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Manuel
Porteiro nació en Buenos Aires, Capital de Argentina, el 25 de marzo de
1881. Contrajo matrimonio en 1904, con Doña Ana María Torrens, de la que
tuvo cinco hijos. Su boda se celebró ajena a toda ceremonia religiosa, que
contrastaba con sus principios; pero, por circunstancias del momento tuvo
lugar dentro de la iglesia de la Virgen María (de Avellaneda, provincia de
Buenos Aires) ya que en aquella época el Registro Civil estaba instalado
en ella. Su esposa, mucho antes de abrazar Porteiro el Espiritismo, estaba
ya en la idea, asistiendo a reuniones y realizando cesiones mediúmnicas
familiares. Por su parte, Porteiro tuvo su inicio espiritista en
la veterana Sociedad Constancia, de la Capital, pasando luego a la
Sociedad Víctor Hugo. Desencarnó el día 8 de febrero de 1936.
No obstante que a los 24 años era todavía un hombre de escasa
instrucción, llegó a ser uno de los más ilustrados espiritistas de aquel
tiempo. Fue entusiasta estudioso de obras de filosofía, fisiología,
literatura, biología, astronomía, física, pedagogía, y conversaba y
escribía con soltura sobre pensadores tan diversos como Flammarión, Geley,
Hegel, Kant, Leibnitz, Víctor Hugo, Crookes, Lombroso, Bozzano, Lodge,
Zöllner, Schiaparelli, Gibier, Osty, W.James, Aksakof, Richet, Freud y
otros. Sin embargo, en su patria (y en el mundo espiritista en general)
hoy día apenas le recuerdan unos muy pocos amigos. Los demás lo
desconocen, o pretenden olvidarlo y silenciarlo. Y ello, por que Porteiro
tuvo, ya cerca de sus cincuenta años, preferencias políticas por el
socialismo; pero quizás sobre todo, por su visión areligiosa del
espiritismo, lo cual aterraba (y aterra) a los dogmáticos religiosos.
“El Espiritismo –afirmaba en Espiritismo Dialéctico- no viene a adormecer
las conciencias, ofreciendo al mundo el opio de una nueva religión
dogmática y conservadora, como son todas las religiones (...). El
Espiritismo es por su propia esencia revolucionario, en el elevado
concepto de la palabra, lo mismo en la ciencia y en la filosofía que en la
moral y en la sociología.” Conservó durante toda su vida la sencillez y la
llaneza. Cuando en 1932 perdió una pierna, no sufrió complejo alguno. Tan
recia personalidad y, sobre todo, la fuerza de su pensamiento, provocó
envidias y temores.
Asistió al Congreso Internacional de Espiritismo, celebrado en Barcelona
en septiembre de 1934, como Delegado de la Confederación Espiritista
Argentina, de la que en aquella fecha era Presidente, acompañado del
entonces joven Humberto Mariotti (1905-1982), otra gran figura del
espiritismo argentino, que posteriormente también fue Presidente de la
C.E.A., así, como Vicepresidente de la Confederación Espirita Panamericana
(C.E.P.A.).
Su obra escrita es compromiso para los hombres libres, que aceptan el
deber de lucha para que el olvido no cubra con su capa de nieve al insigne
espiritista argentino.
Nos legó, entre otras, las dos siguientes principales obras: Concepto
Espirita de la Sociología y Espiritismo Dialéctico, así como numerosos
escritos y artículos diseminados o revistas y publicaciones.
Tomado del libro Espiritismo Dialéctico. |