Los vicios


Analizaremos algunos de los condicionamientos y dependencias que más comúnmente presentamos los seres humanos. Nadie en nuestra sociedad es criticado o rechazado por el hecho de fumar, beber, jugar o tener sus aventuras sexuales. Ya se considera todo eso como algo “natural” y por lo tanto, se acepta ampliamente. Estamos ajenos a los peligros y consecuencias que los citados hábitos acarrean. Además de eso, los medios de comunicación están abiertos a la propaganda contundente y masiva que induce a la humanidad al consumo. Aunque en algunos países ya existen ciertas restricciones a la propaganda de bebidas alcohólicas y de cigarrillos, lo cual representa en alguna medida, una reacción a esos productos de consumo.

Parece pues, impracticable aplicar una enseñanza moral en medio de la enorme difusión de hábitos dañinos, que envuelve cada día a un mayor número de personas de todas las edades, incentivando los placeres individuales sin el menor sentido de la responsabilidad y ninguna preocupación acerca de las consecuencias. Debería propugnarse lo contrario, es decir, la creciente valorización de los hombres por los ejemplos en el bien y en las actitudes nobles, compatibles con un clima de respeto al prójimo, de solidaridad humana, de celo al patrimonio orgánico y al manantial de energías procreadoras que poseemos.

Para superar los defectos más enraizados en el espíritu, es imprescindible fortalecer la voluntad hacia un fin definido, primer paso en la lucha para eliminar los vicios más comunes. Nadie conseguirá vencer esa batalla, si no se prepara para enfrentarla. Es sin duda, una conquista individual que se puede cultivar progresivamente.

La imaginación en los vicios:

La capacidad mental del ser humano está condicionada por el alcance de su imaginación y el uso que de ella hace en su mundo interior. Con su imaginación el hombre crea sus carencias, se envuelve en los placeres, se absorbe en las sensaciones y se pierde en los torbellinos del interés personal. A ratos se cristaliza en los vicios que su propia imaginación creó, son las necesidades inferiores, que aún se complacen en los instintos, reflejos de la animalidad actuante en todos los encarnados. El ser pensante puede reconocer los daños que le causan los vicios y bajas pasiones, pero se sumerge en la búsqueda de instantes de placer ficticio y en la satisfacción de aquellas necesidades que la propia mente plasmó.

El organismo humano se adapta a las cargas de los tóxicos ingeridos y el psiquismo se fija en las sensaciones. Cuando éstas faltan, fisiológicamente el organismo exige mayores cantidades que las habituales, hasta alcanzar dosis tóxicas o cargas emocionales intensas, creándose la dependencia, con la consecuente pérdida de la libertad para escoger y quedando atrapado por el vicio. El vicioso se siente entonces, incapaz de actuar y prosigue. Más tarde, transfiere de la vida presente para la siguiente, ciertos reflejos o impregnaciones magnéticas que el periespíritu conserva por las imantaciones recibidas del propio cuerpo físico y del campo mental que le son peculiares. Las predisposiciones y las tendencias se transmiten para la nueva experiencia corpórea y en esas oportunidades de liberación que se ofrecen, muchas veces se sucumbe a los mismos vicios del pasado distante.

En la satisfacción de los vicios, raramente se está en soledad, pues se cuenta también con la compañía de aquellos seres, tanto encarnados como desencarnados, que se sirven de los mismos males con mayor o menor intensidad de sintonía, actuando como agentes de inducción para la práctica de los vicios que se usufructúan en común. Muchas veces se puede desear la desaparición de la dependencia a un vicio, pero aquellas compañías sugestionan, persuaden e inducen continuamente, apoyándose en la debilidad para decidir un cambio.

