Pitágoras y las vidas sucesivas

La suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa. ¿Catetos? ¿Hipotenusa? Ciertamente el lector no familiarizado con la geometría reclamará:

-¡Eso es griego para mí!

Realmente, es cosa de griego, del genial Pitágoras (580-500 a.C.), estableciendo las relaciones entre los lados del triángulo rectángulo. A partir de esas elucubraciones inaccesibles a los iniciados, él y sus discípulos demostraron que las leyes que rigen el Universo pueden ser expresadas en términos matemáticos. Toda la física se estructura en ese principio y la propia Teoría de la Relatividad, de Albert Einstein (1879-1955), que revoluciono la Ciencia, se expresa en un enunciado matemático: E = mc2.

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De los pactos

549 ¿Hay algo de cierto en los pactos con los espíritus malos?

«No; no existen tales pactos, sino una naturaleza mala que simpatiza con los espíritus malos. Por ejemplo: quieres martirizar a tu vecino y no sabes cómo hacerlo; entonces le atraes espíritus inferiores que, como tú, solo quieren el mal, y para ayudarte quieren que secundes sus malos designios; pero no se sigue de aquí que tu vecino no pueda librarse de ellos por medio de una conjuración contraria y de su voluntad. El que quiere cometer una mala acción, por este mero hecho atrae espíritus malos que le ayudan, y véase obligado entonces a servirlos como ellos lo hacen respecto de él; porque también lo necesitan para el mal que desean hacer. En esto únicamente consiste el pacto.»

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Necesidad de la culpa

La culpa siempre se graba en el inconsciente como una necesidad de castigo, a través de cuyo mecanismo el ego se libera del delito.

Originada en la conceptuación ancestral de pecado – herencia atávica del pecado original, que sería la desobediencia de Adán y Eva, los arquetipos ancestrales del ser humano, al respecto del Árbol de la sabiduría del Bien y del Mal – ha sido, a través del proceso de la evolución, un agente cruel punitivo, que viene desequilibrando su mecanismo psicológico. De ese modo, la consciencia de culpa se torna tortura lúcida o no para la emocional, generando tormentos que podrían ser evitados si otros procesos hubiesen sido elaborados para facultar la reparación del error. Por eso mismo, en vez de pecado o culpa, surgen el concepto de responsabilidad, mediante la cual la cosecha se deriva de la siembra, sin ninguna expresión castradora del discernimiento ni fatalista del sufrimiento. No obstante, el consentimiento con esa contribución psicoterapéutica valiosa, la culpa lúcida, bien absorbida, se transforma en elemento positivo en lo que toca al acontecimiento malogrado.

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Confidencias familiares

Lamartine ha escrito sus memorias bajo el epígrafe de Las confidencias, y desde entonces este género de escrito, se hageneralizado de tal modo, que todos queremos participar a los demáslo que sentimos, lo que soñamos, nuestra vida en fin; y a pesar de que la guerra hace ensañarse a los unos contra los otros, ha llegado a tal extremo la familiaridad entre los hombres, que no hay un pensamiento, ni la más leve idea, que no nos apresuremos a confiarla a ese amigo universal, que unos llaman masa leyente y otros público ilustrado. Siguiendo la costumbre general, voy yo también a decir lo que siento cuando muere el día: no pienses lector o lectora, que voy a describir las bellezas del crepúsculo vespertino; primero por la sencilla razón de que otros muchos se han tomado ese trabajo, y segundo, porque estoy convencida que ese cuadro ni se copia, ni se explica.

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Dolores del alma

Ella ya había cumplido más de ocho décadas de existencia. Aunque nacida en Brasil, tenía un acento muy característico de su origen italiano. Fue durante una de nuestras visitas que ella nos contó sobre su infancia y la tristeza que llevaba en su alma desde aquellos días. Ella nació y se crio en el entorno rural. De pequeña, alimentaba sueños. En la pobreza en que vivía soñaba que algún día podría ganar un juguete. Y lo que más deseaba era una muñeca. Pero las Navidades se sucedían, los cumpleaños también, sin que nada viniera a ella. Sin embargo, ella continuaba esperando.

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Vida después de la muerte

¿Hay vida después de la muerte? Las investigaciones científicas indican que sí, y las religiones también afirman que, de alguna forma, la vida continúa después de esta vida, aunque sea en estado latente, aguardando la resurrección de los muertos.

Solo que ahí surge una cuestión de la más alta importancia: si todos tenemos que morir algún día, ¿cómo estaremos en ese más allá de la vida? ¿Será que vamos a quedar almacenados en algún almacén celestial, aguardando el juicio final? ¿O quién sabe, postrados delante del trono divino, en adoración, para toda la eternidad? ¿O tal vez sentados a la vera de una nube tocando el harpa? ¿Será que una naturaleza dinámica como es la del ser humano iría a soportar un estado de inactividad, inocuo y vacío, para toda la eternidad?

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Con la conducta de Cristo

Cualquiera puede comprobar con la simple lectura de los versículos evangélicos, que en los 3 años de su vida mesiánica Jesús:

En ningún momento dudó del Padre;

En ninguna oportunidad actuó en provecho propio;

No rechazó la colaboración de nadie en ninguna circunstancia y por insignificante que ella fuese;

Jamás dejó de atender las solicitudes que le hacían, como tampoco llegó a mencionar las exigencias irreflexivas que le dirigían;

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Los espíritus durante las batallas

541 ¿En una batalla hay espíritus que asisten a ella y sostienen a cada bando?

«Si, y estimulan su valor.»

Así en otros tiempos nos representaban los antiguos a los dioses tomando parte a favor de tal o cual pueblo. Estos dioses no eran más que espíritus bajo figuras alegóricas.

542 En una guerra siempre está la justicia de parte de uno de los beligerantes, ¿cómo los espíritus se interesan por el que no tiene razón?

«Ya sabes perfectamente que hay espíritus que solo procuran la discordia y la destrucción. Para ellos la guerra es la guerra, y poco se cuidan de la justicia de la causa.»

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