de La
Revista Espírita, o en la librería espírita del Sr. Ledoyen, Palais
Royal, galería de Orléans 31 - precio: 2 francos. Será enviada por
franqueo, contra remesa de una orden por ese importe.
Extraído de la revista espirita
Allan Kardec - Mayo de 1859
|