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611. La comunidad de origen en el principio inteligente de
los seres vivientes. ¿no es la consagración de la doctrina de la
metempsicosis?
«Dos cosas pueden tener el mismo origen y más adelante
pueden no parecerse en nada.
¿Quién reconocería el árbol con sus hojas, flores y frutos
en el germen informe, contenido en la simiente de donde ha salido? Desde
el momento en que el principio inteligente logra el grado necesario para
ser espíritu y entrar en el período de la humanidad, cesa de tener
relación con su estado primitivo y deja de ser el alma de la bestia, como
el árbol la simiente. No le resta al hombre del animal más que el cuerpo,
y las pasiones que nacen de la influencia de éste y del instinto de
conservación inherente a la materia. No puede, pues, decirse que tal
hombre es la encarnación del espíritu de tal animal, y por consiguiente,
la metempsicosis, tal como se entiende, no es exacta».
612. El espíritu que ha animado el cuerpo de un hombre,
¿podría encarnarse en un animal?
«Eso equivaldría a retrogradar, y el espíritu no
retrograda. El río no remonta hacia su curso». (118)
613. Por errónea que sea la idea atribuida a la
metempsicosis, ¿no será el resultado del sentimiento intuitivo de las
diferentes existencias del hombre?
«Este sentimiento intuitivo se descubre en esa como en
otras muchas creencias, pero el hombre la ha desnaturalizado, como ha
hecho con la mayor parte de sus ideas intuitivas».
La metempsicosis seria verdadera, si se entendiese por
ella el progreso del alma de un estado inferior a otro superior, en el que
hallaría desarrollos que transformarían su naturaleza; pero es falsa en el
sentido de trasmigración directa del animal en el hombre y viceversa, lo
que implicaría idea de retroceso o fusión, y no pudiendo verificarse
semejante fusión entre los seres corporales de las dos especies, es
indicio de que están en grados inasimilables, y que lo mismo debe suceder
con los espíritus que los animan. Si el mismo espíritu pudiese animarlos
alternativamente, se seguiría de ello una identidad de naturaleza que se
traduciría en la posibilidad de la reproducción material. La reencarnación
enseñada por los espíritus está fundada, por el contrario, en la marcha
ascendente de la naturaleza y en el progreso del hombre en su propia
especie, lo que en nada amengua su dignidad. Lo que le rehala, es el mal
uso que hace de las facultades que Dios le ha dado para su adelanto. Como
quiera que sea, la antigüedad y universalidad de la doctrina de la
metempsicosis, y los hombres eminentes que la han profesado, prueban que
el principio de la reencarnación tiene sus raíces en la misma naturaleza,
y son por lo tanto argumentos en su favor y no en contra.
El punto de partida del espíritu es una de esas
cuestiones que se refieren al principio de las cosas, y pertenece a los
secretos de Dios. No es dado al hombre conocerlo de una manera absoluta, y
en este punto, ha de limitarse a suposiciones y a sistemas más o menos
probables. Los mismos espíritus están muy lejos de conocerlo todo, y sobre
lo que no saben pueden también tener opiniones personales más o menos
sensatas. Así, por ejemplo, no todos piensan lo mismo respecto de las
relaciones que existen entre el hombre y los animales. Según algunos, el
espíritu no llega al período humano sino después de haberse elaborado e
individualizado en los diferentes grados de los seres inferiores de la
creación. Según otros, el espíritu del hombre ha pertenecido siempre a la
raza humana, sin haber pasado por la serie animal. El primero de estos
sistemas tiene la ventaja de dar un objeto al porvenir de los animales,
que formarían de este modo los primeros eslabones de la cadena de los
seres pensantes; el segundo está más conforme con la dignidad humana, y
puede resumirse de la manera siguiente:
Las diferentes especies de animales no proceden
intelectualmente las unas de las otras por vía de progresión, y así el
espirita de la ostra no pasa a ser sucesivamente el del pez, del ave, del
cuadrúpedo y del cuadrumano. Cada especie es un tipo absoluto física y
moralmente, cada uno de cuyos individuos toma en la fuente universal la
suma de principio inteligente que le es necesario, según la perfección de
sus órganos, y el trabajo que ha de realizar en los fenómenos de la
naturaleza, suma de principio vital que a la muerte, vuelve a la masa. Las
de los mundos más adelantados que el nuestro (véase el 188) son igualmente
razas distintas, apropiadas a las necesidades de aquellos mundos y al
grado de adelanto de los hombres cuyos auxiliares son; pero que,
espiritualmente hablando, no proceden en modo alguno de los de la tierra.