La tentación en los vicios:

La tentación puede surgir una primera vez, y en algunas circunstancias puede repetirse muchas veces, en aquellos estados de ansiedad en que irresistiblemente se siente el impulso de engañarse a sí mismo para satisfacer los deseos. Las primeras tentaciones están casi siempre, mezcladas con la curiosidad, con el deseo de experimentar lo desconocido, y en esos casos existe la influencia de los individuos con experiencia en esas prácticas. Debemos considerar que todos los seres humanos están expuestos a las tentaciones de los vicios y a muchos otros compromisos de tipo moral. Se puede ceder a las tentaciones, pero a partir de los primeros resultados recogidos en las experiencias vividas, es posible afirmarse en el firme propósito de no repetirlas o de no llegar a la condición de adictos. Existen también incontables ocasiones en que las tentaciones ni siquiera llegan a provocar el deseo, porque simplemente no encuentran eco dentro del propio psiquismo. Es decir, se ha alcanzado un nivel de madurez y de conciencia por el cual ya no es posible sintonizarse con aquel tipo o categoría de atracciones. No se siente la necesidad de experimentar pues de alguna forma, ya hay una liberación.

El objetivo:

Tarde o temprano se recogen en el sufrimiento los frutos amargos de los vicios. En la mayoría de los casos, en ese momento los individuos despiertan y comienzan la lucha por su propia liberación. Sin embargo, no es necesario llegar hasta las últimas consecuencias para proponerse extirparlos. Primero, el individuo debe preguntarse a sí mismo si realmente tiene el deseo de dejar el vicio que lo atormenta, cuáles son las razones que lo impulsan y qué convicción puede motivar el inicio de ese control. Lo que impide que se asuman nuevas posiciones es el apego a las cosas materiales, a los intereses personales que buscan satisfacer los sentidos físicos, aún groseros y animales, indicativos de las imperfecciones.  Es una cuestión de opción personal libre y de disposición a los cambios. La voluntad puede desarrollarse hacia una dirección definida, ejercitarse y disciplinarse hacia lo propuesto. La cuestión es decidirse y comprometerse consigo mismo a ir hacia adelante.

Analizaremos algunos de los vicios más frecuentes y sus consecuencias:

-El hábito de fumar:

El vicio de fumar, hábito puramente imitativo y que no tiene ninguna justificación racional, desde el punto de vista espírita, es una forma de suicidio, y encaminados por la dinámica de la Doctrina Espírita en el trabajo de transformación íntima, es imperativo comprender la necesidad de apartarse del hábito de fumar. No solamente para prevenir enfermedades, sino también como un entrenamiento importante para el fortalecimiento del espíritu y el dominio de las propias tendencias seculares. El hábito de fumar comienza por lo general, en la infancia o en la adolescencia, incentivado por los amigos y copiando diferentes ejemplos, algunos de ellos dentro de su propio hogar. Los jóvenes en su imaginación, se sienten maduros, como si fumar fuera una condición indispensable para ser adultos. La nueva experiencia promete responder a todo aquello que el adolescente busca y desea, es decir, auto-afirmación, prestigio entre los amigos, “pose” de modelo publicitario, compañías a cualquier hora y conquistas femeninas y/o masculinas. En ese contexto, la ilusión del placer de sentirse querido y aceptado se ve realizada, de allí que fumando se consigue ser parte del grupo mientras que si no se acepta la adhesión al hábito, se es rechazado.

Daños en el organismo humano:

Nadie se detiene a examinar las sustancias que ese humo lleva al organismo, los jóvenes y muchos adultos continúan fumando sin saber exactamente cuáles son los tóxicos que ingieren y cuáles sus consecuencias desencadenantes de enfermedades mortales, ignorando que las estadísticas médicas prueban que uno de cada ocho fumadores sufrirá de cáncer y que cada cigarrillo fumado acorta la vida del ser humano en 14 minutos.

La nicotina y el alquitrán, junto a otros gases, todos altamente tóxicos y cancerígenos, actúan en la intimidad de la célula pulmonar, sanguínea y principalmente en las células del sistema nervioso central alterando el trabajo de asimilación y desasimilación de las sustancias necesarias para su funcionamiento. Esas alteraciones provocan en el fumador la sensación momentánea de bienestar, con la desaparición de los estados de ansiedad, miedo o culpa. Después de los momentos iniciales de bienestar sigue a continuación un retardo de la actividad cerebral, seguida de depresión, apatía y angustia. También agravan las dolencias cardíacas, producen hipertensión arterial, arteriosclerosis, trastornos pulmonares desde enfisemas a cáncer, tumores de boca, faringe, esófago. Recientes trabajos demuestran que el fumador presenta también disminución de la visión en un 26%.

