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Todos
los que nos dedicamos a los trabajos de asistencia fraterna, bien sea en el
plano físico o en el plano espiritual, entendemos que el alcance de la ayuda es
mayor al que pretendemos establecer en los dominios de nuestra apreciación
actual, y en este sentido tomamos conciencia de los niveles de influencia que
son posibles de generar en el momento del servicio, pero hay en el objetivo de
la ayuda una posibilidad tan grande de rescate que no podemos ni debemos pasar
por alto y es justamente la de poder definir a quien es que se esta auxiliando
verdaderamente.
En los trabajos de desobsesión, visto desde la posición de los encarnados,
verificamos que la asistencia es dirigida hacia la persona que pide la
intervención en beneficio de su situación desequilibrada, ya sea orgánica, ya
sea mental y espiritual, siempre vemos al enfermo ante nosotros como el objetivo
de la ayuda, pero la realidad es otra en cuanto podemos ampliar nuestra visión
pudiendo apreciar todo el cuadro que se nos muestra complejo y profundo.
Los estudiosos y los trabajadores de la doctrina podemos reconocer que el
origen de estos procesos obsesivos tiene su origen en la influencia espiritual,
causada a su vez por una serie de eventos que generalmente fueron forjados en
existencia anteriores en donde el ahora victimado fue entonces el victimario,
definiendo en la mayoría de los casos que la obsesión deviene de la aplicación
de la justicia por la propia mano del afectado, produciendo sobre el encarnado
una influencia nefasta que le lleva al desequilibrio y a la perdida del control
mental sobre sus propias condiciones, hecho que puede llevar al afectado a
enfermedades orgánicas, a la locura e incluso al suicidio.
Pero en todo esto apreciamos que el origen de la obsesión ha sido en primera
instancia la invigilancia y el mal comportamiento del que ahora se ve victima de
sus propios actos del pasado, convirtiendo por su influencia a quien fue su
victima en un monstruo oscuro sediento de venganza, recordando también que el
obsesor degenera hasta ese estado de ceguera moral debido a su imposibilidad de
perdón y de reconciliación con quien fue su enemigo, pudiendo dejar en manos de
Dios la aplicación de la justicia y continuando en su proceso de evolución. Lo
cierto es que en la mayoría de los casos y, en la mayoría de los centros
espiritas, se tiende a dar importancia únicamente a quien pide la asistencia y
se olvidan de alguna forma del otrora victima que ahora ejerce la función de
verdugo, dirigiendo mas la atención sobre como solucionar el problema del
encarnado y no siempre atendiendo de mejor forma a quien verdaderamente necesita
mas de la asistencia.
El auxilio al enemigo espiritual, visto desde el enfoque real, va mas dirigido
al desencarnado que al encarnado, pues la persona que recibe la influencia
deletérea del espíritu obsesor tiene mayores posibilidades de avance y de
recuperación que aquel que aún permanece esquivo a la asistencia, el encarnado
tiene a su alcance la oportunidad que Dios le brindó de retornar a la vida
física para la cancelación de sus deudas y para el aprendizaje en la esfera de
las sensaciones, atravesando por pruebas benéficas y obteniendo la asistencia de
los espíritus protectores que le acompañan, pero el espíritu detractor se
encuentra aislado por sus propios medios de toda posibilidad de ayuda, y es en
los casos de desobsesión en los que pueden, de alguna forma mas efectiva, ser
alcanzados por quienes desde hace mucho tiempo tratan de asistirle.
Los esclarecedores que trabajan en los grupos de asistencia espiritual, deben
por esto estar mas atentos y concientes del proceso que se lleva a cabo, pues es
de suma importancia el saber dirigir la atención hacia el mas necesitado, que en
estos casos y aunque parezca contradictorio, son los espíritus que acechan y que
tratan de destruir al encarnado.
En este sentido no se quiere implicar que la persona que pide la ayuda no esté
necesitada y que debamos pues colocarla a un lado, sino que en el momento de la
asistencia podamos expandir el rango de la ayuda brindándole al enemigo del bien
la posibilidad de encontrarse en un ambiente propicio para su rescate,
abriéndoles nuestros brazos y corazones tal y como lo hacen los benefactores
espirituales, y no relegarnos a simplemente alejarlos del enfermo sin darles la
chance de comprender el proceso al cual se encuentran afinados.
Los espíritus que nos asisten en los casos de desobsesión justamente dirigen su
atención con mayor énfasis a la solución del problema, dirigiéndose hacia el
origen de la perturbación pueden de mejor forma dar termino al proceso
destructivo que se establece a través de los vínculos vibratorios y fluidicos,
eliminando el foco del desequilibrio situado en la mente del obsesor, cambiando
así su patrón vibratorio y disgregando las uniones nefastas que producen el daño
a los involucrados, pues tanto el obsesor como el obsesado reciben estas
energías deletéreas generando en ellos una distorsión profunda que les impide
recuperase.
Por: Edgar Navarro
Revista Espirita El Consolador
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