No sucede lo mismo en el hombre. Bajo el punto de vista fijo, forma
evidentemente un eslabón de la cadena de los seres vivientes; pero balo el
punto de vista moral, entre el animal y el hombre, existe solución de
continuidad. El hombre posee en propiedad e! alma o espíritu, destello
divino que le da el sentido moral y un alcance intelectual que falta a los
animales; es para él un ser principal preexistente, que sobrevive al
cuerpo y que conserva su individualidad. ¿Cuál es el origen del espíritu?
¿Dónde está su punto de partida? ¿Se forma del principio inteligente
individualizado? Este es un misterio que en vano trataríamos de penetrar,
y acerca del cual, según tenemos dicho, sólo podemos emitir sistemas. Lo
que es constante y resulta del raciocinio y de la experiencia, es la
supervivencia del espíritu, la conservación de su individualidad después
de la muerte. su facultad progresiva, su estado feliz o desgraciado
proporcional a su adelanto en el camino del bien, y todas las verdades
morales, que son consecuencias de este principio.
En cuanto a las relaciones misteriosas que existen
entre el hombre y los animales, volvemos a repetir que son un secreto de
Dios, como muchas otras cosas cuyo conocimiento actual no importa a
nuestro progreso, y sobre las cuales seria inútil insistir.
Extraído del "El Libro de los espíritus"
Allan Kardec
METEMPSICOSIS
1 – ¿Qué decir de las películas que explotan la idea de la reencarnación
del hombre en un cuerpo animal, un perro, por ejemplo?
Decididamente, existe el perro que se comporta como gente. Sólo le falta
hablar. Y también hay gente que se comporta como un perro. Sólo le falta
ladrar.
2 – ¿Entonces, es posible?
No existe la mínima posibilidad. Se trata de una fantasía, originaria de
culturas antiguas. Se llamaba metempsicosis, según la cual el alma puede
animar, sucesivamente, variados cuerpos, de hombres, animales y vegetales.
3 – Hay quien afirma que el Espiritismo enseña la metempsicosis.
Quien lo hace se inspira en la ignorancia o ejercita mala fe. El asunto
fue extinguido por Kardec. Él dejó bien claro, en varias obras, que el
Espíritu no retrograda, no retorna a estados superados.
4 – Consta que Pitágoras había introducido la reencarnación en la cultura
griega, trayéndola de Egipto, con dos vertientes: a los iniciados, las
vidas sucesivas, como conocemos; al pueblo inculto, la amenaza de la
metempsicosis. “Si no te comportas, reencarnará como animal”.
Me parece poco probable que un filósofo del porte de Pitágoras divulgase
semejante fantasía para asustar a las personas. Él admitía, acertadamente,
que hay individuos de comportamiento animalizado, del tipo macaco, hiena,
cascabel, perezosos…En ningún momento, entretanto, proclamó que debiesen
reencarnar como tales, aunque bien lo mereciesen.
5 – En la India, un país de milenaria tradición reencarnacionista, la
población admite la metempsicosis. Son cerca de un billón de personas.
¿Eso no la legitima?
Prácticamente toda la población terrestre admitía que la Tierra era el
centro del Universo, según la teoría de Ptolomeo (100-178). No por eso
dejó de ser una bobada monumental.
6 – La civilización hindú, no obstante el subdesarrollo económico, ¿no
está más cerca de la verdad? A fin de cuentas, está más espiritualizada
que la occidental…
Y también menos informada. La cultura mal orientada puede inspirar una
visión distorsionada de la verdad, como es el caso del materialismo, pero
la ignorancia, decididamente, es una lente peor.
7 – ¿La idea de la metempsicosis, sería, entonces, una manifestación de
ignorancia?
Sin duda. Solamente la ignorancia podría llevar al indiano a no matar
moscas, imaginando que puedan ser familiares reencarnados, o disponerse a
plantar árboles para contener la natalidad, partiendo de esa espantosa
idea de que cuantos más Espíritus “planten”, menos habrá para reencarnar.
8 – El hombre no puede reencarnar como perro. ¿Y el perro, puede
reencarnar como hombre?
Todo animal tiene un principio espiritual en evolución que un día
alcanzará la complejidad necesaria al ejercicio del pensamiento continuo,
transformándose en Espíritu, habilitado a la experiencia humana. No
obstante, el comportamiento de ciertas personas sugieran que hiciera esa
transición recientemente, ella demanda el concurso de milenios y ocurre en
otros planos de la Creación, no en la Tierra, y envuelve estados
intermedios. No hay, por tanto, la mínima posibilidad de que un animal
pueda reencarnar como ser humano.
Extradito del libro
Reencarnación todo lo que usted necesita saber.
Richard Simonetti |