La mujer es todavía más sensible a los efectos de la nicotina, puede presentar esterilidad, alteraciones en el embarazo y a la formación del feto. Posteriormente contamina la leche materna alterando el organismo del niño. Sin embargo, lo que mejor retrata este cuadro es el hecho de que una persona que fuma dos paquetes de cigarrillos por día durante 30 años, reduce su promedio de vida de 8 a 10 años. Por lo tanto, esta es indudablemente, una forma de suicidio.

Impregnación del periespíritu:

Los efectos nocivos que provoca el tabaco, traspasan los niveles puramente físicos, alcanzando al periespíritu.

Éste, en la zona correspondiente al sistema respiratorio, queda impregnado por el humo y saturado de partículas semimateriales nocivas que absorben vitalidad, perjudicando el flujo normal de las energías espirituales condensadas allí para proveer al cuerpo físico.

“Las consecuencias del vicio del tabaco son desastrosas, pues provocan una especie de parálisis e insensibilidad que le impide recibir y sentir el auxilio de los espíritus que acuden a su socorro, permaneciendo por lo tanto, durante mucho tiempo en un estado de inconsciencia e incomunicabilidad” (Dra. Hebe Novich-Hernández).

El fumador alimenta también el vicio de entidades que a él se apegan para usufructuar de las mismas inhalaciones embriagantes. Se forma una simbiosis a nivel vibratorio, el fumador puede recaudar en su perjuicio las impregnaciones fluídicas nocivas de aquellos espíritus que dejan al vicioso grosero, infeliz y apresado por la voluntad de las entidades inferiores, sin el dominio y la conciencia de sus verdaderos deseos. Dentro de ese proceso de impregnación fluídica mórbida, el vicio de fumar se refleja en las encarnaciones posteriores, principalmente en la predisposición a las enfermedades típicas del aparato respiratorio.

Dejar el hábito de fumar es un trabajo de reforma íntima:

Es indispensable abandonar el hábito de fumar, especialmente aquellos que se dedican a los trabajos de asistencia espiritual, canalizando sus propias energías vitalizantes hacia los demás o disponiendo su periespíritu para la aceptación de las influencias provenientes de entidades espirituales desencarnadas en busca de auxilio.
El respeto al organismo, instrumento de la presente existencia, debe permitir comprender que no se tiene el derecho de comprometerlo con la carga de toxinas.

El anhelo de conseguir una capacitación espiritual progresiva, no permite ignorar la necesidad de la liberación de este vicio, pues hay innumerables razones que justifican la decisión de abandonar la adicción, mientras que no existe ni siquiera una que apoye su continuación.

-Los perjuicios del alcohol:

El alcohol es un tóxico, cuando alcanza el sistema nervioso, lo excita, disminuye su energía y resistencia, deprimiendo los centros. Generando lesiones más graves como parálisis, insensibilidad o alteraciones psicológicas-psiquiátricas. Ataca el aparato digestivo pudiendo llegar a la ulceración. A esto se agregan las afecciones hepáticas, que progresivamente va produciendo la muerte celular hasta llegar a una destrucción que le impide a ese órgano cumplir con sus funciones.

La embriaguez es un hábito que se encuentra difundido en todos los estratos sociales, lo que cambia solamente es el tipo de bebida, no obstante, la costumbre es la misma y los perjuicios semejantes. Psicológicamente se plantea que el alcoholismo proviene de una perturbación de la afectividad, la cual puede haber sido originada en la infancia. Sin embargo, estudios genéticos modernos han demostrado que existe una predisposición hacia esa inclinación, lo que de alguna forma indicaría que la tendencia hacia el alcoholismo también puede ser una condición espiritual antigua que el periespíritu plasma en la carga genética recibida.

Existen individuos que buscan en la bebida un estado de liberación de sus tensiones o el olvido momentáneo de sus penas y aflicciones, lo que denota una necesidad de reflexión decidida sobre esas causas, con la finalidad de buscar nuevos rumbos para la resolución de esos problemas.

Las alteraciones de las facultades intelectuales causadas por la embriaguez, que privan a la persona de la razón, han llevado a los individuos a cometer accidentes de tránsito (lo más frecuente), robos, crímenes pasionales y desencadenar otros tipos de tragedias. Además, durante la embriaguez, el dominio de la voluntad es fácilmente conducido por entidades inferiores quienes estimulan a cometer esos actos de brutalidad. El adicto casi siempre, tiene a su lado entidades inferiores que lo inducen a la bebida, ejerciendo un gran dominio sobre él y experimentando por su intermedio, las mismas sensaciones etílicas. Se crea de ese modo una dependencia doble, por una parte, hacia la bebida propiamente dicha, con toda la carga psicológica que la motivó y por otra, la atracción de las entidades invisibles que hipnóticamente ejercen su influencia, potenciando mediante la sugestión, el deseo de ingerir alcohol. En esos momentos de tentación a la bebida, que surgen a pesar del deseo de liberación del vicio, el auxilio de los seres espirituales protectores y guías es de gran valor, pero es indispensable el apoyo de la propia fuerza de voluntad en la decisión, para que surtan los efectos esperados. El alcohol disminuye la resistencia física, reduce el tiempo de vida y por esa razón el alcohólico es considerado un suicida.

Impregnación del periespíritu:

Se produce un proceso de intoxicación, igual como ocurre con el tabaco y otras drogas, que provocan una agresión del periespíritu, con las consecuencias ya expuestas.

Muchos adictos creen que su vicio los acompañará durante toda su vida y no tendrá consecuencias morales en su estado espiritual. Están convencidos que después de su muerte ya no tendrán dependencia a droga alguna.

Es necesario desembarazarse del vicio durante la vida encarnada, cuando el cuerpo físico cumple un papel de “excretor” que permite la relación con el medio ambiente. En cambio, el individuo desencarnado no tiene esa posibilidad y sólo conserva fijaciones, pasa al estado espiritual con un vicio y aunque tenga cierto grado de esclarecimiento psicológico, siente una necesidad imperiosa de satisfacer su vicio, lo que lo une por atracción obsesiva al cuerpo de encarnados con la misma inclinación, produciéndole un profundo sufrimiento. Si su conciencia es aún muy pobre, la atracción y la satisfacción de sus deseos lo mantendrá detenido en un sueño de delirios que atrasará su adelanto e impedirá la ayuda de quienes desean auxiliarlo.

-Los perjuicios del juego:

Cuando el juego deja de ser un entretenimiento, una diversión y un momento para compartir sin el interés de una ganancia lucrativa, se convierte en un vicio que necesita ser alimentado cada vez más.  El vicio del juego, por sus características y efectos psíquicos sobre la personalidad del jugador, puede ser considerado como una verdadera neurosis. El estado emocional durante el juego, practicado en sus más variadas formas, lleva a la persona predispuesta al descontrol mental, a las tensiones psíquicas y a las cargas desequilibrantes.

Muchas veces se sacrifican familias enteras en apuestas, en las cuales son imprudentemente perdidos valores y propiedades, llevándolas en muchos casos hasta la miseria total. Las emociones fuertes que dominan a los jugadores, los hacen presas fáciles de los espíritus inferiores, quienes los conducen a peores situaciones. La aceptación, sin ningún tipo de resistencia, a las invitaciones que le hacen los compañeros de juego no deja al jugador ni siquiera pensar, dominado como está por el deseo enfermizo de ganar, fruto de la ambición desmedida.

La voluntad de adquirir por el juego una buena suma de dinero, que llegue a suplir algunas necesidades o permita realizar algunas ambiciones materiales, denota una falta completa de confianza en las propias posibilidades y una ausencia de creatividad para el trabajo meritorio. También es una forma de rebeldía e inconformidad con las limitadas condiciones financieras de la actual existencia, que tal vez constituye la consecuencia de los propios abusos del pretérito, y necesitan de la estrechez económica, la aceptación y la humildad para lograr la rectificación. Es conveniente analizar las promesas que se realizan a cambio de “ganar” determinada cantidad de dinero con algún juego, prometiendo dar tal o cual cantidad para esta o aquella obra de caridad, y confrontarlo con lo que se entiende como caridad desinteresada, realizada con el corazón, sin espera de cualquier tipo de recompensa. Indudablemente, el dinero obtenido de esa manera no aportará felicidad ni ayudará a crecer espiritualmente.

Aquellos beneficiados por la suerte, gracias a los bienes recibidos en calidad de préstamo, son responsables de encargos serios, que pueden llevarlos al precipicio en el ascenso evolutivo, comprometiéndose para existencias futuras en extremada pobreza. Lo mejor es ser obedientes, conformes, pacientes, confiados y trabajadores, porque las Leyes Universales son justas y proporcionarán lo necesario, según el merecimiento y las condiciones propicias de cada uno, con miras al progreso espiritual, que es lo único importante.

Para liberarse del juego, el mecanismo utilizado es el mismo que para otras adicciones, es necesario fortificar la voluntad, respaldada en la fe y en la valorización de las oportunidades de trabajo. Esa es la actitud más sensata del individuo que procura su transformación moral.

- Los perjuicios de la gula:

El exceso en la alimentación es un vicio nocivo para el organismo. Los órganos se encuentran obligados a una sobrecarga de trabajo que lo lleva al desgaste prematuro, las personas obesas viven en promedio menor que las personas delgadas, y además de eso, son propensas con mayor frecuencia a las enfermedades.

La gula también es una manifestación del egoísmo, pues la porción alimenticia que podría sustentar a más de una persona, es totalmente consumida por una sola. Teóricamente, el contenido alimenticio de una almendra sería suficiente para nutrir a un ser humano durante un día. Es también una costumbre creada para satisfacer el propio orgullo y el placer de saborear deliciosos manjares. No obstante, es necesario ser realistas y no fanatizarse al seguir una alimentación frugal como objetivo de ascensión espiritual, puesto que no es lo que entra por la boca lo que nos hace mejores, sino el esfuerzo emprendido para que a través de ella, salgan solamente palabras consoladoras, dulces y constructivas. Para liberarse de la gula se debe procurar la orientación de un médico especialista en cuanto al régimen alimenticio y tratamiento de apoyo psicológico.

-Los perjuicios de los abusos sexuales:

Comprometemos el cuerpo físico y el equilibrio emocional, dispersando las energías vitales procreadoras y debilitando la mente con imágenes eróticas y perniciosas.

Como todo acto natural, la unión sexual representa una manifestación de las Leyes Universales cuando son perseguidos los objetivos reales, ya que a través de ellas se da la continuidad de la especie posibilitando a los espíritus la oportunidad de la reencarnación para su evolución.  Durante la juventud, en la fase de formación física y moral, es cuando se produce más fácilmente el desperdicio de las energías procreadoras tan importantes en el fortalecimiento del sistema cerebral y de todos los órganos del cuerpo. Es conveniente controlar los impulsos sexuales, moderarlos con base en los principios morales, mudar la imaginación viciada en lo que se relaciona al sexo y a sus manifestaciones canalizándolas a través de prácticas saludables: en el estudio, los deportes, el arte, la música y en las oportunidades de ayuda al prójimo. El acto sexual exige ante todo, responsabilidad de parte de quien lo practica, responsabilidad que aquellos que propugnan el ejercicio libre de la actividad sexual, no siempre están dispuestos a asumir. La unión de cuerpos presupone unión de almas, afecto y compromiso de uno para el otro, en un propósito serio.

Las grandes pruebas de amor se dan exactamente en la medida de la capacidad de renuncia y de sacrificio, de respeto y dedicación por la criatura amada y como consecuencia, la de asumir la vida de aquellos seres generados por ese mismo amor.

Por M. M.
Centro Espírita Te Perdono - Argentina

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